Enrique Congrains (1932-2009)

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El escritor peruano Enrique Congrains Martin falleció el último lunes en Cochabamba, a la edad de 77 años. Nació en Lima, en 1932, y en los años cincuenta fue uno de los representantes de la narrativa “realista urbana” limeña, junto con autores como Carlos Eduardo Zavaleta, Oswaldo Reynoso o Julio Ramón Ribeyro. Su cuento "El niño de junto al cielo" (1954), que trata de un niño que vive en uno de los cerros de la periferia limeña, es infaltable en los textos escolares peruanos; y su novela No una sino muchas muertes (1958) sirvió de base a la película Maruja en el infierno (1983) de Francisco Lombardi.

Alejado de Lima y de la literatura desde la década de 1950, hizo un entusiasta retorno a ambas hace un par de años, con el libro El narrador de historias (2007) una novela futurista, irregular y excéntrica. El propio Congrains era un persona bastante excéntrica. Mario Vargas Llosa lo entrevistó en 1955 –para una columna de El Dominical de El Comercio– y rememora ese episodio en El pez en el agua:

De todos mis entrevistados, el más pintoresco y original fue, de lejos, Enrique Congrains Martín, quien estaba en ese momento en la cresta de la popularidad. Era un muchacho unos años mayor que yo, rubio y deportivo, pero serísimo y creo que hasta impermeable al humor. Tenía una mirada fija un poco inquietante y todo él transpiraba energía y acción.

Había llegado a la literatura por razones puramente prácticas, aunque parezca mentira. Era vendedor de distintos productos desde muy joven, y se decía que, también, inventor de un sapolio para lavar ollas y que uno de los fantásticos proyectos que concibió había sido organizar un sindicato de cocineras de Lima, para exigir a través de esta entidad (que él manipularía) a todas las amas de casa de la capital que sólo fregaran sus trastos domésticos con el jabón de su invención. Todo el mundo concibe empresas delirantes; Enrique Congrains Martín tenía la facultad —en el Perú, inusitada— de llevar siempre a la práctica las locuras que se proponía. De vendedor de jabones pasó a serlo de libros, y, así, decidió un día escribir y editar él mismo los libros que vendía, convencido de que nadie resistiría este argumento: «Cómpreme este libro, del que soy autor. Pase un rato divertido y ayude a la literatura peruana.»

Así escribió los cuentos de Lima, hora cero, Kikuyo, y, por último, la novela No una, sino muchas muertes
, con la que puso fin a su carrera de escritor. Editaba y vendía sus libros de oficina en oficina, de domicilio en domicilio. Y nadie podía decirle que no, porque a quien le decía que no tenía dinero, le replicaba que podía pagarle en cuotas semanales de pocos centavos. Cuando lo entrevisté, Enrique tenía deslumbrados a todos los intelectuales peruanos que no concebían que se pudiera ser, a la vez, todas esas cosas que era él.

Y eso que apenas estaba comenzando. Tan rápido como llegó a la literatura se fue de ella, y pasó a ser diseñador y vendedor de extraños muebles de tres patas, cultivador y vendedor de árboles enanos japoneses, y por fin trotskista clandestino y conspirador, por lo que lo metieron a la cárcel. Salió y tuvo mellizos. Un día desapareció y no supe de él por mucho tiempo. Años más tarde descubrí que vivía en Venezuela, donde era el próspero propietario de una Escuela de Lectura Veloz, que ponía en práctica un método inventado, claro está, por él mismo.


Cinco años de libros

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Un breve paseo por la historia de los blogs literarios peruanos.

El primer post de este blog se publicó en julio de 2004. Hace cinco años los blogs eran un fenómeno creciente e importante, pero todavía limitado a los jóvenes aficionados a la tecnología y la informática. Hoy casi todos los escritores tiene su propio blog, incluyendo a José Saramago, el anciano Premio Nobel de Literatura; pero entonces pocos escritores conocían las nuevas herramientas generadas por Internet. En nuestro medio el primero fue Iván Thays, quien inició su blog Sin plumas (no el actual, Moleskine literario) en marzo de 2003. En Sin plumas, nombre de un programa de radio que entonces dirigía y conducía Thays, reunía las reseñas de libros que publicaba en diversos medios.

