Poesía peruana del 2009

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Verastegui

Los diez mejores poemarios
Según el consenso de la crítica (que intentamos reproducir en este recuento) Teoría de los cambios (Sol Negro) de Enrique Verástegui es el más importante poemario publicado en el Perú durante el año 2009. En realidad, más que la calidad literaria, lo que se reconoce en este libro es el retorno a la poesía de uno de nuestros más talentosos escritores, después de una serie de incursiones en el ámbito de la ciencia (que no fueron tomadas en serio por los especialistas en esas materias). Los poemas breves y sencillos de Teoría de los cambios, muestran a un poeta sereno y que comienza a tomarse a sí mismo con saludable buen humor.

Hay también mucho de reivindicación en las preferencias por el poemario Ángeles detrás de la lluvia (Húnikos) Tulio Mora, un libro breve, de apenas tres poemas, dedicados a tres “poetas malditos” (se puede leer el libro completo en el blog Caza sutil). Los textos no siempre logran trascender el ejercicio retórico (poemas para elogiar al poeta al que se toma de modelo), pero llamaron la atención de aquellos críticos que actualmente impulsan un “redescubrimiento” del grupo Hora Zero y sus integrantes (entre los que figuran Verástegui y Mora). Algo similar sucedió con Tren bala (San Marcos), el cuarto poemario póstumo de Pablo Guevara, todos ellos recibidos por los reseñistas con mucho más entusiasmo que los libros que el mismo Guevara publicara en vida.

Mucho más arriesgada es la opción de la crítica por otros dos libros. El primero es Amanecidas violentas de mundos (Sol Negro) de José Pancorvo, un buen poemario pero de difícil lectura, pues reúne elementos sumamente diversos, desde las citas eruditas y hasta el lenguaje coloquial, desde la retórica barroca hasta ciertos recursos vanguardistas. El segundo es Nocturama (AUB) de Diego Otero, un sólido conjunto de poemas que apelan a las más modernas técnicas literarias para reflexionar sobre las experiencias de la generación que vivió su adolescencia en los años noventa.

Entre los libros publicados en el 2009 por poetas reconocidos habría que destacar a Dorada Apocalypsis (Intermezzo Tropical) de Domingo de Ramos y El lenguaje es un revólver para dos (PUCP) de Mario Montalbetti. Además confirmaron ser poetas de interés Andrea Cabel con Uno rojo (PUCP), Alejandro Susti con Cadáveres (Mesa Redonda) y Julio del Valle, con El instinto de la memoria (estruendomudo).

También se publicaron importantes antologías: Poesía vanguardista peruana (PUCP, 2 tomos) de Luis Fernando Chueca, La poesía del siglo XX en el Perú (Visor) de José Miguel Oviedo, Hora Zero. Los broches mayores del sonido (Fondo Editorial Cultura Peruana) de Tulio Mora y Poetas peruanas de antología (Mascapaycha) de Ricardo González Vigil, entre otras.


Otros recuentos literarios
Alonso Cueto, Caretas, Correo, Ricardo González Vigil, Paul Guillén, La República, Gabriel Ruiz Ortega, Carlos Sotomayor.

Lima Norte

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Anticona
Giovanni Anticona. Lima Norte (Lustra, 2009)

Lima Norte (Lustra, 2009) es la primera novela del joven escritor Giovanni Anticona (Lima, 1984) y, como anuncia el título, sus acciones se desenvuelven casi exclusivamente en los populosos distritos del norte de la capital: Comas, Los Olivos y Carabayllo. En ellos Gianfranco (protagonista y evidente alter ego del autor) establece extraños vínculos con la peinadora Jenny y el taxista Lorenzo, un ex soldado que no logra reponerse de sus experiencias en la guerra contra SL.

