Uñas

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Travesuras de otra niña mala
Carlos Rengifo. Uñas (Ediciones Altazor, 2007)

Surgido en plena eclosión de la violenta narrativa urbana limeña de los años 90, Carlos Rengifo (Lima, 1964) se ha convertido en uno de los escritores más constantes y productivos de su generación. Su obra se inició con los cuentos de El puente de las libélulas (1996) y se ha desarrollado, con algunos altibajos, en otros cinco libros de narrativa, entre los que destaca claramente la novela corta La casa amarilla (2007). Rengifo acaba de publicar Uñas (Ediciones Altazor, 2008), también una nouvelle, pero que muestra aspectos menos interesantes de su narrativa.

Uñas es la peculiar historia de amor de una pareja de jóvenes pertenecientes al grupo de escritores, artistas y personas marginales que animan la vida nocturna limeña. El narrador es un fotógrafo enamorado de Tatiana, una muchacha hermosa pero con “ciertas goteras en la azotea”. Ella rechaza el amor que el fotógrafo le ofrece insistentemente; no obstante, recorren juntos bares y locales nocturnos, donde ambos coquetean con otros. Así entran y salen de la narración una serie de personajes bohemios, con los que la pareja de protagonistas (cuya relación recuerda en mucho a la de los protagonistas de Travesuras de la niña mala) va formando extraños triángulos amorosos. La mayoría de los 13 capítulos del libro están centrados en alguno de esos fugaces amantes de los protagonistas.

Pronto la historia de amor se diluye y la novela se convierte en una galería de seres marginales (poetas malditos, freaks, emos, etc.), de aspecto grotesco y comportamiento casi estúpido: la poetisa erótica Cynthia Obregón, la suicida Darlina, el autista Fontanés, la enana de los piercings, entre otros. Ciertos datos y guiños indican que algunos de estos personajes están basados en personas reales; pero eso no añade interés a un relato que, a pesar de su brevedad, resulta demasiado disperso, con personajes poco elaborados y episodios importantes mal resueltos. Un par de ejemplos: el incidente que da título al libro, en el que Tatiana usa sus uñas como armas; y la venganza final del narrador, anunciada desde la primera página y que no llega a contarse.

Estos problemas ya habían sido advertidos por la crítica en los anteriores libros de Rengifo. “sus personajes… pierden verosimilitud y ganan maniqueísmo hasta devenir en meros esbozos caricaturescos” señaló Olga Rodríguez con respecto a El rumor de la tormenta (2007); mientras que para Marcel Velázquez los primeros libros de Rengifo estaban demasiado inmersos en “la vorágine kitsch de la marginalidad urbana”. Pero el mismo Velázquez reconoció que en La casa amarilla Rengifo superó ese y otros defectos gracias a la “la cabal reconstrucción de la vida interior del personaje central”. Como hemos señalado, Uñas muestra un marcado retroceso en este aspecto.

Más alarmante resulta la caída de la calidad de la prosa. Rengifo siempre ha tratado de unir el lenguaje coloquial, dominante en su narrativa, con pasajes de un cierto aliento poético; aunque esta combinación nunca estuvo libre de asperezas e irregularidades. Para corregir esos errores se necesita un paciente trabajo de corrección, que seguramente sí se hizo en La casa amarilla, un libro que esperó varios años por su publicación. En esta nueva novela, publicada pocos meses después, abundan los errores gramaticales, las imágenes fallidas y hasta las palabras mal empleadas: “Su coexistencia en estos ambientes... debió haber sido muy frustrante para ella, al punto de cubrir su rostro de niña tradicional, de hijita de papá, con una falsa máscara de guerrera indomable que, visto a la distancia, era pura apariencia” (p. 14).

Definitivamente, Uñas no es de lo mejor de la producción literaria de Carlos Rengifo, pero sí una ratificación de su vocación de narrador, dedicación al trabajo creativo y fidelidad a ciertos temas, personajes y ambientes. Pero el elemento esencial de la literatura son las propias palabras, y cuando éstas son tratadas con superficialidad o ligereza, todo el trabajo literario se pierde irremediablemente.
(Artículo publicado previamente en La Primera)

Otros textos sobre Uñas: José Güich.

Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX

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Juan Carlos Galdo. Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX (IEP, 2008)

En el libro Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX el crítico Juan Carlos Galdo (Lima, 1968) hace un seguimiento de las ideas acerca de la nación peruana y sus problemas esenciales presentes en algunas de las más importantes novelas peruanas del siglo XX. Para ello ha elegido seis obras adscritas al realismo imperante en nuestra narrativa: desde el realismo socialista de El tungsteno (1931) de César Vallejo, pasando por las diferentes etapas del indigenismo, hasta novelas totales como Conversación en la Catedral (1969) de Mario Vargas Llosa y La violencia del tiempo (1992) de Miguel Gutiérrez.

