La mujer cambiada

1 comentario:
ruiz
Teresa Ruiz Rosas. La mujer cambiada (Editorial San Marcos, 2008)

La escritora Teresa Ruiz Rosas (Arequipa, 1956) ha estado siempre ligada al quehacer literario, ya sea como traductora (radica en Alemania) o como creadora. Hija y hermana de conocidos poetas (José y Alonso, respectivamente) destaca, no obstante, en la narrativa: su primera novela, El copista (1994) fue finalista del premio Herralde y su cuento Detrás de la calle de Toledo obtuvo el premio Juan Rulfo 1999. Ella acaba de presentar su tercera novela, La mujer cambiada, un drama cuyo trasfondo es la violencia política de los últimos decenios en nuestro país.

Elvira Peña es una ayacuchana que llega a una exclusiva clínica limeña para que le cambien el rostro. Ahí hace amistad con el Dr. Gerardo Bustíos, quien realiza la operación y se convierte en su socio. El primer tercio de la novela está centrado en esa amistad, hasta que Elvira tiene que enfrentar su pasado, el motivo del cambio de rostro. Casada con un poderoso ganadero, lo abandonó por Felipe Arréstegui, un profesor universitario que desapareció, aparentemente asesinado por subversivos. Lo que se descubre entonces es que Felipe murió en un cuartel del ejército, donde estuvo encerrado y sometido a las peores torturas.

Estamos ante un relato en la línea que inició Alonso Cueto con sus novelas Grandes miradas y La hora azul. Como en ellas, aquí la protagonista descubre los excesos y crímenes cometidos en la lucha contra la subversión a través de diálogos con efectivos del ejército ya retirados. Y también como Cueto, incluso en mayor grado, Ruiz Rosas se deja llevar por la tentación costumbrista, por la reproducción "directa" del lenguaje de sus personajes (empleando uno cargado de lugares comunes) y por la acumulación de detalles para enfatizar las diferencias sociales, especialmente en los ámbitos correspondientes a la "clase alta".

Hay otros problemas en La mujer cambiada (errores en la trama, cierta teatralidad y efectismo), pero no por ellos deja de tener pasajes de intensa emotividad o de valor documental, pues reconocidas personalidades aparecen con sus nombres reales o apenas cambiados. No obstante, dado que la obra figuró también entre las finalistas del premio Herralde, cabe preguntarse si estas novelas sobre la violencia política, que ponen tanto énfasis en los detalles costumbristas y el "color local" (otro ejemplo es Abril rojo de Santiago Roncagliolo), no se están convirtiendo en una fórmula narrativa netamente "de exportación".
(Artículo publicado previamente en La República)

El hombre de la azotea

2 comentarios:
sanchez
Abelardo Sánchez León. El hombre de la azotea (Alfaguara, 2008)

El sociólogo y escritor Abelardo Sánchez León (Lima, 1947) es uno de los mejores poetas peruanos surgidos durante la década de 1970, junto con Enrique Verástegui, José Watanabe y los integrantes del grupo Hora Zero. Paralelamente a su obra poética (que a la fecha abarca diez libros), ha escrito una también importante serie de novelas –Por la puerta falsa (1991), La soledad del nadador (1996) y El tartamudo (2002)– en las que es posible encontrar, tras las tramas, las observaciones y reflexiones del sociólogo. Sánchez León acaba de publicar una nueva novela, El hombre de la azotea (Alfaguara, 2008), en la que por fin se decide a poner en primer plano el mundo de los investigadores sociales peruanos.

El protagonista de esta novela es Gustavo Ibáñez, sociólogo limeño y directivo de una de las más importantes ONG del medio. Tras largos años de servicio en esa institución, Gustavo es despedido intempestivamente. Pero ese tiempo de trabajo, dedicado más que nada redactar farragosos e intrascendentes “informes”, lo ha llevado a un cierto grado de alienación y a la obsesión por seguir redactando informes. Su esposa Victoria encuentra en ese detalle el pretexto para deshacerse de él (para entonces ella se ha convertido en amante de un joven colega de Gustavo), encerrándolo en la azotea de su casa y proporcionándole todo lo necesario para que se dedique a esa actividad.

El cuerpo de la novela no es otra cosa que ese “informe final” (Gustavo muere antes de concluirlo), en el que se detalla la historia de la ONG –cuyo modelo es una reconocida institución local–, sus actividades, las relaciones personales entre sus integrantes, las intrigas internas por el poder y los pormenores de la captación de recursos provenientes de instituciones internacionales como el Banco Mundial. Así, el relato amplia sus ámbitos y se enriquece con una interesante galería de personajes extranjeros (latinoamericanos y europeos) a los que el narrador bryceanamente denomina con irónicos apelativos como “Mr. Meeting”, “Amor sin fronteras”, “Emma World Bank”, etc.

El repaso de los más de 20 años de historia de esa ONG se convierte en un testimonio del devenir de nuestros intelectuales de izquierda, desde el entusiasmo revolucionario de los 70’s hasta su modernización y reacomodos de fines del siglo XX, ante el triunfo del liberalismo económico e ideológico. Reacomodos que incluyen procesos de reingeniería que hacen desaparecer prematuramente a dos generaciones de investigadores sociales. La honestidad y espíritu crítico de este testimonio se aprecia en los descarnados retratos de algunos de los miembros de esa ONG (con modelos “reales” también fáciles de identificar), su pobreza intelectual o sus reacciones cuando ven amenazados sus ingresos.

