La noche americana

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De los narradores peruanos surgidos en este siglo XXI, Luis Hernán Castañeda (Lima, 1982) es sin dudas uno de los más productivos –tiene publicados seis libros–, aunque su trayectoria literaria resulta algo irregular. Su más reciente entrega es la novela La noche americana (Peisa, 2011), la historia de dos peruanos (alguna vez prometedores poetas jóvenes) radicados en Estados Unidos, donde se integran a la misteriosa y cruel secta literaria de “los gallos resplandecientes”.

Como en su primer libro, Casa de Islandia (2004), aquí también Castañeda construye su novela a partir de una serie de historias secundarias (cuentos). Los ejes temáticos de esos relatos son tanto las experiencias de los migrantes latinoamericanos en Norteamérica como las peripecias de los escritores jóvenes en su afán de hacerse conocidos, aunque sea con escándalos. En ambos casos las sorpresas de la trama (la verdadera identidad de Diana, por ejemplo) o la naturaleza de los sucesos contados (la matanza de estudiantes que da título al libro) están casi siempre en el límite de lo verosímil.

Iniciado dentro de la narrativa fantástica, Castañeda llegó en Hotel Europa (2005) a crear un universo subjetivo y sumamente personal, más próximo al cómic que a las ficciones literarias. Desde entonces ha tratado de incorporar más elementos reales, especialmente autobiográficos, y emplear un lenguaje cada vez más literario; pero sin dejar de lado su gusto por lo extraño y estrafalario. En La noche americana, Castañeda está bastante cerca de lograr, a través de esos escritores frustrados, el equilibrio entre esas dos tendencias.


Enlaces relacionados
Luis Hernán Castañeda administra los blogs Notas de lectura. y El diario de Antoine Doinel.
Otros textos sobre esta novela: Gabriel Ruiz Ortega, Iván Thays.

Bástate alegría

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A pesar de la diversidad y eclecticismo imperantes en la literatura actual, especialmente en la poesía, todavía existen algunas propuestas que llegan a abarcar a escritores de varios países. Es el caso del neobarroco, presente en casi toda Latinoamérica y que en el Perú ha sido una de las tendencias más interesantes dentro de la poesía de la llamada generación “post 2000”. Lo podemos comprobar leyendo Bástate alegría (Paracaídas, 2011), segundo poemario de Luis León Velásquez (Lima, 1983).

Dieciséis sonetos integran este libro, muchos de ellos en versos alejandrinos, a la manera de los sonetos que escribiera el joven Martín Adán hacia 1930. La única diferencia, dentro de las normas estróficas, es que Velásquez prescinde de la rima, reemplazándola por un sistema de asonancias al interior de cada verso: “Como oscila así filosa influye sin oírse”, “que lleva par e impar silencio ciego más cierto”. Pero al dejarse llevar por la sonoridad, el poeta cae en giros gramaticales extraños y rupturas semánticas, aunque sin perder nunca lo cultista y “elevado” del discurso.

Con estos recursos, lo que se quiere es representar el complejo mundo actual: “una vorágine de sensaciones y sentimientos enfrentados y, a la vez, fragmentarios”, como se afirma en el prólogo del libro. Los críticos han encontrado que esta forma de experiencia conduce casi inevitablemente a la estética neobarroca, a su empleo de los pastiches, las parodias y las alusiones intertextuales, y a su énfasis en lo formal más que en lo temático. Son virtudes o defectos que se pueden apreciar claramente en los sonetos de Bástate alegría.


Enlaces relacionados
Sepueden leer algunos poemas del libro en el blog Ángeles del papel.
Otros textos sobre Bástate alegría: Gustavo Diez-Canseco,

Libro del sol

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En casi todas las generaciones de escritores hay un poeta, talentoso y carismático, muerto trágicamente en plena juventud y que por eso se vuelve un personaje emblemático de su tiempo. En la generación del sesenta, esa figura fue, Javier Heraud; en la del noventa lo más próximo fue Josemári Recalde (Lima, 1973-2000), poeta que hizo del fuego su elemento más característico y que murió en un incendio en su propia casa. Publicó un solo poemario, que recientemente se ha reeditado, sumándole algunos otros textos, con el título de Libro del sol y otros poemas.

Lo que más llama la atención en la poesía de Recalde es precisamente el uso de símbolos y alegorías, poco frecuente en la posmoderna estética de hoy. Dentro de estos símbolos, ocupa un lugar central el sol con todos sus atributos: fuego, calor, luz. El sol como generador de vida “natural” es evocado constantemente ya sea en forma directa o a través de alegorías (pájaros, velas, elementos luminosos); pero más que nada tiene una función de guía espiritual, el que nos permite salir de la oscuridad de la noche hacia la plenitud del día.

El libro se inicia con un extenso poema en prosa titulado “Antimediodía” en el que el yo poético se encuentra en la mitad de una noche tan estática y silenciosa como la muerte. Pronto los poemas se vuelven diurnos, vitales y hasta optimistas, y van apareciendo la ciudad de Lima con sus veranos y sus poetas (Eguren, Hernández, Cisneros), y los recuerdos de infancia del autor. En suma, Libro del sol y otros poemas es una excelente oportunidad para descubrir la significativa obra de Josemári Recalde.


Enlaces relacionados
Otros textos sobre el libro: José Donayre, José Güich,  José Carlos Picón.

Claridad tan obscura

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En Claridad tan obscura (Peisa, 2011), tercera novela del escritor y diplomático Carlos Herrera (Arequipa, 1961), se narra la vida de Antonio Ruiz de Montoya (1585-1662), el jesuita peruano reconocido por su épica labor en las misiones de Paraguay. Un personaje histórico lleno de contradicciones, de ahí el título del libro, y a quien seguimos desde su infancia, pasada en Lima, hasta su gran hazaña de desplazar más de doce mil indígenas a través de la selva para salvarlos de la esclavitud (“…la vana tentación de erigirse en pastor de hombres, en Moisés redivivo”), entre otras muchas aventuras.

Como siempre en la obra de Herrera, lo más logrado es el lenguaje, que en este relato combina elementos de la épica clásica, de las crónicas de la conquista y de la metaliteratura posmoderna. Con ellos se pasa del relato de las acciones dinámicas (batallas, p. e.) a las reflexiones más íntimas, las parodias de los documentos de época o los poéticos discursos de los líderes indígenas. A todo eso se suma una narración “marco”: la del autor de la biografía de Ruiz de Montoya que estamos leyendo, uno de los únicos cinco sobrevivientes después de una misteriosa catástrofe mundial.

Con ese relato paralelo, Claridad tan obscura se convierte en una curiosa unión de novela histórica y relato “futurista”. Pero, por su escaso desarrollo, esta última vertiente de la trama más que aportar significados a la ficción histórica, le resta calidad al conjunto. La vida de Ruiz de Montoya, que inspiró la exitosa película La misión (1987), no necesitaba de añadidos posapocalípticos para convertirse en una buena novela.