Los olvidados (no los de Buñuel, los míos)

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Rossana Díaz Costa. Los olvidados (no los de Buñuel, los míos) (Estruendomudo, 2009)

Los cuentos de Los olvidados (no los de Buñuel, los míos) tienen ya bastante tiempo circulando en el ambiente literario y algunos de ellos hasta le han valido a su autora, Rossana Díaz (Lima, 1970), para figurar entre los ganadores de importantes concursos de narrativa, tanto en el Perú como en España. Incluso el libro obtuvo una mención en el Premio Nacional PUCP 2004 y fue publicado en una edición que lamentablemente tuvo escasa difusión. De ahí el interés de la editorial Estruendomudo, que ha puesto en circulación una nueva versión, corregida y aumentada, de este libro.

En los 19 relatos de Díaz hay varios temas recurrentes, pero el más destacado es de los migrantes, aquellas personas que dejan su patria para buscar un futuro mejor en otro país, al que nunca llegan a integrarse plenamente. El racismo, la xenofobia y la falta de solidaridad con los “otros” acosan a los protagonistas de estos relatos. La autora narra su propia experiencia en España en cuentos como “Estación Antón Martín”, “Los que lo sobran”, “Achtung Andalucía”. Además, su interés en el tema la lleva a recrear las experiencias en el Perú de sus abuelos europeos (“Novecento I”, “Novecento II) y a retratar la vida de los latinoamericanos en Estados Unidos (“Comparment C, car 193” ).

En esa línea se encuentran los mejores cuentos del libro: “La lucha contra el estornino” y “Achtung Andalucía”, finalistas de los Premios Copé 2002 y 2000, respectivamente. El primero, en especial, es un relato en que la marginación y exclusión social logran expresarse literariamente con intensidad y originalidad. En otros cuentos, los menos logrados, la autora se deja llevar por el tan posmoderno vicio de las alusiones, presente en el título del libro y en el de relatos como “Con Alfredo en La Coruña ”, “La pregunta de Zavalita”, “Crónica de un viaje anunciado (tan lejos, tan cerca)”.

Además de textos premiados y antologados, Díaz ha incluido en este libro (en las dos secciones iniciales) una serie de relatos anteriores, en los que resulta evidente el carácter “adolescente” de una autora que recién se iniciaba en la narrativa. Con eso no solo le quita solidez y calidad al conjunto; también obliga al lector a ser paciente, pues recién después de una decena de esos relatos adolescentes y algo superficiales (uno de ellos cita, estrofa por estrofa, una canción de Los Prisioneros) encontrará los textos más valiosos. En todo caso, vale la pena tener paciencia con Los olvidados (no los de Buñuel, los míos).
(Artículo publicado en La República)


Enlaces relacionados
Se pueden leer varios cuentos del libro en Google.
Otros textos sobre Los olvidados (no los de Buñuel, los míos): Juan Carlos Bondy, Yanina Patricio, Yolanda Vaccaro.
Entrevistas: Gabriel Ruiz Ortega.

El viaje del elefante

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Saramago
José Saramago. El viaje del elefante (Alfaguara, 2008)

En la extensa e importante obra de José Saramago (Portugal, 1922), Premio Nobel de Literatura 1998, hay dos etapas claramente marcadas: la de las novelas históricas, que cimentaron su prestigio como escritor –desde Levantado del suelo (1980) hasta El evangelio según Jesucristo (1991)– y la de los libros más recientes, novelas alegóricas ambientadas en nuestro tiempo (Ensayo sobre la ceguera, Ensayo sobre la lucidez, La caverna). Tras superar una grave enfermedad, Saramago vuelve a la novela histórica con El viaje del elefante (Alfaguara, 2008).