La propuesta de Galdo –doctor en Literatura y actualmente profesor en la Texas A&M University– es unir la interpretación literaria con las interesantes reflexiones acerca de la alegoría, el símbolo, el realismo y la mímesis de autores como Benjamin, Lukacs, Jameson o Eagleton. Partiendo de una minuciosa recapitulación de la trama y de los personajes de estas novelas, el crítico identifica las alegorías más importantes en cada caso, para después analizar las características y la dinámica de estas alegorías, además del contexto histórico y la ideología de los autores.

Este método de trabajo está respaldado por un amplio conocimiento e inteligente manejo de la abundante bibliografía crítica sobre estas novelas. Es el aspecto más destacable de este libro, originalmente una tesis universitaria, y en el que se pueden apreciar el rigor académico y la sólida formación del autor. Sin embargo hay una evidente desproporción entre el espacio empleado en esa revisión del estado de la cuestión o las numerosas páginas dedicadas al recuento de las novelas (Galdo parece asumir que no las hemos leído) y la brevedad de los análisis y de las conclusiones de cada capítulo. O entre el despliegue de erudición del extenso ensayo introductorio y las breves conclusiones finales.

Entre los aportes de la obra de Galdo se encuentra la reivindicación crítica de El tungsteno y El Sexto (1961), consideradas generalmente obras menores dentro de la producción de sus autores, aunque en ambos casos las alegorías encontradas por Galdo resultan bastante previsibles: la revolución y la utopía andina, respectivamente. Más interesantes y originales son las reflexiones sobre los recursos narrativos de que se vale Mario Vargas Llosa para cuestionar precisamente esas categorías, o el trabajo de Miguel Gutiérrez para renovarlas e integrarlas en su ambiciosa novela.
(Artículo publicado originalmente en La República)


Otros textos sobre Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX: Marcel Velázquez, Ricardo González Vigil.
En Internet se pueden leer dos ensayos de Juan Carlos Galdo: Rituales sangrientos: poéticas y políticas del sacrificio en José María Arguedas y Mario Vargas Llosa y Algunos aspectos de la narrativa regional contemporánea: los casos de Enrique Rosas Paravicino y Oscar Colchado Lucio.

La iluminación de Katzuo Nakamatsu (2)

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El marginal en su laberinto.
Augusto Higa Oshiro. La iluminación de Katzuo Nakamatsu (San Marcos, 2008)

Hay entre nuestros narradores seniors (de 50 años de edad o más) dos grupos claramente definidos y casi antagónicos: los vinculados al Grupo Narración (Gutiérrez, Reynoso, Martínez, etc.) y los llamados “criollos” (encabezados por Cueto y Ampuero), que cuentan con una mayor presencia mediática. La famosa polémica entre escritores andinos y criollos de hace tres años, no fue otra cosa que un enfrentamiento entre esos dos grupos. Un enfrentamiento que, al menos en lo que respecta a las obras literarias, están ganando los primeros, con libros como La iluminación de Katzuo Nakamatsu de Augusto Higa Oshiro (Lima, 1947).

Según Borges todo destino humano se decide en “un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. Para Katzuo Nakamatsu –niséi peruano de 58 años de edad– ese momento se produce mientras contempla un árbol de cerezos (símbolo de la cultura japonesa) en un parque limeño. Entonces descubre la proximidad de la muerte y también que a pesar de haber pasado tantos años en Lima “simplemente la había vivido con indiferencia y lejanía, sin involucrarse, impasible, extraño, marginal…”. Es el inicio de un descenso al infierno de la locura, que concluirá con Nakamatsu –un respetable profesor universitario– vagando desnudo por las calles limeñas.

Después de esa “iluminación” Nakamatsu comienza a vestirse como un par de personajes marginales de Lima de los años 40, sobre los que estaba realizando investigaciones académicas: el poeta Martín Adán y el japonés Etsuko Untén. Con esta anacrónica indumentaria, como si se tratara de un Quijote, sale a realizar largas caminatas por la ciudad. Cada capítulo del libro corresponde a una de esas “salidas”, que en conjunto abarcan toda la Lima de la época de Martín Adán. Y en todas ellas se encuentra lo mismo, calles sucias y deterioradas en las que deambulan los marginados: delincuentes, niños sin hogar, alcohólicos, prostitutas, homosexuales, etc.

Paralelamente a ese recorrido del laberinto limeño, Nakamatsu realiza un viaje interior, tras sus recuerdos y su identidad. Recuerda a sus amigos, a su esposa muerta, a sus padres y a los jóvenes japoneses que llegaron al Perú hace 60 años. Y se van haciendo más evidentes los síntomas de su locura y las huellas de sus ancestros japoneses. Ambos procesos, los recorridos urbanos y el viaje interior, convergen cuando Nakamatsu encuentra, en el centro del laberinto, la belleza que siempre soñó; y con ella, la locura. Poco después, también la paz espiritual, gracias a la ayuda de la yutá Miyagui, una médium okinawense.

