Necrópolis

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Necrópolis
Santiago Gamboa. Necrópolis (Norma, 2009)

El escritor colombiano Santiago Gamboa (Bogotá, 1965) gano la más reciente edición del Premio de Novela “La otra orilla” con Necrópolis (Norma, 2009) una vasta y compleja novela en la que (a la manera de un moderno Decamerón) varios personajes narran historias diversas. Todo ello en el contexto de un encuentro de escritores que se desarrolla en un hotel en la ciudad de Jerusalén: la guerra y la violencia ocupando en el mundo de hoy el lugar que en el siglo XIV le correspondió a la peste negra.

Autor de otros siete libros de narrativa –desde Páginas de vuelta (1995) hasta Hotel Pekín (2008)– Gamboa ha reconocido que esta es su obra más ambiciosa y lograda. Cada una de las historias que se narran es, en sí misma, una interesante novela breve, y a su vez todas están articuladas por ciertos temas y constantes: sus protagonistas son seres casi marginales (un predicador callejero, una actriz porno) y que han estado a punto de morir en manos de algún criminal. De ahí que se congreguen en esta Necrópolis (literalmente, “ciudad de los muertos”).

No obstante, a medida que se pasa de los aspectos generales (estructura y temas) a los más puntuales se siente una cierta pérdida de calidad literaria. Los personajes, por ejemplo, a pesar de sus orígenes tan distintos, son demasiado parecidos; los diálogos resultan pobres y previsibles, y la prosa no llega a estar a la altura del proyecto. Salvo en la historia del predicador José Maturana, sin lugar a dudas lo mejor de esta meritoria e intensa novela.


Enlaces relacionados
Otros textos sobre NecrópolisHéctor Abad, Ezequiel Acuña, El Cultural, Camilo Jiménez, Juan Manuel Vial.
Entrevistas: Sara Araújo, Ana Gabriela Rojas, Vanguardia.com, Nora Viater.
Se pueden leer las primeras páginas de la novela en El País.



Santa Evita

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TEM
Tomás Eloy Martínez. Santa Evita (1995)

Largo fue el recorrido del periodista y escritor Tomás Eloy Martínez (1934-2010) para llegar a ser considerado como uno de los más importantes narradores argentinos de la actualidad. Sus primeros libros fueron la novela Sagrado (1968) y La pasión según Trelew (1974), a los que siguieron otros, tanto de narrativa como de investigación periodística. Sólo a partir de La novela de Perón (1985) alcanzaría el reconocimiento general. Su novela, El vuelo de la reina (2002), obtuvo el Premio Internacional Alfaguara de Novela y la más reciente, Purgatorio, fue considerada el mejor libro argentino de 2008: pero para muchos su obra maestra continúa siendo Santa Evita (1995), su personal versión de la historia de Eva Perón, numnerosas veces reeditada y traducida a otros idiomas.

TEM inicia la novela contando los últimos días de Evita, esposa del entonces presidente argentino Juan Domingo Perón, mostrándola en el esplendor de la devoción popular hacia ella y a la vez en los momentos más penosos de su decadencia física. Pronto la narración pasa a centrarse en las peripecias del cadáver de Eva, embalsamado casi a la perfección por el español Pedro Ara. Caído Perón, el nuevo gobernante prefiere mantener oculto el cuerpo de Eva, delegando ese trabajo en un grupo de personajes (entre los que figuran el peculiar coronel Moori Koening) que, ante lo extraño de su misión, tiene un proceder que va de la torpe a lo perverso. Así, el cadáver y sus “duplicados” se desplazan constantemente, llegando incluso hasta Europa, en medio de las situaciones más confusas y absurdas.

Esta historia es contada en paralelo con otras dos líneas narrativas: los recuerdos de la vida de Evita (infancia, adolescencia, amoríos, trayectoria artística); y el proceso de creación de la novela, tanto el trabajo de investigación (entrevistas del autor con los testigos) como las dudas acerca del estilo y las técnicas a emplear. La primera de estas líneas nos muestra a la persona real, a la provinciana María Eva Duarte, y cómo a partir de ella se fue forjando el mito de Evita. La segunda pone en evidencia que la literatura y la historia proceden de una manera similar, transformando sucesos y personas en discursos especializados y ficticios: "A lo mejor la historia no se construía con realidades sino con sueños. Los hombres soñaban hechos, y luego la escritura inventaba el pasado" se afirma en uno de los muchos pasajes de la novela que abordan este tema.

