La Divina Comedia. Voces y ecos.

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Jorge Wiesse, editor. La Divina Comedia. Voces y ecos (Universidad del Pacífico, 2008)

Dante Alighieri (1265-1321) comenzó a escribir la Divina Comedia en 1307, durante su prolongado exilio –por motivos políticos– de su Florencia natal. Conmemorando los siete siglos de este clásico de la literatura italiana y mundial, la Universidad del Pacífico organizó el año pasado una serie de actividades, cuyo punto central fueron seis conferencias de destacados especialistas, tanto peruanos como extranjeros. Los textos de esas disertaciones han sido reunidos por el escritor y docente universitario Jorge Wiesse en el libro La Divina Comedia. Voces y ecos (U. del Pacífico, 2008).

Como el título indica, estos ensayos abordan tanto la obra misma como su influencia en la literatura y el arte en general. Giuliana Contini (Venecia, 1940) establece un vínculo entre dos cumbres de la cultura italiana en La gloria de aquel que todo lo mueve: Dante y Miguel Ángel. El profesor Carlos Gatti (Lima, 1942), miembro vitalicio de la Dante Society of América, analiza una de las grandes sinfonías de Liszt en Ecos musicales de la Divina Comedia: la sinfonía Dante de Franz Liszt y Jorge Wiesse se centra en el episodio de Pía, que Dante presenta apenas en siete versos y que fue desarrollado posteriormente en dramas de Gaetano Donizetti y Marguerite Yourcenar.

Distinto es el enfoque de Joaquín Barceló (Chile, 1927), filósofo y rector de la Universidad Andrés Bello, en sus ensayos Las ideas políticas de Dante y La Divina Comedia: poema de amor. En este último interpreta la obra de Dante a partir de la filosofía neoplatónica (en especial su particular interpretación del amor), de tanta vigencia durante la Edad Media. Y el poeta Marco Martos (Piura, 1942), actual presidente de la Academia Peruana de la Lengua, reflexiona sobre algunos episodios y personajes, en los que están basados sus poemas reunidos en el libro Dante y Virgilio iban oscuros en la profunda noche (2008).

La Divina Comedia. Voces y ecos contiene también interesante material gráfico: las series de pinturas que, a partir de la lectura de este clásico, han realizado los artistas Luis Alfredo Agusti y Susan Zimic; y la portada de Ricardo Wiesse. Además el libro está acompañado del DVD La Divina Comedia: voces e imágenes" con lecturas de diversos pasajes de la obra a cargo de Leopoldo Chiappo, Ana María Gazzolo, Julio Picasso, entre otros; así como imágenes de algunos ilustradores de la Divina Comedia y fragmentos de la Sinfonía Dante.
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre La Divina Comedia. Voces y ecos: Alonso Cueto, Ricardo González Vigil.

Uñas

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Travesuras de otra niña mala
Carlos Rengifo. Uñas (Ediciones Altazor, 2007)

Surgido en plena eclosión de la violenta narrativa urbana limeña de los años 90, Carlos Rengifo (Lima, 1964) se ha convertido en uno de los escritores más constantes y productivos de su generación. Su obra se inició con los cuentos de El puente de las libélulas (1996) y se ha desarrollado, con algunos altibajos, en otros cinco libros de narrativa, entre los que destaca claramente la novela corta La casa amarilla (2007). Rengifo acaba de publicar Uñas (Ediciones Altazor, 2008), también una nouvelle, pero que muestra aspectos menos interesantes de su narrativa.

Uñas es la peculiar historia de amor de una pareja de jóvenes pertenecientes al grupo de escritores, artistas y personas marginales que animan la vida nocturna limeña. El narrador es un fotógrafo enamorado de Tatiana, una muchacha hermosa pero con “ciertas goteras en la azotea”. Ella rechaza el amor que el fotógrafo le ofrece insistentemente; no obstante, recorren juntos bares y locales nocturnos, donde ambos coquetean con otros. Así entran y salen de la narración una serie de personajes bohemios, con los que la pareja de protagonistas (cuya relación recuerda en mucho a la de los protagonistas de Travesuras de la niña mala) va formando extraños triángulos amorosos. La mayoría de los 13 capítulos del libro están centrados en alguno de esos fugaces amantes de los protagonistas.

Pronto la historia de amor se diluye y la novela se convierte en una galería de seres marginales (poetas malditos, freaks, emos, etc.), de aspecto grotesco y comportamiento casi estúpido: la poetisa erótica Cynthia Obregón, la suicida Darlina, el autista Fontanés, la enana de los piercings, entre otros. Ciertos datos y guiños indican que algunos de estos personajes están basados en personas reales; pero eso no añade interés a un relato que, a pesar de su brevedad, resulta demasiado disperso, con personajes poco elaborados y episodios importantes mal resueltos. Un par de ejemplos: el incidente que da título al libro, en el que Tatiana usa sus uñas como armas; y la venganza final del narrador, anunciada desde la primera página y que no llega a contarse.

