Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe

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Camilo Fernández Cozman. Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe (CME, 2008)

Hace cuatro años, el crítico y catedrático Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Federico Villarreal (2005) con un libro que abordaba, desde diversas perspectivas, la poesía de José Watanabe (1946-2007). A pesar del interés de la obra analizada, y del prestigio creciente de Fernández (hace poco incorporado a la Academia Peruana de la Lengua), ese libro, Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe, recién acaba de ser publicado, y no por la universidad patrocinadora sino por cuenta del autor.

Como en sus anteriores textos sobre reconocidos poetas peruanos (Westphalen, Eielson, Hinostroza) y extranjeros (Octavio Paz), Fernández interpreta los textos de Watanabe combinando el análisis temático y de los recursos retóricos con amplias miradas al contexto social y cultural. Para ello se apoya en una bibliografía vasta y actualizada que abarca desde la teoría literaria hasta la antropología y la filosofía. De los seis ensayos independientes aquí reunidos, la mitad sigue fielmente ese esquema: “El huso de la palabra y el abismo de la modernidad”, “Historia natural: El Bestiario”, y “José Watanabe y los años setenta”.

En otros ensayos, Fernández incorpora a su crítica un nuevo elemento: el testimonio personal. Para ello entrevista al poeta y a su hermana Dora. Además, viaja a Laredo (La Libertad), lugar en el que Watanabe pasó su infancia, a entrevistar a los parientes más cercanos. Los resultados se presentan principalmente en el ensayo “De cómo la poesía de Watanabe nació en Laredo”, en el que Fernández incluso se deja llevar por la emoción: “La entrada a Laredo es indescriptible...acaso se escuche el fantasma del río Moche entre los surcos que bañan el cuerpo de los cañaverales”. Aunque de las 20 entrevistas se citan en el texto apenas unas cuantas líneas.

Reconociendo la importancia de estos testimonios, Fernández nunca logra integrarlos a las interpretaciones o reflexiones críticas que realiza. A ello se suma un cierto exceso de digresiones y rodeos, y que varios de los ensayos parecen apuntar más a aspectos subalternos de los poemas (la crítica de la racionalidad instrumental, el diálogo intercultural, la estética de lo grotesco) que a sus temas y motivos principales. Sin dejar de ser un valioso aporte a la difusión y comprensión de la poesía de Watanabe, este libro tiene más interés por su búsqueda de nuevos ámbitos y estrategias para la crítica literaria que por sus análisis o explicaciones.
(Artículo publicado previamente en La República)


Camilo Fernández administra el blog La soledad de la página en blanco, dedicado a la crítica literaria.

Los más vendedores

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Listas recientes de los libros más vendidos en nuestro país. Las fuentes son las librerías El Virrey, Crisol y Perubookstore.


El Virrey

1 Veinte peruanos del siglo XX. Varios Autores (PUCP)
2 Confesiones de Tamara Fiol. Miguel Gutiérrez (Alfaguara)
3 El mundo según Monsanto. Marie-Monique Robin. (Península)
4 Gomorra. Roberto Saviano. (Debate)
5 Un lugar llamado Oreja de Perro. Iván Thays (Anagrama)



Crisol

Ficción:
1 Crepúsculo. Stephenie Meyer (Alfaguara)
2 Luna nueva. Stephenie Meyer (Alfaguara)
3 Eclipse. Stephenie Meyer (Alfaguara)
4 Amanecer. Stephenie Meyer (Alfaguara)
5 El viaje del elefante. José Saramago (Alfaguara)

No ficción
1 Horóscopo chino 2009. Ludovica Squirru (Atlántida)
2 Cocina peruana. Walter Wust (edición del autor)
3 La crisis económica mundial. Varios autores (Oveja negra)
4 Tras la guerra fría. Farid Kahhat (Fondo Editorial del Congreso)
5 Cambio de palabras. César Hildebrandt (Tierra Nueva)



Perubookstore

1 El canalla sentimental. Jaime Bayly (Planeta)
2 Amanecer. Stephenie Meyer (Alfaguara)
3 Obras completas. Washington Delgado (Universidad de Lima)
4 Tomando té. Sheila Alvarado (Altea)
5 ¡Habla, jugador! Gajes y oficios de la jerga peruana (Taurus)
6 Fairy Oak. El secreto de las gemelas. Elisabetta Gnone (Marenostrum)
7 Putas es poco. Hernán Migoya (Planeta)
8 Un mundo para Julius. Alfredo Bryce (Peisa-Booket)
9 La madera del alma. Gianmarco Zignago (Planeta)
10 A fin de cuentas. Roberto Reátegui (Planeta)

El único nombre que se repite es el de la escritora estadounidense Stephenie Meyer (Connecticut, 1973) autora de una exitosa saga novelesca de la que podríamos decir: “it’s only teenage wasteland”.

El buscador de oro

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Le Clezio
Jean-Marie Le Clézio. El buscador de oro (Norma, 2008)

El francés Jean-Marie Le Clézio (Niza, 1940) es, sin lugar a dudas, un gran narrador y ensayista. Otorgarle el Nobel de Literatura ha sido uno de los mayores aciertos de la Academia Sueca en los últimos tiempos. Autor precoz (a los 30 años ya tenía siete libros publicados), entre sus obras de madurez destaca la novela El buscador de oro (1985), un peculiar relato de aventuras que, en la traducción de Manuel Serrat, la editorial Norma acaba de reeditar para el mundo de habla hispana.

