Limanerías

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El escritor Juan Manuel Chávez (Lima, 1976), –uno de nuestros más talentosos narradores de la generación post 2000– publicó en Italia el libro Lima. Un camaleonte tra due especchi (2006), prologado por Mario Vargas Llosa. Desde entonces, ha continuado desarrollando estas aproximaciones, sumamente personales, a las costumbres y el imaginario de los limeños de hoy, y por fin las pone a disposición de los lectores peruanos en el libro Limanerías (Casa Tomada, 2012).

Se trata de cuatro grupos de textos que van desde el recuento histórico de la primera sección (“Tiempos antiguos”) hasta las crónicas netamente periodísticas de la última (“Omisiones”). En todos ellos prima lo descriptivo sobre lo reflexivo, el recorrido por plazas y espacios públicos sobre el análisis económico o social. El resultado es un amplio y logrado retrato, sumamente ameno y vívido, de los diversos tipos de limeños de hoy; un retrato en el que destaca claramente la prosa adornada, torrencial y lúdica del autor, con sus constantes digresiones y sus innumerables metáforas e imágenes.

Dice Chávez que “Quien vive en Lima deviene en ligero y bromista, es voluble y, por supuesto, sabe ingeniárselas para ser huachafo”, algo que se le puede aplicar con propiedad a estas mismas Limanerías. Se pasa aquí con ligereza de un tema a otro –de las migraciones a la violencia urbana, por ejemplo–, y el tono dominante es la ironía socarrona, tan típicamente limeña. Y en cuanto a la huachafería, resultan inevitables algunas caídas, tratándose de un discurso barroco y retóricamente tan recargado: “el tranvía (era) un rinoceronte carmesí pintado de gris”.


Enlaces relacionados
Se puede leer un fragmento del libro en Casa tomada.
Otros textos sobre Limanerías: El Peruano.

Sombras en el agua

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Profesor universitario y promotor cultural, Jorge Monteza (Arequipa, 1977) se ha hecho de un cierto prestigio como narrador, entre 2008 y 2010, al figurar entre los finalistas de diversos concursos de cuentos realizados en Arequipa y otras ciudades del sur del país. Monteza acaba de publicar su primer libro, Sombras en el agua (Cascahuesos, 2011) un conjunto de diez cuentos, entre ellos tres premiados, que nos permite descubrir a un escritor talentoso y que maneja con bastante oficio las técnicas narrativas.

Hay básicamente dos tipos de cuentos en este libro. En primer lugar, están los protagonizados por niños, en los que la fantasía y los mitos parecen mezclarse con la realidad, para generar atmósferas irreales y cargadas de lirismo. Es el caso de “Illa”, la historia de un niño campesino que cree “que la sombra de uno bajo la luna es el fantasma de su muerte”, y que remite directamente a algunos cuentos del realismo mágico, como el famoso “Macario” de Juan Rulfo. En la misma línea están “Muchacha de espejos rotos” y “El parque de Joel”, así como los textos de temática onírica.

El otro grupo de cuentos de este libro está protagonizado por adultos y tienen la estructura de los relatos policiales, respetando las rígidas reglas del género, como la del final sorpresivo. Destacan aquí “Cartas a Aymel”, “Nos iremos” y “El Sol”, que guardan más afinidad con los cuentos antes mencionados, por lo cuidado de la prosa o el recurso a lo ambiguo y lo fantástico. Con ellos Monteza demuestra que es un escritor que, pesar de ciertos relatos fallidos, tiene ya una personalidad literaria claramente definida.

Enlaces relacionados
Jorge Monteza administra el blog Columna de letras. Ahí se pueden leer los cuentos "El Sol" y "Muchacha de espejos rotos".
Otros textos sobre el libro: El Búho, Gabriel Ruiz Ortega, Javier de Taboada,

A la luz del amanecer

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Un hombre vuelve, después de muchos años, a la abandonada casa familiar y se pasa toda una noche dialogando con los fantasmas de sus amigos, parientes y antepasados. Esa es, a grandes rasgos, la trama de A la luz del amanecer (Alfaguara, 2012), la nueva novela de Edgardo Rivera Martínez (Jauja, 1933), sin lugar a dudas uno de los escritores peruanos más importantes de la actualidad. Un relato cargado de nostalgia y en el que el autor recrea, como hizo en sus anteriores novelas –especialmente en País de Jauja (1993)– el peculiar universo de aquellas pequeñas ciudades de los andes centrales (en este caso, la ficticia Soray) en las que se logró una armoniosa fusión de la cultura andina con la occidental.

Es grato comprobar que a sus casi 80 años de edad, Rivera Martínez mantiene intacto el brillo, la musicalidad y el aliento poético de su prosa. A eso suma ahora una compleja pero acertada estructura narrativa que, a pesar de los saltos en el tiempo y el espacio, permite leer el texto como una novela “de formación”: la historia de Mariano de los Ríos, desde su más temprana infancia hasta su madurez. Los mejores y más intensos pasajes son aquellos en los que el protagonista rememora los momentos pasados al lado de sus padres o de sus hermanos, Raquel y Tobías; o las aventuras de su abuelo Juan de Dios Uxcoguaranga, famoso tallador de imágenes.

Sólo al final, con el largo recuento de los amores “adultos” de Mariano (Marina, Virginia, Constanza, Sophie) decae un poco la calidad del libro. No obstante, A la luz del amanecer es una muy buena novela, probablemente la mejor de Rivera Martínez desde País de Jauja.


Enlaces relacionados
Se pueden leer las primeras páginas de la novela en Prisa Ediciones.
Entrevistas: Jaime Cabrera, El Peruano, Marcela Robles.

Posar desnuda en La Habana

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A la cubana Wendy Guerra (La Habana, 1970) le ha ocurrido lo que a muchos escritores: asimilar los recursos literarios de su autor favorito, en este caso la franco-cubana Anaïs Nin (1903-1977), y repetir de alguna manera su trayectoria vital. Pero Guerra ha ido mucho más allá, pues acaba de publicar la novela Posar desnuda en La Habana (Alfaguara, 2011), un diario apócrifo de Anaïs Nin que abarca los dos años que ella pasó en Cuba (1922-1923) y en los que al parecer se produjo su despertar sexual.

Aunque parte de una minuciosa investigación (de la que se da cuenta en las páginas finales del libro), Guerra trata más bien de acercarse a los sentimientos y emociones de Nin, para presentarlos a través de extensas y brillantes “reflexiones”, cargadas de sensualidad y elementos poéticos. Sin caer en la imitación, estas reflexiones resultan bastante afines con las de los famosos diarios de Nin. Un verdadero logro, por la importancia y trascendencia de las experiencias que aquí se narran: desde la pérdida de la virginidad hasta el descubrimiento de la pasión incestuosa que marcó la vida de la protagonista.

Acaso en la primera mitad del libro, lo reflexivo y lo artificioso de la prosa le resten interés a la narración propiamente dicha. Pero después de eso –a partir de la aparición los personajes Julián y Flor– Wendy Guerra logra que Posar desnuda en La Habana trascienda los referentes históricos para convertirse en una arriesgada y honesta exploración en la subjetividad femenina; además de una abierta crítica a ciertas convenciones sociales que todavía limitan (aunque menos que en 1922) la libertad de las mujeres.


Enlaces relacionados
Se pueden leer las primeras páginas de la novela en Alfaguara.
Otros textos sobre el libro: Joaquín MarcoPablo BujalanceDaniel Vega, Estandarte, Gabriel Zanetti, Jaime Cabrera y el dossier reunido por Alfaguara.