Papeles inesperados

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Cortázar
Julio Cortázar. Papeles inesperados (Alfaguara, 2009)

Veinticinco años después de la muerte de Julio Cortázar (1914-1984), acaba de publicarse el libro Papeles inesperados (Alfaguara, 2009) una amplia recopilación de textos inéditos, o no publicados previamente en libros, que cubren todos los géneros practicados por el escritor argentino (cuentos, ensayos, artículos periodísticos, poemas y hasta fragmentos de novelas) y escritos a lo largo de casi toda su vida. En ellos volvemos a encontrarnos con lo lúdico, lo fantástico y el humor característicos del universo cortazariano, y también con algunos de sus personajes más entrañables.

Sin lugar a dudas, el cuento fue el género en el que más destacó Cortázar y en este libro se incluyen once “Historias” (no todas son cuentos en sentido estricto), la mayoría de ellas primeras redacciones o versiones alternativas de relatos bastante conocidos. Es el caso de “Ciao, Verona” y “Relato con fondo de agua”, como señala Carles Álvarez Carriga, especialista encargado de la recopilación de los textos y el prólogo de este libro. Otros relatos hubieran podido figurar, por sus temas y motivos, en algunos de los más reconocidos libros de Cortázar. “Los gatos”, por ejemplo, centrado en la relación entre dos niños, remite sin dudas a Final del juego (1956).

Más directa es esa relación en las secciones: “Historias de cronopios”, “De Libro de Manuel”, y “De Un tal Lucas” que reúnen textos relacionados con los libros aludidos, publicados entre 1962 y 1979, representativos de diferentes etapas de esta obra. En las siguientes secciones –“Momentos”, “Circunstancias”, “De los amigos”… – se recopila un buen número de prosas, ensayos cortos y textos misceláneos, algunos de ellos de gran calidad. Se incluye hasta un “Discurso del día de la Independencia” que Cortázar leyó cuando era estudiante universitario. Pero la mayoría de textos son artículos publicados en diarios y revistas especializadas.

El libro concluye con las secciones “Poemas” –el aspecto más débil de la producción de este escritor– y “Entrevistas ante el espejo”, cuatro originales auto entrevistas (planteadas de maneras diferentes, pero todas escritas con mucha ironía y humor) en las que, entre otras cosas, Cortázar responde a los cuestionamientos que hacia el final de su vida solían hacerle por sus firmes opiniones políticas. En suma, estos Papeles inesperados son una excelente oportunidad para volver a la vida y obra de uno de los autores fundamentales de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX.
(Artículo publicado en La República)

Enlaces relacionados
Sobre Papeles inesperados: Carles Geli, Ricardo González Vigil, Susana Reinoso,

Casa de zurdos

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Tenorio
Alessandra Tenorio. Casa de zurdos (Lustra, 2009)

Alessandra Tenorio (Lima, 1982) es una de las principales impulsoras de publicaciones y actividades literarias de la llamada generación “post-2000”. Ha participado en innumerables revistas y proyectos (reales, virtuales y hasta radiales), y dirigió la colección “Dípticos”, serie de plaquetas que –a semejanza de la legendaria colección “La rama florida” de Javier Sologuren– intentó dar a conocer a toda una nueva promoción de escritores peruanos, tanto poetas como narradores. Pero tan destacable como esa labor es su propia obra poética, que acaba de reunir en el libro Casa de zurdos (Lustra, 2009).

El primer poemario de Tenorio fue Porta / Retrato (2005), un conjunto incluido en la primera sección de este nuevo libro. Se trata de textos en los que, ante la soledad e inestabilidad afectiva del presente, el yo poético vuelve la mirada al mundo de la infancia, al calor de hogar y el afecto de los parientes más cercanos (padres, hermanos abuelos). Por eso en estos “Retratos” priman el recuerdo y la nostalgia; así como la ternura, la inocencia y la simpleza de la vida cotidiana. “Mi madre deshoja la lechuga / inocente al paso de los días. / Mi papá lee el periódico / buscando buenas nuevas...”.