A partir del ejemplo de Thays, decidí hacer un blog que reuniera también las reseñas que ya entonces escribía para La República. Pero, para diferenciarlo de Sin plumas, el nuevo blog publicaría sólo algunas reseñas, de libros muy importantes, y ensayos inéditos sobre temas literarios, artísticos y “culturales”. Por eso el blog se llamó inicialmente Critica & Ensayo, nombre con el que obtuvo en el año 2004 el Premio a mejor blog temático (literarios y no literarios) de Blogsperú, la comunidad de blogs del Perú.

La idea de un blog dedicado al debate cultural sería después llevada con mucho más acierto por Gustavo Faverón en Puente aéreo, blog iniciado en octubre de 2005. Pero entonces ya comenzaban a aparecer los llamados blogs basura (CV es de noviembre de 2004, PEH de enero de 2006) con lo que el debate en Internet se fue haciendo cada vez más violento y difícil. Crítica & ensayo, nombre que aún figura en los enlaces de algunos blogs de esa época (MaskusPlanet, Maten a esa reina, Jorge Letralia), dejó entonces postergado el lado ensayístico y prácticamente se limitó a la reseña de libros. Entonces cambió a su nombre al actual, Libros.

Este quinto aniversario Libros (blog iniciado el 6 de julio de 2004) lo recibe con nuevos proyectos y propuestas, como la sucursal del blog en el diario La República. Hemos formado parte, desde sus inicios, de la blogósfera literaria peruana, espacio que ya se ha convertido en el más importante para la crítica y polémica literaria, desplazando a los diarios y sus casi inexistentes suplementos culturales. Por eso queremos concluir esta nota con un recuento de los blogs que han marcado momentos importantes de esta aún breve historia: Sin plumas (2003), El blog de Leonardo Aguirre (¿2004?), Moleskine literario (2005), Puente aéreo (2005), Zona de noticias (2005-2008), Kolumna Okupa (2006), La soledad de la página en blanco (2006), El hablador (2007), Porta9 (abril-diciembre 2008).

Dorada Apocalypsis

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Ramos
Domingo de Ramos. Dorada Apocalypsis (Intermezzo tropical, 2009)

Cofundador del grupo Kloaka, Domingo de Ramos (Ica, 1960) es una de las voces más originales y valiosas de la generación poética del 80; especialmente porque en su poesía irrumpe la cultura de los barrios periféricos limeños (los llamados “pueblos jóvenes”), hasta entonces ausente en nuestra literatura. Y lo hace con la violencia y el lenguaje propios de esas zonas, elementos que el poeta integra a un discurso torrentoso y alucinado que remite a la tradición de autores como Juan Ojeda y Enrique Verástegui. Tras cinco años de silencio, de Ramos vuelve a la poesía con Dorada Apocalypsis (Intermezzo tropical, 2009).

Seis poemas largos componen este nuevo libro, y todos ellos giran en torno a las relaciones de pareja (amorosas y eróticas) de personajes más cercanos al mito que a la realidad. En “Muñeca quemada”, el primero de los poemas, la pareja parece encarnarse en diversos épocas y contextos: un conquistador y una nativa americana en el siglo XVI, dos militantes izquierdistas de mediados del siglo XX, un pishtaco y una campesina, dos limeños de hoy, etc. Algo similar sucede en otros poemas del libro: “Clímaco” (nombre tomado del conocido “asesino del martillo”), “Torokuna” y “La Quimera de la Condesa ”.

