Sueños reales

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Alonso Cueto. Sueños reales (Seix Barral, 2008)

Autor de una reconocida obra narrativa (doce libros, entre novelas y conjuntos de relatos), Alonso Cueto (Lima, 1954) es también un buen crítico literario (con un doctorado en esta materia) que suele publicar artículos y ensayos en diarios y revistas especializadas. Sueños reales (Seix Barral, 2008), su más reciente libro, es precisamente una recopilación de esos textos críticos, que van desde apuntes y pequeños retratos hasta reflexiones sobre el conjunto de la obra de autores decisivos para la narrativa actual.

Cueto se inscribe aquí dentro de la línea de los ensayos literarios de Mario Vargas Llosa, especialmente los de La verdad de las mentiras (hasta los títulos son similares: mentira-verdad, sueño-realidad): aproximaciones basadas en las afinidades entre el crítico-escritor y el autor analizado, y que emplean los recursos del ensayo más tradicional. Los mejores textos son los dedicados a aquellos narradores que Cueto siempre ha señalado como referentes de su propia obra: Conrad, Nabokov, Carver y James. El ensayo “Henry James: la amenaza de la mirada” es una aguda interpretación de la personalidad y obra de este escritor, pero también una especie de “arte narrativo” personal de Cueto.

Hay otros ensayos valiosos en la primera sección del libro (titulada también “Sueños reales”), como “Zeno Cosini y las paradojas de la voluntad”, pero también algunos textos de menor interés (los dedicados a Juan Ramón Jiménez, Víctor Hugo y Lucía Joyce, p.e.). Las otras tres secciones ocupan la segunda mitad del libro y son claramente recopilaciones de textos periodísticos y misceláneos, apuntes sobre obras de autores peruanos (Bryce, Arguedas, Ribeyro), textos coyunturales, anécdotas literarias y hasta artículos sobre la máquina de escribir o las diferencias entre el español hablado en América Latina y en España.

En líneas generales, Sueños reales nos deja la misma impresión que algunas de las más recientes novelas de Cueto: pudo ser un gran libro, si el autor se hubiera enfocado más en los temas principales (en este caso, los presentados en el breve prólogo) y hecho menos concesiones (la inclusión de textos amenos, pero ligeros) al “gran público”. Nada de eso puede restar méritos a los ensayos de la primera sección (especialmente los ya mencionados) en los que Cueto se muestra como un crítico documentado, inteligente y riguroso; pero más que nada como un lector entusiasta y deslumbrado ante algunas de las obras maestras de la literatura universal.
(Artículo publicado previamente en La República)

Se puede leer un fragmento del libro en Etiqueta Negra.
Otros textos sobre Sueños reales: Katya Adaui, Luis Eduardo García, Martha Isarra, Clara Medina, Abelardo Oquendo, Gabriel Ruiz Ortega, Aldo Vivar.
Entrevistas: Gonzalo Pajares, Carlos Sotomayor.

Conocimiento del Este

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Paul Claudel. Conocimiento del Este (PUCP, 2008)

El escritor Paul Claudel (1868-1955) perteneció a una brillante generación de autores franceses –Paul Valéry, Guillaume Apollinaire, Saint John Perse– que desarrolló los innovadores aportes poéticos de los simbolistas (Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé) y los integró a los temas y motivos más propios de la tradición literaria occidental. Claudel, diplomático de profesión, sumaría a su profundo catolicismo, en algunas obras, la perspectiva del “libro de viajes”. Ese fue el caso de Conocimiento del Este (1896), obra que acaba de ser traducida por el poeta Jorge Nájar (Pucallpa, 1946) y publicada por la PUCP en su colección El Manantial Oculto.

Conforman este libro más de 60 textos escritos en prosa y en los que Claudel describe los paisajes, lugares y personajes que conoció durante los años que pasó en China y Japón. Son descripciones que, sin dejar de lado los referentes reales, apelan constantemente a imágenes y símiles poéticos, y que derivan en reflexiones metafísicas. En uno de los textos, “El banyán”, se presenta a este árbol asiático como “...un nudo de pitones, una hidra que con obstinación se arranca de la tierra tenaz”. Pronto se llega al tema de la fugacidad de lo humano, en oposición a la permanencia del banyán “testigo de todo el espacio, poseedor del suelo...”.

Además de las bellezas naturales y la tradicional cultura oriental, el poeta encuentra también miseria y sufrimiento: “Me bajo del rickshaw y un espantoso mendigo marca el inicio de la ruta...hileras de miserables bordean las dos orillas del camino” (“Pagoda”). Como señala Nájar en el prólogo del libro, en “aquellos años toda Europa se hallaba en el cénit de su poder y China, en cambio, en lo más hondo de su decadencia”. No obstante, Claudel descubre evidencias de lo trascendente en los objetos y seres menos esperados: “Devoto profundo... sus gustos no van nunca hacia los perfumes pasajeros de las flores o de los frutos frívolos” (“El cerdo”).

