Lo mejor del 2008

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cgutierrez
El libro más importante ha sido, sin lugar a dudas, la novela Bombardero de César Gutiérrez, tanto por lo ambicioso y original de su propuesta como por las encendidas polémicas que generó entre la crítica y los propios escritores. La siguiente es la tradicional lista de Libros de lo más destacado de la producción literaria peruana del año que acaba de concluir.



Novela:

1 Bombardero. César Gutiérrez (Tomahawk)

2 La iluminación de Katzuo Nakamatsu. Augusto Higa (San Marcos)

3 La noche humana. Carlos Calderón Fajardo (Copé)

4 Diario de Santa María. Edgardo Rivera Martínez (Alfaguara)



Cuento:

1 Playas. Carlos Calderón Fajardo (Underwood)

2 Crónicas de amores furtivos. Sandro Bossio (San Marcos)

3 Sur y Norte. José de Piérola (Norma)



Poesía:

1 8 cuartetas contra el caballo de paso peruano. Mario Montalbetti (AUB)

2 Los desmoronamientos sinfónicos. Miguel Ildefonso (Hipocampo)

3 Aves de la ciudad y alrededores. Rafael Espinosa (AUB)

4 Labranda. Róger Santiváñez (Hipocampo)



Crítica:

1 El viaje a la ficción. Mario Vargas Llosa (Alfaguara)

2 Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX. Juan Carlos Galdo (IEP)

3 Sueños reales. Alonso Cueto (Seix Barral)



Reediciones, antologías, obras reunidas:

1 Obras completas. Washington Delgado (Universidad de Lima, 4 tomos)

2 Poesía completa. José Watanabe (Pre-textos)

3 Las palabras no pueden expresar lo que yo experimenté entonces. Oswaldo Chanove (AUB)

4 Comentarios Reales de los Incas. Inca Garcilaso de la Vega (Universidad IGV, 3 tomos)




Otros recuentos: Alonso Cueto, Pedro Escribano, Camilo Fernández, Ricardo González Vigil, José Güich, Paul Guillén, Maribel de Paz, Hildebrando Pérez, Gabriel Ruiz Ortega, Tomacini Sinche, Carlos Sotomayor.

José Watanabe. Poesía completa

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watanabe
José Watanabe. Poesía completa (Pre-textos, 2008)

La reciente publicación de la Poesía completa (Pre-textos, 2008) de José Watanabe (1945-2007) es una buena oportunidad para releer, en conjunto, la obra de este poeta peruano, uno de los más queridos y respetados de los últimos tiempos. Y lo primero que se puede comprobar es la fidelidad del autor a ciertos temas y motivos, así como la particular evolución de su poesía, que se hizo cada vez más lacónica, intimista y despojada de ornamentos retóricos.

La reflexión en torno a la muerte es una de las constantes en esta obra, pero se vuelve marcadamente dominante a partir de El huso de la palabra (1989), poemario escrito después de que el autor superó una terrible enfermedad. Lo efímero de la vida humana es expresado por Watanabe a través de imágenes (la suya es una poesía eminentemente “visual”) y situaciones que remiten frecuentemente a la naturaleza y los recuerdos de su infancia (otra de sus constantes) pasada en la hacienda Laredo (La Libertad). Incluso los poemas que dieron título a sus últimos libros –La piedra alada (2005) y Banderas detrás de la niebla (2006)–comparten ese rasgo.

Pero, como ha señalado el crítico Carlos Garayar, el mayor aporte de Watanabe a la literatura peruana es “la configuración de un hablante poético diferente”. En este hablante se unen la capacidad de observación (que algunos explican por los ancestros orientales del poeta), un lenguaje que no se aleja nunca de la norma coloquial del habla, y una búsqueda de la verdad y la sabiduría oculta detrás de los detalles más pequeños. A partir de estos elementos se logran poemas que, sin perder la densidad, resultan accesibles a todo tipo de lectores, pues apelan a las emociones y afectos más universales. A la manera de las parábolas bíblicas, como el propio poeta resaltó en el libro Habitó entre nosotros (2002).

En el prólogo de esta hermosa edición de la Poesía completa de José Watanabe, el escritor colombiano Darío Jaramillo hace un inventario de las técnicas y recursos que utiliza en su obra y coincide con lo ya señalado: “Una poesía que se dice, que se conversa, que se susurra casi, que no hay manera de declamarla”. Pero el elemento que más destaca es la propia mirada del poeta (”El ojo de este hombre sabía hablar”, afirma al inicio de su ensayo); una mirada que se transfigura en contemplación y que encuentra “la belleza más refinada en lo más humilde, en lo más deslucido”. Imposible dejar de relacionar estas palabras con poemas como “El lenguado”, “La higuera” o “A tus orejas”.
(Artículo publicado previamente en La República)

Barrunto

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Juan José Sandoval. Barrunto (Urbania, 2008)

La tercera edición de Barrunto (Urbania, 2008) nos entrega este peculiar relato de Juan José Sandoval (Lima, 1976) acompañado de una nueva serie de cuentos y convertido en todo un símbolo de la narrativa limeña reciente, dentro del ámbito de lo urbano marginal. “Barrunto”, el cuento, fue publicado originalmente en 2001; en 2004 Mauricio Franco Tosso hizo una versión fílmica que obtuvo diversos reconocimientos internacionales y por ello el cuento fue vuelto a publicar por la editorial Sarita Cartonera.