Otros temas presentes en esos poemas iniciales son el lenguaje (como vínculo entre el presente y el pasado) y la muerte como destino final de todo lo humano. Ambos se desarrollan mejor en los textos de la segunda mitad del libro –titulada “Casa de zurdos”– que reúne lo más reciente de la producción de Tenorio. En la sección “En el país del norte”, la muerte se convierte en el tema central: “La muerte es un avión / golpeando la estructura de una casa / Y en cualquier momento te encuentra”. En la sección “Del lado de acá”, lo es más bien el lenguaje, las “palabras torpes” con las que los poemas pretenden “tentar a la memoria”.

¿Y el amor?, se preguntarán los lectores de la poesía de Tenorio. A pesar de ser una palabra que aparece en casi todos los poemas, desde el primero hasta el último, el amor (adulto, de pareja) se presenta siempre como algo imaginado y muy deseado, aunque aparentemente imposible. “El amor es llenar un balde repleto de huecos...” dice la poeta en la última página del libro, a manera de conclusión sobre el tema. El hijo no nacido (“Retrato. Milena”) y el amante inexistente (“El boceto de mi amor”) son fantasías, casi mitos personales de una joven que anhela fundar su propia familia para reencontrarse con la felicidad que conoció en su infancia.
(Artículo publicado en La República)


Enlaces relacionados:
Se puede leer poemas de este libro en: Agenda de poesía, El Hablador y en la página web de la autora.
Sobre Casa de zurdos: Piedra sangre, Gabriel Rimachi.
Entrevistas: Carlos Sotomayor, Giancarlo Stagnaro.
Incluimos el video de la entrevista de Presencia Cultural.


Noche sin fortuna

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Caicedo
Andrés Caicedo. Noche sin fortuna (Norma, 2009)

Todo un mito de la cultura colombiana de los 70’s, el escritor y cineasta Andrés Caicedo (Cali 1951) afirmó alguna vez que vivir más allá de los 25 años era una vergüenza y, consecuente con esas palabras, en marzo de 1977 puso fin a su vida con 60 pastillas de seconal. Antes había desarrollado una obra sorprendentemente abundante y precoz: a los quince años ganó un premio por el drama La piel del otro héroe, y a los 18 su relato Los dientes de caperucita obtuvo el segundo premio en un concurso latinoamericano de cuento. Participó activamente en grupos de teatro, fundó cine clubes y escribió guiones, pero su gran pasión fue la literatura, la narrativa. Como parte de la Biblioteca Andrés Caicedo, la editorial Norma acaba de publicar, con prólogo de Alberto Fuguet, una nueva edición de Noche sin fortuna (2009) la novela en la que el escritor trabajó hasta poco antes de su muerte y que de alguna manera resume toda su obra.

La narrativa de Caicedo nos remite siempre a la ciudad de Cali, a sus calles y plazas, y a un universo de adolescentes, con sus fiestas, pandillas violentas y amores inocentes o perversos. Noche sin fortuna narra las aventuras de Patiño Solano la noche que asiste a su primera fiesta, los quince años de su amiga Angelita. Solano, su nombre lo anuncia, es un joven solitario y marginal, enfermizamente tímido, que busca el apoyo de un compañero de escuela, Danielito Bang. Poco a poco las situaciones van pasando de lo cotidiano a lo grotesco y por último a lo macabro, a un horror en gran medida tributario del de Poe y Lovecraft. La noche de fiesta acaba con una serie de sangrientos asesinatos y actos de canibalismo.

Novela sobre jóvenes y escrita en el lenguaje que hablan esos jóvenes, no podemos dejar de compararla con la serie de libros similares, pero ambientados en Lima, que se publicaron en los 90’s. desde No se lo digas a nadie hasta Nuestros años salvajes. Y aunque hay algunas coincidencias, frente al realismo radical de los limeños, Caicedo muestra un más sólido trabajo de ficcionalización. Los lugares pueden ser reales, pero tienen algún detalle que los “desrealiza”, como ese punto absolutamente oscuro en medio de la luminosa Plaza Sears. De igual manera están construidos los personajes, y el lector puede tomar como naturales la inseguridad y manías de Solano, pero la relación con la madre o su proclividad por lo excrementicio, no pueden dejar de parecer extrañas.

