País sin nombre

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Radicado en Francia desde hace mucho, el poeta José Rosas Ribeyro (Lima, 1949) acaba de publicar su primera novela, País sin nombre (Mesa Redonda, 2011), una extensa (mas de 500 páginas) reconstrucción de diez difíciles años de la historia del Perú (el “país sin nombre” del título), desde finales de los sesenta hasta mediados de los setenta. Es una “novela de formación” de un personaje ficticio, Javier Rosales Riquelme (evidente alter ego del autor), quien en esos años fue estudiante universitario, poeta y activo militante de izquierda.

Con un tono informal y divertido, la narración está centrada en las peripecias de Rosales: sus amistades y amores, sus aventuras políticas, sus polémicas literarias y sus primeros trabajos (vendedor de libros, corrector de pruebas, funcionario público). En todas ellas van apareciendo conocidos personajes de la historia política y cultural peruana, quienes son incorporados a la ficción, aunque con nombres ligeramente cambiados. Y también episodios de la vida del propio Rosas Ribeyro, como su polémica participación en la edición de los poemas de María Emilia Cornejo.

Al énfasis en las historias menudas, en los chismes “generacionales” (contados siempre con mucha sorna e ironía), se suma una cierta superficialidad en el lenguaje y la actitud del narrador. Eso lleva a que los sucesos históricos se conviertan en un interminable desfile carnavalesco, pues no encontramos la necesaria contraparte de pasajes de intensidad dramática o reflexiva. De todas maneras, País sin nombre es una buena novela y un ameno retrato de una década decisiva para nuestro país.

Enlaces relacionados
Otros artículos sobre País sin nombre: Fausto Barragán, Lenin PantojaJerónimo Pimentel,
Entrevistas: Pedro Escribano, Edwin Cavello,  Gabriel Ruiz Ortega,  

Hijos de puta

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Los cambios generacionales dentro de la poesía hacen que cada cierto tiempo resulten necesarios estudios y antologías sobre la nueva o “novísima” producción de una ciudad, un país o un continente. En el caso de la poesía latinoamericana contamos con varios libros sobre las más recientes generaciones, desde El turno y la transición (2001) del peruano Julio Ortega hasta 4m3ric4 (2011) del chileno Héctor Hernández. A ellos se suma ahora Hijos de puta. 15 poetas latinoamericanos (Hijos de la lluvia, 2011) del poeta, narrador y crítico Darwin Bedoya (Moquegua, 1974).

Nacidos entre 1970 y 1981, los poetas aquí reunidos han sido elegidos por sus obras publicadas entre 1994 y 2011, y la mayoría de ellos ya figuraron en libros similares, como el ya mencionado Hernández (1979), Ernesto Carrión (Ecuador, 1977) y Alan Mills (Guatemala, 1979). Pero más importantes que los nombres, son los criterios de selección, que exponen tanto Bedoya en el prólogo (“Reverso: la disolución de los géneros”) como Walter Bedregal y Mario Bojórquez en sus ensayos. Todos ellos muestran su opción por una “estética de los escombros”; una poesía narrativa, delirante y que abandona el verso.

Demasiado “líricos” y enrevesados, ninguno de estos ensayos llega a proporcionar una visión panorámica del conjunto; tampoco nos ayudan a entender mejor la obra de los autores antologados, pues se dedica apenas un par de líneas a cada uno de ellos. De todas maneras, es destacable el aporte de este libro (publicado en la ciudad de Juliaca) y su apuesta por los poetas peruanos Miguel Ildefonso, Victoria Guerrero y José Carlos Yrigoyen.


Enlaces relacionados
Se pueden leer las primeras páginas del libro, que incluyen los tres ensayos, en Hijos de la lluvia.
Se puede leer el libro 4m3ric4. Novísmia poesía latinoamericana (completo) en Literatura Peruana en Pdf.

El hombre que hablaba del cielo

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Desde hace algunos años existe en nuestro medio una especie de boom de la novela histórica ambientada en el virreinato. Ya sea por la búsqueda de situaciones y personajes extraños (diferentes a los que encontramos en la vida cotidiana), las posibilidades de la recreación del lenguaje de la época, o el intento de reflexionar sobre la cultura peruana, nuestros narradores parecen especialmente interesados en regresar a los siglos XVI y XVII. Es el caso de Irma del Águila (Lima, 1966), quien en la novela El hombre que hablaba del cielo (Planeta, 2011), cuenta la vida de Esteban Quintero, un marino peruano tomado prisionero por los corsarios holandeses que llegaron a nuestras costas en 1615.

Al ser llevado cautivo en el barco Morghen-sterre, Quintero hace amistad con el piloto Jan van Hück, poseedor de uno de los pocos telescopios entonces existentes. Las conversaciones entre ambos se inician con la observación de las imperfecciones de la superficie lunar y pasan a las teorías astronómicas de Ptolomeo y Copérnico. Mientras tanto, las peripecias del barco y las remembranzas de los personajes le permiten a la autora hacer largas descripciones de las batallas navales, las guerras europeas o de las costumbres y creencias de los pueblos de la costa peruana.

Es gracias a lo bien trabajado del lenguaje, que se logra integrar todos esos temas en un relato ameno y que nunca pierde el interés del lector. Acaso en algunas páginas encontramos excesos retóricos o descriptivos; no obstante, El hombre que hablaba del cielo destaca claramente entre las numerosas novelas históricas publicadas en los últimos meses.

Eva no tiene paraíso

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En los recuentos de lo mejor de la literatura peruana del 2011se hizo notar la ausencia del ensayo como género literario. Acaso eso se deba a la preponderancia de libros que no son más que reformulaciones de tesis académicas, muchas veces elaboradas solo para cumplir con las exigencias de los grados universitarios. Una de las pocas excepciones fue Eva no tiene paraíso (Altazor, 2011), de Patricia de Souza (Ayacucho, 1964), una interesante reflexión sobre la literatura escrita por mujeres.

De Souza parte de reconocer que las mujeres que incursionan en la literatura lo hacen desde una cierta “marginalidad forzada”, diferente a la de los escritores “malditos” masculinos. El ensayo, no obstante su brevedad, intenta explicar esa marginalidad apelando, de una manera multidisciplinaria, a los aportes del psicoanálisis, la semiología, la filosofía, la lingüística y la teoría literaria. De la mano de Barthes, Ricoeur, Kristeva, Lévinas, Steiner y muchos otros, el texto se va abriendo a temas cada vez más amplios y complejos.

Uno de esos temas, el mejor desarrollado, es el de “Los rostros de la autoficción”, la necesidad de las escritoras de quitarse, a través de la escritura, las máscaras socialmente impuestas. El lenguaje literario, con sus símbolos y su retórica, como fundador de la propia identidad y además como intento de encontrar algún sentido a la existencia humana. De Souza enlaza todos esos temas con su propia experiencia como escritora (ha publicado siete novelas en el Perú, México y España) otorgándole así a los referentes librescos el imprescindible complemento del testimonio personal.

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Se puede leer las primeras páginas del libro en Clásicas y modernas.
Patricia de Souza administra el blog Palincestos
Otros textos sobre Eva no tiene paraíso: Caretas.