Buscando la Nación peruana

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Ward
NACIONALISMOS LITERARIOS

Thomas Ward. Buscando la Nación Peruana (Horizonte, 2009)

El crítico norteamericano Thomas Ward está trabajando, desde hace años, varios aspectos importantes de la literatura peruana. Fruto de esa labor es un buen número de publicaciones –que incluyen seis libros– abocadas principalmente al estudio de la obra de González Prada y de las narradoras de fines del siglo XIX. Ward acaba de presentar el libro Buscando la Nación Peruana (Horizonte, 2009) en el que analiza el concepto de Nación planteado en las obras de siete autores peruanos, desde Ricardo Palma hasta José María Argüedas.

La primera mitad de este libro, titulada “Escritura y sociedad peruana”, sigue la evolución de la teoría literaria en el Perú, desde su inicio oficial (con Riva Agüero) hasta las propuestas de Mariátegui, pero también revisa algunos textos anteriores, como los de Palma. En cada uno de estos autores Ward encuentra (implícitas o explícitas) diferentes versiones de lo que es o debe ser la Nación peruana, todas ellas ligadas a corrientes intelectuales o literarias extranjeras: romanticismo, positivismo, modernismo, marxismo, etc. Se analizan solamente ensayos sobre el conjunto de la literatura peruana, a pesar de que muchas veces las reflexiones más interesantes de estos autores están en sus críticas a obras o autores específicos. Algo especialmente notorio en el caso de Mariátegui.

La segunda parte del libro, “Etnia y Nación peruana”, se centra en uno de los elementos más polémicos en la definición de la peruanidad: la heterogeneidad racial. Ward estudia textosde González Prada, Clorinda Matto, Mariátegui y Arguedas, llegando a conclusiones interesantes y polémicas sobre cada uno de ellos. Sobre González Prada, por ejemplo, señala lo “paternalista” de su propuesta de la educación como elemento homogenizador de la sociedad peruana: “Huelga decirlo: una actitud autoritaria y protectora es un elemento de la modernidad… Es una actitud benévola, pero sigue siendo paternalista”

Nuevamente es la propuesta de Mariátegui la más duramente criticada (y no la mucho menos elaborada de Matto de Turner), especialmente por el racismo que Ward encuentra recurrentemente en los textos del Amauta (poco se agrega a lo dicho al respecto por estudiosos como Marcel Velázquez). También las reflexiones de Mariátegui sobre la economía y las posibilidades de desarrollo del país son fuertemente cuestionadas, por su carácter cosmopolita y “globalizador”. La conclusión final es lapidaria: “Cuando razas menores resisten este proceso de globalización, a veces, un pensador cosmopolita reacciona con actitudes racistas”.

Por el contrario, Ward parece sentirse plenamente identificado con Arguedas y sus planteamientos sobre la transculturación y el mestizaje. Define la propuesta arguediana como “mesticista” (por la fusión de etnias), “nativista, autoctonista, localista, nacionalista”. Con todos eso elementos, se llegaría a fundar una “modernidad andina, diferente de la europea, pero capaz de insertar al Perú en el mercado mundial bajo condiciones más igualitarias”. Lamentablemente, Ward (acaso demasiado endeudado con cierta ensayística “posmoderna”) no llega a sustentar sus ideas, pues se limita a citar textos literarios o autobiográficos de Arguedas, que poco aportan al interesante debate planteado en Buscando la Nación peruana.

Nocturama

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Otero
Diego Otero. Nocturama (Álbum del Universo BaKterial, 2009)

Además de su reconocida labor como periodista, Diego Otero (Lima, 1973) es autor de una interesante obra poética. Sus dos primeros libros –Cinema Fulgor (1998) y Temporal (2005)– lo presentaron como un escritor que, dejando un poco de lado la tradición literaria peruana, se aproximaba a técnicas y temas de la poesía anglosajona y que trasladaba a sus textos ciertos recursos de los relatos audiovisuales de hoy. Esta original propuesta alcanza su mejor expresión en Nocturama (AUB, 2009) el nuevo poemario de Otero, una mirada retrospectiva a la vida de los jóvenes de su generación.

