Cinco asedios al cuento peruano

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Ricardo Silva-Santisteban. Cinco asedios al cuento peruano (Editorial Universitaria, 2009)

Director de algunas de las más importantes iniciativas editoriales en nuestro medio (las colecciones El Manantial oculto y Obras esenciales, entre las actuales) Ricardo Silva-Santisteban (Lima, 1941) es también un polifacético hombre de letras: poeta, crítico y Miembro de la Academia Peruana de la Lengua. Su libro más reciente es Cinco asedios al cuento peruano (Editorial Universitaria, 2009), un volumen que reúne ensayos sobre relatos de algunos de los mejores narradores peruanos, desde Valdelomar hasta Ribeyro, y también de reconocidos poetas, como Vallejo y Martín Adán.

Los ensayos más logrados de este libro son los dedicados a los cuentos “Los ojos de Judas” y “Los gallinazos sin plumas”. En ambos casos RSS se muestra como un ensayista tradicional y alejado de las nuevas teorías literarias (“que por lo general son poco interesantes”, afirma). Sus análisis se centran en elementos como la estrategia narrativa, la dosificación de la información y el manejo de las descripciones (en el primer caso); o la interpretación de los elementos simbólicos, ya sean personajes, objetos o situaciones (en el segundo). Pero las reflexiones finales abordan los temas más importantes de estos relatos: la muerte y la crítica social, respectivamente.

A partir del cuento “Cera” de César Vallejo, RSS hace un rescate de la narrativa del poeta, un sector poco valorado de su obra. Y aunque señala los logros de este relato fantástico (en el que encuentra huellas del “William Wilson” de Egar A. Poe) no deja de reconocer que las sucesivas enmendaduras realizadas por Vallejo lo perjudicaron: “Corregido desde la óptica realista, Vallejo asesinó su mejor cuento”. Sobre “Trance de poder” de Martín Adán, relato que forma parte del libro inédito Aloysius Acker, afirma que es la obra “más honda y desgarradora de su prosa creativa” y que además anuncia una de las “fases” importantes de su poesía futura.

No podemos dejar de mencionar el nuevo aporte editorial de Silva-Santisteban: el segundo tomo de la ambiciosa Antología General de la traducción en el Perú (Universidad Ricardo Palma, 2009). Se trata de un volumen de más de 700 páginas que recopila poemas traducidos por peruanos entre los siglos XVI y XIX. Desde textos bíblicos y clásicos greco-latinos hasta fragmentos de La Divina Comedia, incluyendo obras de Shakespeare, Víctor Hugo y muchos otros; todos ellos trasladados al español por autores como el Inca Garcilaso de la Vega, Felipe Pardo y Aliaga, Mariano Melgar o Ricardo Palma.
(Artículo publicado previamente en La República)

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Carlos Gallardo. espuma! (Estruendo mudo, 2009)

El escritor Carlos Gallardo (Lima, 1983) hizo su debut literario con Parque de las Leyendas (2004), un muy buen libro de cuentos fantásticos, en la línea cultista y metaliteraria de la narrativa de Jorge Luis Borges. Radicado desde hace años en Suiza, Gallardo deja completamente de lado lo fantástico en su segundo libro, la novela espuma! , un retrato hiper realista de su propia generación, elaborado a partir de la historia de un grupo de estudiantes del colegio Claretiano y escrito en el peculiar lenguaje de los adolescentes limeños de fines del siglo pasado.

El protagonista de este relato es Carlos Mantilla, un joven aspirante a escritor (“desmañado alter ego del autor”, según la presentación del libro); y alrededor de él están sus compañeros de promoción: Javier, Eduardo, Marx, entre otros. Todos ellos narran sus primeras incursiones en el mundo adulto, la tensión de los exámenes de ingreso a la universidad y el descubrimiento del amor y del sexo. Precisamente, los episodios más interesantes son los correspondientes a esas relaciones de parejas, todas con problemas que van desde las diferencias sociales hasta los embarazos inesperados.

Pero ésas son acaso las únicas “historias” en esta extensa novela. Como en sus cuentos, Gallardo aquí también se muestra menos interesado en las tramas que en la creación de ambientes y atmósferas. Por eso su constante apelación a referentes de época: nombre películas, letras de canciones, eslóganes publicitarios, lugares de moda, etc. A eso se suma el humor, la ironía, los juegos de palabras y un discurso que no abandona nunca la oralidad: “salíamos sin rumbo por lugares que nos recordaran una película de Stallone, una canción abrupta de Héctor Lavoe… Captamos de incógnito al viejo de Lovera con su look de Jimmy Santi puneño: la papada bailándole chin chin…”.

