Además de su exitosa carrera como publicista, Gustavo Rodríguez (Lima, 1968) tiene ya una larga trayectoria como escritor. La inició con las novelas La furia de Aquiles (2001) y La risa de tu madre (2003), en las que se notaba demasiado la presencia de recursos no propiamente literarios. Tras siete años, Rodríguez vuelve a la novela con La semana tiene siete mujeres (Planeta, 2010), una obra mucho más madura y ambiciosa, que figuró entre las diez finalistas del Premio Planeta-Casamérica 2009.
Un caricaturista político muere y la esposa trata de averiguar todo acerca de las infidelidades del difunto. Queda así planteado el relato como una comedia de enredos: las aventuras amorosas del protagonista y los apuros que pasa para mantenerlas en secreto. Pero pronto el tema del racismo se convierte en el eje de la narración, pues sus siete mujeres abarcan todo el espectro racial limeño. A ello se suma que el investigado y el investigador tienen trayectorias sociales inversas: el cholo triunfador y el “pituco” empobrecido.
Los saltos entre las peripecias amorosas y el retrato social (las historias de los otros personajes) ponen a prueba la versatilidad y el oficio literario de Rodríguez. Y aunque hay ciertos problemas técnicos, La semana tiene siete mujeres cumple su cometido de ser una lectura interesante y una amena reflexión sobre algunos prejuicios aún vigentes entre los limeños.
Enlaces relacionados
En Internet se puede leer el primer capítulo de la novela.
Otros comentarios: Gerardo Cailloma, José Donayre, Gary Rivera.
Entrevistas: Carlos Sotomayor, Yolanda Vaccaro, Carlo Trivelli.
En la siguiente entrevista Rodríguez comenta su propia novela.
La venganza de los monos mecanógrafos
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Ensayo,
Poesía
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El artista y escritor George Clark (1969) nació en Inglaterra, pero se formó en el Perú (en la Universidad Católica) y radicó aquí hasta 2004. Dedicado desde hace años a la docencia y las letras (filosofía, literatura), Clarke acaba de publicar su primer libro, La venganza de los monos mecanógrafos (Azul, 2010), un original conjunto de prosas “apátridas” (según la definición de Ribeyro) que se aproximan a territorios literarios específicos (poesía, relato, ensayo), pero no pertenecen a ninguno de ellos.
Manteniendo el escepticismo y el sistema de “asociaciones libres” del modelo ribeyriano (el término lo tomamos de Marco Martos) Clarke le agrega a su libro mucha ironía y espíritu lúdico, como se anuncia desde el título. Y aunque un tanto disparejos, en lo que respecta a la calidad, hay aquí textos destacables: breves y de contundencia aforística (“Autopsia II”, “Portazos”), de evidente aliento poético (“Aclaración”, “Introspección”) y alguna que otra “historia de cronopios” (“Colección privada”).
Hay también textos fallidos, especialmente aquellos en los que Clark resulta demasiado explícito o incursiona en la sátira (la serie “Gorda”, “Vieja” y “Fea”). Pero lo que más se nota es la ausencia de un personaje que encarne las radicales propuestas de los textos, como hizo Ribeyro en Los dichos de Luder, Cortázar en Un tal Lucas o Carlos Herrera en Crónicas de un argonauta ciego.
Enlaces relacionados
Booktrailer de La venganza de los monos mecanógrafos.
Entrevistas: Relit.
La siguiente entrevista es de Tv blog literario
Manteniendo el escepticismo y el sistema de “asociaciones libres” del modelo ribeyriano (el término lo tomamos de Marco Martos) Clarke le agrega a su libro mucha ironía y espíritu lúdico, como se anuncia desde el título. Y aunque un tanto disparejos, en lo que respecta a la calidad, hay aquí textos destacables: breves y de contundencia aforística (“Autopsia II”, “Portazos”), de evidente aliento poético (“Aclaración”, “Introspección”) y alguna que otra “historia de cronopios” (“Colección privada”).
Hay también textos fallidos, especialmente aquellos en los que Clark resulta demasiado explícito o incursiona en la sátira (la serie “Gorda”, “Vieja” y “Fea”). Pero lo que más se nota es la ausencia de un personaje que encarne las radicales propuestas de los textos, como hizo Ribeyro en Los dichos de Luder, Cortázar en Un tal Lucas o Carlos Herrera en Crónicas de un argonauta ciego.
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Booktrailer de La venganza de los monos mecanógrafos.
Entrevistas: Relit.
La siguiente entrevista es de Tv blog literario
Una mesa en la espesura del bosque
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Poesía
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Surgido como integrante del grupo La Sagrada familia (1977-1979), Carlos López Degregori (Lima, 1952) tiene una obra amplia y siempre en evolución –una decena de poemarios, desde Un buen día (1978) hasta Flama y respiración (2005)– que lo ha consagrado como uno de los mejores y más originales escritores de su generación. Tras cinco años de silencio López Degregori acaba de publicar un nuevo y muy buen poemario: Una mesa en la espesura del bosque (Peisa, 2010).