Así, de Ramos continúa aquí con la propuesta de sus poemarios Luna serrada (1995) y Las cenizas de Altamira (1999): hacer una versión posmoderna del mito de Adán y Eva, en la que las alusiones a diferentes épocas hagan notar que lo apocalíptico (un mundo a punto de colapsar y en el que imperan el odio, la violencia y lo decadente) no es patrimonio de nuestro tiempo. Un acierto del autor, que logra finalmente trasladar las características más saltantes de su peculiar universo poético, del ámbito urbano limeño de sus primeros poemarios –Arquitectura del espanto (1988) y Pastor de perros (1993)– a toda la cultura occidental y lo humano en general.

En lo formal, notamos un cierto desgaste de la retórica kloakiana. Nuevamente de Ramos se deja arrastrar por el impulso y la sonoridad de las palabras, alargando los versos hasta llegar a la prosaico, trasgrediendo las reglas gramaticales y cayendo recurrentemente en errores y feísmos: “un encapuchado aire que te asmea”, “te vuelves Diarreicamente bella como una tostada con mermelada”, etc. El autor confiesa, en uno de los poemas de Dorada Apocalypsis, que “Mi mano escribe como mi boca habla”. En la fidelidad y el rigor con que aplica esa poética radican tanto los aciertos como los excesos de su obra.
(Artículo publicado en La República)


Enlaces relacionados
Domingo de Ramos tiene un blog llamado precisamente Dorada Apocalypsis.
Otros textos sobre el libro: Jaime Bravo, Antonio Moretti,

La paz de los vencidos

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Benavides
Jorge Eduardo Benavides. La paz de los vencidos (Alfaguara, 2009)

Con cuatro buenos libros (tres novelas y un conjunto de cuentos) publicados en apenas cinco años, Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1963) ya debe ser considerado uno de los narradores peruanos más productivos e interesantes de la actualidad. Y lo confirma con su nueva novela La paz de los vencidos, obra ganadora del XII Premio de Novela Corta del BCR, en la que deja la temática política de libros como Los años inútiles (2002) y Un millón de soles (2007), para mostrarnos las experiencias y sentimientos de un peruano exiliado en España.

La novela está constituida por el diario de ese personaje –un aspirante a escritor radicado en la isla de Tenerife–, una serie de textos de una o dos páginas, escritos a lo largo de siete meses (aunque no se menciona el año, podría ser 1997) y en los que reflexiona sobre los pequeños encuentros y desencuentros con sus vecinos, colegas y amigos. Estos últimos son tan solitarios y desarraigados como el propio protagonista: Capote, un talentoso escritor que vive a la sombra de su único libro publicado; el uruguayo Enzo, pianista de jazz que toca en pequeños bares esperando ser descubierto; y un viejo y pobre profesor jubilado, al parecer sin ningún pariente.

A pesar de la naturaleza de los personajes y la rutinario e intrascendente de la mayoría de los sucesos narrados, Benavides le da al relato un tono optimista y desenfadado gracias a los comentarios ingeniosos (algunas veces hasta luminosos) y el peculiar sentido del humor del narrador. Por supuesto, al usar estos recursos se corre el riesgo trivializar la narración. Algo de eso sucede aquí, en algunos juegos de palabras no muy logrados y también cuando el narrador quiere ponerse serio, resultando más bien retórico y afectado: “los años dejan un rescoldo legendario en aquellos recuerdos que defendemos a ultranza del olvido” (p. 28).

Pero ese y otros detalles (como el sórdido e innecesario final, o el hacer de todo solitario un artista o intelectual incomprendido) no desmerecen a un libro con páginas valiosas y de especial intensidad: todo lo relacionado con la anciana ludópata, la compleja relación de pareja de Enzo y Elena (entre el amor y el odio, entre los gestos más tiernos y las peores bajezas) o la descripción de la austera y rutinaria vida nocturna en Tenerife. En suma, aunque no llega a estar a la altura de sus anteriores novelas, La paz de los vencidos es un relato ameno y que muestra nuevas facetas en la narrativa de J. E. Benavides.
(Artículo publicado en La República)


Enlaces relacionados
Sobre La paz de los vencidos: Richard Primo,
Entrevistas: Correo, Pedro Escribano, Gonzalo Galarza, Max Palacios, Peru21, Rafael Robles.