Los excesos de esa peculiar retórica (de alguna manera vinculada con las novelas de César Gutiérrez y Leonardo Aguirre) y la propia estrategia narrativa en la que “todo es centro… donde todo emite” (según el epígrafe, una cita de Sloterdijk) convierten a espuma! en una novela algo desarticulada y tediosa para el lector; y que al no tener un eje (una historia principal) parece, al menos en la primera mitad, dar vueltas interminables alrededor de sucesos triviales. A eso contribuye el propio tema de la novela: el retrato de una generación que aún no ha enfrentado sus mayores retos y que todavía se encuentra en proceso de formación.
(Artículo publicado en La República)


Enlaces relacionados:
Carlos Gallardo tiene un blog dedicado a espuma!
Sobre la novela: José Miguel Herbozo, Nota de presentación.

Bicho raro

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ampuero
Fernando Ampuero. Bicho raro (Planeta, 2008)

[Acaba de publicarse la segunda edición de Bicho raro (Planeta, 2009), el libro de cuentos de Fernando Ampuero aparecido originalmente a mediados de 1996. Lo reseñé entonces para La República, y poco tiempo después me encontré con el escritor, quien al reconocerme como el autor de ese artículo pasó a responder, en una conversación amena y cordial, algunos de los cuestionamientos que había hecho a su obra. Desde entonces he comentando otros libros suyos, a veces criticándolos duramente, y nuestras eventuales conversaciones, reales o “virtuales”, han seguido siendo cordiales y divertidas. Copio aquel comentario de Bicho raro.]

En paralelo a su reconocida labor periodística, Fernando Ampuero (Lima, 1949) ha desarrollado una interesante obra narrativa, que se inició con el libro de cuentos Paren el mundo que aquí me bajo (1972); y que ha alcanzado un especial éxito, tanto de ventas como de crítica, con sus dos últimos títulos: Caramelo verde (1992) y Malos modales (1994). Esta narrativa se enriquece ahora con Bicho raro, un conjunto de siete cuentos con personajes que, como los cronopios cortazarianos, se empeñan escandalosamente en romper con todas las convenciones sociales.

Son propios de estos peculiares "bichos raros" la búsqueda constante de la belleza y el ser incomprendidos por las personas que los rodean. Así se plantea desde el primer cuento, "Criaturas musicales", que trata de las constantes discusiones de una desigual pareja de esposos. Él es emotivo y con una fuerte sensibilidad estética; ella es práctica y temperamental. Por eso, cuando él descubre una madrugada que en la TV hay un especial sobre María Callas y decide despertar a su mujer para que participe de tan sublime experiencia, la respuesta de ella sólo puede ser: "¡Y me despiertas para decirme que María Callas está en la tele!... ¿Eres imbécil o qué?" (p. 26).

Los problemas encontrados al tratar de acceder directamente a la belleza hacen que estos personajes opten por acecharla en los lugares más insospechados. "Cuarto del oeste", narra las travesuras de dos hermanos, aprendices de bichos raros, en una vieja casona de campo familiar. Ahí, rodeados de los más extraños objetos, estos niños comienzan a inventar excéntricos rituales: dispararle seis balazos a la luna, pasear de noche por el campo alumbrados con candelabros de plata. O, mucho más inquietante, durante el velorio de la hermosa tía Elenita -aprovechando que los demás se quedaron dormidos- desnudarla para besar sus senos.

Ampuero recurre al humor como elemento que permite a estos personajes orientarse en su búsqueda de la belleza. Y con el humor aparecen algunos de sus mecanismos clásicos, entre otros la unión de opuestos (como la conjunción de eros y tánatos en "Cuarto del oeste") o las inversiones de estirpe carnavalesca (reemplazar lo heroico por lo infame, lo sublime por lo bajo, etc.). Esto último sucede en los cuentos "Más allá del amor a los perros" (donde incluso se presenta a un veterinario que masturba a sus pacientes) y Una pasión del espíritu, que narra la extraña costumbre de Ernesto, un talentoso pero poco afortunado pintor, de apropiarse de los objetos que le gustan a través de la "meada espiritual"; es decir, orinando sobre ellos. Lo hace en la fachada de La Merced, en una pintura de Duchamp, en un pisapapel de cristal, etc. Finalmente, intenta hacerlo en una hermosa mulata que acaba de cantar Georgia on my mind con una voz que era "una devastadora combinación de Billie Hollyday y Aretha Franklin" (p. 133).

