Auspiciada por el rectorado de la PUCP, la colección El manantial oculto, dirigida por el poeta y ensayista Ricardo Silva-Santisteban, lleva doce años publicando obras claves de la literatura peruana y universal. Ya son casi 80 libros que abarcan todas las épocas –desde los Upanishads hasta Hiperión y 5 metros de poemas– como se puede comprobar en sus tres más recientes entregas: Himno al Sol (1350 a. C) del faraón egipcio Akenatón; Himno a la natividad (1630), del escritor inglés John Milton (1608-1674) y Cantilenas y otros poemas, reunión de la obra poética del escritor peruano Ventura García Calderón (1886-1959).
Los tres libros contienen valiosos estudios críticos y, los dos primeros, también la versión de los poemas en su idioma original. En el caso del Himno al Sol, el estudio ha sido realizado por el mexicano Francisco Escalante y se reproduce la versión esculpida en el muro de la tumba de Nefertiti. En el caso del Himno a la natividad, el ensayo y la traducción son del argentino Mariano de Vedia y Mitre; además del texto en castellano e inglés se incluyen las ilustraciones que el inglés William Blake (1757-1827) hiciera para este poema.
El estudio introductorio de Cantilenas y otros poemas ha sido escrito por el propio Ricardo Silva-Santisteban, quien nos recuerda que los poemas de Ventura García Calderón “se desarrollan con equilibrado buen gusto, con expresión refinada, sin la grandilocuencia ni la opulencia que tantas veces ahogan a los poemas modernistas”. Los textos reunidos pertenecen a los libros Cantilenas (1920) y Rubayat (1925), a los que se suman aquellos que VGC atribuyó a su heterónimo Jaime Landa.
Karina Pacheco Medrano.La sangre, el polvo, la nieve (San Marcos, 2010)
Las dos primeras novelas de la escritora y antropóloga cusqueña Karina Pacheco Medrano –La voluntad del molle (2006) y No olvides nuestros nombres (2009)– la convirtieron en la más prometedora narradora peruana surgida en lo que va del siglo XXI. Ambos relatos unían acertadamente el melodrama intimista (centrado en el universo femenino) con un crítico discurso social e histórico. En esa misma línea se encuentra La sangre, el polvo, la nieve (San Marcos, 2010) la nueva novela de Pacheco.
Esta vez las acciones también suceden en Cusco y abarcan a tres generaciones de la familia Loayza; en especial la vida de Giralda, nacida en 1900. Ella es una mujer cuya conciencia social la lleva a vincularse con intelectuales y artistas de “izquierda” (defensores de los derechos de los campesinos) y a ser perseguida por las autoridades. Paralelamente, los diálogos entre Giralda y su madre van descubriendo oscuros secretos familiares. Así, las dos historias confluyen en la denuncia de las injusticias y abusos tras el poder económico de los Loayza.
Pero este apretado resumen no hace justicia a La sangre, el polvo, la nieve, libro en que la autora vuelve a mostrar su buen manejo de las descripciones (sensoriales y evocativas), de los personajes secundarios (diversos y funcionales), y hasta un mayor dominio de las técnicas (elipsis, cambios de narradores, etc). En suma, con esta tercera novela en apenas cuatro años (a las que seguirá, dentro de poco, un libro de cuentos), Karina Pacheco confirma la calidad de su narrativa y el vigor de su vocación literaria.
La poeta y gestora Maoli Mao está comenzando a hacerse conocida en los ambientes culturales limeños a través de su participación en recitales y eventos de artes plásticas, y también su actividad en las redes virtuales (con su blog “La Galaxia de Maoli”). Ella escribe poesía desde la infancia, con constancia y disciplina, y actualmente está presentando su primer libro, Ceguera emocional (Bisagra, 2010), que explora la temática erótica y que ha sido prologado por el conocido poeta y periodista Eloy Jáuregui.
Maoli Mao (seudónimo de esta escritora limeña) describe las sensaciones y emociones más personales, íntimas e intensas en torno a la experiencia del amor. Para ello emplea versos sencillos, que fluyen con naturalidad y que evitan las asperezas de lo demasiado explícito mediante una retórica simple y efectiva: imágenes, símiles y metáforas fuertemente enraizadas en la tradición literaria (desde Safo y El cantar de lo cantares), pero bien trabajadas y manejadas con frescura; como en los poemas “Maestro de amor”, “Lotófagos” y “Noche de carretera”.
