Aquí murió el payaso

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Envenenado por una pastilla roja

Rafael Robles. Aquí murió el payaso (estruendomudo, 2008)

¿Qué tienen en común El hombre araña, Bob Esponja, las actrices porno Silvia Saint y Jenna Jameson y el “Cuto” Guadalupe. Además de ser mencionados reiteradamente en el primer poemario de Rafael Robles, Buena suerte, Peter Parker, todos ellos son verdaderos íconos de una cierta cultura audiovisual y masiva, muy propia de los jóvenes peruanos. En aquel poemario Robles se mostraba como un adolescente típico: un poco solitario, un poco incomprendido, un poco enamorado platónicamente, un poco payaso. Pero eso sí, más inmerso en esa cultura mediática y masiva, que en su propia experiencias y vida personal.

Todo eso cambia radicalmente en su segundo poemario, que ya desde el título anuncia la ruptura: Aquí murió el payaso (estruendomudo, 2008). Estos nuevos poemas parecen referirse a personas reales y a experiencias verdaderamente vividas por el autor. Y la experiencia más importante, sobre la que giran la mayoría de estos textos, es la del amor y la relación de pareja. En especial en la primera sección y la más extensa del libro: “Como Koalas en una piscina”, título que acaso alude a la principal razón por la que los Koalas están extinguiéndose (su supuesta falta de interés sexual).

En “Como Koalas en una piscina” se cuenta completa, aunque en forma un tanto desordenada, una historia: desde que el “yo poético” (el joven personaje que supuestamente habla en el poema) se enamora de una muchacha, hasta la ruptura de la pareja. El primer poema lleva el apropiado título de “Primer intento” y en él se puede leer: “Intentar algo contigo es irse de cara contra el puño de tu hermano”. El último poema de esta sección es la inevitable despedida y concluye con estos versos:

No tengo adónde irme de ti
más que un extraño libro de papel
que todavía no escribo
pero que me gustaría leyeras
cuando los terribles caballeros negros
vengan por mí.
Y así será.


En medio, por supuesto, está lo más interesante, el desarrollo de esta relación, que a diferencia de las del anterior poemario es mucho más carnal que plátónica:

“Dejando de lado lo demás, evoco tu vagina con ternura. Como un beso de hipopótamo amarillo. Como una trampa que me agarra de las mechas. Imagino tu cuerpo, tus nalgas, tus tetas. Dejando de lado todo lo demás, evoco tu vagina con amor.”

Erotismo y sentimientos, pero también imágenes y un empleo bastante creativo de la prosa, pues la mayoría de estos poemas no están escritos en verso sino en una prosa bien trabajada, que incorpora todos los recursos rítmicos y sonoros propios del verso. Es una tendencia de la poesía peruana actual, especialmente la escrita por jóvenes, y que con toda seguridad tiene su mejor expresión en Bombardero el vanguardista y polémico libro de César Gutiérrez. Una influencia reconocida en el propio libro, en el poema “Hacer el amor”, un divertido guiño literario.

Las otras dos secciones del libro son más breves: “El plástico de los edificios” tiene seis poemas y “De vuelta al ruedo” solamente uno, y ambas parecen ser una especie de despedida del mundo de la infancia, visto a la distancia que dan los años y con un tono irónico que sólo esa distancia permite. Robles nos dice que si la formación de una persona es como la construcción de un edificio, nosotros en realidad seríamos edificios bastante endebles, pues nuestros padres emplearon no materiales “nobles” (fierro, cemento, concreto) sino simplemente plástico. En esta línea crítica, el poema más fuerte es “Arenga familiar”. El contexto parece ser el de un joven que se entera que ha embarazado a su enamorada y decide hacerla abortar. Cito un par de fragmentos:

“Usted que ha vencido en tantas batallas, usted que siempre ha salido bien parado, que ha cagado a tantas personas sin despeinarse un pelo. Vamos, vaquero, no me diga que le asusta un niño de quince días de eyaculado, un pedazo de semen innato, un escupitajo de placer que no cayó en la alfombra… Vamos, soldado, no sea cabro que ya no hay marcha atrás. Nunca hay marcha atrás con los días en los que hasta parece bonito matar para vivir tranquilo.”

En líneas generales, Aquí murió el payaso nos muestra que Rafael Robles está en pleno proceso de maduración, tanto literaria como personalmente. Ha salido de ese mundo de cómics, televisión e Internet que nos mostró en Buena suerte, Peter Parker y está haciendo sus primeras incursiones en el mundo adulto: trabajo, relaciones de pareja, decisiones que afectarán todo su futuro. Ya no es el escritor adolescente, sino un poeta joven con una mayor diversidad de recursos y mucho más consciente de lo que es el trabajo literario.