Estos problemas ya habían sido advertidos por la crítica en los anteriores libros de Rengifo. “sus personajes… pierden verosimilitud y ganan maniqueísmo hasta devenir en meros esbozos caricaturescos” señaló Olga Rodríguez con respecto a El rumor de la tormenta (2007); mientras que para Marcel Velázquez los primeros libros de Rengifo estaban demasiado inmersos en “la vorágine kitsch de la marginalidad urbana”. Pero el mismo Velázquez reconoció que en La casa amarilla Rengifo superó ese y otros defectos gracias a la “la cabal reconstrucción de la vida interior del personaje central”. Como hemos señalado, Uñas muestra un marcado retroceso en este aspecto.

Más alarmante resulta la caída de la calidad de la prosa. Rengifo siempre ha tratado de unir el lenguaje coloquial, dominante en su narrativa, con pasajes de un cierto aliento poético; aunque esta combinación nunca estuvo libre de asperezas e irregularidades. Para corregir esos errores se necesita un paciente trabajo de corrección, que seguramente sí se hizo en La casa amarilla, un libro que esperó varios años por su publicación. En esta nueva novela, publicada pocos meses después, abundan los errores gramaticales, las imágenes fallidas y hasta las palabras mal empleadas: “Su coexistencia en estos ambientes... debió haber sido muy frustrante para ella, al punto de cubrir su rostro de niña tradicional, de hijita de papá, con una falsa máscara de guerrera indomable que, visto a la distancia, era pura apariencia” (p. 14).

Definitivamente, Uñas no es de lo mejor de la producción literaria de Carlos Rengifo, pero sí una ratificación de su vocación de narrador, dedicación al trabajo creativo y fidelidad a ciertos temas, personajes y ambientes. Pero el elemento esencial de la literatura son las propias palabras, y cuando éstas son tratadas con superficialidad o ligereza, todo el trabajo literario se pierde irremediablemente.
(Artículo publicado previamente en La Primera)

Otros textos sobre Uñas: José Güich.

Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX

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Juan Carlos Galdo. Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX (IEP, 2008)

En el libro Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX el crítico Juan Carlos Galdo (Lima, 1968) hace un seguimiento de las ideas acerca de la nación peruana y sus problemas esenciales presentes en algunas de las más importantes novelas peruanas del siglo XX. Para ello ha elegido seis obras adscritas al realismo imperante en nuestra narrativa: desde el realismo socialista de El tungsteno (1931) de César Vallejo, pasando por las diferentes etapas del indigenismo, hasta novelas totales como Conversación en la Catedral (1969) de Mario Vargas Llosa y La violencia del tiempo (1992) de Miguel Gutiérrez.

La propuesta de Galdo –doctor en Literatura y actualmente profesor en la Texas A&M University– es unir la interpretación literaria con las interesantes reflexiones acerca de la alegoría, el símbolo, el realismo y la mímesis de autores como Benjamin, Lukacs, Jameson o Eagleton. Partiendo de una minuciosa recapitulación de la trama y de los personajes de estas novelas, el crítico identifica las alegorías más importantes en cada caso, para después analizar las características y la dinámica de estas alegorías, además del contexto histórico y la ideología de los autores.

Este método de trabajo está respaldado por un amplio conocimiento e inteligente manejo de la abundante bibliografía crítica sobre estas novelas. Es el aspecto más destacable de este libro, originalmente una tesis universitaria, y en el que se pueden apreciar el rigor académico y la sólida formación del autor. Sin embargo hay una evidente desproporción entre el espacio empleado en esa revisión del estado de la cuestión o las numerosas páginas dedicadas al recuento de las novelas (Galdo parece asumir que no las hemos leído) y la brevedad de los análisis y de las conclusiones de cada capítulo. O entre el despliegue de erudición del extenso ensayo introductorio y las breves conclusiones finales.

Entre los aportes de la obra de Galdo se encuentra la reivindicación crítica de El tungsteno y El Sexto (1961), consideradas generalmente obras menores dentro de la producción de sus autores, aunque en ambos casos las alegorías encontradas por Galdo resultan bastante previsibles: la revolución y la utopía andina, respectivamente. Más interesantes y originales son las reflexiones sobre los recursos narrativos de que se vale Mario Vargas Llosa para cuestionar precisamente esas categorías, o el trabajo de Miguel Gutiérrez para renovarlas e integrarlas en su ambiciosa novela.
(Artículo publicado originalmente en La República)


Otros textos sobre Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX: Marcel Velázquez, Ricardo González Vigil.
En Internet se pueden leer dos ensayos de Juan Carlos Galdo: Rituales sangrientos: poéticas y políticas del sacrificio en José María Arguedas y Mario Vargas Llosa y Algunos aspectos de la narrativa regional contemporánea: los casos de Enrique Rosas Paravicino y Oscar Colchado Lucio.

