Narradores peruanos de los ochenta
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Narrativa
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Sociólogo de profesión, Roberto Reyes Tarazona (Lima, 1947) es además escritor (formó parte del Grupo Narración) y un destacado crítico literario, especializado en narrativa peruana. Ha publicado diversas antologías sobre este tema, a las que ahora se suma el libro Narradores peruanos de los ochenta. Mito, violencia y desencanto (Editorial Universitaria, 2012), una selección de cuentos escritos por peruanos nacidos entre 1950 y 1962, y que se iniciaron literariamente en esa década de violencia política, crisis económica y grandes cambios sociales.
Si bien en aquellos años casi nadie escribió sobre la violencia, Reyes reúne aquí a algunos de los primeros autores que se aproximaron a tan difícil tema: Luis Nieto Degregori, Dante Castro, Zein Zorrilla y Walter Ventosilla. Otra línea importante (que tiene puntos de contacto con la anterior) es la de aquellos que continuaron desarrollando el realismo mágico, incorporando mitos andinos y elementos supranaturales a sus relatos, como Cronwell Jara, Julián Pérez y Teófilo Gutiérrez. Un tercer grupo es el de los narradores “criollos”, que en su mayor parte “optaron por un decidido individualismo, a menudo volcado a su mundo interior”: Alonso Cueto, Guillermo Niño de Guzmán y Jorge Valenzuela.
A ellos se suman los inclasificables Carlos Herrera, Siu Kam Wei, Fernando Iwasaki y Mario Choy, representados aquí con excelentes cuentos. Y esa es precisamente la virtud más evidente de Narradores peruanos de los ochenta, libro en el que Roberto Reyes ha reunido 18 muy buenos relatos que retratan a una generación literaria y a una de las décadas más difíciles de nuestra historia reciente.
Bioy
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Elogiada y premiada por la crítica española, la novela Bioy (Planeta, 2012) es un meritorio esfuerzo de Diego Trelles Paz (Lima, 1977) para abordar literariamente el tema de la violencia en el Perú de las últimas décadas, tanto la política como la delincuencial. Se trata de un relato alternan continuamente los “personajes narradores” (cada uno con su peculiar forma de hablar), y con abundantes saltos en el tiempo y el espacio. Todo ello da como resultado lo que podría ser la versión posmoderna de una novela “total”.
Al inicio de la narración, ambientado en los años ochenta, vemos a Bioy Cáceres, el protagonista, como un joven cabo del ejército a quien adiestran en el arte de torturar a una muchacha senderista. Es una larga escena que abarca 70 páginas, aunque se le intercalan varias historias secundarias. En el segundo capítulo, ya en este siglo, Bioy es el líder de una poderosa banda de narcotraficantes, en la que hay un policía infiltrado. En ambos capítulos, el autor nos muestra lo más crudamente posible los extremos de crueldad a los que llegan sus personajes.
Cuando esperamos que la segunda mitad de la novela (los capítulos tres y cuatro) continúe la exploración de las diversas manifestaciones de la violencia, Trelles da un giro para entrar en las disputas y discusiones entre jóvenes aspirantes a escritores, el tema de su novela El círculo de los escritores asesinos (2005). Y aunque en el último capítulo se intenta “anudar” todas las historias anteriores, Bioy nos deja finalmente la sensación de una novela quebrada, en la que todo lo logrado en la primera mitad (a pesar de ciertos excesos) se pierde inútilmente en la segunda.
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Se pueden leer un fragmento de la novela en Amazon.
Otros textos sobre Bioy: Somos, Planeta, Lee por gusto, Antena3, José Carlos Yrigoyen, G. Kópecks, Francisco Rodríguez,
Los hombres rana
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Poesía
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El poeta Rafael Espinosa (Lima, 1960) inició su obra con el libro Reclamo a la poesía (1996), pero recién ha alcanzado el reconocimiento en los últimos años, especialmente con los libros Book de Laetitia Casta (2003) y El anticiclón del Pacífico Sur (2007). Convertido ya en uno de los más importantes poetas peruanos –a pesar de lo difícil y hermético de su obra– Espinosa nos entrega su décimo libro, Los hombres rana (AUB, 2012), en el que sus reflexiones literarias pasan de lo personal y subjetivo a lo social y político.
Como se anuncia en el título, esta vez la barroca imaginería de Espinosa está centrada en el agua y el universo marino. El “hombre rana” es “una escultura efímera” que grafica la soledad e incomunicación del hablante. A él se oponen los peculiares vínculos de los animales marinos con sus semejantes: los peces (en “Fe de los peces”), los cangrejos (“El hombre es un animal político) y hasta las ballenas (“Ellos, los de los acuíferos”). Estas comparaciones se hacen dentro de un discurso complejo, que cambia abrupta y constantemente de contextos, y en el que abundan las alusiones a la actualidad política, como en “Letanía antiminera” y “Misericordia para el cardenal Cipriani”.
Pero el aspecto más radical y agresivo de estos textos es el propio lenguaje, que combina la sintaxis barroca, la retórica poética y el léxico urbano-tecnológico, característico de nuestro tiempo. A pesar de ciertos excesos formales, disonancias y “feísmos” (como las dobles negaciones), Los hombres rana confirma que la propuesta poética de Espinosa está entre las más valiosas y arriesgadas de la literatura peruana actual.
Cuerpos secretos
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Narrativa,
Novela
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Autor de una docena de libros de narrativa traducidos a veinte idiomas, Alonso Cueto (Lima, 1954) es uno de nuestros escritores más productivos y exitosos; especialmente por sus novelas, que exploran a profundidad las emociones y sentimientos más intensos. Cuerpos secretos (Planeta, 2012), su nueva novela, es la historia de un amor imposible: el de Lourdes de Schon, una mujer madura y de la clase más alta limeña, y Renzo Lozano Quispe, un joven profesor de matemáticas, de origen andino y que vive en el populoso distrito de Los Olivos.
Estamos, pues, en el difícil terreno del melodrama, en el que cualquier tropiezo hace caer en los estereotipos, imposturas y excesos propios de la novela rosa. Cueto lo sabe y lo asume, y por eso en la trama están presentes muchos “elementos” habituales del género: el marido abusivo y mujeriego, la esposa sumisa y romántica, el joven pobre e idealista, un crimen pasional y la embarazada que huye para evitar la deshonra, entre otros. Y se les intenta dar dignidad literaria a través del empleo de las más adecuadas técnicas narrativas, el lenguaje bien trabajado y las interesantes reflexiones del autor.
Pero hay además otros problemas en la novela, como lo recargado de las historias de los protagonistas (Renzo fue un niño víctima de abusos sexuales, el padre de Lourdes se suicidó), o los fallidos intentos del autor para abarcar la diversidad social de la lima actual. Por todo eso, Cuerpos secretos no es de lo mejor dentro de la obra de Cueto, y más bien está en la línea de novelas como Amores de invierno (1994), El otro amor de Diana Abril (2002) y La venganza del silencio (2010).
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