Las cárceles del emperador

4 comentarios:
espinoza
Jorge Espinoza Sánchez. Las cárceles del emperador (Fondo Editorial Cultura Peruana, 2007)

Además de las novelas que aparecen en la listas de los libros más vendidos, existen otras novelas peruanas “exitosas”, que se reeditan numerosas veces y llegan a un amplio sector de lectores. Son una especie de best sellers alternativos, publicados, comentados y difundidos fuera del ámbito de la literatura oficial. El mejor ejemplo es la novela El retoño (1950) de Julián Huanay, las aventuras de un niño provinciano en su penoso peregrinaje hacia Lima. Mucho más reciente, la novela que motiva este artículo: Las cárceles del emperador (2002) del poeta y editor Jorge Espinoza Sánchez (Lima, 1953), ya cuenta con seis ediciones, la última de ellas de 3 mil ejemplares.

Las cárceles del emperador es un testimonio novelado que narra un dramático episodio de la vida de Espinoza: los quince meses que pasó injustamente en prisión como sospechoso de integrar un organización de artistas populares ligada a Sendero Luminoso. Las acciones se inician en julio de 1992, cuando el autor (protagonista y narrador) es capturado por la policía antiterrorista. Las casi 400 páginas del libro cuentan en forma minuciosa las experiencias carcelarias de Espinoza, poniendo especial énfasis en los terribles abusos y humillaciones a que eran sometidos entonces los presos en el penal Miguel Castro Castro.

Espinoza va directamente a los hechos, y ya en el primer párrafo de la novela cuenta la violenta forma en que fue secuestrado por la policía. Nadie le da ninguna explicación, ni le dicen a dónde lo llevan. Y ése es apenas el inicio, como se puede apreciar en los títulos de los más de 60 capítulos: Una rata en el menú, Durmiendo con un cadáver, Quemaron a los muchachos, etc. Además de lo que el protagonista ve y escucha, se incluyen los testimonios de sus compañeros de prisión, algunos de ellos sobrevivientes de sucesos como los de El Frontón del 18 de junio de 1886.

Así, la novela abarca casi diez años de abusos cometidos en las cárceles de nuestro país, un tema de latente interés para los peruanos. Lamentablemente, estas historias pierden bastante por el escaso oficio narrativo del autor. En primer lugar, por lo afectado de su prosa. Cuando, por ejemplo, los policías (que lo llevan prisionero dentro de un automóvil) le cubren los ojos con un trapo, el autor da rienda suelta a su estro poético: “Un relámpago cubrió mi rostro con la gruesa venda, estaba ahogado en la playa solitaria, las balas escupían canciones de guerra sobre mi cuerpo flotando a la deriva en las aguas infestadas de cocodrilos. Esposado y ciego, hervía la vida toda en mi cerebro…” (p. 10)

Hay importantes antecedentes de novelas peruanas dedicadas a este tema –el inhumano trato a los prisioneros políticos–, como La prisión (1951) de Gustavo Valcárcel y El sexto (1961) de José María Arguedas. En ambas, las cárceles se convierten en una metáfora de la sociedad peruana –con su marcada división entre criollos y andinos, privilegiados y excluidos– y los protagonistas sufren una transformación radical a partir de estas experiencias. Nada de eso sucede aquí, pues el autor está más interesado en denunciar a los culpables de su encarcelamiento y en mostrarse como un hombre digno, que no pierde nunca la compostura. Son sus compañeros quienes sufren las golpizas y humillaciones, mientras él está dedicado a leer grandes obras literarias.

Acaso por esa actitud no hace amigos ni establece vínculos afectivos en esos quince meses. Es más, durante buena parte de ellos, sus dos compañeros de celda ni siquiera le dirigen la palabra, a consecuencia de un problema omitido en la narración. Se pierden así las grandes posibilidades de los diálogos más personales, centrales en este tipo de novelas, como sucede en El beso de la mujer araña (1976), del argentino Manuel Puig. A pesar de estos defectos “literarios”, el realismo de las historias narradas en Las cárceles del emperador mantiene siempre vivo el interés del lector, que no puede dejar de emocionarse e indignarse con estos sucesos que ya forman parte de la ominosa historia del sistema penitenciario peruano.
(Artículo publicado previamente en La Primera)


Otros textos sobre Las cárceles del emperador: Jorge Coaguila,

La generación del 50: un mundo dividido

1 comentario:
gutierrez
Miguel Gutiérrez. La generación del 50: un mundo dividido (Arteidea, 2008)

A veinte años de su publicación original, acaba de aparecer la segunda edición del libro La generación del 50: un mundo dividido (Arteidea, 2007) de Miguel Gutiérrez (Piura, 1940), polémico balance de los aportes de esa importante generación de escritores, artistas e intelectuales peruanos. Un libro que en su momento fue ampliamente discutido y hasta censurado por la perspectiva marxista-maoísta empleada en los análisis y los elogios a Abimael Guzmán, el líder de SL, justo en los momentos más álgidos de la guerra interna iniciada precisamente por ese grupo armado.