En 1551, el rey Juan III de Portugal, “el Piadoso”, decidió regalarle un elefante a Maximiliano II de Habsburgo, entonces regente de España. El animal caminó desde Lisboa hasta España, donde se encontraba Maximiliano; viajó en barco por el mar Mediterráneo, y continuó su caminata a través de Italia y Austria, hasta llegar a Viena. Este largo recorrido es narrado por Saramago, no desde la perspectiva de los grandes nombres sino a partir de los personajes más humildes: los protagonistas de la novela son el elefante Salomón y su cuidador, un hombre nacido en India y llamado Subhro, quien es convertido al cristianismo en España y, después, rebautizado como “Fritz” en Austria.

El relato está centrado en los aspectos materiales del viaje, como la gran cantidad de alimentos que consume diariamente Salomón (y que son transportados por numerosas yuntas de bueyes) o las incomodidades producidas en la numerosa comitiva oficial –integrada por militares y cortesanos– por las costumbres del elefante. Problemas que las autoridades resuelven consultando siempre con Subhro, en conversaciones en las que el sentido común y el irónico sentido del humor del cuidador (similares a los del narrador omnisciente) se imponen a la soberbia y estupidez de sus superiores.

El propio autor ha calificado a El viaje del elefante como un cuento largo, seguramente para diferenciar este relato de sus libros recientes, novelas ambiciosas, reflexivas y polémicas. No faltan aquí las críticas racionales e inteligentes (a los nacionalismos, a las religiones, al eurocentrismo), pero están subordinadas a la propia narración, pues el principal objetivo es la recreación amena y verosímil (aunque con detalles seguramente inventados), de ese largo y peculiar viaje. Precisamente en la naturalidad y falta de pretensiones ideológicas está el encanto de esta novela que nos permite reencontrarnos, después de varios libros, con lo mejor de la obra de Saramago.
(artículo publicado en La República)

Enrique Congrains (1932-2009)

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El escritor peruano Enrique Congrains Martin falleció el último lunes en Cochabamba, a la edad de 77 años. Nació en Lima, en 1932, y en los años cincuenta fue uno de los representantes de la narrativa “realista urbana” limeña, junto con autores como Carlos Eduardo Zavaleta, Oswaldo Reynoso o Julio Ramón Ribeyro. Su cuento "El niño de junto al cielo" (1954), que trata de un niño que vive en uno de los cerros de la periferia limeña, es infaltable en los textos escolares peruanos; y su novela No una sino muchas muertes (1958) sirvió de base a la película Maruja en el infierno (1983) de Francisco Lombardi.

Alejado de Lima y de la literatura desde la década de 1950, hizo un entusiasta retorno a ambas hace un par de años, con el libro El narrador de historias (2007) una novela futurista, irregular y excéntrica. El propio Congrains era un persona bastante excéntrica. Mario Vargas Llosa lo entrevistó en 1955 –para una columna de El Dominical de El Comercio– y rememora ese episodio en El pez en el agua:

De todos mis entrevistados, el más pintoresco y original fue, de lejos, Enrique Congrains Martín, quien estaba en ese momento en la cresta de la popularidad. Era un muchacho unos años mayor que yo, rubio y deportivo, pero serísimo y creo que hasta impermeable al humor. Tenía una mirada fija un poco inquietante y todo él transpiraba energía y acción.

Había llegado a la literatura por razones puramente prácticas, aunque parezca mentira. Era vendedor de distintos productos desde muy joven, y se decía que, también, inventor de un sapolio para lavar ollas y que uno de los fantásticos proyectos que concibió había sido organizar un sindicato de cocineras de Lima, para exigir a través de esta entidad (que él manipularía) a todas las amas de casa de la capital que sólo fregaran sus trastos domésticos con el jabón de su invención. Todo el mundo concibe empresas delirantes; Enrique Congrains Martín tenía la facultad —en el Perú, inusitada— de llevar siempre a la práctica las locuras que se proponía. De vendedor de jabones pasó a serlo de libros, y, así, decidió un día escribir y editar él mismo los libros que vendía, convencido de que nadie resistiría este argumento: «Cómpreme este libro, del que soy autor. Pase un rato divertido y ayude a la literatura peruana.»

