El sueño del Celta

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En El sueño del celta (Alfaguara, 2010) nuestro flamante Premio Nobel Mario Vargas Llosa recrea la vida de Roger Casement (1864, 1916), héroe nacionalista irlandés además de testigo –y uno de los primeros en denunciar– las atrocidades cometidas en África y América por las empresas recolectoras de caucho. Precisamente en esos tres espacios (Irlanda, Congo y Perú) se desarrollan las acciones de este extenso y documentado relato.

Se trata, pues, de una novela histórica, género en el que MVLL ha logrado crear, a partir de personajes y datos reales, ficciones sólidas y significativas (La guerra del fin del mundo, La fiesta del Chivo); pero con el que también ha tropezado al aproximarse al “biopic”, como en El Paraíso en la otra esquina. Algo de esto último sucede en esta nueva novela, pues el autor no ha ficcionalizado mucho y su discurso “moralizante” se hace, a veces, demasiado enfático y reiterativo.

Las mejores páginas son aquellas dedicadas a La Amazonía peruana, ya descrita en varias novelas de MVLL, y a los diálogos de Casement con su carcelero, mientras espera ser ejecutado. A pesar del minucioso trabajo de documentación, y la madurez y los enormes recursos literarios desplegados por el autor, El sueño del Celta, seguramente será considerada entre las novelas de segunda magnitud (como El hablador o La tía Julia y el escribidor) dentro del conjunto de la obra de Vargas Llosa.


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Se puede leer el primer capítulo de la novela en Scribd y 16 fragmentos en El País.
Otros comentarios: Gianrico Carofiglio, Gustavo FaverónPedro GandolfoRicardo González V., Roberto Gonzáles E.José-Carlos Mainer, José Miguel Oviedo, Gonzalo PortocarreroCarlos Villanes.
El siguiente es un video de la presentación de la novela en España.

El anticuario

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Destacado crítico y profesor universitario, Gustavo Faverón (Lima, 1965) ha debutado en la creación literaria con la novela El anticuario (Peisa, 2010) un extenso relato policial, en la línea más “cerebral” del género (la de Poe y Borges). Daniel, un coleccionista de libros viejos, confiesa haber asesinado a su esposa, por lo que es encerrado en un manicomio. Pero ese es solo el primero de una extraña serie de crímenes que el protagonista de la novela deberá resolver.

El relato se desarrolla en dos direcciones opuestas: adquiere cada vez más elementos de “fantasía gótica y cuento de terror” (como ha afirmado el propio Faverón) y se va enraizando en la problemática de la violencia política del Perú de las décadas pasadas. La intención del autor es que estas dos líneas complementen lo subjetivo con lo objetivo, la fantasía con el realismo, dando al relato múltiples niveles de lectura, desde el testimonio real hasta lo alegórico y lo metaliterario.

Esa ambición de abarcar la mayor cantidad de elementos se puede encontrar también en la diversidad de los registros del lenguaje (descripciones poéticas, diálogos dramáticos, textos en clave, etc.). Pero a pesar de las virtudes y recursos literarios puestos en juego, no todos esos elementos llegan a integrarse plenamente a la ficción, con lo que El anticuario, sin dejar de ser una buena novela, pierde algo de unidad y coherencia.


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El siguiente es un video de Relit sobre la presentación de El anticuario.


Valiosas iniciativas editoriales

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La clausura de la 31 Feria del Libro Ricardo Palma es una buena ocasión para destacar algunas interesantes propuestas editoriales. En primer lugar la de Ediciones Peisa, que ha vuelto a publicar una serie de obras clásicas de la poesía peruana, con buenos estudios prologales y dentro de su serie “Alma matinal”, que incluyen toda la obra de César Vallejo –Los Heraldos negros, Trilce y Obra poética completa–, y la Poesía reunida de Javier Heraud.

Tranvías editores, dirigida por la poeta Cecilia Podestá, está publicando también una original serie de poemarios: libros objetos, con las carátulas y la encuadernación hechas a mano y de tal manera que no haya dos ejemplares exactamente iguales. Algunos de los títulos son: Catorce formas de melancolía de Eduardo Chirinos, Morir es un arte de Mariella Dreyfus, Estudios sobre un cuerpo de Jorge Frisancho y el más reciente Desvelo Blanco de Ana María Falconí.

Ediciones Altazor puso en circulación hace poco siete novelas de “nuevos” escritores latinoamericanos, y trajo a los siete escritores de visita a nuestro país. Entre esas novelas figuran Carbono 14. Una novela de culto, del cubano Jorge Enrique Lage; La maniobra de Heimlich, del ecuatoriano Miguel Antonio Chávez y Takashi. Historia robadas, del peruano Ernesto Carlín (ya comentada en esta columna). A ellas se suma la segunda parte de la saga que Carlos Calderón Fajardo está escribiendo sobre la legendaria Sarah Ellen.

Por último, la Universidad San Ignacio de Loyola está impulsando el ensayo literario con la publicación de tres libros: Casa, Cuerpo. La poesía de Blanca Varela frente al espejo de Camilo Fernández C. (miembro de la Academia Peruana de la Lengua), Espejos de la modernidad: Vanguardia, experiencia y cine en 5 metros de poemas de Selenco Vega y La intertextualidad en la poesía de Emilio A. Westphalen, de Mauro Marino Jiménez.

Profundo vello

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Eloy Jáuregui (Lima, 1955) es un conocido y polémico periodista –sus crónicas están reunidas en el libro Usted es la culpable (2004)– , especialista en lenguaje y cultura popular limeña. Sin embargo, se inició como un entusiasta poeta joven, integrante de la segunda generación del grupo Hora Zero. Poemas suyos figuran en diversas recopilaciones, pero recién en estos días ha publicado su primer poemario: Profundo vello. O guitarra con cuerda rota (Bisagra, 2010).

Los textos aquí reunidos han sido escritos en diversas épocas, siguiendo diferentes poéticas y utilizando distintos registros de lenguaje. En la primera sección (“Pecho punta”), se recrea el discurso de los cronistas del siglo XVI, para ofrecernos una versión irónica y crítica de la conquista del Perú. En otra, el poeta cuenta episodios de su vida, pero a la luz de sus lecturas y obras favoritas, con verdadero alarde de citas, neologismos y adjetivos siempre certeros.

Hay otras poéticas y temas en Profundo vello, y en todos ellos Jáuregui demuestra ser un autor eficiente, con un léxico amplio y cuidadoso de la sonoridad y el ritmo de sus versos; rasgos más propios de la poesía cultista que del vitalismo de Hora Zero. A pesar de sus evidentes logros, estos poemas tienen siempre un cierto carácter epigonal, acaso porque se trata de propuestas que ya otros autores han desarrollado plenamente y asumiendo mayores riesgos.


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Se puede leer aquí el poema que da título al libro y aquí el prólogo de Tulio Mora.
Entrevistas: Enrique Sánchez Hernani.