El erotismo, que da unidad a los 22 poemas de Ceguera emocional, presenta diferentes desarrollos y matices: la realización de los deseos, el recuerdo de la efímera felicidad, la búsqueda de la trascendencia, el amparo ante el humano deterioro físico. Así, los poemas van abordando los grandes temas de la literatura: la identidad, la memoria, el paso del tiempo, el sentido de la vida y la muerte, etc. Y todo ello manteniendo la vitalidad y la fuerza de un buen primer libro.
Dos poemas de Ceguera emocional
NOCHE DE CARRETERA
Corren las carreteras a nuestro favor
corre por mis venas el deseo por ti
me tomas, te tomo, acelerando al volante.
Te poseo indómito mientras el frío cae
la noche caliento con mis manos
te inquieto,
no importa la velocidad
las luces, la policía…
Mi boca busca entre tus piernas
agitando tu adrenalina al volante
mientras juego, te provoco te excito
¡Qué noche!
De carretera de travesuras
Se torna el aire ahora tibio
Que caliento con mis labios
Mientras pequeñas gotas de lluvia
salen por las ventanas soltando el sabor
del amanecer, como el rocío sobre mi cara
Así te amo, sin que sepas, así te adoro.
Así te deseo, así te poseo.
Así te amo sin que lo sepas.
Así eres mío como la carretera a mis pies.
Así no eres mío como la carretera de nadie.
Así te amo, sin que te enteres.
MAESTRO DE AMOR
¿Cómo olvidar tus caricias?
¿Tus besos sobre mi cuerpo
fundiéndose al compás del culto amoroso?
Tocabas mis suaves montañas con destreza
al ritmo de palabras que enamoraban el aire
de mis excitares
enloqueciendo mi cuerpo
moldeando mis sensaciones.
Siguiendo el ritmo
bajo chispas de complicidad
a velocidad de nuestros vientres húmedos
quebrando mi cuerpo al son de tus deseos.
Manos recorriendo hábiles
como veleros frescos sobre mis mares tibios
atrapando suspiros palpitantes.
Tu piel desnuda.
Tus ojos salvajes que alumbran mis pechos.
Tus brazos fuertes.
Tus piernas como columnas de roble.
Tu cuello como río suave.
El mástil de mis aventuras
que recorro con delicia
suave, fuerte, con ímpetu
campo inquieto vibrante energético.
En nuestro compás constante
llegas lentamente mojando mi piel
gritos y jadeos frente al mar del deseo.
La ondulante aventura
por la conquista del clímax
concluye en quieto y reposado deleite
Me miras tú, maestro de amor.
Te miro yo, minina alumna sensual.
Tus ojos me piden volver a navegar
una y otra vez, una y otra vez
Somos los amantes de cada noche nueva.
¡Oh, mi amante!
Embriágame otra vez con tus amores.
Fernando Ampuero.Fantasmas del azar. Cuentos completos (Norma, 2010)
El reconocido periodista Fernando Ampuero (Lima, 1949) es también un versátil escritor que ha incursionado en casi todos los géneros literarios: cuento, novela, poesía, teatro. Sin lugar a dudas, destaca más como cuentista, con seis libros publicados –desde Paren el mundo que acá me bajo (1972) hasta Mujeres difíciles, hombres benditos (2005)– y varios relatos infaltables en las recopilaciones de cuentos peruanos. Por eso resulta un acierto la reciente publicación de Fantasmas del azar. Cuentos completos (Norma, 2010), libro que reúne toda la producción cuentística de Ampuero.
Así, en conjunto, es fácil apreciar la evolución de Ampuero desde sus inicios como narrador impetuoso –el extenso relato “Irse por las ramas”, p.e.– hasta el autor “maduro”, más lacónico y selectivo con sus recursos, de Malos modales (1994) y Bicho raro (1996). El cambio se produce a partir de la combinación de las historias netamente urbanas y actuales con ciertos procedimientos desarrollados por escritores como Jorge L. Borges (el de Historia universal de la infamia). Así lo reconoce Ampuero en el prólogo a los relatos de Vidas soñadas (1982), inéditos hasta ahora.
El salto cualitativo ya es evidente en “El departamento” y “Taxi driver sin Robert de Niro”, cuentos antologados infinidad de veces. A partir de entonces la narrativa de Ampuero ha mantenido su tendencia a la simpleza del lenguaje y eficacia de la trama. Los resultados, a pesar de ciertos textos fallidos, han sido bastante buenos, como se puede comprobar leyendo estos Fantasmas del azar.