Al autor le interesa mostrar los ámbitos más problemáticos y peligrosos de esa Lima Norte: cementerios clandestinos, prostíbulos, los asentamientos humanos más alejados. Igual de excepcionales y extremos son los personajes (travestis, delincuentes, drogadictos) las acciones narradas y, en algunas páginas, hasta la retórica. Pero los sucesos no llegan a integrarse en una sola trama, por lo que el libro queda como una curiosa yuxtaposición de historias (en especial las de Lorenzo y Jenny) casi sin relación entre sí.

Muchas veces la crítica ha señalado la falta de obras literarias surgidas de los distritos periféricos de la Lima actual. Y aunque hay algunas importantes contribuciones (la poesía de Domingo de Ramos, por ejemplo), todavía no existe un conjunto de obras el equivalente al del realismo urbano de los años 50 (Ribeyro, Congrains, Reynoso). En ese sentido Lima Norte es una propuesta original, aunque en algunas páginas la mirada de Anticona resulte demasiado superficial y ajena al mundo que intenta describir.

Narrativa peruana del 2009

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gutierrez


Para la narrativa peruana 2009 fue un año sin sorpresas ni polémicas, en el que no han surgido nuevas figuras deslumbrantes, y más bien se confirmaron ciertos autores y tendencias.

EL LIBRO DEL AÑO
Hubo un libro que destacó nítidamente sobre los demás: la novela Confesiones de Tamara Fiol (Alfaguara) de Miguel Gutiérrez, una ambiciosa saga que abarca toda la historia peruana del siglo XX y también una amplia reflexión sobre el uso de la violencia como instrumento político, desde el anarquismo romántico de Manuel González Prada hasta la corrupción generalizada del fujimorismo y la crueldad de Sendero Luminoso. A pesar de ciertos descuidos formales, Confesiones de Tamara Fiol confirma a Gutiérrez como uno de nuestros mayores escritores de la actualidad, pues ya su novela La violencia del tiempo fue considerada entre lo mejor de la literatura peruana de la década de 1990.

LOS "INTERNACIONALIZADOS"
Este año la atención de la crítica y los lectores estuvo centrada en los libros de ese grupo de autores peruanos que publican en las más importantes editoriales extranjeras y que suelen recibir premios y reconocimientos internacionales. Pero no fue un buen año para ninguno de ellos. Santiago Roncagliolo nos entregó Memorias de una dama (Alfaguara), un libro dual (novela histórica y relato autobiográfico) que lo mostró escindido entre el rigor literario y las concesiones al mercado (y lamentablemente optando por lo segundo). Daniel Alarcón, cuyos dos primeros libros (a pesar de haber sido escritos originalmente en inglés) lo convirtieron en la gran promesa de la narrativa peruana, publicó (acaso por presiones editoriales) El rey siempre está por encima del pueblo (Seix Barral), un disparejo aunque de todas maneras interesante conjunto de relatos.

Siguiendo con los autores “internacionalizados” Alfredo Bryce confirmó, con los cuentos de La esposa del Rey de las Curvas (Peisa) que no está atravesando por la mejor etapa de su creatividad; Jorge Eduardo Benavides ganó el Premio BCR de Novela con La paz de los vencidos (Alfaguara), inferior a sus anteriores libros; y Jaime Bayly continuó su serie de best sellers (que algunos críticos se rehúsan a incluir dentro del ámbito de la literatura) con El cojo y el loco (Alfaguara). Al final del año, José de Piérola presentó la novela Summa caligramática (Norma) que no obstante sus 350 páginas y su temática literaria, no es de lo mejor de su producción.


AUTORES DE CULTO
Por el contrario, lejos de la atención de la masa de lectores, un grupo de escritores casi “de culto”, todos ellos con una ya larga trayectoria literaria, continuó entregándonos valiosas novelas: Mario Bellatín (mexicano que se inició como escritor en nuestro país) publicó Biografía ilustrada de Mishima (Matalamanga); Juan Morillo (integrante, como Miguel Gutiérrez, del grupo Narración) Memoria de un naufragio (San Marcos); Carlos Calderón Fajardo El viaje que nunca termina (Altazor) y una Antología íntima (Casatomada), selección de sus mejores cuentos; y Eduardo Gonzales Viaña El amor de Carmela (Altazor). Por su parte, Patricia de Souza, nuestra más importante narradora actual, reeditó El último cuerpo de Úrsula (sic).


