(ella)
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La escritora Jennifer Thorndike (Lima, 1983) aborda en la novela (ella) (Borrador, 2012), el siempre difícil tema de las relaciones entre madre e hija. Y lo hace con la historia de una mujer de sesenta años que ha vivido siempre encerrada en su casa y sometida a la tiranía de una madre hipocondriaca y cruel. A partir de la muerte de la madre, la hija hace un recuento de los episodios más dramáticos de su solitaria existencia, sometida a las vejaciones y abusos de una mujer que siempre la odió. Pero ya es muy tarde para escaparse, pues de la voluntad y pensamientos de la madre ya están en la mente de la protagonista.
Esta novela breve (apenas cien páginas) se desarrolla casi exclusivamente en el interior de esa casa, un mundo cerrado y opresivo, con todas las puertas y ventanas selladas con candados. Los sucesos contados muestran una maldad de la madre y un sometimiento de la hija llevados hasta el límite de lo verosímil. En ese y otros aspectos (no darle nombre a los personajes, por ejemplo) el relato remite a los de Kafka, aunque para el autor checo la figura autoritaria era más bien el padre. Además, en la época de Kafka ese tipo de excesos de los padres eran mucho más comunes que en nuestro tiempo.
Thorndike profundiza en la psicología de la protagonista y narradora, en sus contradictorias emociones y reflexiones. Y es gracias a la empatía con su personaje que logra crear algunas de los mejores y más intensos pasajes de la novela, como cuando reflexiona sobre cómo van a ir muriendo progresivamente las células del cuerpo de su madre. (ella) es una muy buena novela y ya está recibiendo lo más elogiosos comentarios de la crítica.
Enlaces relacionados
El la revista El Hablador se puede leer el cuento "Día de salida", que es la primera versión que de (ella).
Otros textos sobre la novela: El Comercio, Richard Primo, Gabriel Ruiz Ortega, Marlon Aquino, Lenin Pantoja, Jaime Cabrera, Lima Gris, Mariella Sala, Carlos Sotomayor, Lima en escena.
Fuera de lugar
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Cuento,
Narrativa
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Entre las más interesantes novedades de la FIL 2012, estuvo Fuera de lugar (Borrador, 2012), un libro de cuentos del escritor argentino Pablo Brescia (Buenos Aires, 1968). Se trata de doce relatos en los que se actualizan algunos temas y recursos de la narrativa fantástica argentina, tanto de la vertiente borgiana como cortazariana.
Desde esa perspectiva, el libro está dividido en dos secciones. La primera de ellas es “Lugar”, que reúne los textos más librescos y ambientados en Estados Unidos, donde Brescia radica desde 1986. Los protagonistas de estos cuentos son escritores o personas obsesionadas con la literatura (con ciertos autores), al punto que confunden los sucesos de sus vidas con sus lecturas. Los resultados son un tanto disparejos, pues en algunos casos los juegos intertextuales hacen que el lector se pierda entre citas, referentes y alusiones que estorban el desarrollo de la trama. De todas maneras, destacan los cuentos “Realismo sucio" y “Frank Kermode”.
La segunda sección, “Fuera”, es más cortazariana y existencial, y acaso por eso los relatos (que casi siempre tiene un final sorpresivo) resultan más efectivos. Eso se puede comprobar en “Los acantilados de Tojimbo” –la historia del guardián del faro en ese lugar, al que suelen acudir los suicidas– sin duda lo mejor del libro, pues “expone la mejor conjugación de pericia técnica y vigor visionario”, según el escritor Alexis Iparraguirre. En otro tono, también resultan interesantes los cuentos “El hombre-sándwich” y “Los viajeros”. En conjunto, Fuera de lugar muestra la vigencia y posibilidades del cuento fantástico, una de las formas narrativas más populares.
Enlaces relacionados
Pablo Brescia administra el blog Preferiría no hacerlo.
En Internet se puede leer el cuento "Mire por favor".
