La muerte lenta de Luciana B.

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Guillermo Martínez. La muerte lenta de Luciana B. (Planeta, 2007)

Doctor en Ciencias Matemáticas y escritor, Guillermo Martínez (Bahía Blanca, 1962) es uno de los más notorios representantes de la narrativa argentina actual. En su obra, que alterna los libros de narrativa con los de ensayo, hay dos hitos importantes: la novela Acerca de Roderer (1992), que lo consagró en su país; y Crímenes imperceptibles (2003), un relato policial que obtuvo el Premio Planeta y fue hace poco convertido en exitosa película, protagonizada por John Hurt y Elijah Wood. Martínez ha unido elementos de estos dos libros en la muy buena novela La muerte lenta de Luciana B., su más reciente publicación.

Luciana es una joven argentina cuyos amigos y parientes más cercanos comienzan a morir asesinados o víctimas de extraños accidentes. Ella piensa que detrás de estas muertes está el reconocido escritor Kloster –autor de oscuras novelas con crímenes y personajes malévolos–, a quien alguna vez ocasionó involuntariamente un terrible daño. Como la policía no le cree, busca la ayuda de otro escritor, un rival literario de Kloster, el innominado narrador y protagonista de esta novela. Los encuentros entre ambos escritores, sutiles e intensos enfrentamientos verbales, llevan a plantear hasta cuatro posibles explicaciones a esa serie de muertes.

En las novelas de Martínez hay siempre, detrás de los sucesos y los personajes, alguna disyuntiva intelectual: la inteligencia asimilativa vs. la creativa en Acerca de Roderer, los razonamientos inductivos vs. los deductivos en Crímenes imperceptibles. En La muere lenta de Luciana B. el dilema se da entre el azar y la causalidad, puntos de vista sostenidos por el narrador y Kloster, respectivamente. Pero ese transfondo teórico no hace perder humanidad ni verosimilitud a los personajes, pues Martínez, admirador confeso de Henry James, les otorga una compleja vida interior (emociones, dudas, pasado) que se manifiesta hasta en sus más pequeñas decisiones y gestos.

Hay todavía otras virtudes que señalar en este libro: el cuidadoso manejo del lenguaje, trabajado hasta lograr la máxima precisión y economía; o el acertado manejo de la trama, en la que las diversas versiones de los hechos (sin contradecirse en nada) dan lugar a interpretaciones completamente diferentes. Y si en Crímenes imperceptibles encontrábamos algunas concesiones al "gran público lector", en La muerte lenta de Luciana B. Martínez hace un feliz retorno a temas y motivos más personales, aquellos ya presentes en sus primeros cuentos y novelas.
(Artículo publicado previamente en La República)

Se pueden leer las primeras páginas de la novela en amazon.com
Otros artículos textos sobre La muerte lenta de Luciana B: Elena Bisso, Artemio Echegoyen, Javier Fresán, Aurora Intxausti, Jorge Monteleone, Javier de Navascués, Ricardo Senabre.
Entrevistas: Héctor Guyot.

La ciudad de los culpables

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Generación perdida
Rafael Inocente. La ciudad de los culpables (Editorial Zignos, 2007)

En estos tiempos de marketing literario, en que los libros suelen presentarse con campañas mediáticas y anuncios publicitarios, todavía existen algunas obras cuyo prestigio está basado exclusivamente en los comentarios honestos de aquellos que las han leído. En el caso de La ciudad de los culpables, primera novela de Rafael Inocente (Lima, 1969), la fama antecedió a la propia publicación del libro, pues el manuscrito circuló entre críticos y escritores durante varios años, obteniendo comentarios tan elogiosos como el incluido en el libro de ensayos El pacto con el diablo de Miguel Gutiérrez.

Ambientada en la Lima de fines de los 80 e inicios de los 90, la novela (que hasta hace poco se titulaba Ciudad enferma), es un amplio retrato de los barrios más pobres y marginales de la ciudad (los “conos”, como se dice en el texto) elaborado a través de las historias, contadas siempre en primera persona, de una serie de jóvenes hijos de migrantes y de origen andino. El más importante de ellos es Orlando Zapata, perteneciente a una familia tradicionalmente ligada a las luchas populares: su abuelo fue un “aprista de lo viejos” que murió encarcelado en El Frontón, y una tía le hace leer tempranamente El Capital. Por esos antecedentes, Orlando es capturado por la policía y pasa diez años en la cárcel acusado injustamente de ser terrorista.