El continuo tránsito entre la realidad, el mito y la ficción es lo más destacable del libro. Para lograrlo TEM apela a una estructura novelística compleja, con frecuentes saltos en el tiempo y diversos puntos de vista, desde el narrador omnisciente que conoce las más íntimas emociones de los personajes hasta la voz, en primera persona, del propio autor. También hay una gran variedad de registros estilísticos que abarcan la prosa periodística, el lenguaje coloquial y una cierta retórica modernista, cercana a las letras de los tangos. Todos estos elementos juntos hacen que incluso los personajes históricos (Perón, Evita, Koening o el propio TEM) adquieran un cierto carácter irreal, acorde con su función dentro de la ficción narrativa.

Mario Vargas Llosa ha señalado, en un elogioso ensayo sobre esta novela, que sin la estructura “asimétrica y laberíntica... sin los excesos sensibleros, las insolencias melodramáticas... esta historia truculenta y terrible sería imposible de creer”. El libro también fue entusiastamente recibido por los otros integrantes del boom (“Aquí está, por fin, la novela que siempre quise leer” afirmó Gabriel García Márquez) quienes vieron en ella una actualización de su viejo afán de totalidad, revitalizado con las parodias, pastiches e incursiones en la cultura de masas propios de la narrativa posmoderna. En los 15 años transcurridos desde su publicación, Santa Evita se ha convertido en una de las novelas fundamentales de la literatura hispanoamericana más reciente.

Utopía negra

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García
Carlos García Miranda. Utopía negra (UNMSM, 2009)

A pesar de la calidad y originalidad de la narrativa de Antonio Gálvez Ronceros (Chincha, 1932) –que en libros como Los ermitaños (1962) y Monólogo desde las tinieblas (1975) explora el universo propio de la cultura afroperuana–, hasta ahora ha sido poco y mal estudiada por la crítica. Acaso eso comience a cambiar con la publicación del libro Utopía negra (UNMSM, 2009) que el escritor y profesor universitario Carlos García Miranda ha dedicado íntegramente al análisis de esta singular obra.

García Miranda (Lima, 1968) se enfoca en los métodos empleados por AGR para la representaciones literaria de lo “negro”, tanto en lo que referente a las técnicas narrativas como al lenguaje (el aspecto más llamativo de esta obra), que reproduce fielmente la peculiar forma de hablar propia de esta región. En ambo casos, el crítico se apoya en los aportes de teóricos como Genette, Schmidt y Ong, entre otros. Solo después de estos aspectos formales, García Miranda pasa a revisar lo relacionado con los problemas de “identidad, cultura e ideología” planteados por esta narrativa.

En líneas generales, García Miranda (quien está a punto de obtener un doctorado en Literatura por la Universidad de Salamanca) se muestra en Utopía negra como un crítico riguroso y documentado; especialmente en el extenso “estado de la cuestión”, de la primera mitad del libro. Sin embargo, nos hubiera gustado que dedique más páginas a fundamentar su interpretación de la obra de AGR como un “modelo utópico de representación”.


Enlaces relacionados
Otros textos sobre Utopía negra: Gonzalo Espino.

Julio Ramón Ribeyro: penúltimo dossier

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Ribeyro
Néstor Tenorio / Jorge Coaguila. Julio Ramón Ribeyro: penúltimo dossier (Tierra Nueva, 2009)

Ante la ausencia de cierto tipo de libros de crítica literaria, se está optando por publicar antologías, reuniones de ensayos e interpretaciones críticas sobre obras de un determinado escritor. El más reciente de estos libros es Julio Ramón Ribeyro: penúltimo dossier (Tierra Nueva, 2009) en el que Jorge Coaguila y Néstor Tenorio, destacados “ribeyristas”, han compilado un importante número de textos dedicados a analizar la vida y obra de este escritor.

El principal atractivo del libro es la recuperación de artículos publicados en revistas académicas o especializadas (y por eso de escasa difusión), escritos por los más destacados críticos peruanos: desde Ricardo González Vigil y Tomás Escajadillo hasta Peter Elmore, Marcel Velásquez y los propios Tenorio y Coaguila. A ello se suman las remembranzas de escritores amigos de Ribeyro, tanto sus compañeros de generación (Carlos Eduardo Zavaleta, Wáshington Delgado) como aquellos que lo tomaron como maestro (Guillermo Niño de Guzmán, Alonso Cueto).

Se mantienen en Julio Ramón Ribeyro: penúltimo dossier algunos de los problemas de estas antologías: la dispersión de los temas y enfoques, el excesivo material proveniente de publicaciones “no especializadas” (en especial periódicos) y la escasez de nuevos aportes (solo hay un par de textos “inéditos”). Hoy que el “copy & paste” es un recurso tan socorrido, acaso una buena manera de trascenderlo hubiera sido pedir a algunos de los críticos antologados que amplíen o actualicen sus propios trabajos.