Otros textos sobre Fuera de lugar: Alexis Iparraguirre, Carlos Sotomayor.
César Moro, ¿un antropófago de la cultura?
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Poesía
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El poeta César Moro (Lima, 1903-1956) es el mayor representante del surrealismo literario en el Perú y también un escritor “marginal” por excelencia: vivió buena parte de su vida lejos de su patria, escribió casi toda su obra en francés y asumió plenamente su homosexualidad en la mojigata Lima de mediados del siglo XX. Todo ellos hace muy difícil el análisis objetivo e imparcial de su obra poética, como ha intentado hacerlo el crítico Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) en su más reciente libro César Moro, ¿un antropófago de la cultura? (Revuelta editores, 2012).
Fernández trata aquí de demostrar que Moro no fue un caso de “europeísmo trasnochado”, como han sostenido algunos, sino una especie de “antropófago cultural” (según la definición de Oswald de Andrade) que asimiló los recursos literarios más modernos para transformarlos y aplicarlos (como hizo César Vallejo) a la reflexión sobre nuestra propia identidad peruana. La idea es que, así como Arguedas expresó lo andino a través de narraciones escritas en español, Moro expresó lo peruano a través de sus ensayos y poemas escritos en francés.
Fernández ha publicado una serie de libros dedicados al estudio crítico de la obra de diversos poetas peruanos (Westphalen, Eielson, Varela, Hinostroza, Watanabe), todos ellos analizados con el mayor rigor académico. Pero César Moro, ¿un antropófago de la cultura? es más un ensayo, un conjunto de reflexiones libres que por momentos parecen no estar suficientemente fundamentadas, como en las comparaciones de Moro con Arguedas. Las páginas más interesantes son aquellas en las que Fernández interpreta, con lucidez y precisión, poemas como “Primero lo verde”, “El olor y la mirada” y “Piedra madre”.
El siguiente es un texto de Camilo Fernández sobre el surrealismo de César Moro.
La ciudad más triste
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Narrativa,
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Tres poemarios le han bastado a Jerónimo Pimentel (Lima, 1978) para ser considerado el más importante poeta peruano surgido en lo que va del siglo XXI. No obstante, su más reciente libro es una novela, La ciudad más triste (Alfaguara, 2012) que recrea el breve paso del escritor Herman Melville por Lima –en 1841, cuando formaba parte de la tripulación de un barco ballenero–, ciudad que el norteamericano describió con las palabras del título de este libro y en la que probablemente comenzó a escribir Moby Dick (1851).
El relato está conformado por una veintena de cartas que, desde Lima, Melville le escribe a un amigo, el escritor Nathaniel Hawthorne, y en las que abundan las citas y alusiones literarias. Para compensar esa carga metaliteraria, Pimentel hace que su protagonista pase por las más diversas experiencias “típicamente” limeñas, desde un golpe de Estado hasta un terremoto, todas ellas vistas con bastante distancia y como manifestaciones de los peores defectos de los peruanos: “Lima no es una ciudad sino un estado de suspensión, un hipo congelado, un homenaje al Dios pagano de la indecisión”.
Este Melville parece tener muchas ganas de contarlo todo; pero sus cartas resultan demasiado subjetivas, pues se extienden en reflexiones que no buscan tanto la racionalización como el desarrollo de un discurso poético, lleno de imágenes y que apela a un lenguaje musical y bien trabajado. Finalmente, son esas reflexiones, y no lo narrado, lo más interesante de La ciudad más triste. Un libro que encaja bien dentro del estereotipo de “novela de poeta”, pero que también representa un notorio progreso dentro de la obra de Jerónimo Pimentel.
Enlaces relacionados
En Prisa Ediciones se pueden leer los dos primeros capítulos de la novela. Otro capítulo en Caretas.
Otros textos sobre La ciudad más triste: Ernesto Carlín, Enrique Planas, Revista Correo, Renato Cisneros, Gabriel Ruiz Ortega, Jaime Cabrera, Rosana López-Cuba.
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