Pero el mayor cambio es que Robles ahora manifiesta una mirada mucho más crítica y cuestionadora. Y eso es precisamente lo que diferencia a la poesía, a la literatura en general, del entretenimiento y la diversión. Volviendo a la cultura audiovisual y masiva antes mencionada, diríamos que el payaso murió envenenado, seguramente por una de esas pastillas rojas que le ofreció Morpheus a Neo en la película Matrix; esas pastillas que nos permiten romper con todos los mitos y fantasías que adormecen nuestra conciencia, y descubrir nuestra verdadera realidad.
(Resumen del texto leído en la presentación del libro)


Se puede leer poemas del libro en el blog Aquí murió el payaso y también en Lado B y Zona de noticias.

Una morada tras los reinos

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Denisse Vega. Una morada tras los reinos (Lustra, 2008)

Con Una morada tras los reinos la escritora Denisse Vega (Trujillo, 1986) obtuvo recientemente el Premio Poesía Joven del Perú, otorgado por el Centro Cultural de España. El libro es en realidad un largo poema que describe el mundo de hoy a través del imaginario empleado en las ficciones posapocalípticas. La sociedad posmoderna y globalizada vista como reinos crueles y violentos de los que el yo poético intenta desesperadamente escapar, aunque sea a través de la irreal morada de la fantasía.

Son las descripciones de esos reinos, en las que se mezclan lo orgánico con lo inanimado, lo que más llama la atención del poema: “animal de ceniza/ esteparia sangre /cóagulos de cieno mal zurcidos”. El propio hablante se presenta a sí mismo en términos similares (“mi vacío lleno de cobalto /de aves enfermas dueñas de palabras...”), y también a los otros personajes de esta ficción: el Rey, símbolo de la autoridad y el poder, y un innominado niño que representa la inocencia y la esperanza. A ellos se suma una voz que se expresa en los poemas escritos en cursiva; una voz que se alterna con la del hablante y que parece simbolizar una cierta sabiduría ancestral que guía al yo poético en su huida de los reinos infernales.

Partiendo de este esquema, Vega crea y sostiene acertadamente su peculiar universo poético. Pero a medida que avanza en la lectura se hacen sentir algunas deficiencias: no hay ninguna evolución en el hablante y tanto el rey como el niño devienen en algo así como categorías decorativas; y hasta las ya mencionadas descripciones se vuelven demasiado reiterativas y retóricas. De la tan ansiada morada solo se conocen vagas generalidades, como que es el único lugar en el que existen la libertad, los sueños y el amor. Finalmente, en el último poema, la “sabiduría” nos hace una revelación que le da un nuevo e inesperado sentido al texto.

Las palabras “reino” y “morada” remiten inevitablemente a una línea dentro de la literatura peruana; la de la poesía que crea universos personales y subjetivos, iniciada por Eguren y continuada por Jorge Eduardo Eielson y Javier Sologuren (entre otros), autores de Reinos y El morador, respectivamente. Denisse Vega inscribe su poesía dentro de esa tradición, aunque el mundo que nos presenta en Una morada tras los reinos (en cuya portada se aprecia una pintura de Eielson) esté más cerca de las más pesimistas pesadillas que del purismo y virtuosismo formal de aquellos poetas de la generación del 50.
(Artículo publicado originalmente en La República).



Se puede leer fragmentos del poema en Matriz musical (el blog de Denisse Vega) y Periódico de poesía.
Otros artículos sobre Una morada tras los reinos: José Donayre, Camilo Fernández, José Güich, Róger Santiváñez.

El siguiente video es de la presentación del libro. Hablan el escritor Arturo Corcuera y la autora.

Ribeyro, la palabra inmortal

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Jorge Coaguila. Ribeyro, la palabra inmortal (Tierra Nueva, 2008)

Conozco de cerca la historia de Ribeyro, la palabra inmortal, pues compartí aulas universitarias con Jorge Coaguila, cuando ambos éramos estudiantes sanmarquinos. Jorge estudiaba Comunicación Social, pero debido a su gran pasión por la literatura, tenía buenos amigos entre nosotros, los estudiantes de Literatura. Un día Jorge se animó a visitar al mismo Julio Ramón Ribeyro, un escritor de culto y uno de los mayores narradores peruanos del siglo XX. Ese encuentro fue el inicio de una amistosa relación entre cuyos frutos están las seis largas y valiosas entrevistas reunidas en este libro, en las que el narrador limeño muestra su lado más íntimo y humano.

En estas entrevistas, y no obstante el respeto y la admiración hacia el escritor, Jorge Coaguila llega algunas veces a cuestionarlo severamente. Acerca del reconocido escepticismo le pregunta a quemarropa: “¿No le parece que el escepticismo es una manera cómoda de librarse de los problemas?”. O, a partir del comportamiento de algunos personajes: “¿No le parece que en sus cuentos y novelas se percibe un cierto racismo?” Las respuestas de Ribeyro, llenas de humildad y sentido del humor, hablan claramente de la afectuosa relación que tuvo con Jorge.