Tanto los lugares, los personajes y como las situaciones de esta novela están más relacionados con la fantasía del autor, con sus temores y obsesiones más íntimos. Casi podríamos decir que forman parte de una saga mitológica personal que Caicedo ha ido dando a conocer a lo largo de toda su obra. En este mismo libro se incluyen, como anexos, dos textos en los que el autor profundiza en Danielito y Antígona, la pareja que al final de la novela protagoniza un sangriento acto sexual. Pero ambos figuraban, junto con Angelita y Solano, en el libro de cuentos Angelitos empantanados, escrito en 1971 y publicado en 1977. Y la mencionada escena final está ya descrita en "Los dientes de caperucita" (1969). El vínculo intertextual es tan fuerte que algunos detalles de la novela (la mancha en el vestido de Angelita, p. e.) sólo son explicados a partir de la lectura de los relatos.

La crítica ya ha interpretado qué hay detrás de estos personajes misteriosamente arquetípicos. Se ha afirmado que la Antígona de esta novela es “una especie de metáfora de la mujer destructora y a la vez portadora de placeres”, la “vagina dentada” de que hablan los psicoanalistas. Y el crítico y poeta Juan Gustavo Cobo Borda, sin dejar de reconocer algunos problemas formales en la narrativa de Caicedo, encuentra que su fuerza “no reside en el desvarío de la alucinación sino en el peso reprimido de su contención: la demencia como fruto del rigor.” Demonios personales y rigor literario, características esenciales para la formación de un verdadero escritor, algo que sin lugar a dudas fue Caicedo.

Cruce de caminos

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cardich
Samuel Cardich. Cruce de caminos (El Albatros, 2008)

Con más de diez libros publicados, Samuel Cardich (Huánuco, 1947) es uno de los pocos escritores que alternan, manteniendo pareja calidad, la narrativa con la poesía. Sus obras, en ambos géneros literarios, han sido elogiosamente comentadas por la crítica, traducidas a otros idiomas e incluidas en las más importantes antologías de nuestro medio (las de Ricardo González Vigil, por ejemplo). El más reciente libro de Cardich es Cruce de caminos (El Albatros, 2008), un conjunto de nueve relatos que muestra la vitalidad de la narrativa de este perseverante autor.

Cardich se inició literariamente con los cuentos de Malos tiempos (1986) que presentaban situaciones de la vida urbana provinciana y que estaban más centrados en los aspectos psicológicos de los personajes que en el retrato social o el color local (como acertadamente señaló Manuel Baquerizo). Esos rasgos se mantienen en estos nuevos cuentos. En los dos iniciales, “El cielo que todavía me espera” y “La última fiesta del año en la carretera central”, por ejemplo, se narra a través de monólogos interiores de los protagonistas, en los que expresan sus dudas e inquietudes ante los extraños sucesos que están viviendo. Casi no hay descripciones de ambientes o de personajes secundarios.

Otras constantes son la diversidad de técnicas empleadas (hay cuentos en los que se alternan narradores en primera y segunda persona) y la evidente vocación de oralidad del lenguaje. Y acaso este último sea el punto débil de los relatos, que por querer reflejar el habla real de la gente (especialmente de los estratos más bajo), terminan reuniendo demasiados lugares comunes y utilizando las palabras de manera poco creativa. A eso se suma un a veces excesivo interés del autor por las situaciones sórdidas y los personajes con características “especiales” más bien negativas: locos, tontos, ingenuos, inexpertos, etc.

En cambio, en lo que respecta a la poesía –género en el que se inició en 1986, con el libro Hora de silencio (1986)–, las opciones de Cardich son completamente opuestas: lo oral deja su lugar a un lenguaje artístico y bastante elaborado; lo oscuro y complejo de la vida urbana es reemplazado por la belleza simple y elemental de la naturaleza; y los temas sórdidos por reflexiones sencillas y directas sobre el tiempo, la soledad y la memoria. Al menos así sucede en Puerta de exilio (2008) su más reciente poemario, que figuró en diversos recuentos de los mejores libros publicados el año pasado en nuestro país.
(Artículo publicado en La República)