Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX

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Juan Carlos Galdo. Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX (IEP, 2008)

En el libro Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX el crítico Juan Carlos Galdo (Lima, 1968) hace un seguimiento de las ideas acerca de la nación peruana y sus problemas esenciales presentes en algunas de las más importantes novelas peruanas del siglo XX. Para ello ha elegido seis obras adscritas al realismo imperante en nuestra narrativa: desde el realismo socialista de El tungsteno (1931) de César Vallejo, pasando por las diferentes etapas del indigenismo, hasta novelas totales como Conversación en la Catedral (1969) de Mario Vargas Llosa y La violencia del tiempo (1992) de Miguel Gutiérrez.

La propuesta de Galdo –doctor en Literatura y actualmente profesor en la Texas A&M University– es unir la interpretación literaria con las interesantes reflexiones acerca de la alegoría, el símbolo, el realismo y la mímesis de autores como Benjamin, Lukacs, Jameson o Eagleton. Partiendo de una minuciosa recapitulación de la trama y de los personajes de estas novelas, el crítico identifica las alegorías más importantes en cada caso, para después analizar las características y la dinámica de estas alegorías, además del contexto histórico y la ideología de los autores.

Este método de trabajo está respaldado por un amplio conocimiento e inteligente manejo de la abundante bibliografía crítica sobre estas novelas. Es el aspecto más destacable de este libro, originalmente una tesis universitaria, y en el que se pueden apreciar el rigor académico y la sólida formación del autor. Sin embargo hay una evidente desproporción entre el espacio empleado en esa revisión del estado de la cuestión o las numerosas páginas dedicadas al recuento de las novelas (Galdo parece asumir que no las hemos leído) y la brevedad de los análisis y de las conclusiones de cada capítulo. O entre el despliegue de erudición del extenso ensayo introductorio y las breves conclusiones finales.

Entre los aportes de la obra de Galdo se encuentra la reivindicación crítica de El tungsteno y El Sexto (1961), consideradas generalmente obras menores dentro de la producción de sus autores, aunque en ambos casos las alegorías encontradas por Galdo resultan bastante previsibles: la revolución y la utopía andina, respectivamente. Más interesantes y originales son las reflexiones sobre los recursos narrativos de que se vale Mario Vargas Llosa para cuestionar precisamente esas categorías, o el trabajo de Miguel Gutiérrez para renovarlas e integrarlas en su ambiciosa novela.
(Artículo publicado originalmente en La República)


Otros textos sobre Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX: Marcel Velázquez, Ricardo González Vigil.
En Internet se pueden leer dos ensayos de Juan Carlos Galdo: Rituales sangrientos: poéticas y políticas del sacrificio en José María Arguedas y Mario Vargas Llosa y Algunos aspectos de la narrativa regional contemporánea: los casos de Enrique Rosas Paravicino y Oscar Colchado Lucio.

La iluminación de Katzuo Nakamatsu (2)

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El marginal en su laberinto.
Augusto Higa Oshiro. La iluminación de Katzuo Nakamatsu (San Marcos, 2008)

Hay entre nuestros narradores seniors (de 50 años de edad o más) dos grupos claramente definidos y casi antagónicos: los vinculados al Grupo Narración (Gutiérrez, Reynoso, Martínez, etc.) y los llamados “criollos” (encabezados por Cueto y Ampuero), que cuentan con una mayor presencia mediática. La famosa polémica entre escritores andinos y criollos de hace tres años, no fue otra cosa que un enfrentamiento entre esos dos grupos. Un enfrentamiento que, al menos en lo que respecta a las obras literarias, están ganando los primeros, con libros como La iluminación de Katzuo Nakamatsu de Augusto Higa Oshiro (Lima, 1947).