En lo que respecta a la literatura, Gutiérrez pasa revista a las obras de escritores nacidos entre 1921 y 1936, desde Jorge Eduardo Eielson hasta Mario Vargas Llosa. Y si bien en el capítulo dedicado a la poesía los criterios y clasificaciones resultan hoy un tanto anacrónicos, en el correspondiente a la narrativa (casi cuatro veces más extenso) los resultados son mucho mejores, debido a la sólida formación en el género de Gutiérrez, uno de los más importantes novelistas peruanos de la actualidad. Así, con lucidez y conocimiento dela materia, aborda las obras de Eleodoro Vargas Vicuña, Carlos Eduardo Zavaleta, Julio Ramón Ribeyro, Antonio Gálvez, Oswaldo Reinoso y MVLL.

Pero los temas literarios ocupan solo una mitad del libro. La otra está dedicada a delimitar a esta generación, a explicar su contexto y antecedentes históricos, tanto locales (las generaciones del 900 y del centenario) como globales (posguerra, imperialismo, existencialismo). El capítulo final se titula Las formas del compromiso social, y en él Gutiérrez enfatiza la falta de ese compromiso y las debilidades personales (vicios, ambiciones, inconsecuencias) de buena parte de estos escritores, incluso aquellos que ha elogiado más; Ribeyro, MVLL, Washington Delgado.

Por último, sobre la relación de los intelectuales de izquierda con el poder, Gutiérrez analiza las trayectorias del sociólogo Aníbal Quijano y el filósofo y líder senderista Abimael Guzmán. Hoy cuesta entender sus fuertes cuestionamientos a Quijano y su entusiasmo ante la inteligencia, voluntad y "coherencia" de Guzmán. A pesar de los problemas que estas páginas le han originado, Gutiérrez ha preferido mantenerlas en esta nueva edición (salvo un par de adjetivos, nos dice en el prólogo), lo que es una muestra de su honestidad intelectual y respeto a un texto que representa, más que nada, un testimonio del tipo de debates y posturas de nuestros intelectuales frente a una de las peores crisis vividas en la historia del Perú.
(artículo publicado originalmente en La República)


En zonadenoticias se puden leer los prólogos del libro, tanto el original como el de esta segunda edición. El cambio más notorio es que mientras en el primero se dice reiteradamente que el libro es producto del trabajo de un "equipo de investigación", en el segundo ese equipo no es mencionado en absoluto.

El guachimán y otras historias

3 comentarios:
nietod
Luis Nieto Degregori. El guachimán y otras historias (Alfaguara, 2008)

El escritor Luis Nieto Degregori (Cusco, 1955) es autor de una importante obra narrativa que se inició con los cuentos de Harta cerveza y harta bala (1987), y que ya abarca cuatro libros de cuentos y dos novelas, Cuzco después del amor (2003) y Asesinato en la gran ciudad del Cuzco (2007). Fue uno de los primeros en escribir ficciones sobre la violencia política de las décadas pasadas en el Perú, y su cuento Vísperas es infaltable en las antologías sobre este tema. Nieto acaba de publicar el libro El guachimán y otras historias que reúne tres novelas cortas en las que continúa incorporando nuevos ambientes y personajes a su narrativa.

La primera de estas novelas, La mala conciencia, sucede en la ciudad de Puno y es la historia de un lujurioso sacerdote católico y su amante Ester. El narrador es el sacerdote, quien cuenta sus aventuras sin remordimientos de ningún tipo, incluyendo acosos sexuales, seducciones y hasta abortos clandestinos. Pero finalmente es Ester el personaje más logrado: de origen muy humilde, violada muy joven y víctima recurrente de abusos de todo tipo, ella encuentra en el erotismo la única forma de hacerse un lugar dentro de esa sociedad provinciana y abiertamente machista.

Los otros dos relatos están ambientados en la Lima de hoy. Ninotchka cuenta un peculiar triángulo amoroso entre un hombre casado y sus dos jóvenes amantes que tienen el mismo nombre: Ninotchka. Aquí lo que más llama la atención es el empleo exclusivo del lenguaje callejero limeño, en una versión casi lumpenesca. Lo mismo sucede en El guachimán, el relato más extenso (inspirado en un suceso real), que narra las aventuras de un agente de seguridad que roba una bolsa con 40 mil dólares. Y lo que hace con ese dinero no es otra cosa que buscar sexo, primero con su enamorada (a quien encuentra con otro hombre) y después con prostitutas cada vez más caras, quienes lo desprecian y ofenden constantemente por su aspecto y su forma de vestir.