Lo que aquí se narra es la vida de Alexis L’Etang, personaje nacido hacia 1885 en una familia francesa radicada en la isla de Mauricio, al sur del continente africano. La idílica estancia de Alexis, pasada a orillas del mar, en contacto con la naturaleza y disfrutando de una entrañable relación con sus padres y su hermana Laure, es descrita brillantemente en el extenso primer capítulo del libro. Cuando un desastre natural y la pobreza alejan a la familia de esas playas, Alexis, acaso para recobrar el paraíso perdido, se convierte en buscador de tesoros ocultos, recordando las viejas historias de piratas que su padre les leyera a él y su hermana.

Es el inicio del solitario peregrinaje de Alexis por la costa africana: viajes por el mar en precarias embarcaciones y extensos periodos viviendo en campamentos lejos de las ciudades y de la civilización en general. Pero, eso sí, manteniendo siempre una vital relación con la naturaleza (especialmente el mar) y con las personas más humildes, desde marineros y campesinos hasta nómades como Ouma, la mujer de la que se enamora. En lo opuesto, las aproximaciones del protagonista al mundo occidental y moderno lo llevan siempre a enfrentar las peores injusticias (como la de los europeos contra los africanos) y las situaciones más difíciles, como su participación, vistiendo el uniforme francés, en la Primera Guerra Mundial.

De esta manera, Le Clézio une la tradición narrativa de las novelas de viajes y aventuras de los siglos XVIII y XIX (Stevenson, Salgari, Verne) con algunos temas muy propios de las reflexiones de nuestro tiempo: la mirada crítica al colonialismo occidental y a la propia modernidad, la reivindicación de las culturas tradicionales y marginales, el interés por la naturaleza y el medio ambiente. Y lo hace sin caer en idealizaciones ni simplificaciones, a través de una narración que conjuga el interés del relato de aventuras, la belleza de las descripciones y la hondura de los personajes. El buscador de oro es un libro memorable.
(artículo publicado previamente en La República).

Se pueden leer las primeras páginas de la novela en La Jornada.

J. E. Benavides responde

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benavides
(Hemos recibido una cordial invitación de La República para incorporar este blog al naciente grupo de blogs de ese diario. Aceptando la invitación se ha abierto el blog Libros en La República, y lo hemos iniciado con las declaraciones del escritor Jorge Eduardo Benavides, reciente ganador del Premio BCR de Novela. Copiamos el texto aquí, pero para comentar se debe ir al post correspondiente del nuevo Libros)

Como se sabe, en la última edición del premio BCR de Novela, el más importante dentro de este género literario en nuestro medio, resultó ganadora la novela Por la paz de los vencidos, del escritor arequipeño Jorge Eduardo Benavides. El jurado que otorgó ese premio estuvo presidido por Luis Jaime Cisneros y conformado por los escritores Alonso Cueto, Mirko Lauer, Abelardo Oquendo y Marcel Velázquez.

Radicado en España desde hace años, Benavides es autor de una serie de reconocidas novelas (Los años inútiles, El año que rompí contigo y Un millón de soles), que han circulado por todo el mundo de habla hispana. Además, fue uno de los organizadores del recordado encuentro de narradores peruanos realizado en Madrid en 2005, en el que participaron M. Velázquez y A. Cueto. Esos dos datos (el prestigio literario de Benavides y su relación con dos de los jurados que lo premiaron) han motivado que algunos (para quienes la finalidad de este tipo de concursos es la promoción de escritores jóvenes) cuestionen la participación de Benavides en este concurso.

He reseñado y comentado casi todos los libros de Benavides, así que conozco la calidad de su obra narrativa, sin lugar a dudas merecedora de ese premio y de muchos otros. Por eso le pedí su opinión acerca de esos dos cuestionamientos. Su respuesta fue la siguiente:

«En cuanto a tus preguntas, siento un gran desconcierto, por varias razones. La primera es que, como sabrás, vivo fuera del Perú desde hace casi 20 años y aunque trato de mantener mis vínculos y mi conocimiento sobre la actualidad del país, todo ello termina desbordándome; de manera que el premio BCR era para mí bastante desconocido. Vi las bases en una página web española (escritores.org) y envié la novela. Ahora bien, he leído con lupa las bases y no dice nada respecto al descubrimiento de “jóvenes valores” o “nuevos valores”. O algo así, en fin, algún aspecto que me hiciera declinar de participar. He vuelto a leer las bases y no encuentro nada, al menos en la versión española… De manera que mi falta de tacto para presentarme a este premio estriba en el desconocimiento de la sensibilidad del mundillo literario limeño y de las categorías abstractas que compartimentan el habitat de premios y concursos. Lo siento de veras.

Segundo: Alonso Cueto es mi amigo, claro que sí. Pero no se me ocurre cómo demonios pueda yo saber quiénes son los miembros del jurado. Por cierto, también conozco personalmente a Marcel Velázquez, un lúcido profesor y crítico de inobjetable prestigio, quien fue invitado por la organización del congreso de narradores peruanos del 2005, organización de la que fui parte integrante… y a Cisneros me lo presentó personalmente Fernando Iwasaki en una feria de Lima, donde este gran profesor a su vez presentaba a mi amigo Iwasaki con motivo de una reciente publicación. De manera que, imagínate… en un medio tan pequeño parece lógico que siempre conozcas a alguien del jurado, pero –a menos que se dude de la calidad moral de la persona– ese conocimiento es a posteriori, como ocurrió en mi caso. Y contra quienes dudan de la calidad moral de una persona como Alonso Cueto no puedo ni tengo ganas de imaginar qué respuesta se merecen.

Finalmente, sólo sé que este premio es la gran excusa que andaba buscando para ir a Lima en junio (pagando el billete y la estancia de mi bolsillo), disfrutar de los amigos, antiguos y nuevos, estar un par de semanas y regresar a España a toda carrera, recordando uno de los motivos por los cuales me fui de mi país».

(foto tomada del blog Letra Capital)