Según Borges todo destino humano se decide en “un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. Para Katzuo Nakamatsu –niséi peruano de 58 años de edad– ese momento se produce mientras contempla un árbol de cerezos (símbolo de la cultura japonesa) en un parque limeño. Entonces descubre la proximidad de la muerte y también que a pesar de haber pasado tantos años en Lima “simplemente la había vivido con indiferencia y lejanía, sin involucrarse, impasible, extraño, marginal…”. Es el inicio de un descenso al infierno de la locura, que concluirá con Nakamatsu –un respetable profesor universitario– vagando desnudo por las calles limeñas.

Después de esa “iluminación” Nakamatsu comienza a vestirse como un par de personajes marginales de Lima de los años 40, sobre los que estaba realizando investigaciones académicas: el poeta Martín Adán y el japonés Etsuko Untén. Con esta anacrónica indumentaria, como si se tratara de un Quijote, sale a realizar largas caminatas por la ciudad. Cada capítulo del libro corresponde a una de esas “salidas”, que en conjunto abarcan toda la Lima de la época de Martín Adán. Y en todas ellas se encuentra lo mismo, calles sucias y deterioradas en las que deambulan los marginados: delincuentes, niños sin hogar, alcohólicos, prostitutas, homosexuales, etc.

Paralelamente a ese recorrido del laberinto limeño, Nakamatsu realiza un viaje interior, tras sus recuerdos y su identidad. Recuerda a sus amigos, a su esposa muerta, a sus padres y a los jóvenes japoneses que llegaron al Perú hace 60 años. Y se van haciendo más evidentes los síntomas de su locura y las huellas de sus ancestros japoneses. Ambos procesos, los recorridos urbanos y el viaje interior, convergen cuando Nakamatsu encuentra, en el centro del laberinto, la belleza que siempre soñó; y con ella, la locura. Poco después, también la paz espiritual, gracias a la ayuda de la yutá Miyagui, una médium okinawense.

Así Higa une en esta breve e intensa novela los dos elementos más importantes de su obra: el interés por los barrios más populosos y tradicionales de Lima, manifestado en su libro de cuentos Que te coma el tigre (1977) o la novela Final del Porvenir (1992); y la “ambigüedad entre su original mundo niséi y el mundo criollo”, expresada en el libro testimonial Japón no da dos oportunidades (1994). Y lo hace renovando su lenguaje literario, cambiando lo coloquial y oral de su narrativa inicial por una prosa artística y sumamente trabajada. El reto parece ha sido escribir sobre este submundo urbano empleando un lenguaje elevado; y aunque en algunas líneas la prosa chirría un poco, los resultados son buenos.

Los temas y recursos señalados se complementan con el aprovechamiento de la tradición literaria, pues a los autores mencionados se añaden mucho otros, tanto occidentales como orientales. Esta rigurosa forma de encarar la creación es una constante en las obras de madurez de los ex integrantes del Grupo Narración, a cuya segunda promoción perteneció Higa. La iluminación de Katzuo Nakamatsu se suma así a los más recientes libros de Gutiérrez, Morillo, Reynoso y otros, conjunto que incluye mucho de lo más importante en la narrativa peruana de los últimos años. Sin embargo, los premios literarios y reconocimientos internacionales suelen ir a autores y obras de menor valía. Una injusticia que seguirá generando polémicas y discusiones.
(Artículo publicado previamente en el suplemento Semana del diario La Primera)


Otros textos sobre La iluminación de Katzuo Nakamatzu: Javier Ágreda, Pedro Escribano, Gabriel Espinoza, Juan Francisco Ugarte, Ricardo González Vigil, Diego Alonso Sánchez.
Entrevistas: Francisco Ángeles, Ernesto Carlín, Maribel de Paz, La Primera.

El mago de las estrellas

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Ben Okri. El mago de las estrellas (Norma, 2008).

El nigeriano Ben Okri (Minna, 1961) ha obtenido algunos de los más importantes premios literarios en lengua inglesa, incluyendo el Booker Prize 1991 por su novela El camino hambriento, y hasta ha sido postulado al premio Nobel de Literatura. Su narrativa, que une la fantasía literaria con mitos y leyendas africanas, suele ser calificada de "realismo mágico africano"; en especial su más reciente libro, El mago de las estrellas, una extensa y ambiciosa novela, llena de sucesos maravillosos que remiten tanto a Las mil y una noches como a Cien años de soledad.