Ya en sus anteriores novelas Nieto había mostrado que entre las obsesiones recurrentes de sus personajes estaban el erotismo y la sexualidad, pero no en sus aspectos más trascendentes e importantes, sino a través de ciertas patologías y prácticas degradantes. En esas ficciones los sexual se presentaba en paralelo con temas más elevados y dignos, como el destino de la ciudad del Cusco tradicional en Cuzco después del amor. En estas tres nuevas novelas no encontramos esos otros temas, por lo que la promiscuidad sexual pasa a un primer plano y la reiterada e injustificada presencia de infidelidades, abortos, prostitutas y pornografía llega a hastiar al lector.

En estos nuevos relatos, además, Nieto se sumerge completamente en el universo de sus personajes, hablando como ellos y apelando a su esquemática forma de pensar (llena de prejuicios y lugares comunes), llegando así a un realismo fotográfico e ingenuo. Los diálogos reproducen palabras y frases que se pueden escuchar cotidianamente en la calles limeñas; material que se incorpora a la ficción “en bruto”, casi sin ningún trabajo literario por parte del autor. Y peor aún resulta cuando el narrador omnisciente, quien por lo general utiliza otro registro, apela a expresiones netamente coloquiales como “una pareja que está en pleno agarre” o “hombres que fácil tienen sus cuarenta años”.

Pero la mayor debilidad de estas novelas es el escaso desarrollo de los personajes, construidos en base a los más gruesos estereotipos. Tanto el sacerdote como las ninotchkas y el guachimán carecen de una psicología propia y por su aspecto, costumbres y reacciones están más cerca de la farsa o la parodia que de la narrativa realista. El interés de Nieto por abordar nuevos ámbitos literarios lo ha llevado a incursionar en el universo urbano limeño, que acaso no conozca lo suficientemente bien. O que no resulta tan propicio para esta narrativa como el mundo andino, sus habitantes (la ya mencionada Ester es puneña) y ciudades; en especial Cusco, donde transcurren las dos anteriores novelas de Nieto, muy superiores a las reunidas en El guachimán y otras historias.
(artículo publicado previamente en La Primera)


En El Comercio se puede leer completo el relato La mala conciencia y un fragmento de El guachimán.
Otros textos sobre el libro: Jack Martínez.
Entrevistas: Francisco Ángeles, Carlos Cabanillas, Pedro Escribano, La Primera, Tomacini Sinche, Carlos Sotomayor,

Chesil Beach

1 comentario:
mcewan
Ian McEwan. Chesil Beach (Anagrama, 2008)

El escritor Ian McEwan (Aldershot, 1948) pertenece a la brillante generación de novelistas británicos que incluye a Martin Amis, Julian Barnes, Hanif Kureshi y Kazuo Ishiguro. Es autor de una docena de libros de narrativa, entre los que destacan las novelas Amsterdam (1998, Premio Booker) y Expiación (2001). Cambiando de registro, la más reciente novela de McEwan es Chesil Beach (Anagrama, 2008), un melodrama breve e intenso cuya versión fílmica estará a cargo del español Almodóvar.

Ambientada en Inglaterra en 1962, la novela cuenta los sucesos de la noche de bodas de una pareja de jóvenes, Edward y Florence. A pesar de las diferencias sociales, todo parece marchar bien entre los dos: la pareja se ama y comparte el proyecto de una sólida familia con hijos. Pero a medida que avanza la noche, que pasan en la suite de un hotel del balneario de Chesil Beach (frente al Canal de la Mancha), Florence se muestra cada vez más inquieta y angustiada. Su profunda aversión a todo lo relacionado con el sexo, sumada a la torpeza y prejuicios de Edward, hacen de esa primera noche una agobiante prueba.

McEwan cuenta esta historia a la manera antigua, apelando a un narrador externo a la ficción, el que se permite algunos atisbos a los pensamientos y emociones de los protagonistas, e incluso comenta los sucesos desde la libertad sexual y apertura propia de inicios del siglo XXI. Un recurso manejado con mesura y que se complementa con descripciones detalladas. Los recorridos por el pasado de Edward y Florence (especialmente las relaciones con sus respectivos padres) o los pormenores de sus oficios (él es historiador, ella violinista) son evocados con una prosa sobria y precisa.

El tema es, por supuesto, la forma en que hasta hace poco era tratado todo lo relacionado con el sexo, incluidos el matrimonio, el amor y hasta la familia. Pero McEwan no se queda en el retrato de época, pues buena parte de esos problemas han existido siempre y subsisten todavía hoy. Así lo indica el símbolo de la playa de Chesil: "la exuberancia sensual y tropical de la vegetación" asentada en suelos pertenecientes a diferentes estratos geológicos. Detalles que demuestran la manera en que se desarrolla este drama intimista, sin caer en excesos (hay datos importantes apenas insinuados) y conjugando armoniosamente los elementos psicológicos, históricos, sociales y literarios. Una excelente novela.
(artículo publicado previamente en La República)


Se pueden leer las primeras páginas de la novela en adn.es y las últimas en Últimas páginas.
Otros textos sobre Chesil Beach: Carmen Álvarez, Juan González, Mónica Lavín, Camilo Marks, Eduardo Mendoza,