Poesía vanguardista peruana

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Poesía vanguardista peruana (PUCP, Vols. I y II)

El rectorado de la Universidad Católica, a través de la colección Obras Esenciales, está publicando vastas antologías de importantes autores, tanto peruanos (Vallejo, Eielson, Martín Adán, entre otros) como extranjeros (Apollinaire, Kafka). Ampliando acertadamente su propuesta, esta colección acaba de presentar dos tomos (1100 páginas) dedicados a la Poesía vanguardista peruana (PUCP, 2009) y que reúnen, en ediciones facsimilares, los diez más destacados poemarios dentro de esta corriente literaria.

Trilce (1922) de César Vallejo, 5 metros de poemas (1928) de Carlos Oquendo de Amat, Cinema de los sentidos puros (1931) de Enrique Peña Barrenechea, Abolición de la muerte (1935) de Emilio A. Westphalen y La tortuga ecuestre (1938) de César Moro son solo la mitad de los libros aquí incluidos. Los otros acaso sean menos conocidos, pero muestran la diversidad, calidad y trascendencia de nuestra poesía vanguardista, como en el caso de Ande (1926) de Alejandro Peralta o Descripción del cielo (1928) de Alberto Hidalgo.

Los poemarios se presentan acompañados de una generosa recopilación de “Documentos” (artículos relacionados con la vanguardia y publicados en revistas de la época), una bibliografía de y sobre los autores antologados, y un extenso ensayo introductorio del poeta y crítico Luis Fernando Chueca. En suma, Poesía vanguardista peruana es un invalorable aporte a la difusión de la literatura peruana y figurará, sin duda, entre las más destacadas publicaciones del año que está por terminar.


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Sobre el libro: Ricardo González Vigil.

El escarabajo y el hombre

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Oswaldo Reynoso. El escarabajo y el hombre (Casatomada, 2009)

Con el libro de cuentos Los inocentes (1961), el escritor Oswaldo Reynoso (Arequipa, 1931) creó “un estilo literario nuevo: la jerga popular y la alta poesía reforzándose, iluminándose”, según opinión de José M. Arguedas. Ese estilo, junto con la descripción realista de la vida de los sectores urbanos más pobres, se convirtieron en elementos esenciales de la primera etapa de la obra de Reynoso, que culminó en 1970 con la recién reeditada novela El escarabajo y el hombre (Casatomada, 2009).

Esta narración está constituida básicamente por el monólogo de un estudiante universitario limeño. Él, en una cantina, le cuenta a su profesor de escuela las aventuras de sus amigos de barrio: amores, alcohol, miseria, delincuencia, prostitución, etc. Este recuento apenas es interrumpido por fragmentos del diálogo entre dos personajes irreales, el uno y el otro, quienes conversan, en clave alegórica, sobre las costumbres del escarabajo estercolero y la forma en que se relaciona con sus semejantes.

Este diálogo era un recurso al que apelaba Reynoso para reflexionar sobre las acciones sin caer en lo “panfletario”, como (según la crítica) había sucedido en su novela En octubre no hay milagros (1965). El resultado no fue del todo satisfactorio y acaso por eso el autor entró en un silencio literario de más de 20 años, hasta encontrar nuevos caminos para su obra. De todas maneras, El escarabajo y el hombre es un valioso testimonio de uno de los momentos decisivos para el devenir de la narrativa peruana.

Purgatorio

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Tomás Eloy Martínez. Purgatorio (Alfaguara, 2009)

La obra del argentino Tomás Eloy Martínez (Tucumán, 1934) continúa el proceso de renovación de la novela histórica latinoamericana iniciado por los escritores del boom. Martínez es autor, entre otros muchos libros, de La novela de Perón (1985) y Santa Evita (1995) que, sin lugar a dudas, figuran entre lo más destacado de esta línea narrativa. A ellos se suma ahora Purgatorio (Alfaguara, 2009), un relato ambientado en la Argentina de la dictadura militar (1976-1983).

La historia se inicia en el presente, cuando Emilia Dupuy vuelve a encontrar a su esposo Simón, quien desde hace 30 años figuraba como uno de los numerosos “desaparecidos” por la represión política. Pero mientras Emilia ha envejecido, Simón se mantiene como era al momento de su desaparición: la misma edad y hasta la misma vestimenta. La propuesta del autor, literariamente bien elaborada, es que Simón estuvo en alguna dimensión atemporal (una especie de purgatorio) de la que regresó gracias al constante amor de Emilia.