NARRADORES DE INTERÉS
Hubo además algunas “promesas” que con un segundo o tercer libro confirmaron claramente ser narradores de interés. Eso sucedió claramente en los casos de Carlos Gallardo con su novela espuma! (estruendomudo); de Karina Pacheco con No olvides nuestros nombres (San Marcos) y de Mirko Lauer (reconocido poeta y periodista) con Tapen la tumba (Hueso Húmero). En menor medida, también lo lograron los poetas Miguel Ildefonso y Selenco Vega, con El viaje de Camilo (Norma) y Segunda persona (Mesa Redonda) respectivamente; y el crítico José Güich con El misterio de la Loma Amarilla (SM).

Otro fenómeno que continuó en este año fue la poca difusión de los libros publicados por editoriales no limeñas. Sabemos de su existencia, por las breves notas informativas aparecidas en medios impresos y en Internet, pero pocos han llegado a nuestras manos; por eso no nos atrevemos aquí a señalar ningún titulo o autor.


PRIMEROS LIBROS
En cambio sí hemos recibido numerosos “primeros libros” de escritores jóvenes y no tan jóvenes, para quienes resulta hoy mucho más fácil salir de la condición de inéditos gracias a los nuevos aportes de la tecnología. De entre esas obras queremos destacar aquí Ayuda por teléfono y otros cuentos (Tierra Nueva) de Juan Carlos Bondy, Los olvidados (no los de Buñuel, los míos) (estruendomudo) de Rossana Díaz Costa, La línea en medio del cielo de Francisco Ángeles (Revuelta), Estación Cuzco (Peisa) de Juan Carlos Galdo (los dos últimos publicados a fines de 2008), Lima Norte (Lustra) de Giovanni Anticona y Un sol que en invierno (Borrador) de César Bedón.

Este artículo fue publicado originalmente en La República.


Otros recuentos literarios
Alonso Cueto, Caretas, Correo, Ricardo González Vigil, Libros, Paul Guillén, Gabriel Ruiz Ortega, Carlos Sotomayor.

Poetas peruanas de antología

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poetas
Ricardo González Vigil. Poetas peruanas de antología (Mascapaycha Editores, 2009)

El crítico y catedrático Ricardo González Vigil (Lima, 1949) es responsable de algunas de las más amplias antologías de la literatura peruana publicadas en las últimas décadas, como los dos tomos de la Poesía peruana del siglo XX (1999) o los nueve de El cuento peruano (1983-2000). A ellas se suma ahora Poetas peruanas de antología (Mascapaycha, 2009), que reúne poemas de 90 escritoras peruanas, desde las poetas anónimas de inicios del siglo XVII hasta las jóvenes voces surgidas en lo que va del siglo XXI.

Como siempre, RGV se muestra generoso en su selección, tanto de autoras como de textos (se incluyen algunos poemas inéditos), especialmente con las más recientes generaciones. Ya en otras antologías había “rescatado” a un grupo de escritoras del 50 (Julia Ferrer, Rosa Cerna, Sarina Helfgott), labor que continúa aquí con las siguientes promociones (1980, 1990, 2000), cada una con por lo menos una docena de representantes. A pesar de ello hay algunas notorias ausencias, como las de Magdalena Chocano (señalada por José Güich) o Esther Castañeda.

Esa misma generosidad lleva a González Vigil a un cierto exceso en los elogios a casi todas las escritoras; lo que se refuerza con las frecuentes citas de los prólogos y notas de presentación de los poemarios, que suelen inflar bastante los méritos literarios. Pero eso no afecta el aporte de Poetas peruanas de antología, un libro que contribuye a la recuperación de la producción poética de escritoras peruanas injustamente olvidadas o postergadas.


Enlaces relacionados
Otros textos sobre Poertas peruanas de antología: José Güich.