Homo demens

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Tiempos violentos

Escrita conjuntamente por el poeta Franco Salcedo y el narrador Mariano Vargas (ambos egresados de la PUCP), la novela Homo demens (Estruendomudo) es seguramente una de las propuestas literarias más heterodoxas y polémicas del 2010. En ella se relata el ficticio descuartizamiento del conocido historiador y sociólogo Nelson Manrique, supuestamente ocurrido el 29 de octubre de 1994, y el posterior destino del principal sospechoso del crimen, el Dr. Armando Vargas.

Violenta y alucinada, a la manera de las películas de Robert Rodríguez (más que las del mencionado Quentin Tarantino), esta novela está planteada precisamente como una película: desde la brevedad de las secuencias que la integran hasta el curioso “reparto” final, en el que se dice en qué personas “reales” están basados los personajes. A ello hay que sumar que se incluyen páginas completas de periódicos y fragmentos de noticieros de radio y televisión.

Vargas & Salcedo han tratado así de darnos una versión diferente –cuestionadora, poética e irónica– de los crímenes que se solían cometer en los años de la violencia política, cuestionando de paso algunos de los elementos más característicos de la “peruanidad” de nuestro tiempo; pero solo logran hacerlo en pocos episodios de esta breve novela (86 páginas). Homo demens queda, por eso, como una obra un tanto irregular, un interesante proyecto que mereció un más amplio desarrollo.

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Otros textos sobre Homo ludens: Giancarlo Peña,
Entrevistas: Miguel A. Vallejo.

La muerte de un burgués

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Dos sólidos poemarios conceptuales –Marineros y boxeadores (2003) y Frágiles trofeos (2007)– convirtieron al escritor y periodista Jerónimo Pimentel (Lima, 1978) en una las voces importantes de la llamada generación poética post 2000. Dejando las rigideces temáticas y formales, Pimentel nos entrega ahora La muerte de un burgués (AUB, 2010), un conjunto de 25 poemas muy diversos, que van desde los recuerdos de infancia hasta las reflexiones metafísicas.

Lo que da unidad a estos textos es que giran en torno a la formación y las creencias de un limeño de clase media; no los migrantes emergentes sino la antigua burguesía, hoy en decadencia (de ahí el título del libro). Los recuerdos del colegio Sagrados Corazones, o de las miraflorinas calles “Ocharán / Ferré / Iglesias”, están en la memoria de un hombre hoy “sin trabajo / sin futuro / sin sueños / sin perspectivas” y que siente “Nostalgia de lo absoluto”: “No sé si creo en Dios. / Creo en la fuerza atómica, / que nos une y da forma…”.

Pimentel ha declarado recientemente: “No sé sí la unidad de valoración en poesía es el verso o el poema… pero lo que sí sé es que no es el poemario”. Por ello, y a diferencia de sus anteriores libros, La muerte de un burgués está más enfocado en la calidad de los propios textos que en la estructura del conjunto. El resultado es un buen poemario, más personal y autobiográfico, que muestra otros aspectos de la producción literaria de Pimentel.


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Otros comentarios sobre La muerte de un burgués: Raúl Cachay, Gabriel Ruiz Ortega.
Entrevistas: Ernesto CarlínGabriel Ruiz Ortega, Efraín Oviedo.

Casa, cuerpo

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El critico Camilo Fernández (Lima, 1965) está haciendo, desde hace 20 años, un sistemático estudio de la obra de los principales poetas peruanos del siglo XX. Esta labor la inició con el libro Las ínsulas extrañas de Emilio A. Westphalen y ha continuado con libros dedicados Jorge E. Eielson (1996), Rodolfo Hinostroza (2001) y José Watanabe (2009). A ellos se suma ahora Casa, cuerpo. La poesía de Blanca Varela frente al espejo (USIL, 2010).

Fernández ha ido consolidando un método crítico personal, que parte de las más recientes propuestas de la Retorica General Textual, pero que no deja de lado el contexto (las tendencias de la poesía peruana de los años 50), los antecedentes, ni el minucioso estado de la cuestión. A partir de todo ello, se analiza aquí una serie de poemas de Varela: “Puerto Supe”, “El observador”, “El lugar bajo el árbol”, entre otros.

El “método Fernández” demuestra su efectividad y llega a interpretar acertadamente algunos elementos recurrentes en esta poesía: las casas, las metáforas que remiten a la mutilación, la muerte. No obstante, en la evaluación del conjunto, el crítico vuelve a repetir en Casa, cuerpo. La poesía de Blanca Varela… casi textualmente lo que nos dijera en Mito, cuerpo y modernidad (2009) sobre la poesía de José Watanabe.

Alma alga

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Con tres buenas novelas publicadas –La voluntad del molle (2006), No olvides nuestros nombres (2009) y La sangre, el polvo la nieve (2010)– e importantes premios literarios (el más reciente, el Premio Nacional de Novela Federico Villarreal 2010), Karina Pacheco se ha convertido ya en una de las más interesantes escritoras peruanas de la actualidad. Algo que queda plenamente confirmado con su primer libro de cuentos: Alma alga (Borrador, 2010).

De las extensas sagas familiares y procesos históricos de sus novelas, Pacheco (doctora en Antropología) pasa en esta ocasión a lo simbólico y sintético de los mitos. Y con los mitos se llega a lo fantástico, tan propicio para el cuento y aquí siempre abordado con un cierto aliento poético. Cuando estos elementos se conjugan se logran textos tan buenos como “El violinista de las montañas”, una versión cosmogónica de El flautista de Hamelin, o “Alma alga”, historia de amor con tintes cortazarianos.

Hay también otros registros en los doce cuentos de este libro: el intimismo de “Crimen perfecto” y “La venganza”, o la denuncia de “Entre la sombra y el sol” y “Mañana en Babel”. Y aunque algunos textos resulten acaso demasiado “novelescos” (“De los días oscuros”, “El sombrero”), Alma alga vuelve a mostrarnos a Pacheco como una cuidadosa y eficaz narradora, tanto si se trata de cuentos “de atmósfera” o de relatar sucesos violentos e intensos.


Enlaces relacionados
En Internet se puede leer el cuento "Crimen perfecto" y un fragmento de "Alma alga".
Otros textos sobre el libro: Katya Adaui, Gabriel Ruiz Ortega
Entrevistas: Gabriel Ruiz Ortega.
En Libros hay comentarios a las tres novelas de Karina Pacheco: La voluntad del molle, No olvides nuestros nombres y La sangre, el polvo, la nieve.