Barrunto

12 comentarios:
sandoval
Juan José Sandoval. Barrunto (Urbania, 2008)

La tercera edición de Barrunto (Urbania, 2008) nos entrega este peculiar relato de Juan José Sandoval (Lima, 1976) acompañado de una nueva serie de cuentos y convertido en todo un símbolo de la narrativa limeña reciente, dentro del ámbito de lo urbano marginal. “Barrunto”, el cuento, fue publicado originalmente en 2001; en 2004 Mauricio Franco Tosso hizo una versión fílmica que obtuvo diversos reconocimientos internacionales y por ello el cuento fue vuelto a publicar por la editorial Sarita Cartonera.

La historia centrada en el mundo de las barras bravas –con toda la miseria, violencia y drogas que imperan en ese ambiente– no llama tanto la atención por sus temas y personajes como por la frescura y originalidad de la narración. A diferencia de Bayly y sus émulos (toda una generación de escritores surgidos en los años 90), dedicados casi exclusivamente a narrar los excesos de los jóvenes de clase media y alta, Sandoval escoge sus personajes entre los pobladores más pobres de la ciudad, reflejando su forma de hablar, sus mitos y su cultura en general. Y en ese sentido, remite inevitablemente a Los inocentes, el polémico libro de cuentos de Oswaldo Reynoso, todo un hito en nuestra narrativa.

Pero hasta ahí llegan los referentes literarios, pues buena parte de la vitalidad de la narrativa de Sandoval proviene precisamente de su innovador empleo de elementos propios de las ficciones narrativas que más consumen sus personajes. Es decir, de la cultura audiovisual y masiva en la que hoy viven inmersos los jóvenes de todo el mundo: cine, televisión, cómics, etc. De ahí la brevedad de las secuencias, los continuos cambios de ambientes y tiempo en la mayoría de los cuentos, los diálogos (más cerca del guión que de la narrativa literaria) y las constantes apelaciones a referentes como transmisiones de radio y avisos comerciales.

La empatía con esa subcultura urbana, sin embargo, genera también varios problemas, desde la tendencia a hacer de los personajes más caricaturas que seres humanos (con sus inherentes complejidades y contradicciones), hasta pretender que el lenguaje reproduzca lo más directamente posible el habla de la calle. Y eso es bastante notorio, no tanto en “Barrunto”, el más logrado de estos textos –ni “Vato loco” o “Nacida para ser virgen”– sino en los cuentos que están centrados en el mundo de la drogadicción: “Luz verde para morir” y “Tolquin limeñian blues”. Tampoco son muy logrados los relatos sobre historias de amor adolescente y trágico, como “Talvezmente enamorado”.

En el otro extremo están aquellos cuentos en los que la narrativa de Sandoval (marginal y casi antiliteraria) enfrenta su mayor disyuntiva: ¿hasta que punto puede asimilar técnicas y procedimientos literarios sin traicionarse ni alejarse demasiado de su propio universo? Es una disyuntiva similar a la que en su momento enfrentó el escritor Domingo de Ramos, con su poesía también marginal y enfocada en la cultura de los limeños más pobres. En los cuentos “Nada que contar” y “Niña diario”, Sandoval incorpora como tema al propio acto de narrar, de una manera irónica y lúdica. Una alternativa creativa con la que este escritor enriquece su narrativa sin dejar de lado los ambientes y personajes más característicos de su obra.


En Internet se puede ver el corto Barrunto. Juan José Sandoval tiene un blog llamado también Barrunto.
Otros textos sobre el libro: La página de los cuentos.
Entrevistas: Grace Gálvez, Porta9.

La línea en medio del cielo

4 comentarios:
angeles
Francisco Ángeles. La línea en medio del cielo (Revuelta, 2008)

El crítico y escritor Francisco Ángeles (Lima, 1977) se ha hecho conocido a través de medios “virtuales” como la revista El Hablador y el novedoso portal literario Porta9, que él dirige y para el que ha entrevistado a los más importantes escritores de todo el Perú. El salto a la palabra impresa (todavía imprescindible) lo acaba de dar con su primer libro La línea en medio del cielo (Revuelta, 2008), una novela corta pero compleja, en la que el contexto real se confunde constantemente con las obsesiones y fantasías de Ignat, el paranoico protagonista de esta ficción.

Ambientada en un país innominado, que remite al Perú de los peores momentos de Fujimori, la narración tiene como eje la historia de amor de Ignat y Virginia, aunque esta historia es presentada de una manera fragmentada y elíptica. Virginia además forma parte de un extraño grupo de activistas políticos, junto con Zeta, “el hombre de las patillas” y “el hombre de las gafas”. Hay mucha violencia y represión, asesinatos y desapariciones (especialmente en los primeros capítulos), que crean una atmósfera opresiva de inseguridad y desconfianza. Para Ignat, todos, incluyendo a Virginia, son siempre sospechosos de espionaje y dobles juegos.