Pero Sánchez León no ha encontrado la forma novelesca más apropiada para este interesante material. Por eso la narración resulta demasiado caótica, con personajes que entran y salen (cuyos nombres son también los títulos de los capítulos) sin que se establezcan claramente las líneas directrices del relato; con cambios abruptos que llevan del divertido cuadro de costumbres (las negociaciones internacionales) a los dramáticos diálogos del protagonista con su esposa o compañeros caídos en desgracia. Tampoco tiene la novela un lenguaje propio, pues constantemente está saltando del típico humor limeño ya mencionado a la prosa inexpresiva y disonante con que Gustavo redacta su informe final.

A esos problemas estructurales y de lenguaje, se suma el propio protagonista, pues Gustavo no está a la altura del Benjamín Hassler de La soledad del nadador o el Ernesto Montoya de El tartamudo, con sus complejidades, contradicciones y profunda humanidad. Esta vez el protagonista parece demasiado cercano al autor (por profesión e historia) y esa falta de distancia ha impedido el desarrollo del personaje y una más eficaz utilización de su potencial representativo y simbólico. Sin por ello perder su valor testimonial, El hombre de la azotea representa una ligera caída en la hasta ahora ascendente obra novelística de Sánchez León.
(Artículo publicado previamente en La Primera)


Otros textos sobre El hombre de la azotea: Jorge Paredes.

Fórnix

No hay comentarios:
fornix
Fórnix N° 7. Revista de creación y crítica

Revista dedicada a la difusión de la poesía que se escribe en la actualidad, Fórnix nos entrega esta vez una edición especial, enfocada en la poesía española más recinte. Destacan los textos de Antonio Gamoneda, Premio Cevantes 2006, y autores como Juan Carlos Mestre, Juan González Soto y Marta López. Los textos de estos autores "consagrados" se complementan con una amplia muestra de "poesía española joven", autores nacidos entre 1971 y 1976, preparada por Juan Carlos Reche.

De nuestro continente, figuran una serie de textos escritos por poetas jóvenes argentinos; y por supuesto, también de poetas jóvenes peruanos, drepresentados esta vez por dos de nuestras más interesantes nuevas voces femeninas: Denisse Vega y Andrea Cabel. En el área del ensayo se incluyen los artículos Arden las palabras. Aproximación a la obra de Antonio Gamoneda de María Ángeles Maeso y Ele Hache: Aniversario con divertimento de Edgar O'Hara (dedicado a la obra de Luis Hernández), entre otros.

Fórnix es dirigida por el escritor y traductor Renato Sandoval (Lima, 1957), autor de seis poemarios (entre ellos los reconocidos Nostos y Suzuki blues), y está disponible en internet en Página de poesía. Se puede bajar completa, o por partes (primera, segunda y tercera), así como también una entrevista con Sandoval.

Grandes ilusiones

No hay comentarios:
leon
Isaac León Frías. Grandes ilusiones. De Eisenstein a la neo-comedia romántica (Uqbar, 2008)

Fundador y director de la revista Hablemos de cine (1965-1986), Isaac León Frías es uno de los críticos de cine más respetados y de mayor trayectoria en nuestro medio. Su producción abarca más de cuatro décadas y, aunque algunos de sus comentarios y ensayos se han integrado a libros como Ojos bien abiertos (2003), la mayor parte permanece dispersa en revistas especializadas y académicas. Isaac León acaba de publicar el libro Grandes ilusiones. De Eisenstein a la neo-comedia romántica, una recopilación de diecisiete de esos ensayos, escritos entre 1984 y 2002.

Los textos aquí reunidos son básicamente de dos tipos. El primero es el de los estudios sobre la filmografía de reconocidos directores, ya sean maestros apreciados mundialmente (Eisenstein, Ford, Welles, Kubrick) o creadores alejados del mainstream cinematográfico (hollywoodense o europeo), como los latinoamericanos Aristarain y Ripstein, o el iraní Kiarostami. León sigue sus trayectorias paso a paso, con admiración y rigor crítico. Pero, como los textos datan (en promedio) de hace diez años, se hace sentir la ausencia de la producción más reciente de estos directores. Especialmente en casos como el de Almodóvar, cuya obra ha tenido un interesante cambio en los últimos años.

Otros ensayos están dedicados a los géneros más frecuentes entre los blockbusters de la década pasada: la neo-comedia romántica, las películas de acción y su hiperviolencia, el neo-western. Géneros que han seguido evolucionando, perdiendo o ganando importancia. Aquí se aprecia lo acertado de los juicios de León, que pronostica la muerte del neo-western (entonces en su punto más alto con Danza con lobos y Los imperdonables) y más bien apuesta por las posibilidades de "éxito" futuro de las vertientes hiperviolenta y neo-romántica, relacionándolas con ciertas tendencias de la política norteamericana.

Por supuesto, no faltan los ensayos dedicados al cine peruano (Cine y conocimiento histórico) y latinoamericano (La experiencia del cine militante en los años 60 y 70) o los análisis de temas más específicos, como la importancia de la música en la filmografía de Nikita Mijalkov o los cambios producidos en la de Eisenstein con la incorporación del sonido. No obstante que algunos ensayos parecen necesitar un mayor desarrollo, Grandes ilusiones es, en conjunto, una interesante invitación a la reflexión y discusión sobre el cine, una de las expresiones artísticas más populares y características de nuestro tiempo.
(Artículo publicado originalmente en La República)


Otros textos sobre Grandes ilusiones: Guillermo Niño de Guzmán.