Guía de la historia del cine italiano

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Gian Piero Brunetta. Guía de la historia del cine italiano (IIC-PUCP, 2008)

El crítico e historiador del cine italiano Gian Piero Brunetta (Cesena, 1942) es autor del importante libro Storia del cinema italiano (4 tomos, 1993), fruto de una investigación de más de 40 años. El propio Brunetta sintetizó este trabajo en un único y amplio volumen, que acaba de ser traducido y publicado en nuestro país con el título de Guía para la historia del cine italiano (2008), en un esfuerzo conjunto del Instituto Italiano de Cultura y la Filmoteca de la PUCP.

Este libro presenta los más de 100 años del cine italiano tanto a través de abarcadoras panorámicas como de interesantes reflexiones sobre autores y obras específicas. A ello se suma además una mirada siempre atenta a la interacción entre el arte (la cultura en general) y el contexto histórico. Así, los cinco capítulos en que está dividido este amplio trabajo corresponden también a cinco "eras" en la historia italiana del siglo XX.

La primera es "La era del cine mudo". Los italianos iniciaron la actualización, a través del nuevo arte, de la gran tradición cultural occidental, de sus mitos y paradigmas. No solo hicieron exitosas versiones de clásicos de la literatura –Otello (1907), Romeo e Giulietta (1908)–, también películas históricas de todo tipo, entre ellas los famosos ‘peplums’, ambientados en la antigüedad greco-romana. Según Brunetta, "el género alcanza la madurez y el pleno desarrollo entre 1913 y 1914 y se impone a nivel mundial".

La segunda gran etapa abarca a dos generaciones, aquí presentadas en los capítulos: "Del neorrealismo a la Dolce Vita" y "Del boom a los años de plomo". En el primero se analizan las obras de Rossellini, De Sica, Visconti, Fellini y Antonioni. En el segundo, las de Olmi, Pasolini, Bertolucci, Bellocchio, Ferreri, Scola, Risi, etc. Además de este cine "de autor", que puso a Italia en la vanguardia del cine mundial, se estudian géneros exitosos (comedia, "spaguetti western", terror), así como las trayectorias de los intérpretes más significativos.

Brunetta destaca que, en sus mejores momentos, el cine italiano se ha alejado del modelo industrial para optar por el "taller renacentista", haciendo del talento artístico una marca de identidad. Primera historia del cine italiano que se publica en hispanoamérica, esta útil Guía... ha sido puesta al día con un epílogo del autor que llega hasta el 2007 y cuenta además con una presentación a cargo del reconocido crítico Federico de Cárdenas, una minuciosa cronología (1895-2003) y filmografía que recoge los títulos originales y los de su exhibición en el Perú y España.
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre Guía de la historia del cine italiano: Isaac León Frías.

Toque de queda

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Raúl Tola. Toque de queda (Planeta, 2008)

Antes de hacerse conocido como periodista de televisión, Raúl Tola (Lima, 1975) debutó literariamente con la novela Noche de cuervos (1999), que sirvió de base a la película Bala perdida de Aldo Salvini. Pero fue con Heridas privadas (2002), una serie de relatos enlazados entre sí y a medio camino entre la novela y el libro de cuentos, que Tola llamó la atención de la crítica con su propuesta que apelaba a las más modernas técnicas e influencias de la narrativa norteamericana. Seis años después, Tola radicaliza esa propuesta en Toque de queda su nuevo libro de relatos.

Son 16 los textos aquí reunidos, todos relatos independientes de entre dos y diez páginas de extensión. Y aunque la carátula y el título del libro hagan pensar en la violencia política de las décadas pasadas, ese tema sólo aparece en algunos cuentos. Lo que sí es una constante es la presencia de personajes solitarios y retraídos, cuyas vidas transcurren en los márgenes de la sociedad. En “Roxi espera”, por ejemplo se trata de un travesti que todos los jueves, en los alrededores del malecón de Miraflores, se encuentra con “un hombrecillo escuálido y calvo”. El final de esta peculiar relato de amor es completamente anticlimático: Roxi reconoce a su amante en la calle y al tratar de acercarse a él “… tropieza y cae, sintiéndose tontita”.

Una historia similar es la de “Un lugar llamado Antonia”. La protagonista es una prostituta bondadosa de un pueblo tan pequeño que, afirma ella, “todos (los hombres del pueblo) habían pasado en mis brazos la última noche de su inocencia”. En “El sobre” Santiago es “un hombrecito morocho y feo”, portero y encargado de la limpieza en una importante revista, quien recibe por ese trabajo “un sueldo de hambre y un cuartito en el sótano”. La soledad y desamparo de estos personajes es experimentada también por el lobo de “El método” y por los emigrados (africanos y latinoamericanos radicados en España) de “La Jauría”, el primer y el último cuento del libro, respectivamente.