Así escribió los cuentos de Lima, hora cero, Kikuyo, y, por último, la novela No una, sino muchas muertes
, con la que puso fin a su carrera de escritor. Editaba y vendía sus libros de oficina en oficina, de domicilio en domicilio. Y nadie podía decirle que no, porque a quien le decía que no tenía dinero, le replicaba que podía pagarle en cuotas semanales de pocos centavos. Cuando lo entrevisté, Enrique tenía deslumbrados a todos los intelectuales peruanos que no concebían que se pudiera ser, a la vez, todas esas cosas que era él.

Y eso que apenas estaba comenzando. Tan rápido como llegó a la literatura se fue de ella, y pasó a ser diseñador y vendedor de extraños muebles de tres patas, cultivador y vendedor de árboles enanos japoneses, y por fin trotskista clandestino y conspirador, por lo que lo metieron a la cárcel. Salió y tuvo mellizos. Un día desapareció y no supe de él por mucho tiempo. Años más tarde descubrí que vivía en Venezuela, donde era el próspero propietario de una Escuela de Lectura Veloz, que ponía en práctica un método inventado, claro está, por él mismo.


Cinco años de libros

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Un breve paseo por la historia de los blogs literarios peruanos.

El primer post de este blog se publicó en julio de 2004. Hace cinco años los blogs eran un fenómeno creciente e importante, pero todavía limitado a los jóvenes aficionados a la tecnología y la informática. Hoy casi todos los escritores tiene su propio blog, incluyendo a José Saramago, el anciano Premio Nobel de Literatura; pero entonces pocos escritores conocían las nuevas herramientas generadas por Internet. En nuestro medio el primero fue Iván Thays, quien inició su blog Sin plumas (no el actual, Moleskine literario) en marzo de 2003. En Sin plumas, nombre de un programa de radio que entonces dirigía y conducía Thays, reunía las reseñas de libros que publicaba en diversos medios.

A partir del ejemplo de Thays, decidí hacer un blog que reuniera también las reseñas que ya entonces escribía para La República. Pero, para diferenciarlo de Sin plumas, el nuevo blog publicaría sólo algunas reseñas, de libros muy importantes, y ensayos inéditos sobre temas literarios, artísticos y “culturales”. Por eso el blog se llamó inicialmente Critica & Ensayo, nombre con el que obtuvo en el año 2004 el Premio a mejor blog temático (literarios y no literarios) de Blogsperú, la comunidad de blogs del Perú.

La idea de un blog dedicado al debate cultural sería después llevada con mucho más acierto por Gustavo Faverón en Puente aéreo, blog iniciado en octubre de 2005. Pero entonces ya comenzaban a aparecer los llamados blogs basura (CV es de noviembre de 2004, PEH de enero de 2006) con lo que el debate en Internet se fue haciendo cada vez más violento y difícil. Crítica & ensayo, nombre que aún figura en los enlaces de algunos blogs de esa época (MaskusPlanet, Maten a esa reina, Jorge Letralia), dejó entonces postergado el lado ensayístico y prácticamente se limitó a la reseña de libros. Entonces cambió a su nombre al actual, Libros.

Este quinto aniversario Libros (blog iniciado el 6 de julio de 2004) lo recibe con nuevos proyectos y propuestas, como la sucursal del blog en el diario La República. Hemos formado parte, desde sus inicios, de la blogósfera literaria peruana, espacio que ya se ha convertido en el más importante para la crítica y polémica literaria, desplazando a los diarios y sus casi inexistentes suplementos culturales. Por eso queremos concluir esta nota con un recuento de los blogs que han marcado momentos importantes de esta aún breve historia: Sin plumas (2003), El blog de Leonardo Aguirre (¿2004?), Moleskine literario (2005), Puente aéreo (2005), Zona de noticias (2005-2008), Kolumna Okupa (2006), La soledad de la página en blanco (2006), El hablador (2007), Porta9 (abril-diciembre 2008).