Esas entrevistas constituyen la primera de las tres partes del libro. En la segunda se reúnen las críticas y ensayos que Jorge ha escrito sobre la obra de Ribeyro. En esos textos hay artículos sobre los cuentos de La palabra del mudo; sobre las novelas Crónica de San Gabriel, Los geniecillos dominicales, Cambio de guardia; y sobre los libros Teatro completo, La caza sutil, Prosas apátridas, Dichos de Lúder, La tentación del fracaso y Cartas a Juan Antonio. Los ensayos, por su parte, analizan diversos aspectos de la vida y obra de Ribeyro, desde su accidentada amistad con Mario Vargas Llosa hasta la función de lo trágico y lo cómico en la narrativa ribeyriana. Todos estos artículos y ensayos fueron publicados originalmente en importantes diarios y revistas culturales.

La tercera y última parte del libro reúne textos escritos por el propio Julio Ramón Ribeyro y que hasta ahora han permanecido inéditos: un fragmento de una novela inédita, que al parecer Ribeyro no llegó a completar, así como páginas de una autobiografía, que también quedó inconclusa e inédita a la muerte del escritor, y una serie de cartas dirigidas al escritor Luis Loayza. Complementan esta tercera edición del libro, corregida y aumentada de Ribeyro, la palabra inmortal, un glosario, con citas temáticas de la obra de Ribeyro, un índice onomástico y una reseña biográfica del narrador limeño.
(Resumen del texto leído en la presentación del libro, en la 13° FIL 2008)


Otros artículos sobre Ribeyro, la palabra inmortal: José Güich.
En el blog de Jorge Coaguila, El dedo en la llaga, se pueden leer las seis entrevistas (uno, dos, tres cuatro, cinco y seis) a Julio Ramón Ribeyro y buena parte de los textos del libro.

La conquista de la diferencia

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Eugenio Barba. La conquista de la diferencia (San Marcos/ Yuyachkani, 2008)

Con motivo de la visita a nuestro país del Odin Teatret, grupo danés de teatro considerado entre los más importantes del mundo, la editorial San Marcos y Yuyachkani han publicado los libros La conquista de la diferencia de Eugenio Barba, director y fundador del Odin Teatret, y Piedras de agua de Julia Varley, actriz y dramaturga, destacada integrante de ese grupo. Ambos textos tienen un abierto carácter testimonial y autobiográfico, pero además están cargados de reflexiones sobre las teorías y prácticas del teatro contemporáneo.

Eugenio Barba nació en Brindisi (Italia) en 1936, pero desde muy joven comenzó a recorrer el mundo. A los 25 años (tras pasar largas temporadas en Francia y Noruega) estaba en Polonia como discípulo de Jerzy Grotowski, una de las grandes personalidades del teatro del siglo XX. Ese feliz encuentro y el descubrimiento de las propuestas de Meyerhold, Stanislavski, Brecht, Brook es narrado en “Diálogo con los antepasados”, el primer capítulo del libro de Barba. Los demás, entre los que se incluyen cartas personales y discursos del autor, son llamados también “diálogos”: con el oficio, con la historia y con A. Latina.

Como parte de este testimonio de primera mano, Barba cuenta en detalle toda la historia del Odin –fundado en Oslo, en 1964–, pero también dedica páginas a otros aspectos de su vida: sus experiencias en nuestro continente: su amistad con el peruano Mario Delgado (director de Cuatrotablas) o su participación en el Primer Encuentro de Teatro de Grupo. En lo teórico, explica con amplitud –aunque de manera un tanto desordenada– conceptos y términos que suelen ser asociados con las propuestas del Odin: antropología teatral, tercer teatro, habitación fantasma y especialmente el entrenamiento y los famosos “ejercicios”.

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Una explicación mucho más detallada sobre esos Ejercicios –origen, métodos y propósitos– es la que nos brinda Julia Varley (Londres, 1954) en Piedras de agua, libro publicado originalmente en italiano. Varley basa su libro en su experiencia personal de actriz, desde su prolongada formación (determinada incluso por encuentros casuales) hasta los entretelones de la creación e interpretación de personajes específicos, siempre desde una perspectiva de género (Varley es una de las cabezas del Proyecto Magdalena). Más orgánico y sistemático, este libro tiene capítulos dedicados a “El director”, “El personaje”, ”El espectáculo”, “Improvisación y composición”, entre otros temas. Ambos libros son del mayor interés para seguir la trayectoria de dos grandes teatristas de hoy.
(Artículo publicado previamente en La República)

La siguiente entrevista es del programa Presencia cultural.