Avenida Sol / Greenwich Village

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Radicado desde hace algunos años en Estados Unidos, el poeta cusqueño Odi Gonzales (Calca, 1962) continúa desarrollando su obra, considerada por la crítica como la mejor unión de la temática andina y los recursos formales de la poesía urbana, narrativa y coloquial de los años 60 y 70. Desde Nueva York, el ombligo del mundo actual Gonzales nos envía el poemario Avenida Sol / Greenwich Village (Santo Oficio, 2011), reflexiones de un escritor que busca las raíces de su identidad.

En el primer poema, “Camina el autor”, se presenta a los recuerdos como un “huayco”, un torrente de lodo que arrasa todo, hasta los objetos que pertenecieron a los padres ya fallecidos: “las herramientas-hechizo de mi padre carpintero… los blanquísimos sombreros con cintillo / azul oriente… galas de mi madre”. Pero una vez pasado el aluvión, queda la naturaleza, simbolizada por las “aves canoras” del siguiente poema (“Agro”). Así, entre las remembranzas y la observación de la naturaleza, el autor va recreando el añorado mundo de su infancia.

Un elemento siempre presente en la poesía de Gonzales es el ecléctico imaginario andino, en el que se fusionan los mitos prehispánicos con las creencias propias del catolicismo. En Avenida Sol / Greenwich Village se le dedica dos secciones: “Feligreses”, historias sobre los peculiares ritos de la región; y “Peregrinos”, poemas en los que el autor enlaza su destierro con el de algunos de sus ancestros (el albino Urko. Nina Sonqo, los chupacaña). Un poema-epílogo, dedicado a los árboles y aves que viven alrededor de la tumba de la madre, cierra este buen libro de Odi Gonzales.


Enlaces relacionados
Otros textos sobre el libro: César Gutiérrez.
Entrevistas: El Búho.
En Libros hay reseñas de otros dos libros de Gonzales: Valle sagrado / Almas en pena y La escuela de Cusco.
La siguiente es una entrevista al poeta sobre su experiencia en Nueva York.

Resto que no cesa de insistir

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Con ocho libros publicados –cuatro conjuntos de cuentos y cuatro novelas, entre las que destaca Retablo (2004)– el escritor Julián Pérez (Ayacucho, 1956) ya es una de las voces más originales e importantes de la narrativa peruana actual. El más reciente de esos libros es Resto que no cesa de insistir (Atalaya, 2011) novela constituida por el alucinado monólogo de un loco que rememora su pasado familiar, especialmente a su ancestro Puka Toro (un montonero de la guerra de independencia), y reflexiona sobre temas como la injusticia, el amor o el sentido de la vida.

Recluido en un manicomio, el protagonista (Julián, como el autor) se dirige siempre a su médico, a quien llama “Rata” y ve como una encarnación de todo tipo de autoridad. Así, Julián no sólo le reclama por los electroshocks a los que es sometido, también por los quinientos años de opresión del hombre andino, los abusos del catolicismo, la corrupción política o los excesos del racionalismo. Todo ello dentro de un discurso sarcástico y agresivo, en el que se mezclan las alusiones librescas con los coloquialismos y las expresiones altisonantes, así como la gramática del español con ciertas palabras y ritmos propios del quechua.

Con esos recursos (y a pesar de ciertos tropiezos verbales), la novela se convierte, como ya ha señalado el crítico Alexis Iparraguirre, en una versión concisa y andina de las llamadas novelas totales, aquellas que pretendían reunir mito, historia, crítica, actualidad política, literatura, etc. Resto que no cesa de insistir resulta por eso un significativo paso adelante dentro de la narrativa de Julián Pérez.

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Otros textos sobrte la novela: Alexis Iparraguirre.
En Libros hay una reseña de Retablo


La fauna de la noche

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El escritor Sandro Bossio (Huancayo, 1970) se hizo conocido con su primera novela –El llanto en las tinieblas, Premio BCR 2001– un relato histórico en el que “se recrea con pasmosa espontaneidad y con seguridad extrema, léxico y giros expresivos de los siglos XVI y XVII” (Luis Jaime Cisneros). Diez años después, Bossio nos entrega su esperada segunda novela, La fauna de la noche (San Marcos, 2011), un thriller cuyas acciones se desarrollan tanto en la violenta Lima de los años noventa como en la del siglo XVI.

El asesinato de una autoridad universitaria es el misterio que tienen que resolver Eduardo, joven estudiante de medicina, y su amigo Gustavo, periodista de un popular diario limeño. El crimen parece estar relacionado con los ritos de una ancestral sociedad secreta de médicos, y entre los sospechosos se encuentran profesores y alumnos de la Universidad de San Marcos. Además de manejar con destreza la trama policial, Bossio va intercalando en su narración la historia de los fundadores de esa sociedad secreta y las de todos los jóvenes implicados en el caso, especialmente su agitada vida nocturna: drogas, prostitución, homosexualidad, etc.

Así, las casi 400 páginas de la novela se convierten en un amplio retrato de la sociedad limeña de fines del siglo pasado. Pero es un retrato demasiado cargado truculencias y estereotipos (militares homofóbicos, señoronas prejuiciosas) y en el que la reproducción “fotográfica” del habla de los jóvenes llega a ciertos excesos. No obstante, La fauna de la noche es un policial original y ambicioso que confirma a Sandro Bossio como un narrador de interés.

Enlaces relacionados
Otros textos sobre La fauna de la noche: Carlos Villanes, RPP, Diario La Verdad,
Juan José Ortiz.
Aquí en Libros hay reseñas de dos libros de Sandro Bossio: Sabatorio y Crónicas de amores furtivos.


Naturaleza viva

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Antropóloga y escritora, Rosina Valcárcel (Lima, 1947), publicó su primer poemario Sendas del bosque en 1966; pero tanto por sus afinidades literarias como por sus amistades está más identificada con la siguiente generación, la de los 70’s. Dirigió la revista Kachkaniraqmi y ha publicado, además de libros de ensayo antropológico, seis poemarios; el más reciente de ellos es Naturaleza viva (2011), un libro intimista y lleno de remembranzas que figuró entre los ganadores del Premio Hipocampo de Poesía Breve.

Rosina anuncia, desde el título, el carácter de estos textos: pequeñas viñetas en las que describe lugares, episodios o personajes que han sido importantes a lo largo de su vida; pero siempre teniendo en cuenta la experiencia estética (poesía, artes plásticas). Por eso no extraña que el primer poema, “Naturaleza viva”, nos traslade a México –donde la vivió por el exilio político de su padre, el poeta Gustavo Valcárcel– y tenga como protagonistas a Frida Kahlo y Diego Rivera, aunque recordados a través de “las fotos sepias de mis padres”.

Barcelona, Cajamarca, el valle del Mantaro y los más diversos ambientes limeños son los escenarios en los que la poeta evoca a sus amigos escritores y artistas. Y lo hace con su lirismo siempre pleno de sensaciones, y que ahora parece más abocado a la búsqueda de imágenes breves y precisas. Naturaleza viva resulta así un agradable reencuentro con esta poesía, aunque nos hace echar de menos a la Rosina Valcárcel más polémica y literariamente audaz de los años noventa, la de Una mujer canta en medio en medio del caos (1991) y Loca como las aves (1995).