El asedio

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Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte. El asedio (Alfaguara, 2010)

El español Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) es en uno de los pocos escritores en nuestro idioma que han logrado unir la fluidez y el interés de los bestsellers con la calidad formal y la riqueza literaria. Una fórmula que el autor ha ido probando en diversos subgéneros narrativos: el relato de aventuras, la novela histórica, el folletín, el policial moderno, etc. Todos estos géneros parecen fusionarse en El asedio (Alfaguara, 2010) la extensa novela que Pérez-Reverte acaba de publicar.

El asedio nos remite al Cádiz de 1811, justo cuando la ciudad soporta el asedio de las fuerzas napoleónicas. En ese contexto histórico y bélico –que remite a la saga del capitán Alatriste y a novelas como Cabo Trafalgar (2004)– se produce una serie se asesinatos y descuartizamientos de mujeres jóvenes. Por supuesto, el principal protagonista es el policía encargado de resolver el misterio (Rogelio Tizón) al que se suma una interesante galería de personajes secundarios (Lolita Palma, Pepe Lobo, el artillero Desfosseux, etc.), una de las mayores virtudes del libro.

Los problemas de El asedio están en el carácter de gran “suma” de toda la obra de su autor, en la acumulación de elementos aparentemente disímiles. A los ya mencionados subgéneros narrativos se añaden una historia de amor y hasta una serie de reflexiones, mejor integrada a la ficción que en la fallida novela-ensayo El pintor de batallas (2006). El resultado es una peculiar e interesante versión de novela “total”, muy diferente a la propuesta por los escritores del boom.

Cervantes en el Perú

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Cep
Carlos Eduardo Zavaleta. Cervantes en el Perú (Biblioteca Nacional del Perú)

La obra de Cervantes siempre ha interesado a los peruanos. Los primeros ejemplares del Quijote llegaron a nuestro país en 1605, el mismo año de la publicación de la edición princeps; sin embargo, la primera edición peruana de este libro se publicaría recién en 1992. Estos datos y muchos otros más se pueden encontrar en el libro Cervantes en el Perú (Biblioteca Nacional, 2009) amplia recopilación realizada por el reconocido escritor y crítico Carlos Eduardo Zavaleta.

Son casi 40 los textos aquí reunidos y abarcan desde ficciones inspiradas en la obra de Cervantes –un cuento de Carlos E. Ledgard, dos poemas de Jorge E. Eielson y fragmentos de una obra de teatro de Juan Ríos– hasta detallados estudios sobre la relación de la vida y ficciones de Cervantes con nuestro país. Entre los autores de estos estudios figuran escritores tan importantes para nuestra literatura como Ricardo Palma, José de la Riva Agüero, Raúl Porras Barrenechea y Ciro Alegría.

Por supuesto, los ensayos más interesantes son aquellos que aportan novedosas interpretaciones de la obra de Cervantes: Vargas Llosa lee el Quijote desde su conocido liberalismo (un fragmento del prólogo que escribió para la reciente edición “oficial” de la novela), Carlos García-Bedoya emplea las herramientas de la narratología y Aníbal Quijano las de la sociología. Dentro de los márgenes más tradicionales del ensayo literario, habría que destacar en Cervantes en el Perú los aportes de Edgardo Rivera Martínez, Marco Martos y el propio Carlos E. Zavaleta.

La poesía es como el aroma

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cfc
Camilo Fernández. La poesía es como el aroma. Poética de Luis Benítez (Nueva Generación, 2009)

Crítico, profesor universitario y miembro de la Academia Peruana de la Lengua, Camilo Fernández es hoy uno de nuestros mayores especialistas en el estudio de la poesía. Ha dedicado libros completos a las obras de los peruanos Emilio A. Westphalen, Jorge E. Eielson, Rodolfo Hinostroza y José Watanabe, así como a la del mexicano Octavio Paz. Recientemente Fernández ha publicado La poesía es como el aroma (Nueva Generación, 2009) libro en el que analiza la obra del argentino Luis Benítez (Buenos Aires, 1956).

El crítico aplica aquí su ya conocido método: a partir del estudio de las figuras retóricas (según las propuestas teóricas de Stefano Arduini, Giovanni Bottiroli y Tomás Albadalejo) más usadas en los poemas, se aproxima a los temas, la visión del mundo y la coherencia de los textos. Así, se analizan aquí, con mayor o menor detalle, una decena de poemas. En el primer aspecto, Fernández encuentra en esos textos una “estética de las sensaciones”, basada en metáforas y sinestesias; en el segundo, una diversidad de temas que van desde la crítica cultural hasta las reflexiones metaliterarias.

Resultan destacables la solvencia, el rigor y la documentación del trabajo crítico de Fernández, aunque (como señalamos con respecto a algunos de sus anteriores libros) a veces las conclusiones no están a la altura de esas virtudes. No obstante, La poesía es como el aroma es una interesante introducción a la poesía de Luis Benítez y una invitación a leer el resto de la obra de este versátil escritor argentino.

Cartas de amor para una alumna

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Dora Varona. Cartas de amor para una alumna (Universidad Ricardo Palma, 2010)

Los epistolarios de escritores no son libros muy frecuentes en nuestro medio, pero los pocos que se publican suelen generar polémicas, como en el caso de las compilaciones de cartas de Arguedas. Podría suceder lo mismo con Cartas de amor para una alumna (URP, 2010), libro en el que Dora Varona (1930) ha reunido la correspondencia que sostuvo con su novio, el escritor peruano Ciro Alegría (1909-1967), a lo largo de un par de meses, a finales de 1956.

En ese entonces, Alegría ya había publicado la parte más importante de su obra –sus novelas La serpiente de oro (1935), Los perros hambrientos (1939) y El mundo es ancho y ajeno (1947)–, pasado por dos matrimonios y concluido una larga serie de temporadas en prisión y el exilio, a consecuencia de su militancia aprista. A los 47 años de edad quería asentarse y conseguir una esposa-secretaria que lo ayude a continuar su interrumpida obra. La elegida fue Dora Varona, Máster en Literatura por la Universidad Complutense de Madrid, una poeta 20 años menor que él.

Por supuesto, lo más interesante de estas cartas son los detalles de la vida íntima del escritor. Al parecer mantenía paralelamente un compromiso con otra mujer (Nilda) y reconoce que había otras cuatro “que dicen quererme” y que ante el matrimonio con Dora “… se molestarán naturalmente. Hasta qué extremos podrían llegar, lo ignoro” (p.57). A estos líos de faldas se suman en Cartas de amor para una alumna severos calificativos contra aquellos escritores y políticos que Alegría consideraba sus enemigos.