En paralelo a esa historia se cuenta otra, también con personajes bellatinianos como “el joven de la cabeza rapada” y “el viejo que escribe”. Este último está encerrado en un manicomio, obsesionado con la muerte, y escribe compulsivamente y sin ningún orden en un cuaderno usado. No hay que ser muy suspicaz para darse cuenta de que ese viejo es en realidad Ignat, y que el resultado de su escritura es la novela que estamos leyendo. Las dos líneas narrativas se complementan bien y logran integrar aspectos como el contexto político y las obsesiones personales, la acción y la reflexión, la realidad y la ficción.

Sin embargo, la novela presenta algunos defectos y problemas. La brevedad impide el adecuado desarrollo de personajes y situaciones (por ejemplo, Ignat tiene dudas acerca de Virginia desde el primer momento, pero pronto se casa con ella); hay también un exceso de ambigüedad e indefinición en todo el relato (los personajes nunca ven claramente, solo “vislumbran” las cosas) y, principalmente, una prosa demasiado pobre, áspera y falta de precisión. La línea en medio del cielo presenta a Francisco Ángeles como un narrador inteligente y original, pero al que aún le falta trabajar mucho todo lo relativo al lenguaje, el elemento más importante de la obra literaria.
(artículo publicado previamente en La República)


Se puede leer fragmentos de la novela en Puente Aéreo y Quipu.
Otros textos sobre La línea en medio del cielo: Fernando Ampuero, Jeremías Gamboa, José Güich, Martín Palma.
Entrevistas: Juan Carlos Gambirazo, Rafael Robles, Tomacini Sinche.

El viaje a la ficción

1 comentario:
vargas
Mario Vargas Llosa. El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara, 2008)

En El viaje a la ficción (Alfaguara, 2008), Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) realiza un minucioso y sistemático estudio de la obra del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (1909- 1994), desde los primeros cuentos, publicados en 1933, hasta la novela Cuando ya no importe (1993). Y el elemento más significativo que encuentra en esta narrativa es “la voluntad de fuga hacia lo imaginario” (las ficciones, los sueños, la locura), tanto de los personajes como del propio autor; un rasgo que MVLL liga a sus conocidas propuestas sobre las ficciones literarias: las del “elemento añadido” y La verdad de las mentiras.

A esta línea de reflexión, desarrollada en el primer capítulo (que remite a las secuencias iniciales de 2001, Odisea espacial, de Stanley Kubrick), se van sumando otras, como la que plantea la “modernidad” del autor de El astillero. Para MVLL Onetti es el primer novelista moderno en lengua española, “el primero en romper con las técnicas ya agotadas del realismo naturalista”, y en aprovechar “las lecciones de Faulkner, de Joyce, de Proust, de Céline…”. Otra tiene que ver con el “estilo crapuloso” (el adjetivo no parece acertado) de Onetti, su prosa tan propensa a los excesos formales, a las agresiones y a la “suciedad”.

Pero estas otras líneas no llegan a desarrollarse plenamente, pues MVLL prefiere hacer un libro ameno y de fácil lectura. Para ello alterna las reflexiones literarias con interesantes anécdotas de la vida de Onetti, breves descripciones del contexto histórico y político (con algunas afirmaciones polémicas, como en la pág. 166) y hasta paralelos con importantes autores de su tiempo: Arlt, Borges, Mallea. Y a pesar de su admiración por Onetti, no deja de reconocer las imperfecciones y errores presentes en casi todas sus novelas, especialmente en las últimas. Solo se anima a calificar de obras maestras a algunos cuentos: “Un sueño realizado”, “Bienvenido, Bob” y “El infierno tan temido”.

No hay aquí grandes aportes críticos ni originales lecturas de los aspectos oscuros de la narrativa de Onetti (lo femenino, la locura, la “desgracia”). Más bien se trata de un valioso trabajo de integración de los estudios y análisis existentes, a los que se suman los sólidos conocimientos de técnica narrativa de MVLL, su muy buena prosa, magnífica formación intelectual y pasión por la literatura. El viaje a la ficción resulta, por todo esto, un saludable rencuentro de MVLL con lo mejor de su producción ensayística, que retorna a su alto nivel después del decepcionante La tentación de lo imposible (2004).
(Artículo publicado originalmente en La República)


Se puede leer el primer capítulo del libro en la página web de Alfaguara.
Otros textos sobre El viaje a la ficción: A. Astorga, Miguel García-Posada, Joaquín Marco, Carlos Villanes.

Aquí murió el payaso

No hay comentarios:
robles
Envenenado por una pastilla roja

Rafael Robles. Aquí murió el payaso (estruendomudo, 2008)

¿Qué tienen en común El hombre araña, Bob Esponja, las actrices porno Silvia Saint y Jenna Jameson y el “Cuto” Guadalupe. Además de ser mencionados reiteradamente en el primer poemario de Rafael Robles, Buena suerte, Peter Parker, todos ellos son verdaderos íconos de una cierta cultura audiovisual y masiva, muy propia de los jóvenes peruanos. En aquel poemario Robles se mostraba como un adolescente típico: un poco solitario, un poco incomprendido, un poco enamorado platónicamente, un poco payaso. Pero eso sí, más inmerso en esa cultura mediática y masiva, que en su propia experiencias y vida personal.