Así Higa une en esta breve e intensa novela los dos elementos más importantes de su obra: el interés por los barrios más populosos y tradicionales de Lima, manifestado en su libro de cuentos Que te coma el tigre (1977) o la novela Final del Porvenir (1992); y la “ambigüedad entre su original mundo niséi y el mundo criollo”, expresada en el libro testimonial Japón no da dos oportunidades (1994). Y lo hace renovando su lenguaje literario, cambiando lo coloquial y oral de su narrativa inicial por una prosa artística y sumamente trabajada. El reto parece ha sido escribir sobre este submundo urbano empleando un lenguaje elevado; y aunque en algunas líneas la prosa chirría un poco, los resultados son buenos.

Los temas y recursos señalados se complementan con el aprovechamiento de la tradición literaria, pues a los autores mencionados se añaden mucho otros, tanto occidentales como orientales. Esta rigurosa forma de encarar la creación es una constante en las obras de madurez de los ex integrantes del Grupo Narración, a cuya segunda promoción perteneció Higa. La iluminación de Katzuo Nakamatsu se suma así a los más recientes libros de Gutiérrez, Morillo, Reynoso y otros, conjunto que incluye mucho de lo más importante en la narrativa peruana de los últimos años. Sin embargo, los premios literarios y reconocimientos internacionales suelen ir a autores y obras de menor valía. Una injusticia que seguirá generando polémicas y discusiones.
(Artículo publicado previamente en el suplemento Semana del diario La Primera)


Otros textos sobre La iluminación de Katzuo Nakamatzu: Javier Ágreda, Pedro Escribano, Gabriel Espinoza, Juan Francisco Ugarte, Ricardo González Vigil, Diego Alonso Sánchez.
Entrevistas: Francisco Ángeles, Ernesto Carlín, Maribel de Paz, La Primera.

El mago de las estrellas

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Ben Okri. El mago de las estrellas (Norma, 2008).

El nigeriano Ben Okri (Minna, 1961) ha obtenido algunos de los más importantes premios literarios en lengua inglesa, incluyendo el Booker Prize 1991 por su novela El camino hambriento, y hasta ha sido postulado al premio Nobel de Literatura. Su narrativa, que une la fantasía literaria con mitos y leyendas africanas, suele ser calificada de "realismo mágico africano"; en especial su más reciente libro, El mago de las estrellas, una extensa y ambiciosa novela, llena de sucesos maravillosos que remiten tanto a Las mil y una noches como a Cien años de soledad.

El libro de las estrellas (traducción literal de Starbook, título original de la novela) cuenta los amores de dos jóvenes innominados y legendarios: un príncipe inocente y generoso, preocupado por la justicia y libertad en su reino; y una doncella que vive muy lejos, en un pueblo de artistas nómadas. Los jóvenes se conocen y comunican a través de los sueños y su encuentro "real" se produce recién en las páginas finales del libro. Pero antes de eso, las abundantes ramificaciones del relato principal van dando cuenta de la historia de los pueblos los de los protagonistas, abarcando varias generaciones de personajes y acontecimientos fabulosos.

Okri pone énfasis en lo onírico –no como fuente de símbolos sino como una dimensión extra de lo real– y en lo relacionado a los objetos artísticos, su creación e interpretación. Pero por ese camino la narración se va haciendo cada vez más fantasiosa y abstracta, alejándose tanto de los mitos como de la propia historia, elementos esenciales del realismo mágico latinoamericano. Aquí el único referente temporal es la aparición de un misterioso "viento blanco" que arrastra a los jóvenes africanos a un lugar lejano, a sufrir y morir. Una alusión al inicio de las actividades de los traficantes de esclavos.

Contribuyen a darle a la novela su abierto carácter de fábula tanto los personajes (simples, sin densidad psicológica), el predominio de las aventuras y peripecias, las recurrentes menciones de elementos cósmicos (sol, luna, estrellas) y hasta el lenguaje, directo y sencillo, que apela muchas veces a las repeticiones y fórmulas propias del relato oral. Okri logra así hacer de El mago de las estrellas un lectura sumamente interesante, pero también la aproxima demasiado a ese amplio sector de novelas actuales cuya prioridad es, según Miguel Gutiérrez, "satisfacer las necesidades primarias de entretenimiento y asombro de un público masivo".
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre El mago de las estrellas: José Antonio Gurpegui, The Observer, Janet Tay.
Entrevistas: Guillermo Altares, Xavi Ayén.