En los zoológicos se denomina “nocturama” a un espacio cerrado en el que los visitantes pueden observar las actividades de los animales de hábitos nocturnos. Consecuente con el título del libro, Otero nos muestra en estas páginas la vida nocturna de los jóvenes de los 90 –sus aventuras en bares, discotecas y calles, siempre inmersos en el mundo del rock– tanto en Lima (en la primera mitad del libro) como en una innominada ciudad norteamericana, en el extenso poema titulado “Inconstancy” (segunda mitad). A estos textos se suman, a la manera de prólogo y epílogo, los poemas “El despegue” (arte poética) y “Hidden track. Cuatro postales desde ninguna parte”.

Todos los textos de Nocturama son relatos elípticos, fragmentados y enlazados entre sí (mediante personajes, versos y objetos en común); se inician con una breve contextualización para después desplazarse a la conciencia (a los monólogos interiores) de los protagonistas. Como en sus anteriores libros, Otero pone énfasis en esas reflexiones, especialmente en los símiles e imágenes: “una voz que/… se consume/ como pólvora”, “… como si observaran una hoja caída/ volviendo ingenuamente/ a la rama desnuda”. Es el recurso retórico que mejor maneja, al punto que en muchos poemas el “como” es el elemento central o inicial.

Encontramos una cierta imprecisión en el manejo del lenguaje y la versificación, explicables en un autor que afirma leer más que nada poesía norteamericana (especialmente la de Jack Spicer). No obstante, en este libro se superan aquellos problemas que señalamos en Temporal: hay una menor tendencia al efectismo y los símbolos han pasado de lo explícito a una cierta “opacidad” (en opinión del poeta Eduardo Chirinos) más acorde con el carácter de los textos. Esos cambios representan una significativa mejoría en la obra de Otero, y no dudamos que Nocturama figurará entre lo más destacado de la poesía peruana del 2009.


Enlaces relacionados:
Otros textos sobre Nocturama: Eduardo Chirinos, José Güich, José Picón.
Entrevistas: Raúl Cachay, Manuel Eráusquin, José Carlos Picón.

El viajero del siglo

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Neuman
Andrés Neuman. El viajero del siglo (Alfaguara, 2009)

Nacido en Argentina, pero radicado en España desde su infancia, Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) formó parte del grupo “Bogotá 39”, esa selección “sub-39” de narradores latinoamericanos que se hizo hace un par de años. Entre ellos, el argentino destaca por su productividad (ha publicado 15 libros) y por los entusiastas elogios que ha recibido, incluyendo el de Roberto Bolaño, para quien “La literatura del siglo XXI pertenecerá a Neuman y unos pocos de sus hermanos de sangre”. No sorprende, por eso, que Neuman haya ganado del Premio Alfaguara de Novela 2009 con su recién publicado libro El viajero del siglo.

Ambientada en la ficticia ciudad de Wandernburgo, en la Alemania de inicios del siglo XIX, esta novela es, antes que nada, la historia de amor de Hans, un intelectual trotamundos, y Sophie Gottlieb, una joven perteneciente a una de las familias más poderosas de esa ciudad. Sophie –comprometida en matrimonio con el acaudalado pero frívolo Rudi Wilderhaus– patrocina una tertulia cultural a la que llega Hans en uno de sus viajes. Ella se enamora de la vasta cultura y libertad de pensamiento del visitante y la relación de la pareja evoluciona lentamente (la novela tiene más de 500 páginas) de la admiración intelectual al más carnal erotismo.