Todo eso cambia radicalmente en su segundo poemario, que ya desde el título anuncia la ruptura: Aquí murió el payaso (estruendomudo, 2008). Estos nuevos poemas parecen referirse a personas reales y a experiencias verdaderamente vividas por el autor. Y la experiencia más importante, sobre la que giran la mayoría de estos textos, es la del amor y la relación de pareja. En especial en la primera sección y la más extensa del libro: “Como Koalas en una piscina”, título que acaso alude a la principal razón por la que los Koalas están extinguiéndose (su supuesta falta de interés sexual).

En “Como Koalas en una piscina” se cuenta completa, aunque en forma un tanto desordenada, una historia: desde que el “yo poético” (el joven personaje que supuestamente habla en el poema) se enamora de una muchacha, hasta la ruptura de la pareja. El primer poema lleva el apropiado título de “Primer intento” y en él se puede leer: “Intentar algo contigo es irse de cara contra el puño de tu hermano”. El último poema de esta sección es la inevitable despedida y concluye con estos versos:

No tengo adónde irme de ti
más que un extraño libro de papel
que todavía no escribo
pero que me gustaría leyeras
cuando los terribles caballeros negros
vengan por mí.
Y así será.


En medio, por supuesto, está lo más interesante, el desarrollo de esta relación, que a diferencia de las del anterior poemario es mucho más carnal que plátónica:

“Dejando de lado lo demás, evoco tu vagina con ternura. Como un beso de hipopótamo amarillo. Como una trampa que me agarra de las mechas. Imagino tu cuerpo, tus nalgas, tus tetas. Dejando de lado todo lo demás, evoco tu vagina con amor.”

Erotismo y sentimientos, pero también imágenes y un empleo bastante creativo de la prosa, pues la mayoría de estos poemas no están escritos en verso sino en una prosa bien trabajada, que incorpora todos los recursos rítmicos y sonoros propios del verso. Es una tendencia de la poesía peruana actual, especialmente la escrita por jóvenes, y que con toda seguridad tiene su mejor expresión en Bombardero el vanguardista y polémico libro de César Gutiérrez. Una influencia reconocida en el propio libro, en el poema “Hacer el amor”, un divertido guiño literario.

Las otras dos secciones del libro son más breves: “El plástico de los edificios” tiene seis poemas y “De vuelta al ruedo” solamente uno, y ambas parecen ser una especie de despedida del mundo de la infancia, visto a la distancia que dan los años y con un tono irónico que sólo esa distancia permite. Robles nos dice que si la formación de una persona es como la construcción de un edificio, nosotros en realidad seríamos edificios bastante endebles, pues nuestros padres emplearon no materiales “nobles” (fierro, cemento, concreto) sino simplemente plástico. En esta línea crítica, el poema más fuerte es “Arenga familiar”. El contexto parece ser el de un joven que se entera que ha embarazado a su enamorada y decide hacerla abortar. Cito un par de fragmentos:

“Usted que ha vencido en tantas batallas, usted que siempre ha salido bien parado, que ha cagado a tantas personas sin despeinarse un pelo. Vamos, vaquero, no me diga que le asusta un niño de quince días de eyaculado, un pedazo de semen innato, un escupitajo de placer que no cayó en la alfombra… Vamos, soldado, no sea cabro que ya no hay marcha atrás. Nunca hay marcha atrás con los días en los que hasta parece bonito matar para vivir tranquilo.”

En líneas generales, Aquí murió el payaso nos muestra que Rafael Robles está en pleno proceso de maduración, tanto literaria como personalmente. Ha salido de ese mundo de cómics, televisión e Internet que nos mostró en Buena suerte, Peter Parker y está haciendo sus primeras incursiones en el mundo adulto: trabajo, relaciones de pareja, decisiones que afectarán todo su futuro. Ya no es el escritor adolescente, sino un poeta joven con una mayor diversidad de recursos y mucho más consciente de lo que es el trabajo literario.

Pero el mayor cambio es que Robles ahora manifiesta una mirada mucho más crítica y cuestionadora. Y eso es precisamente lo que diferencia a la poesía, a la literatura en general, del entretenimiento y la diversión. Volviendo a la cultura audiovisual y masiva antes mencionada, diríamos que el payaso murió envenenado, seguramente por una de esas pastillas rojas que le ofreció Morpheus a Neo en la película Matrix; esas pastillas que nos permiten romper con todos los mitos y fantasías que adormecen nuestra conciencia, y descubrir nuestra verdadera realidad.
(Resumen del texto leído en la presentación del libro)


Se puede leer poemas del libro en el blog Aquí murió el payaso y también en Lado B y Zona de noticias.