Las respuestas del mudo

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CONVERSANDO CON RIBEYRO

Julio Ramón Ribeyro. Las respuestas del mudo (Tierra Nueva, 2010)

Julio Ramón Ribeyro (Lima, 1929-1994) es, sin lugar a dudas, uno de los escritores peruanos más queridos y admirados de los últimos tiempos. Eso a pesar de su natural timidez y su frecuentes negativas a dar entrevistas, que le ganaron el apelativo de “el mudo”. De ahí el título del conjunto de su obra cuentística –La palabra del mudo– y también el del libro Julio Ramón Ribeyro. Las respuestas del mudo (Tierra Nueva, 2010), que acaba de publicar el periodista Jorge Coaguila, una selección de las 30 mejores entrevistas realizadas a este escritor.

Entre los textos aquí reunidos se pueden encontrar extensas y valiosas conversaciones de Ribeyro con reconocidos escritores (Alfredo Bryce, Antonio Cisneros, Juan Gonzalo Rose), críticos (Edgar O’Hara, Wolfang Luchting) y periodistas (César Lévano, Federico de Cárdenas, Fernando Ampuero). Estas entrevistas abarcan más de 30 años (desde 1960 hasta 1993) y por eso resultan un invalorable testimonio de la evolución de la vida y obra del escritor; así como de sus frecuentes y extensas reflexiones acerca de su propia obra.

Jorge Coaguila publicó en 1995 el libro Ribeyro: La palabra inmortal, reunión de las entrevistas que él mismo hizo, y desde entonces se ha convertido en el mayor “ribeyrólogo” del medio. En esta nueva edición de Las respuestas del mudo (la primera es de 1998) Coaguila ha incluido seis entrevistas más, un álbum de fotografías, índice onomástico y hasta resúmenes de las novelas y cuentos. En suma, un libro imprescindible para los admiradores del gran Julio Ramón Ribeyro.

El dios araña

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Ricardo Vírhuez. El dios araña. Nina y la casa abandonada (Pasacalle, 2010)

En la segunda mitad del siglo XX la narrativa escrita especialmente para lectores jóvenes tuvo un verdadero renacimiento en todo el mundo. Autores como Roald Dahl, Michael Ende o Christine Nöstlinger marcaron un cambio radical, que tardó un poco en llegar a nuestro país. No obstante, hoy ya existe toda una generación de escritores peruanos que combinan sus obras para adultos con libros dirigidos a los más jóvenes. Es el caso de Ricardo Vírhuez (Lima, 1964), quien acaba de publicar las novelas El dios araña y Nina y la casa abandonada (Pasacalle, 2010).

Estas dos novelas cortas narran, de una manera ligera y con mucho sentido del humor, las aventuras de grupos de adolescentes que tienen que enfrentar a temibles fuerzas sobrenaturales. En el caso de Nina y la casa abandonada son espíritus relacionados con las ruinas de una especie de correccional de menores, regentada por curas y monjas. En El dios araña, cuyas acciones se desarrollan en el Trujillo de hoy, se trata de dioses y personajes fabulosos provenientes de la mitología Mochica.

Ambos libros son lecturas atractivas para los lectores jóvenes (con peripecias sorprendentes e insólitos personajes secundarios), especialmente por el creativo uso del lenguaje coloquial propio de ellos. Acaso hay demasiada sangre y crímenes, y en cambio falte un poco de profundización en las emociones y forma de pensar de los adolescentes. Son pequeños problemas que sabemos que Ricardo Vírhuez podrá superar en sus ya anunciadas próximas entregas dentro de este género narrativo.

Adiós, Guernica

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Julio C. Vega. Adiós, Guernica (Editorial Casatomada, 2010)

Una novela finalista en el Premio BCR 2001 y un buen primer libro de cuentos –Cuatrogatos (2002)– generaron muchas expectativas en torno a la narrativa joven y cargada de lirismo de Julio C. Vega (Lima, 1976). Ocho años después Vega confirma esas virtudes con Adiós, Guernica (Casatomada, 2010), una novela protagonizada por niños que viven en una ciudad española arrasada por la guerra y que además comparten un extraño mundo onírico, en el que se unen lo apacible y lo terrible.

En el plano real, se cuenta la historia de un niño, hijo de un poeta y una mujer valerosa (ambos víctimas de la guerra), quien para sobrevivir tiene que trabajar para el ejército invasor y soportar los abusos de una anciana. En el plano onírico, este niño se reúne con sus padres y otros niños víctimas de cualquier tipo de violencia, como Tristeza, niña abusada sexualmente por su propio padre. Los elementos grotescos y caricaturescos de ambos planos son compensados con otros de intenso dramatismo o logrado lirismo.

Es obvio que Vega ha querido hacer de esta novela un fuerte alegato contra la guerra, en la línea del filme El laberinto del fauno (2006). Pero a diferencia de la película, aquí el discurso se vuelve demasiado explícito y reiterativo, a lo que hay que sumar algunos abiertos excesos, como el personaje de Guernica (niña prostituta y mutilada, sin piernas y con un solo brazo). Pero esos son riesgos inevitables cuando se asume un proyecto tan original como Adiós, Guernica, novela que Vega ha trabajado y pulido durante varios años.


Enlaces relacionados
Julio C. Vega ha autorizado la reproducción de algunos fragmentos de la novela.
Otros comentarios sobre Adiós, Guernica: Rofolfo Ybarra.
Entrevistas: Carlos Sotomayor.

La prosperidad reclusa

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RECLUSOS Y MARGINALES

Orlando Mazeyra. La prosperidad reclusa (Cascahuesos Editores, 2010)

Los cuentos reunidos por Orlando Mazeyra (Arequipa, 1980) en su libro La prosperidad reclusa (Cascahuesos, 2010) se desarrollan en los ámbitos urbanos más extraños: manicomios, cárceles, prostíbulos, claustros de conventos. Y en ellos encontramos a personajes marginales (“los verdaderos outsiders del siglo XXI” los ha llamado el escritor Jorge E. Benavides) viviendo las aventuras más insólitas, incluyendo a un coleccionista de perchas de hotel desesperadamente enamorado de su propia hermana.

Así, atisbando en las grietas de una sociedad no muy moderna (que se identifica reiteradamente con la de la ciudad de Arequipa) Mazeyra encuentra, en estos 23 relatos, abundante material sobre lo absurdo y sombrío de la existencia humana. Y lo expresa en un lenguaje bien trabajado, en el que se hace evidente la exploración de diversos registros, desde el coloquial hasta el (algunas veces recargadamente) libresco. Esa diversidad se puede comprobar hasta en los autores citados: Calamaro, Fito Páez, Bukowski, Goethe y Coetzee.

Cuando todos esos elementos logran integrarse, Mazeyra nos estrega buenos cuentos, como en los casos de “El faquir y el equilibrista” y “Tras la puerta”. Pero algunos relatos se pierden en la búsqueda del efectismo a través de lo sórdido, lo insólito, lo retorcido y, en los casos de textos protagonizados por escritores (algunos por el propio autor), del malditismo. De todas maneras, La prosperidad reclusa, segundo libro de Mazeyra, confirma a este narrador como un autor de interés.

Se pueden leer otros comentarios en el blog del libro.