En todos estos cuentos encontramos las ya conocidas virtudes narrativas de Ampuero: una prosa simple pero efectiva, acertada dosificación en el manejo de las tramas y, especialmente, la creación de atmósferas apropiadas para cada cuento mediante pequeños sucesos secundarios (un Papa Noel acuchillado por "pirañitas" en "Bicho raro", una gata de Angora comiendo fresas reventadas en "Cuarto del oeste"). Pero también encontramos una cierta pobreza en los diálogos y en las descripciones, las que suelen presentar lugares comunes y elementos de discutible gusto. Podemos notarlo especialmente en las descripciones de mujeres, casi todas hermosas, "de grácil figura" (p. 16), "rostro perfecto" (p. 50), "bonita cola, cintura estrecha y unas piernas larguísimas" (p. 132). Y la enumeración podría continuar.

Es esta tendencia a la banalidad y el estereotipo la que hace que no poco de la propuesta narrativa de Ampuero se pierda. Sus "bichos raros" sólo se diferencian del resto de personajes por su bondad o su obsesión por la belleza. Por eso los cuentos más débiles del libro son aquellos en los que se pretende interiorizar en la forma de pensar de estos personajes, como en el que da título al libro, centrado en el diálogo entre un suicida y el doctor que pretende animarlo a seguir viviendo. Algo parecido ocurre en "Azul caribe", el más flojo del conjunto y el único que presenta a un "bicho raro" hablando en primera persona.

Aunque inferior a Malos modales, Bicho raro es un libro que se lee con mucho interés, un conjunto de cuentos sumamente coherente y en el que podemos encontrar hasta una estética personal del autor: la de las inversiones y la marginalidad, presente ya en el título del libro.


Enlaces relacionados.
Se puede leer el cuento "Criaturas musicales" en el blog Cuentos peruanos contemporáneos.
Sobre Fernando Ampuero: Archivo de huellas digitales, Libros y autores peruanos, Wikipedia.
Sobre Bicho raro: José Güich.

Las muertes de Emilio

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ponce
Víctor Andrés Ponce. Las muertes de Emilio (Norma, 2008)

Reconocido periodista y abogado, Víctor Andrés Ponce (Lima, 1964) se inició como escritor con la novela Los sueños quebrados (1995), la historia de tres compañeros de escuela que siguen caminos muy distintos: uno se vuelve militar, otro periodista y el último militante de Sendero Luminoso. El libro recibió duras críticas por ciertos problemas formales que el autor superaría en sus novelas Los aniquiladores (1999) y De amor y de guerra (2004), está última elogiada por la crítica peruana y extranjera. Con más oficio literario y una mayor madurez personal, Ponce vuelve en su nueva novela, Las muertes de Emilio (Norma, 2008) a la historia de esos tres amigos de su libro inicial.

El periodista Emilio Peralta Emilio es el protagonista de este relato, y sus ex compañeros son el capitán Enrique Carranza y Mario Capellini, un colaborador cercano de Abimael Guzmán. Los tres se inician en la política tempranamente, en el colegio Guadalupe, bajo la tutela de profesores marxistas. Sus rumbos divergentes le sirven a Ponce para elaborar un vasto retrato de la sociedad peruana de la década de los 90’s; especialmente de las intrigas políticas y mediáticas de entonces, pues Emilio trabaja en El Excelsior, uno de los diarios manejados por los servicios de inteligencia del gobierno.

Pronto la historia de la decadencia de El Excelsior (fácilmente identificable con Expreso) se vuelve preponderante, con sus personajes inspirados en conocidos periodistas. Y aparece también otra línea narrativa, la de la formación literaria de Emilio, quien aspira a convertirse en escritor (novelista), contando para ello con la asesoría del periodista Ismael de Priego, basado obviamente en Manuel Miguel de Priego. Estas derivaciones amplían demasiado el material de la narración, afectando la estructura de la novela y obligando a Ponce a dedicar pocas líneas a eventos y personajes decisivos para la ficción.

Al ser Emilio el único personaje común a las tres líneas narrativas, adquiere una mayor presencia y densidad, empequeñeciendo a todos los demás personajes. Y con él, la novela “de formación” personal termina imponiéndose sobre el retrato social y la intriga política. Por eso Las muertes de Emilio no llega a convertirse en la gran novela sobre el Perú de los años 90, como parecía anunciar en sus primeras páginas. Pero sí permite, junto con De amor y de guerra, apreciar la notoria superación de la obra de Ponce, tanto en el manejo del lenguaje como de las técnicas narrativas.
(Artículo publicado previamente en La República)


Enlaces relacionados
Sobre Las muertes de Emilio: José Güich, Juan de la Puente, Willy Quevedo, Carlos Sotomayor.
Entrevistas: Pedro Escribano, Gonzalo Pajares, Enrique Sánchez Hernani, Giancarlo Stagnaro.
Victor Andrés Ponce es autor de una columna periodística en Peru21.