Las historias de los otros personajes –Lucía, Julia y Sebastián, entre otros– son bastante similares y muestran a adolescentes que terminan su educación escolar justo en el momento más álgido de la violencia política en nuestro país. Todos ellos fracasan en sus intentos de hacerse de una formación universitaria, un trabajo decente o al menos una vida digna. Peor aún, Lucía y Sebastián, amigos y compañeros ideológicos de Orlando, tienen finales trágicos, ambos víctimas de los excesos de la política antisubversiva. Sólo Julia parece librarse de ese destino, y es a través de ella que la narración sale del ámbito urbano y se traslada a la selva, mostrándonos que todo el país se encuentra inmerso en la violencia y el caos.

Ya otros narradores peruanos han abordado esa época, temática y generación, en especial Daniel Alarcón y Jorge Eduardo Benavides. Este último tiene incluso una novela muy parecida a la de Inocente, El año en que rompí contigo (2003), desarrollada también a partir de las historias de un grupo de jóvenes limeños. Pero mientras los personajes de Benavides pertenecen a la clase media y alta, los de Inocente son de extracción mucho más popular. Sin lugar a dudas la mayor virtud de La ciudad de los culpables es mostrar de la manera más fidedigna el mundo de esos jóvenes: su vida cotidiana, sus anhelos y expectativas; y su propia cultura, desde sus lecturas y música que escuchan (huaynos, salsa, rock) hasta la forma de hablar, con su agresivo lenguaje y peculiar sentido del humor.

Muy pocos autores se han atrevido a emplear en sus obras el lenguaje casi lumpenesco que aparece aquí, por ejemplo, en las cartas que “el erótico Fuentes” le escribe a Orlando. Lamentablemente, el libro tiene muchas debilidades desde el punto de vista estrictamente literario: la retórica, la técnica narrativa y la estructura de la novela muestran claramente a un autor en proceso de aprendizaje y que todavía comete demasiados errores. A eso hay que sumar el monótono y enfático discurso social, compartido por casi todos los personajes, y que en muchos casos llega al más abierto didactismo. Al menos así lo reconoce Sebastián: “…le dije, y mi maldito didactismo nunca fue más evidente”.

Por eso, aunque compartimos en buena medida el entusiasmo con que Miguel Gutiérrez comenta esta novela (destacando “el conocimiento verdaderamente excepcional de la Lima andina que tiene Inocente”); no creemos, como él, que se trate de una obra que se adscriba a la narrativa picaresca. Más bien nos atreveríamos a vincular a La ciudad de los culpables con las vertientes más radicales del realismo, aquellas que rozan el panfleto político.
(Artículo publicado previamente en La Primera)


En Internet se puede leer un cuento de Rafael Inocente.
Otros textos sobre La ciudad de los culpables: Augusto Higa, Carlos Rengifo, Tomacini Sinche, Rodolfo Ybarra.
Entrevistas: José Luis Ayala.

La Divina Comedia. Voces y ecos.

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Jorge Wiesse, editor. La Divina Comedia. Voces y ecos (Universidad del Pacífico, 2008)

Dante Alighieri (1265-1321) comenzó a escribir la Divina Comedia en 1307, durante su prolongado exilio –por motivos políticos– de su Florencia natal. Conmemorando los siete siglos de este clásico de la literatura italiana y mundial, la Universidad del Pacífico organizó el año pasado una serie de actividades, cuyo punto central fueron seis conferencias de destacados especialistas, tanto peruanos como extranjeros. Los textos de esas disertaciones han sido reunidos por el escritor y docente universitario Jorge Wiesse en el libro La Divina Comedia. Voces y ecos (U. del Pacífico, 2008).

Como el título indica, estos ensayos abordan tanto la obra misma como su influencia en la literatura y el arte en general. Giuliana Contini (Venecia, 1940) establece un vínculo entre dos cumbres de la cultura italiana en La gloria de aquel que todo lo mueve: Dante y Miguel Ángel. El profesor Carlos Gatti (Lima, 1942), miembro vitalicio de la Dante Society of América, analiza una de las grandes sinfonías de Liszt en Ecos musicales de la Divina Comedia: la sinfonía Dante de Franz Liszt y Jorge Wiesse se centra en el episodio de Pía, que Dante presenta apenas en siete versos y que fue desarrollado posteriormente en dramas de Gaetano Donizetti y Marguerite Yourcenar.

Distinto es el enfoque de Joaquín Barceló (Chile, 1927), filósofo y rector de la Universidad Andrés Bello, en sus ensayos Las ideas políticas de Dante y La Divina Comedia: poema de amor. En este último interpreta la obra de Dante a partir de la filosofía neoplatónica (en especial su particular interpretación del amor), de tanta vigencia durante la Edad Media. Y el poeta Marco Martos (Piura, 1942), actual presidente de la Academia Peruana de la Lengua, reflexiona sobre algunos episodios y personajes, en los que están basados sus poemas reunidos en el libro Dante y Virgilio iban oscuros en la profunda noche (2008).