Partiendo de sucesos y cosas aparentemente cotidianas, estos poemas, escritos con un lenguaje sencillo, poco a poco se van “desrealizando” por la presencia de imágenes y elementos simbólicos: “La mesa está puesta para tres … / ¿Pero qué pueden comer esas tres personas? / ¿Carne ingrávida? / ¿Carne sonora…”. Pero aquí el autor no llega a caer en la indefinición ni el hermetismo, características de sus libros iniciales. Por el contrario, hay una expresa intención de que los textos comuniquen claramente lo que se quiere decir.
Esa tendencia ya era evidente en los dos anteriores poemarios de CLD; pero recién en Una mesa en la esperura del bosque alcanza su mejor expresión, pues no hay concesiones ni alegorías simplistas. Poemas como “Arrojo” y “La ciudad de las tijeras” demuestran que la madurez está finalmente acercando a este insular poeta a las propuestas de algunos de sus compañeros de generación, en especial a la obra del recordado José Watanabe.
Enlaces relacionados
Otros textos sobre el libro: Luis Fernando Chueca, Camilo Fernández, Abelardo Oquendo, Enrique Sánchez, José Guich.
Entrevistas: José Güich, Carlos Sotomayor.
En el siguiente video, Carlos Lopez Degregori lee el poema que da título al libro.
Takashi. Historias robadas
Etiquetas:
Narrativa,
Novela
4 comentarios:
HISTORIAS ROBADAS
Ernesto Carlín. Takashi. Historias robadas (Ediciones Altazor, 2010)
Los escritores están desarrollando diversas propuestas para darle a la novela el dinamismo de las formas narrativas hoy dominantes (cine, video, tv). Una de ellas es la de fragmentar el relato y cambiar constantemente los personajes y situaciones, a la manera de un conjunto de cuentos enlazados de algún modo, usualmente por el protagonista y autor de esos fragmentos, lo que le da además al texto una dimensión metaliteraria. Eso es precisamente lo que ha hecho el escritor y periodista Ernesto Carlín (Callao, 1984) en su segunda novela Takashi. Historias robadas (Altazor, 2010),
Desarrollada en torno al violento mundo de los adolescentes de una ciudad como Lima, la novela aborda los temas tradicionales en estos casos: el primer amor, el descubrimiento del sexo, la vocación literaria y, más que nada, la tan adolescente necesidad de pertenecer a un grupo. Takashi, limeño descendiente de japoneses, se siente siempre diferente y marginado en todas partes, Extrañamente solo logra algo de fraternidad como miembro de la “barra” del club Sport Boys, auqnue él suyo no es para nada el perfil del hincha típico de ese equipo de fútbol.
Independientemente de la figura del protagonista (que no resulta del todo convincente) lo mejor del libro son precisamente esas historias “robadas”, que se fusionan mediante situaciones y elementos comunes (algunos de prestigioso origen literario), y que combinan las peculiaridades del habla y la cultura de los jóvenes limeños (cómics, rock y literatura), con una fresca e irónica retórica. Takashi confirma el interés de esta tradición de novelas fragmentarias –que en Perú ha dado obras como La disciplina de la vanidad de Iván Thays y Casa de Islandia de Luis H. Castañeda– y de la narrativa de Ernesto Carlín.
Enlaces relacionados
Información de la solapa del libro
Otros comentarios sobre la novela: Carlos Calderón Fajardo, Augusto Rubio.
Ernesto Carlín tiene un blog llamado Tanque de Casma.
Ernesto Carlín. Takashi. Historias robadas (Ediciones Altazor, 2010)
Los escritores están desarrollando diversas propuestas para darle a la novela el dinamismo de las formas narrativas hoy dominantes (cine, video, tv). Una de ellas es la de fragmentar el relato y cambiar constantemente los personajes y situaciones, a la manera de un conjunto de cuentos enlazados de algún modo, usualmente por el protagonista y autor de esos fragmentos, lo que le da además al texto una dimensión metaliteraria. Eso es precisamente lo que ha hecho el escritor y periodista Ernesto Carlín (Callao, 1984) en su segunda novela Takashi. Historias robadas (Altazor, 2010),
Desarrollada en torno al violento mundo de los adolescentes de una ciudad como Lima, la novela aborda los temas tradicionales en estos casos: el primer amor, el descubrimiento del sexo, la vocación literaria y, más que nada, la tan adolescente necesidad de pertenecer a un grupo. Takashi, limeño descendiente de japoneses, se siente siempre diferente y marginado en todas partes, Extrañamente solo logra algo de fraternidad como miembro de la “barra” del club Sport Boys, auqnue él suyo no es para nada el perfil del hincha típico de ese equipo de fútbol.
Independientemente de la figura del protagonista (que no resulta del todo convincente) lo mejor del libro son precisamente esas historias “robadas”, que se fusionan mediante situaciones y elementos comunes (algunos de prestigioso origen literario), y que combinan las peculiaridades del habla y la cultura de los jóvenes limeños (cómics, rock y literatura), con una fresca e irónica retórica. Takashi confirma el interés de esta tradición de novelas fragmentarias –que en Perú ha dado obras como La disciplina de la vanidad de Iván Thays y Casa de Islandia de Luis H. Castañeda– y de la narrativa de Ernesto Carlín.
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Información de la solapa del libro
Otros comentarios sobre la novela: Carlos Calderón Fajardo, Augusto Rubio.
Ernesto Carlín tiene un blog llamado Tanque de Casma.
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