La iluminación de Katzuo Nakamatsu (2)

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El marginal en su laberinto.
Augusto Higa Oshiro. La iluminación de Katzuo Nakamatsu (San Marcos, 2008)

Hay entre nuestros narradores seniors (de 50 años de edad o más) dos grupos claramente definidos y casi antagónicos: los vinculados al Grupo Narración (Gutiérrez, Reynoso, Martínez, etc.) y los llamados “criollos” (encabezados por Cueto y Ampuero), que cuentan con una mayor presencia mediática. La famosa polémica entre escritores andinos y criollos de hace tres años, no fue otra cosa que un enfrentamiento entre esos dos grupos. Un enfrentamiento que, al menos en lo que respecta a las obras literarias, están ganando los primeros, con libros como La iluminación de Katzuo Nakamatsu de Augusto Higa Oshiro (Lima, 1947).

Según Borges todo destino humano se decide en “un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. Para Katzuo Nakamatsu –niséi peruano de 58 años de edad– ese momento se produce mientras contempla un árbol de cerezos (símbolo de la cultura japonesa) en un parque limeño. Entonces descubre la proximidad de la muerte y también que a pesar de haber pasado tantos años en Lima “simplemente la había vivido con indiferencia y lejanía, sin involucrarse, impasible, extraño, marginal…”. Es el inicio de un descenso al infierno de la locura, que concluirá con Nakamatsu –un respetable profesor universitario– vagando desnudo por las calles limeñas.

Después de esa “iluminación” Nakamatsu comienza a vestirse como un par de personajes marginales de Lima de los años 40, sobre los que estaba realizando investigaciones académicas: el poeta Martín Adán y el japonés Etsuko Untén. Con esta anacrónica indumentaria, como si se tratara de un Quijote, sale a realizar largas caminatas por la ciudad. Cada capítulo del libro corresponde a una de esas “salidas”, que en conjunto abarcan toda la Lima de la época de Martín Adán. Y en todas ellas se encuentra lo mismo, calles sucias y deterioradas en las que deambulan los marginados: delincuentes, niños sin hogar, alcohólicos, prostitutas, homosexuales, etc.

Paralelamente a ese recorrido del laberinto limeño, Nakamatsu realiza un viaje interior, tras sus recuerdos y su identidad. Recuerda a sus amigos, a su esposa muerta, a sus padres y a los jóvenes japoneses que llegaron al Perú hace 60 años. Y se van haciendo más evidentes los síntomas de su locura y las huellas de sus ancestros japoneses. Ambos procesos, los recorridos urbanos y el viaje interior, convergen cuando Nakamatsu encuentra, en el centro del laberinto, la belleza que siempre soñó; y con ella, la locura. Poco después, también la paz espiritual, gracias a la ayuda de la yutá Miyagui, una médium okinawense.

Así Higa une en esta breve e intensa novela los dos elementos más importantes de su obra: el interés por los barrios más populosos y tradicionales de Lima, manifestado en su libro de cuentos Que te coma el tigre (1977) o la novela Final del Porvenir (1992); y la “ambigüedad entre su original mundo niséi y el mundo criollo”, expresada en el libro testimonial Japón no da dos oportunidades (1994). Y lo hace renovando su lenguaje literario, cambiando lo coloquial y oral de su narrativa inicial por una prosa artística y sumamente trabajada. El reto parece ha sido escribir sobre este submundo urbano empleando un lenguaje elevado; y aunque en algunas líneas la prosa chirría un poco, los resultados son buenos.

Los temas y recursos señalados se complementan con el aprovechamiento de la tradición literaria, pues a los autores mencionados se añaden mucho otros, tanto occidentales como orientales. Esta rigurosa forma de encarar la creación es una constante en las obras de madurez de los ex integrantes del Grupo Narración, a cuya segunda promoción perteneció Higa. La iluminación de Katzuo Nakamatsu se suma así a los más recientes libros de Gutiérrez, Morillo, Reynoso y otros, conjunto que incluye mucho de lo más importante en la narrativa peruana de los últimos años. Sin embargo, los premios literarios y reconocimientos internacionales suelen ir a autores y obras de menor valía. Una injusticia que seguirá generando polémicas y discusiones.
(Artículo publicado previamente en el suplemento Semana del diario La Primera)


Otros textos sobre La iluminación de Katzuo Nakamatzu: Javier Ágreda, Pedro Escribano, Gabriel Espinoza, Juan Francisco Ugarte, Ricardo González Vigil, Diego Alonso Sánchez.
Entrevistas: Francisco Ángeles, Ernesto Carlín, Maribel de Paz, La Primera.