La Divina Comedia. Voces y ecos contiene también interesante material gráfico: las series de pinturas que, a partir de la lectura de este clásico, han realizado los artistas Luis Alfredo Agusti y Susan Zimic; y la portada de Ricardo Wiesse. Además el libro está acompañado del DVD La Divina Comedia: voces e imágenes" con lecturas de diversos pasajes de la obra a cargo de Leopoldo Chiappo, Ana María Gazzolo, Julio Picasso, entre otros; así como imágenes de algunos ilustradores de la Divina Comedia y fragmentos de la Sinfonía Dante.
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre La Divina Comedia. Voces y ecos: Alonso Cueto, Ricardo González Vigil.

Uñas

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Travesuras de otra niña mala
Carlos Rengifo. Uñas (Ediciones Altazor, 2007)

Surgido en plena eclosión de la violenta narrativa urbana limeña de los años 90, Carlos Rengifo (Lima, 1964) se ha convertido en uno de los escritores más constantes y productivos de su generación. Su obra se inició con los cuentos de El puente de las libélulas (1996) y se ha desarrollado, con algunos altibajos, en otros cinco libros de narrativa, entre los que destaca claramente la novela corta La casa amarilla (2007). Rengifo acaba de publicar Uñas (Ediciones Altazor, 2008), también una nouvelle, pero que muestra aspectos menos interesantes de su narrativa.

Uñas es la peculiar historia de amor de una pareja de jóvenes pertenecientes al grupo de escritores, artistas y personas marginales que animan la vida nocturna limeña. El narrador es un fotógrafo enamorado de Tatiana, una muchacha hermosa pero con “ciertas goteras en la azotea”. Ella rechaza el amor que el fotógrafo le ofrece insistentemente; no obstante, recorren juntos bares y locales nocturnos, donde ambos coquetean con otros. Así entran y salen de la narración una serie de personajes bohemios, con los que la pareja de protagonistas (cuya relación recuerda en mucho a la de los protagonistas de Travesuras de la niña mala) va formando extraños triángulos amorosos. La mayoría de los 13 capítulos del libro están centrados en alguno de esos fugaces amantes de los protagonistas.

Pronto la historia de amor se diluye y la novela se convierte en una galería de seres marginales (poetas malditos, freaks, emos, etc.), de aspecto grotesco y comportamiento casi estúpido: la poetisa erótica Cynthia Obregón, la suicida Darlina, el autista Fontanés, la enana de los piercings, entre otros. Ciertos datos y guiños indican que algunos de estos personajes están basados en personas reales; pero eso no añade interés a un relato que, a pesar de su brevedad, resulta demasiado disperso, con personajes poco elaborados y episodios importantes mal resueltos. Un par de ejemplos: el incidente que da título al libro, en el que Tatiana usa sus uñas como armas; y la venganza final del narrador, anunciada desde la primera página y que no llega a contarse.

Estos problemas ya habían sido advertidos por la crítica en los anteriores libros de Rengifo. “sus personajes… pierden verosimilitud y ganan maniqueísmo hasta devenir en meros esbozos caricaturescos” señaló Olga Rodríguez con respecto a El rumor de la tormenta (2007); mientras que para Marcel Velázquez los primeros libros de Rengifo estaban demasiado inmersos en “la vorágine kitsch de la marginalidad urbana”. Pero el mismo Velázquez reconoció que en La casa amarilla Rengifo superó ese y otros defectos gracias a la “la cabal reconstrucción de la vida interior del personaje central”. Como hemos señalado, Uñas muestra un marcado retroceso en este aspecto.

Más alarmante resulta la caída de la calidad de la prosa. Rengifo siempre ha tratado de unir el lenguaje coloquial, dominante en su narrativa, con pasajes de un cierto aliento poético; aunque esta combinación nunca estuvo libre de asperezas e irregularidades. Para corregir esos errores se necesita un paciente trabajo de corrección, que seguramente sí se hizo en La casa amarilla, un libro que esperó varios años por su publicación. En esta nueva novela, publicada pocos meses después, abundan los errores gramaticales, las imágenes fallidas y hasta las palabras mal empleadas: “Su coexistencia en estos ambientes... debió haber sido muy frustrante para ella, al punto de cubrir su rostro de niña tradicional, de hijita de papá, con una falsa máscara de guerrera indomable que, visto a la distancia, era pura apariencia” (p. 14).

Definitivamente, Uñas no es de lo mejor de la producción literaria de Carlos Rengifo, pero sí una ratificación de su vocación de narrador, dedicación al trabajo creativo y fidelidad a ciertos temas, personajes y ambientes. Pero el elemento esencial de la literatura son las propias palabras, y cuando éstas son tratadas con superficialidad o ligereza, todo el trabajo literario se pierde irremediablemente.
(Artículo publicado previamente en La Primera)

Otros textos sobre Uñas: José Güich.