Esa obsesiva búsqueda (demasiado racional) de lo espiritual y sobrenatural es acaso una de las debilidades del libro. Otra son los excesos de la retórica parnasiana: “la frase a menudo compleja y de construcción barroca” –nos dice Jorge Nájar–, el léxico ornamental y las alusiones eruditas. El propio Claudel aclara que su poesía no es “...un chorro frívolo de palabras inventadas”, seguramente consciente de que puede parecerlo. Conocimiento del Este resulta un libro de sumo interés, tanto por sus logros poéticos como por ser testimonio de un importante momento de la poesía moderna.
(Artículo publicado previamente en La República)

Mi cuerpo es una celda

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Andrés Caicedo. Mi cuerpo es una celda (Norma, 2008)

Andrés Caicedo (1951-1977) es ya un mito de las letras colombianas. Un adolescente talentoso y precoz, ganador de varios premios de narrativa y muerto prematuramente; también un joven con serios problemas para relacionarse con su entorno, tartamudo, aficionado a las drogas y los universos artificiales: la literatura, el rock y especialmente el cine, su mayor pasión. Se suicidó a los 25 años de edad, dejando una gran cantidad de textos: relatos, guiones, cartas, diarios y escritos de todo tipo. A partir de este material, el escritor Alberto Fuguet ha elaborado el libro Mi cuerpo es una celda. Una autobiografía de Andrés Caicedo (Norma, 2008).

Las páginas elegidas por Fuguet abarcan desde apuntes de un diario escrito en 1966 hasta las dos cartas que Caicedo redactó el 4 de marzo de 1977, momentos antes de morir por mano propia, y en las que no menciona su trágica determinación. Son las cartas (muchas de ellas editadas) el material dominante en este libro, pues Caicedo, a la manera de Kafka “algunas veces escribía tres o cuatro cartas largas en un mismo día”. A las epístolas y páginas de diarios se suman algunos poemas, un pequeño relato y muchas críticas y artículos sobre cine que Caicedo publicó tanto en Ojo al cine (revista que fundó y dirigió), como en la recordada revista peruana Hablemos de cine.

Este peculiar collage, cronológicamente ordenado, nos permite seguir la evolución del lado “oscuro” de Caicedo, desde los típicos problemas de adolescencia hasta las crisis de su drogadicción y los intentos de suicidio, pasando por la tentación homosexual y la epilepsia. Y también su lado “luminoso”: las tiernas cartas a sus hermanas, los intentos de convertirse en guionista en Hollywood, la labor de infatigable promotor cultural y, especialmente, sus agudas y bien fundamentadas críticas de cine. Las diferencias entre estos dos caicedos las descubrirían pronto Isaac León y Desiderio Blanco, cuando viajaron a Cali y conocieron al joven colaborador de Hablemos de cine.

Aunque no estemos de acuerdo con algunas de las opciones de Fuguet (a comenzar por el propio título del libro, tomado de una canción de hace dos años), su meritorio trabajo hace de Mi cuerpo es una celda un conmovedor testimonio sobre la vida de Caicedo. Quienes todavía no conozcan a este original escritor colombiano, “el hermano mayor de McOndo, el link perdido al siglo XXI, el fan de Vargas Llosa que escribía guiones de westerns y películas de terror”, pueden iniciarse en la caicedomanía con este muy buen libro, y luego continuar con la obra del autor, casi toda editada por Norma.
(Artículo publicado previamente en La República)

En Internet se pueden leer elgunos textos de Andrés Caicedo.
Otros artículos sobre Mi cuerpo es una celda: Juan Andrade, Cine con Chile, José Noé Mercado, Iván Thays.

Diario de Santa María

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Edgardo Rivera Martínez. Diario de Santa María (Alfaguara, 2008)

Lejos de todas las modas y polémicas literarias, Edgardo Rivera Martínez (Jauja, 1933) ha desarrollado, desde los años 60, una narrativa valiosa y de gran calidad, pero que recién alcanzó el reconocimiento general treinta años después, con País de Jauja (1993). Continuando con la propuesta de ese libro, una novela de formación centrada en la feliz conjunción de la cultura occidental y las tradiciones de origen andino, Rivera Martínez acaba de publicar su tercera novela, Diario de Santa María (Alfaguara, 2008).

La protagonista de este nuevo libro es Felicia, joven culta y sensible, amante de los bailes y canciones tradicionales andinos. Ella estudia en el colegio Nuestra Señora de Santa María (cerca de Jauja), un internado “regentado por monjas isabelinas”. El relato está constituido por el diario que Felicia escribe durante su último año de secundaria (1935), cuando comparte su habitación con Solange, una francesa amante de la literatura, el arte y la música europea. Pronto se establece una estrecha relación entre ambas jóvenes, con un fuerte componente erótico, y en la que ambas descubren asombradas el universo cultural de la otra.

Como el Claudio de País de Jauja, Felicia es una escritora en aprendizaje, y por ello el verdadero eje de la novela es la constitución de su universo poético personal, en el que prima el gozo por la vida (de ahí el nombre de la protagonista). En este universo se integran autores como Vallejo, Eguren y Melgar con Safo, Labé y García Lorca; además de yaravíes, huaylarsch y tunantadas. Un momento clave de la narración es cuando Felicia se anima a transcribir al diario uno de sus poemas (p. 145). Pero estos versos, demasiado castizos y modernistas, no muestran la riqueza y complejidad de los elementos literarios y culturales que, según la novela, se están fusionando en ellos.

Debe haber sido un gran reto para el autor narrar desde el punto de vista de una adolescente, especialmente las páginas correspondientes al despertar sexual de Felicia y la relación con Solange. Por momentos sentimos que estas jóvenes resultan demasiado racionales y maduras (no cometen excesos, controlan siempre su emotividad), o que se debió desarrollar más el enfrentamiento con la rígida autoridad del internado. Pero esos son detalles menores que no desmerecen en absoluto a Diario de Santa María, una novela que ratifica la calidad y el interés de la narrativa de Edgardo Rivera Martínez.
(Artículo publicado previamente en La República)


En Ciberayllu se pueden leer varios fragmentos de la novela.
Otros textos sobre Diario de Santa María: Ricardo González Vigil,
Entrevistas: El Comercio, Gonzalo Galarza, Rebeca Vaisman,