La irracional violencia subversiva (“Toque de queda”, “La víspera”) y antisubversiva (“La chica de la posada”) hace que incluso personajes socialmente adaptados, y hasta acomodados, compartan la sensación de ser sobrevivientes indefensos. Pero los mejores relatos del libro son aquellos en que Tola le otorga esos rasgos a sus personajes sin recurrir al efectismo de explosiones o matanzas. En “La garza blanca”, por ejemplo, el tema es precisamente el rechazo de la violencia de la cacería, aunque ésta sea casi un “rito de paso” para los hombres de ciertas clases sociales. En la misma línea hemingwayana, y también protagonizado por un anciano, está “El veterano”.

No obstante, lo radical de las opciones narrativas de Tola contribuye poco al desarrollo de los cuentos. El minimalismo y la fragmentación de Heridas privadas son llevados aquí al extremo, convirtiendo la mayoría de los textos en una simple yuxtaposición de escenas apenas esbozadas, a la manera de un videoclip. En “Los últimos invitados” se nos muestra a José como un comprensivo y amable jefe de familia; pero, en las últimas líneas, nos enteramos que José tiene secuestrada y sometida a las peores vejaciones a una muchacha. La misma estrategia se emplea en “Eleazar López, ídolo del pueblo”, “Paciente en casa” y “Criaturas irracionales”, que remite inevitablemente a un muy difundido incidente, protagonizado por el propio autor y su novia, una conocida actriz.

A la fragmentación al interior de los relatos se suma la dispersión del conjunto. Si en el anterior libro los cuentos tenían varios personajes en común (lo que le daba unidad y coherencia al conjunto), en Toque de queda, Tola apuesta más bien por la diversidad: desde la fábula a la manera de Esopo (“El método”), hasta el experimentalismo de “La jauría”. Por todo ello, Toque de queda resulta un libro demasiado irregular y confuso, acaso el más débil de los tres publicados hasta ahora por Tola.


En Internet se puede leer el cuento "El sobre".
Otros textos sobre Toque de queda: Juan Francisco Ugarte.
Entrevistas: Planeta, Carlos Sotomayor.

Retablo

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Julián Pérez. Retablo (Editorial San Marcos, 2008)

En la línea de la mejor narrativa indigenista, especialmente la de Ciro Alegría, la novela Retablo (Editorial San Marcos, 2008), cuya reciente tercera edición motiva estas líneas, cuenta la historia de varias generaciones de pobladores de un pequeño pueblo del interior del país, centrándose en el viejo problema de la injusta distribución de la tierra. Esta ambiciosa novela –con la que su autor, el ayacuchano Julián Pérez (1954) obtuvo el Premio Federico Villarreal 2003– es considerada por la crítica una de las más importantes entre las escritas sobre el tema de la violencia política de las décadas pasadas.

El pueblo de Pumaranra, en la provincia de Víctor Fajardo (Ayacucho), es el eje de esta historia. Ahí radica la familia Medina, identificada con las luchas reinvindicativas de los más pobres: el arriero Gregorio, su hijo Néstor (líder comunal, asesinado por ese motivo) y sus nietos Grimaldo (militante de un movimiento subversivo) y Manuel, el principal narrador de la novela. También las mujeres de la familia tienen un importante rol, especialmente Escola, madre de Manuel, quien es una excelente narradora oral. Algunos de sus extensos relatos están incluidos aquí, sumándose a las numerosas historias secundarias presentes en el texto.

Este material (episodios violentos, páginas plenas de una sexualidad carnavalesca, pasajes de lírico intimismo, relatos tradicionales) que abarca más de 40 años y diversos escenarios (Ayacucho, Ica, Lima) está estructurado a la manera de las novelas de Faulkner, cambiando constantemente el "tiempo", los lugares y los narradores. Los 36 capítulos parecen, al principio, fragmentos yuxtapuestos casi aleatoriamente, lo que dificulta un tanto la lectura. Sin embargo, en el tercio final, todas las historias convergen en un suceso: la emboscada en la que mueren Grimaldo y todos los miembros de la célula subversiva de la que formaba parte.

Hay muchos aspectos que destacar en esta novela: su carácter testimonial, la correcta integración de la violencia política a la temática de la narrativa indigenista, lo logrado de los personajes (en algunos de los cuales encontramos tanto el heroismo más elevado como una cierta promiscuidad sexual) o lo arriesgado del lenguaje, pues el español "diglósico"de Manuel une (no siempre con eficacia) algunos elementos del quechua con otros de la jerga urbana y costeña. Retablo es una muy buena novela, como ya han afirmado el crítico Ricardo González Vigil, el escritor Miguel Gutiérrez, entre otros.
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre Retablo: Miguel Gutiérrez, Carmen Ollé.
Entrevistas: La Primera.