A partir de esta trama y personajes (bastante elementales) Neuman ha desarrollado un relato lleno de reflexiones literarias, artísticas y políticas, insertadas en las larguísimas conversaciones de esa tertulia, en la que participan personas de toda Europa comentando las novedades intelectuales de sus respectivos países. A esos “debates” se suman otros similares: los realizados en la cueva en que vive un organillero (cuya sabiduría solo es proporcional a su pobreza) y los propios diálogos de la pareja de amantes, que se reúnen en las tardes para realizar trabajos de traducción.

Si bien en esas reflexiones Neuman se muestra como un escritor eficiente y documentado, las ideas expuestas nunca van más allá de los que se puede encontrar en un libro de divulgación, incluso cuando se trata de temas literarios (como la novela histórica o la poesía), en los que se esperaría propuestas originales o radicales. Lo mismo sucede con la prosa, las descripciones, los sucesos narrados y el resto de elementos de la ficción, que no llegan a estar a la altura de las pretensiones del autor. El viajero del siglo muestra que Andrés Neuman, como casi todos los “Bogotá 39”, continúa siendo más una promesa que una realidad literaria.
(Artículo publicado en La República)

Enlaces relacionados
Otros textos sobre El viajero del siglo: Luis Bugarini, Alejandro Gándara, Joaquín Marco, Magali Urcaray.
Entrevistas: Pedro Pablo Guerrero, Virginia Lauricella, Notimex, Álvaro Peláez, Carlos Sotomayor.




Las siguientes son las páginas del libro que Alfaguara ha difundido a través de Internet.


Imaginarios sociales e imaginarios cinematográficos

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Protzel
Javier Protzel. Imaginarios sociales e imaginarios cinematográficos (Universidad de Lima, 2009)

Doctor en sociología y profesor de las universidades Católica y de Lima, Javier Protzel es también un reconocido ensayista, atento a los fenómenos culturales más actuales. Así lo demostró en su libro Procesos interculturales (2006), en el que reflexionó sobre temas como el cine, la música popular y las exitosas miniseries de la televisión peruana. En esa línea se encuentra su nueva publicación, el libro Imaginarios sociales e imaginarios cinematográficos (Universidad de Lima, 2009), que analiza el rol de las narraciones cinematográficas, nacionales y extranjeras, en la formación del imaginario del hombre de hoy.

Partiendo del marco teórico del psicoanálisis (Freud, Lacan, Metz, Zizek), Protzel señala las semejanzas entre el estado onírico y el fílmico: “los fantasmas conscientes o inconscientes del espectador deben calzar empáticamente con la película para lograr una inmersión emocional”. Reconoce que existe un modo hegemónico de narrar, el creado e impuesto por la industria hollywoodense; pero se interesa más por comprobar las alteraciones y variantes de ese “modo hegemónico” que han desarrollado las cinematografías de otras partes del mundo: Europa (Francia, Rusia), Asia (India, Japón) y especialmente Latinoamérica.

En el cine de nuestro continente, se estudia la producción de México, Brasil y Argentina encontrando una serie de rasgos característicos: coexistencia de modernidad y tradición, predominio del melodrama, la problemática de la identidad nacional, la dependencia de otros mercados, el minimalismo formal, etc. Pero el capítulo más extenso e importante del libro está dedicado al cine peruano, del que se analizan, con inteligencia y acierto, películas como Kukuli (1961), La muralla verde (1970), El caso Huayanay (1981), La boca del lobo (1988), Días de Santiago (2004) y Madeinusa (2005), entre otras.

Acaso lo más destacable de Imaginarios sociales e imaginarios cinematográficos es que el autor, no obstante manejar una actualizada bibliografía teórica, da prioridad a la propia interpretación de las películas, contando minuciosamente sus tramas y destacando, en cada una de ellas y con verdadera fruición de amante del cine, detalles de especial interés: escenas, imágenes, personajes diálogos. Además, en sus reflexiones siempre establece vínculos con el contexto histórico, tanto social como fílmico, aunque eso lo lleve a abordar temas difíciles o polémicos, como en los capítulos “Terrorismo y autoritarismo” o “Imaginarios de lo andino”.
(Artículo publicado en La República)