Ruido blanco

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Dos años después de su auspicioso primer libro –Preparaciones anatómicas (2009)– el poeta Mario Pera (Lima, 1981) reúne en Ruido blanco (Lustra, 2011) un conjunto de 20 poemas que nos remiten (a través de imágenes contradictorias y símbolos de muerte y destrucción), a un mundo de sombras, fuego y cenizas. En este escenario apocalíptico, en el que el tiempo no transcurre, el yo poético se cuestiona obsesivamente acerca del destino y el sentido de la existencia humana.

En la búsqueda de certezas, se apela aquí tanto a los vínculos familiares (la figura de la madre en el poema, “Ausencia del otoño”; la paternidad (“Expiación en el jardín del alacrán”) como a la propia vocación literaria o artística (“Se sueltan las amarras”, “Brecht entre clavelinas”); pero mas que nada al cuestionamiento de la fe, los ritos y los mitos relacionados con el catolicismo. Es el tema dominante, como se puede apreciar desde los títulos de los textos (“Auto de fe”, “Oteando el Edén”, “Miserere”, etc.), y se llega hasta a la identificación del poeta con Cristo: “mi sangre… / se hizo un río de muerte que corona el Gólgota”.

Pero estos poemas no parecen ir más allá del escepticismo irónico o de un nihilismo bien expresado en lenguaje lírico. Haría falta un mayor desarrollo, textos de mayor aliento, para que el poeta reflexione con más fundamentos acerca de los temas que aborda o aquello que critica. A eso se suman algunos excesos formales, como el abuso de las citas y alusiones “cultistas”. Ruido blanco no llega a superar a Preparaciones anatómicas, pero sí confirma la calidad y el interés de la poesía de Mario Pera.


Enlaces relacionados
Otros comentarios sobre el libro: Diego Molina,
Entrevistas: Ernesto Carlín,

Hombres de mar

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Dos muy buenos libros, –Cordillera negra (cuentos, 1985) y Rosa Cuchillo (novela, 1997)– ambos de temática andina y relacionados con el realismo mágico, han consagrado a Oscar Colchado Lucio (Ancash, 1947) como una de las más importantes voces de la narrativa peruana actual. Cambiando de escenarios, Colchado acaba de publicar la novela: Hombres de mar (Alfaguara, 2011) una amplia saga que cubre treinta años (1970-2000) de historia de la ciudad de Chimbote, su auge y caída como centro pesquero y siderúrgico.

Los encargados de narrar la historia son los propios protagonistas quienes ven transformarse sus vidas por el acelerado proceso de modernización de la ciudad y los radicales cambios políticos del país. Así, la novela se convierte en un relato coral, en el que pescadores, obreros, escolares y dirigentes sindicales cuentan, empleando el lenguaje más coloquial, sus vivencias cotidianas: amistades, problemas laborales, sueños y amores. Pero más que nada, su toma de conciencia política, pues todo converge en la huelga general que en 1977 paralizó a la ciudad y que derivó en los más terribles abusos de las autoridades.

Colchado hilvana acertadamente las numerosas historias (las de Chinchayán, Morillo, el Muki, Saratonga, etc.) para construir un gran relato épico, que incluye tanto pasajes de intenso dramatismo como momentos divertidos y hasta elementos míticos (provenientes de la iconografía mochica). Por eso, Hombres de mar se inscribe dentro de la mejor tradición de novelas sobre dictaduras, que en nuestro país tiene entre sus representantes a Conversación en La Catedral de Vargas Llosa.



Enlaces relacionados:
Se pueden leer las primeras páginas de la novela en Prisa Ediciones
Otros textos sobre Hombres de mar: Raúl Jurado, Julio OrtegaDenisse Vega.
Entrevistas: Enrique Planas, Carlos Sotomayor,

Avenida Sol / Greenwich Village

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Radicado desde hace algunos años en Estados Unidos, el poeta cusqueño Odi Gonzales (Calca, 1962) continúa desarrollando su obra, considerada por la crítica como la mejor unión de la temática andina y los recursos formales de la poesía urbana, narrativa y coloquial de los años 60 y 70. Desde Nueva York, el ombligo del mundo actual Gonzales nos envía el poemario Avenida Sol / Greenwich Village (Santo Oficio, 2011), reflexiones de un escritor que busca las raíces de su identidad.

En el primer poema, “Camina el autor”, se presenta a los recuerdos como un “huayco”, un torrente de lodo que arrasa todo, hasta los objetos que pertenecieron a los padres ya fallecidos: “las herramientas-hechizo de mi padre carpintero… los blanquísimos sombreros con cintillo / azul oriente… galas de mi madre”. Pero una vez pasado el aluvión, queda la naturaleza, simbolizada por las “aves canoras” del siguiente poema (“Agro”). Así, entre las remembranzas y la observación de la naturaleza, el autor va recreando el añorado mundo de su infancia.

Un elemento siempre presente en la poesía de Gonzales es el ecléctico imaginario andino, en el que se fusionan los mitos prehispánicos con las creencias propias del catolicismo. En Avenida Sol / Greenwich Village se le dedica dos secciones: “Feligreses”, historias sobre los peculiares ritos de la región; y “Peregrinos”, poemas en los que el autor enlaza su destierro con el de algunos de sus ancestros (el albino Urko. Nina Sonqo, los chupacaña). Un poema-epílogo, dedicado a los árboles y aves que viven alrededor de la tumba de la madre, cierra este buen libro de Odi Gonzales.


Enlaces relacionados
Otros textos sobre el libro: César Gutiérrez.
Entrevistas: El Búho.
En Libros hay reseñas de otros dos libros de Gonzales: Valle sagrado / Almas en pena y La escuela de Cusco.
La siguiente es una entrevista al poeta sobre su experiencia en Nueva York.

Resto que no cesa de insistir

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Con ocho libros publicados –cuatro conjuntos de cuentos y cuatro novelas, entre las que destaca Retablo (2004)– el escritor Julián Pérez (Ayacucho, 1956) ya es una de las voces más originales e importantes de la narrativa peruana actual. El más reciente de esos libros es Resto que no cesa de insistir (Atalaya, 2011) novela constituida por el alucinado monólogo de un loco que rememora su pasado familiar, especialmente a su ancestro Puka Toro (un montonero de la guerra de independencia), y reflexiona sobre temas como la injusticia, el amor o el sentido de la vida.

Recluido en un manicomio, el protagonista (Julián, como el autor) se dirige siempre a su médico, a quien llama “Rata” y ve como una encarnación de todo tipo de autoridad. Así, Julián no sólo le reclama por los electroshocks a los que es sometido, también por los quinientos años de opresión del hombre andino, los abusos del catolicismo, la corrupción política o los excesos del racionalismo. Todo ello dentro de un discurso sarcástico y agresivo, en el que se mezclan las alusiones librescas con los coloquialismos y las expresiones altisonantes, así como la gramática del español con ciertas palabras y ritmos propios del quechua.

Con esos recursos (y a pesar de ciertos tropiezos verbales), la novela se convierte, como ya ha señalado el crítico Alexis Iparraguirre, en una versión concisa y andina de las llamadas novelas totales, aquellas que pretendían reunir mito, historia, crítica, actualidad política, literatura, etc. Resto que no cesa de insistir resulta por eso un significativo paso adelante dentro de la narrativa de Julián Pérez.

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Otros textos sobrte la novela: Alexis Iparraguirre.
En Libros hay una reseña de Retablo