El mayor acierto ha sido trasladar los elementos “irreales” de esa historia de amor al retrato de toda la sociedad argentina. Y no solo por las mentiras, excesos y crímenes de los gobernantes militares; también por la hipócrita sumisión de muchos intelectuales, empresarios y líderes políticos, representados aquí por el Dr. Dupuy (padre de Emilia y amigo personal del presidente), eje de la narración. Mucho se podría escribir sobre Purgatorio, una muy buena novela, de lo mejor de la literatura argentina más reciente.


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La editorial Alfaguara ha puesto en Internet las primeras páginas del libro.




Cuentos incompletos

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Rodolfo Hinostroza. Cuentos incompletos (Lustra, 2009)

Rodolfo Hinostroza (Lima, 1941) es reconocido como uno de los poetas fundamentales de nuestra generación del 60; pero además ha incursionado en casi todos los géneros literarios: novela, teatro, ensayo, cuento. Es en este último en el que más ha destacado (después de la poesía), llegando a obtener, en 1987, el Primer Premio en el Concurso Internacional de Cuento Juan Rulfo, organizado por Radio Francia. Hinostroza acaba de reunir toda su narrativa corta en el libro Cuentos incompletos (Lustra, 2009).

La mitad de este volumen está constituida por los siete cuentos publicados en el libro Cuentos de extremo occidente (2002), relatos escritos a lo largo de 20 años. En “El señor de París” y “Memorándum”, aparentemente los cuentos más antiguos, Hinostroza (ya un poeta premiado y reconocido internacionalmente) asume el género casi como un mero ejercicio literario, tomando prestados temas y recursos de otros narradores, aunque poca o ninguna relación tuvieran con su propia obra. “El señor de París” es un inverosímil divertimento borgiano (Borges es la figura literaria más gravitante en estos cuentos) sobre condenados a muerte y verdugos en la Francia de hoy; “Memorándum” fue publicado originalmente en la edición española de Playboy y logra asimilar, apenas con el suficiente decoro literario, la estética kitsch y efectista de la revista con un motivo clásico de la literatura fantástica. Una especie de versión en video-clip de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. Lo mismo sucede con el cuento “Variante Pasamayo”.

El juego con los referentes culturales y las estéticas ajenas es llevado hasta los límites de lo carnavalesco en “Las memorias de Drácula” una versión paródica de la famosa “Entrevista con un vampiro”. Es un divertido texto formado por doce viñetas que fueron publicándose semanalmente en este diario; y que marca la etapa menos feliz de la relación entre Hinostroza y el cuento. Afortunadamente, después invertiría la fórmula de sus relatos: en lugar de hacer una parodia en clave moderna de temas literarios clásicos, decide tomar como tema la propia literatura moderna y hacer sobre ella un relato lo más clásico y tradicional posible. El resultado fue “El Benefactor”, la historia de Francisco Orihuela, un exitoso novelista, ganador de premios como “el Planeta, el Rómulo Gallegos, el Médicis y... candidato de fuerza para el Premio Nobel”, quien depende de un anónimo y misterioso benefactor, el verdadero autor de las novelas de Orihuela.

Narrado linealmente y con una prosa sobria, el cuento se centra más que en los apuros de Orihuela por mantener su secreto, en la descripción de los libros que escribe y le obsequia su benefactor, entre ellos una novela histórica, muy a la manera “posmoderna”, titulada “Pavo a la Moctezuma”. Se trata de un relato redondo, interesante y bien contado, y que además lleva implícita una fuerte crítica a todos los elementos que componen la institución literaria: las modas, el mercado, los grandes premios, las opiniones de la crítica, y en especial el culto a la figura del autor. Hinostroza continuó en esta línea narrativa con “El muro de Berlín”, un cuento no tan bien logrado como el anterior.

La otra mitad del libro (en realidad la primera) reúne una veintena de “Cuentos casuales”, relatos que están más cerca de la crónica periodística que del cuento literario. Son textos menores –retratos de personajes extravagantes y contradictorios que seguramente Hinostroza conoció en sus largas andanzas por toda América y Europa– pero que de alguna manera complementan a los “Cuentos de extremo occidente”.