Aves de la ciudad y alrededores

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Rafael Espinosa. Aves de la ciudad y alrededores (Álbum del Universo Bakterial, 2008)

A pesar de pertenecer cronológicamente a la generación del 80, el poeta Rafael Espinosa (Lima, 1962) recién publicó su primer libro, Reclamo a la poesía, en 1996. A ese título le seguirían, entre otros, Geometría (1998), Pica-Pica (2001) –ambos finalistas en el Premio Copé– y Book de Laetitia Casta (2003), uno de los más elogiados en “Post 2000. Nueva poesía peruana” el polémico ensayo de Lauer y Montalbetti. Continuando en su propuesta cultista y barroca, Espinosa acaba de publicar el libro Aves de la ciudad y alrededores, perteneciente a la colección Álbum del Universo Bacterial.

Los seis textos de este libro remiten al universo de las relaciones más íntimas, a la familia y la pareja. El primer poema es precisamente “El matrimonio”, un monólogo en que el hablante parece abandonarse a la sonoridad y al fluir del lenguaje o de la propia retórica poética. Pero sólo en apariencia, pues hay de por medio una crítica e irónica reflexión sobre el motivo del poema, a pesar del hermetismo de ciertos versos e imágenes: “Estar casado parece la agenda / solo posible para el que entra a vestir el / cuerpo de un desterrado político. / La política de estarlo, una suspensión…”.

En esas imágenes van apareciendo las aves urbanas (pájaros, palomas, gallinazos) aludidas en el título del libro y que son los símbolos más recurrentes en la poesía de Espinosa, como el colibrí de Pica-Pica. En “Seguida ave”, el contexto es presentado en detalle: el hablante y su amada están en un parque de Miraflores, mirando a una adolescente. El amor, el deseo, la belleza, el paso del tiempo, los recuerdos y la muerte son algunos de los temas abordados tangencial y desordenadamente en las 14 páginas de este monólogo. Escenas similares son las que motivan los poemas “Estatua humana” (una bolsa arrastrada por el viento, como en American Beauty) y el viaje en avión del hijo adolescente, en “A Cayetano Espinosa”.

Como comentamos a propósito de Geometría, los peligros de esta propuesta son las fusiones caprichosas, los excesos formales, lo disonante de ciertas palabras y versos; las “verrugas” que Lauer encontró en Book de Laetitia Casta. Pero son los riesgos inherentes a toda verdadera aventura poética, pues la búsqueda de expresividad lleva muchas veces a cometer audacias con el lenguaje. Aunque no alcanza el nivel de algunos de los poemarios mencionados, Aves de la ciudad y sus alrededores confirma que Rafael Espinosa es una de las voces más interesantes de la poesía peruana actual.


Otros textos sobre Aves de la ciudad y alrededores: Abelardo Oquendo.

Crónica de amores furtivos

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Sandro Bossio. Crónica de amores furtivos (San Marcos, 2008)

El escritor Sandro Bossio (Huancayo, 1970) se hizo conocido al figurar entre los finalistas de importantes concursos de cuento, tanto locales como internacionales. Poco después publicó su primer libro, la novela histórica El llanto en las tinieblas (2002) –premio novela corta del BCR, reeditada numerosas veces–, que recibió entusiastas elogios de la crítica periodística y académica. Tras seis años de silencio, Bossio nos entrega su segundo libro, Crónica de amores furtivos (E. San Marcos, 2008), una recopilación de 16 cuentos que abarca casi 20 años de producción literaria.

Hay en este libro cuentos muy diversos: policiales, históricos, fantásticos, realistas. Incluso combinaciones de estos tipos, como ocurre en "Concilio mayor", el más extenso (casi una novela corta), un relato policial que nos remite a Huancayo en el siglo XVI y a un convento dominico en el que se produce una serie de misteriosos crímenes. Como en su novela, la principal virtud literaria de Bossio en este cuento es el lenguaje artísticamente trabajado, con "un vocabulario hábilmente manejado, que nos confirma en el mundo literario en que el autor busca situar al lector" (Luis Jaime Cisneros, sobre El llanto en las tinieblas).

Al lenguaje hay que sumar un destacable manejo de las técnicas narrativas y el acertado desarrollo de algunas tramas. Varios relatos tienen incluso un final sorpresivo que parece dar vuelta a lo narrado hasta entonces. "Retornos", "El juego de las equivalencias" y "En busca del Paititi" están entre los más logrados cuentos del libro y combinan atmósferas realistas con finales fantásticos, o al menos "extraordinarios", a la manera de Poe. Abiertamente fantásticos son "El hombre que habló con la muerte" y "El fin del infinito", ambos con personajes sobrenaturales que, a su paso por este mundo, establecen vínculos afectivos demasiado humanos.

Hay también cuentos de atmósfera –como "Réquiem para una pianista polaca" y "Crónica de amores furtivos"–, de realismo extremo ("Kassandra", "Insalvables diferencias de una pareja dispar") y una serie de relatos sobre la violencia política de los años 90 ("Daños colaterales", "El valle de los mutilados", "El largo tren del olvido"). Sin embargo, en estos registros Bossio muestra todavía ciertas deficiencias, y los relatos resultan inferiores a los mencionados previamente. No obstante estos altibajos, Crónica de amores furtivos es un buen libro de cuentos, uno de los mejores publicados en nuestro medio en el año que está por terminar.
(Artículo publicado previamente en La República)


En Internet se pueden leer los cuentos "Kassandra", "Crónica de amores furtivos", "Adela se viste de luto" y "El valle de los mutilados".