Los dueños de astros ajenos

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Percy Vílchez Vela. Los dueños de astros ajenos (Tierra Nueva editores, 2008)

El escritor Percy Vílchez Vela (Loreto, 1960) es un destacado animador de la actividad cultural en el oriente peruano, ya sea como integrante del grupo Urcututu (entre cuyos miembros figura la poeta Ana Varela), por su labor periodística o por su reconocida obra poética. Pasando de la poesía al ensayo, Vílchez acaba de publicar el libro Los dueños de astros ajenos. La historia desde la visión amazónica, un recorrido crítico por los más de cuatro siglos de accidentadas relaciones entre los hombres de la amazonía y sus compatriotas costeños y andinos; entre las tradiciones y culturas ancestrales de la región y los siempre fallidos intentos de evangelización y modernización que han tenido que soportar.

Como hizo el uruguayo Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina (1971), Vílchez aborda diversos aspectos de la historia de la amazonía, empezando por sus sucesivos “descubrimientos” por parte de españoles ávidos de riqueza. En este punto, un mito importante es el de El Dorado, la utópica ciudad de oro, que en nuestra amazonía cambió su nombre por el de Paititi; aunque no por ello se hizo más real. Se pasa revista aquí –en los capítulos "Navegantes antiguos en el Amazonas" y "Los reinos imposibles"– con un mezcla de aliento épico y humor negro las trágicas aventuras de personalidades históricas como Lope de Aguirre, Francisco de Orellana y Pedro de Ursúa. Ninguno de ellos pudo vencer la resistencia de los nativos ni la de la propia naturaleza.

Aunque el libro está divido en capítulos dedicados a temas específicos, estos no han sido escogidos de una manera acertada, por lo que se hace necesario rastrear ciertos tópicos a lo largo de todo el texto. Eso sucede, por ejemplo en lo que respecta al activo rol de la amazonía en la lucha por la independencia del país ante el colonialismo español, desarrollado en el capítulo "Las emancipaciones anticipadas". Pero todo lo referente a la sublevación de Juan Santos Atahualpa, el cuadillo cusqueño que a mediados del siglo XVIII logró establecer, en plena selva central, un enclave casi independiente del poder colonial –una de las mayores “emancipaciones anticipadas” de nuestra historia– figura en el capítulo "La guerra celestial", dedicado más bien a los aspectos religiosos.

Es precisamente este capítulo, el religioso, el más débil del libro. Vílchez se muestra demasiado temeroso para refutar las disparatadas hipótesis que sobre la selva sudamericana elaboraron los primeros evangelizadores católicos, como la leyenda de que insignes personajes (Santo Tomás, algunos apóstoles) estuvieron de paso alguna vez por ahí. Esa actitud del ensayista muestra lo hondo que ha calado la evangelización en la mentalidad de los pobladores de la selva. Uno de los pasajes más extraños del libro es aquel en que Vílchez establece la posibilidad de que Cumbanama, una deidad prehispánica de la región, resulte ser el mismo “Dios uno y trino” de los católicos. Como si con eso Cumbanama ganara dignidad.

Otros capítulos del libro son "Los descubrimientos indígenas", que pasa revista a las primeras aproximaciones de los nativos de la selva a las ciudades más importantes de la Colonia (Quito, Lima); "La expropiación del fuego artístico", recuento de motivos y corrientes literarias y artística desarrolladas en la selva peruana pero cuyos orígenes se remontan al continente europeo; y "La rebelión de los ritos", análisis de los procesos de resemantización y sincretismo mediante los cuales los ritos y celebraciones cristianas se han transformado en expresiones tan diferentes y propias de la región como las Pascuas Indígenas y la gran fiesta de San Juan.

A pesar de las fallas estructurales, de una cierta falta de rigor en el manejo de las fuentes, y de los recurrentes errores gramaticales (faltó un buen corrector), Los dueños de astros ajenos es un libro valioso y de muy amena lectura. En sus páginas encontramos historias tan fascinantes como la larga peregrinación del pueblo Cocama (los descubridores de las propiedades del caucho) o la de la concesión del gobierno peruano –en 1953– de 400,000 Km. cuadrados de nuestra amazonía al empresario norteamericano Robert Gilmour le Tourneau.
(Artículo publicado previamente en La Primera)


La siguiente entrevista es de Pro & Contra.