El hombre que hablaba del cielo
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Narrativa,
Novela
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Desde hace algunos años existe en nuestro medio una especie de boom de la novela histórica ambientada en el virreinato. Ya sea por la búsqueda de situaciones y personajes extraños (diferentes a los que encontramos en la vida cotidiana), las posibilidades de la recreación del lenguaje de la época, o el intento de reflexionar sobre la cultura peruana, nuestros narradores parecen especialmente interesados en regresar a los siglos XVI y XVII. Es el caso de Irma del Águila (Lima, 1966), quien en la novela El hombre que hablaba del cielo (Planeta, 2011), cuenta la vida de Esteban Quintero, un marino peruano tomado prisionero por los corsarios holandeses que llegaron a nuestras costas en 1615.
Al ser llevado cautivo en el barco Morghen-sterre, Quintero hace amistad con el piloto Jan van Hück, poseedor de uno de los pocos telescopios entonces existentes. Las conversaciones entre ambos se inician con la observación de las imperfecciones de la superficie lunar y pasan a las teorías astronómicas de Ptolomeo y Copérnico. Mientras tanto, las peripecias del barco y las remembranzas de los personajes le permiten a la autora hacer largas descripciones de las batallas navales, las guerras europeas o de las costumbres y creencias de los pueblos de la costa peruana.
Es gracias a lo bien trabajado del lenguaje, que se logra integrar todos esos temas en un relato ameno y que nunca pierde el interés del lector. Acaso en algunas páginas encontramos excesos retóricos o descriptivos; no obstante, El hombre que hablaba del cielo destaca claramente entre las numerosas novelas históricas publicadas en los últimos meses.
Eva no tiene paraíso
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Ensayo
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En los recuentos de lo mejor de la literatura peruana del 2011se hizo notar la ausencia del ensayo como género literario. Acaso eso se deba a la preponderancia de libros que no son más que reformulaciones de tesis académicas, muchas veces elaboradas solo para cumplir con las exigencias de los grados universitarios. Una de las pocas excepciones fue Eva no tiene paraíso (Altazor, 2011), de Patricia de Souza (Ayacucho, 1964), una interesante reflexión sobre la literatura escrita por mujeres.
De Souza parte de reconocer que las mujeres que incursionan en la literatura lo hacen desde una cierta “marginalidad forzada”, diferente a la de los escritores “malditos” masculinos. El ensayo, no obstante su brevedad, intenta explicar esa marginalidad apelando, de una manera multidisciplinaria, a los aportes del psicoanálisis, la semiología, la filosofía, la lingüística y la teoría literaria. De la mano de Barthes, Ricoeur, Kristeva, Lévinas, Steiner y muchos otros, el texto se va abriendo a temas cada vez más amplios y complejos.
Uno de esos temas, el mejor desarrollado, es el de “Los rostros de la autoficción”, la necesidad de las escritoras de quitarse, a través de la escritura, las máscaras socialmente impuestas. El lenguaje literario, con sus símbolos y su retórica, como fundador de la propia identidad y además como intento de encontrar algún sentido a la existencia humana. De Souza enlaza todos esos temas con su propia experiencia como escritora (ha publicado siete novelas en el Perú, México y España) otorgándole así a los referentes librescos el imprescindible complemento del testimonio personal.
Enlace relacionados
Se puede leer las primeras páginas del libro en Clásicas y modernas.
Patricia de Souza administra el blog Palincestos
Otros textos sobre Eva no tiene paraíso: Caretas.
Monólogo en blancohumo
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Novela
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En su primera novela, Monólogo en blancohumo (2011), el escritor Daniel Soria (Lima, 1971) presenta una interesante propuesta literaria: dos historia contadas en paralelo y que aparentemente no tienen nada en común, salvo que los protagonistas son limeños de clase media. La primera (narrada en los capítulos impares), ocurre en la década de 1980 y está protagonizada por David, un estudiante universitario con aspiraciones intelectuales y literarias. La segunda (capítulos pares) corresponde a los años sesenta del siglo pasado y cuenta las aventuras amorosas de la joven profesora Carmela.
A medida que se avanza en la lectura, nos damos cuenta de que ambas historias se complementan de diversas maneras: una es reflexiva y la otra mas narrativa y llena de peripecias; David está metido en el mundo de la “alta cultura” (filosofía, literatura, música de vanguardia) y Carmela en el de la “cultura de masas” (lee y comenta artículos de Cosmopolitan); y, lo más importante, Miguel está obsesionado por rememorar su pasado para encontrarle un sentido a su existencia, mientras que Carmela averigua constantemente su futuro en el Tarot.
La novela está escrita en una prosa bien trabajada, aunque a veces resulte excesivamente retórica o superficial. Por eso las reflexiones de David no llegan a tener la fuerza y radicalismo que deberían; y también por eso la vida de Carmela se acerca demasiado a la “novela rosa”. No obstante, las dos historias (a mitad de la lectura se descubre el vínculo entre ambas) de Monólogo en blancohumo la convierten en un logrado retrato de la gris y anodina vida de muchos limeños.
Un nombre distinto
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Cuento,
Narrativa
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El escritor Miguel Ruiz Effio (Lima, 1977) ha reunido en el libro Un nombre distinto (Altazor, 2011) seis cuentos que remiten a la mejor tradición del cuento urbano peruano. Especialmente a Los gallinazos sin plumas de Ribeyro, libro con el que comparte ambientes y personajes, limeños venidos a menos y a los que los problemas derivados de la pobreza llevan a situaciones extremas.
Así sucede, por ejemplo, en “Dos pájaros, un tiro”, el primer cuento, la historia de una joven que es objeto de abusos sexuales por parte de su propio padre. Pero ya en ese relato aparecen algunos de los peligros de la propuesta de Ruiz Effio: el efectismo de las tramas y el maniqueísmo en los personajes. El padre es descrito recurrentemente como un monigote, depravado, borracho, de carnes fofas y aliento insoportable, bicho asqueroso, etc. A él se opone el joven y delicado Luis, enamorado platónicamente de la protagonista. Afortunadamente, a medida que avanzan los cuentos, esos defectos se van superando. En “Descifrando a Lulú” hay bastante más complejidad en la psicología de los personajes, lo mismo que en “Laura” y “Aunque la muerte nos espere”, protagonizados por un pedófilo y un barra brava, respectivamente.
El punto más alto es “Raimondi 904”, cuento en el que vemos a un “perdedor” ribeyriano desalojado de su vieja casa familiar, abandonado sus mejores amigos y, en un final apenas sugerido, asaltado por una agresiva pandilla. En suma, Un nombre distinto –libro ganador del VI Concurso Nacional de Cuentos organizado por la Asociación Peruano Japonesa– muestra una marcada superación de Ruiz Effio como cuentista.
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