El país de la canela

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William Ospina. El país de la canela (Norma, 2008)

En El país de la canela (Norma, 2008), el escritor colombiano William Ospina (Tolima, 1954) continúa su ambiciosa saga novelesca sobre la conquista española del continente americano. Esta vez la narración está centrada en la expedición que descubrió y recorrió por primera vez el río Amazonas. Una expedición que partió del Perú –organizada y dirigida al inicio por Gonzalo Pizarro– y cuya finalidad era encontrar un fabuloso lugar en medio de la selva, con "interminables bosques de canela". No hay que olvidar que entonces la canela, las especias en general, tenían casi tanto valor como el oro.

El protagonista y narrador es Cristóbal de Aguilar, ficticio conquistador de segunda generación, hijo de una indígena y de uno de los más cercanos colaboradores de Francisco Pizarro, uno de los recordados Trece de la Isla del Gallo. Cristóbal participa en la mencionada expedición, un accidentado viaje de 18 meses en los que pasa hambre y todo tipo de penalidades, además de ser testigo de los peores abusos de los españoles. Finalmente, los sobrevivientes navegan por todo el Amazonas, con sus maravillas naturales y seres misteriosos, como las guerreras que dieron nombre al río.

Como en Ursúa (2005), la primera parte de esta saga, Ospina logra darle a los sucesos históricos el carácter de epopeya literaria gracias a su esmerado trabajo con el lenguaje, tanto en los aspectos sonoros como en las imágenes y símiles de aliento poético, que remiten a las grandes obras épicas de todos los tiempos. Son de destacar las reflexiones de Cristóbal, quien es también hombre de letras que une la erudición con la sabiduría personal. Pero, en contraste con el libro anterior, sorprende la pobreza de las descripciones, ya sea de la naturaleza o de las costumbres y creencias de los pobladores de la selva.

A caso esta y otras deficiencias se deban al estricto apego del autor a las fuentes históricas. En la Odisea, modelo de obra literaria de grandes viajes, Ulises y sus compañeros tienen aventuras y conocen seres fabulosos en cada isla o país a los que llega su barco. Cristóbal y sus compañeros, al contrario, no muestran ningún deseo de bajar de la embarcación o establecer contacto con los habitantes de la amazonía, ni siquiera parecen tentados en la riqueza y diversidad de la flora y fauna que descubren. Preferimos, por eso, las locuras y excesos narrados en Ursúa a este caudaloso, aunque muy bien escrito, viaje por El país de la canela.
(Artículo publicado previamente en La República)

Entrevistas: Francisco Ángeles, Radio Caracol, Sergio Villamizar.

A ciegas

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Claudio Magris. A ciegas (Anagrama, 2007)

El escritor italiano Claudio Magris (Trieste, 1939) ha dicho que su más reciente ficción, A ciegas (Anagrama, 2007), "es la única novela comunista de la última década". No es la única, pero sí una de las pocas escritas por un autor mundialmente reconocido (Magris suele estar en las listas de candidatos al Nobel de Literatura) en la que se hace un abierto y entusiasta elogio del luchador social de "izquierda" a través de la figura de Salvatore Cippico, un ficticio militante comunista nacido en 1910 y que participó en la guerra civil española, la segunda guerra mundial, las pugnas entre Tito y Stalin, entre otros muchos sucesos históricos.

Este relato es un extenso monólogo (el libro tiene casi 400 páginas) en el que Salvatore, casi centenario y recluido en un sanatorio mental, rememora su accidentada historia, desde su nacimiento en Tasmania (aunque sus padres eran italianos) hasta su propia muerte. Pero su discurso es sumamente desordenado y lleno de incoherencias: narra los diversos episodios entremezclándolos con continuos saltos en el tiempo y además confundiendo nombres, personajes y épocas. A ello se suma que Salvatore también cuenta simultáneamente la vida del aventurero Jorgen Jorgensen (1780-1841), personaje histórico que se autoproclamó rey de Islandia y terminó sus días en una prisión australiana.

A esas complicaciones de la trama hay que agregar la dimensión simbólica, bastante elaborada en esta novela, y que se manifiesta tanto en la recurrente presencia de mascarones de proa, alusiones al mito griego de los argonautas, como en el tratamiento de los personajes femeninos (todos parecen manifestaciones de un solo gran arquetipo). Y, dado que Magris es un reconocido ensayista (tal como lo demostró en El Danubio y Microcosmos), también las elaboradas reflexiones de Salvatore sobre el destino humano, la conciencia social, la historia política y de las ideologías en los dos recientes siglos, el cristianismo y la fe religiosa en general, y muchos otros temas.

A ciegas es una interesante y buena novela, aunque es de lamentar que Magris no haya logrado la mejor expresión literaria para tan ambicioso y elaborado proyecto. La narración resulta por momentos demasiado confusa y difícil de seguir, un problema que solo se supera en los últimos capítulos. Además, si bien es posible encontrar algunos pasajes muy bien escritos y cargados de emotividad, en la mayoría de las páginas prima una cierta frialdad y distancia (acaso por el constante recurso a la ironía) tanto en las descripciones como en la narración.
(Artículo publicado previamente en La República)


En Internet se puede leer el primer capítulo de la novela.
Otros artículos sobre A ciegas: Salvador Barros, Alejandro Gándara, Pablo Romero, Pedro Sorela, Paco Soto, Darío Villanueva,