La historia centrada en el mundo de las barras bravas –con toda la miseria, violencia y drogas que imperan en ese ambiente– no llama tanto la atención por sus temas y personajes como por la frescura y originalidad de la narración. A diferencia de Bayly y sus émulos (toda una generación de escritores surgidos en los años 90), dedicados casi exclusivamente a narrar los excesos de los jóvenes de clase media y alta, Sandoval escoge sus personajes entre los pobladores más pobres de la ciudad, reflejando su forma de hablar, sus mitos y su cultura en general. Y en ese sentido, remite inevitablemente a Los inocentes, el polémico libro de cuentos de Oswaldo Reynoso, todo un hito en nuestra narrativa.

Pero hasta ahí llegan los referentes literarios, pues buena parte de la vitalidad de la narrativa de Sandoval proviene precisamente de su innovador empleo de elementos propios de las ficciones narrativas que más consumen sus personajes. Es decir, de la cultura audiovisual y masiva en la que hoy viven inmersos los jóvenes de todo el mundo: cine, televisión, cómics, etc. De ahí la brevedad de las secuencias, los continuos cambios de ambientes y tiempo en la mayoría de los cuentos, los diálogos (más cerca del guión que de la narrativa literaria) y las constantes apelaciones a referentes como transmisiones de radio y avisos comerciales.

La empatía con esa subcultura urbana, sin embargo, genera también varios problemas, desde la tendencia a hacer de los personajes más caricaturas que seres humanos (con sus inherentes complejidades y contradicciones), hasta pretender que el lenguaje reproduzca lo más directamente posible el habla de la calle. Y eso es bastante notorio, no tanto en “Barrunto”, el más logrado de estos textos –ni “Vato loco” o “Nacida para ser virgen”– sino en los cuentos que están centrados en el mundo de la drogadicción: “Luz verde para morir” y “Tolquin limeñian blues”. Tampoco son muy logrados los relatos sobre historias de amor adolescente y trágico, como “Talvezmente enamorado”.

En el otro extremo están aquellos cuentos en los que la narrativa de Sandoval (marginal y casi antiliteraria) enfrenta su mayor disyuntiva: ¿hasta que punto puede asimilar técnicas y procedimientos literarios sin traicionarse ni alejarse demasiado de su propio universo? Es una disyuntiva similar a la que en su momento enfrentó el escritor Domingo de Ramos, con su poesía también marginal y enfocada en la cultura de los limeños más pobres. En los cuentos “Nada que contar” y “Niña diario”, Sandoval incorpora como tema al propio acto de narrar, de una manera irónica y lúdica. Una alternativa creativa con la que este escritor enriquece su narrativa sin dejar de lado los ambientes y personajes más característicos de su obra.


En Internet se puede ver el corto Barrunto. Juan José Sandoval tiene un blog llamado también Barrunto.
Otros textos sobre el libro: La página de los cuentos.
Entrevistas: Grace Gálvez, Porta9.

La línea en medio del cielo

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angeles
Francisco Ángeles. La línea en medio del cielo (Revuelta, 2008)

El crítico y escritor Francisco Ángeles (Lima, 1977) se ha hecho conocido a través de medios “virtuales” como la revista El Hablador y el novedoso portal literario Porta9, que él dirige y para el que ha entrevistado a los más importantes escritores de todo el Perú. El salto a la palabra impresa (todavía imprescindible) lo acaba de dar con su primer libro La línea en medio del cielo (Revuelta, 2008), una novela corta pero compleja, en la que el contexto real se confunde constantemente con las obsesiones y fantasías de Ignat, el paranoico protagonista de esta ficción.

Ambientada en un país innominado, que remite al Perú de los peores momentos de Fujimori, la narración tiene como eje la historia de amor de Ignat y Virginia, aunque esta historia es presentada de una manera fragmentada y elíptica. Virginia además forma parte de un extraño grupo de activistas políticos, junto con Zeta, “el hombre de las patillas” y “el hombre de las gafas”. Hay mucha violencia y represión, asesinatos y desapariciones (especialmente en los primeros capítulos), que crean una atmósfera opresiva de inseguridad y desconfianza. Para Ignat, todos, incluyendo a Virginia, son siempre sospechosos de espionaje y dobles juegos.

En paralelo a esa historia se cuenta otra, también con personajes bellatinianos como “el joven de la cabeza rapada” y “el viejo que escribe”. Este último está encerrado en un manicomio, obsesionado con la muerte, y escribe compulsivamente y sin ningún orden en un cuaderno usado. No hay que ser muy suspicaz para darse cuenta de que ese viejo es en realidad Ignat, y que el resultado de su escritura es la novela que estamos leyendo. Las dos líneas narrativas se complementan bien y logran integrar aspectos como el contexto político y las obsesiones personales, la acción y la reflexión, la realidad y la ficción.

Sin embargo, la novela presenta algunos defectos y problemas. La brevedad impide el adecuado desarrollo de personajes y situaciones (por ejemplo, Ignat tiene dudas acerca de Virginia desde el primer momento, pero pronto se casa con ella); hay también un exceso de ambigüedad e indefinición en todo el relato (los personajes nunca ven claramente, solo “vislumbran” las cosas) y, principalmente, una prosa demasiado pobre, áspera y falta de precisión. La línea en medio del cielo presenta a Francisco Ángeles como un narrador inteligente y original, pero al que aún le falta trabajar mucho todo lo relativo al lenguaje, el elemento más importante de la obra literaria.
(artículo publicado previamente en La República)


Se puede leer fragmentos de la novela en Puente Aéreo y Quipu.
Otros textos sobre La línea en medio del cielo: Fernando Ampuero, Jeremías Gamboa, José Güich, Martín Palma.
Entrevistas: Juan Carlos Gambirazo, Rafael Robles, Tomacini Sinche.