El libro de las estrellas (traducción literal de Starbook, título original de la novela) cuenta los amores de dos jóvenes innominados y legendarios: un príncipe inocente y generoso, preocupado por la justicia y libertad en su reino; y una doncella que vive muy lejos, en un pueblo de artistas nómadas. Los jóvenes se conocen y comunican a través de los sueños y su encuentro "real" se produce recién en las páginas finales del libro. Pero antes de eso, las abundantes ramificaciones del relato principal van dando cuenta de la historia de los pueblos los de los protagonistas, abarcando varias generaciones de personajes y acontecimientos fabulosos.

Okri pone énfasis en lo onírico –no como fuente de símbolos sino como una dimensión extra de lo real– y en lo relacionado a los objetos artísticos, su creación e interpretación. Pero por ese camino la narración se va haciendo cada vez más fantasiosa y abstracta, alejándose tanto de los mitos como de la propia historia, elementos esenciales del realismo mágico latinoamericano. Aquí el único referente temporal es la aparición de un misterioso "viento blanco" que arrastra a los jóvenes africanos a un lugar lejano, a sufrir y morir. Una alusión al inicio de las actividades de los traficantes de esclavos.

Contribuyen a darle a la novela su abierto carácter de fábula tanto los personajes (simples, sin densidad psicológica), el predominio de las aventuras y peripecias, las recurrentes menciones de elementos cósmicos (sol, luna, estrellas) y hasta el lenguaje, directo y sencillo, que apela muchas veces a las repeticiones y fórmulas propias del relato oral. Okri logra así hacer de El mago de las estrellas un lectura sumamente interesante, pero también la aproxima demasiado a ese amplio sector de novelas actuales cuya prioridad es, según Miguel Gutiérrez, "satisfacer las necesidades primarias de entretenimiento y asombro de un público masivo".
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre El mago de las estrellas: José Antonio Gurpegui, The Observer, Janet Tay.
Entrevistas: Guillermo Altares, Xavi Ayén.

La iluminación de Katzuo Nakamatsu

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Muerte en El Porvenir
Augusto Higa. La iluminación de Katzuo Nakamatsu (San Marcos, 2008)

El escritor Augusto Higa (Lima, 1946), desarrolló en sus libros de cuentos y su novela El final del Porvenir (1992) una interesante propuesta narrativa popular y urbana. Quince años después, vuelve a la ficción literaria con La iluminación de Katzuo Nakamatsu, una buena novela corta, intimista e intensa, centrada en la subjetividad de un viejo nisei limeño, profesor universitario recién jubilado, quien paseando por el Parque de la Exposición tiene una "iluminación" que le hace cambiar de hábitos y de vida.

El relato remite a la novela La muerte en Venecia de Thomas Mann tanto por su protagonista, como por su temática y desarrollo. Pero mientras que el Aschenbach de Mann descubre tardíamente la sensualidad y el erotismo, lo que Nakamatsu comprende con claridad es su propio carácter de hombre marginal, tanto por ser hijo de japoneses como por su soledad (es viudo y no tiene hijos) y vocación literaria. A partir de ese momento, decide vestirse como Etsuko Untén (un japonés que lideró en Lima, durante la guerra mundial, un movimiento de apoyo al Japón) y repetir los recorridos del poeta Martín Adán por los bares y lugares más riesgosos de la ciudad.

Nakamatsu va perdiendo progresivamente la razón: inicialmente oye pájaros inexistentes en medio del caos urbano; y al final lo vemos desnudarse, en las calles de La Victoria, ante la belleza de un joven, "el adolescente apetecido, codiciado, mil veces soñado". Un proceso que es narrado por Benito Gutti, colega de Nakamatsu en la universidad, y al parecer también hijo de emigrantes. De ahí la objetividad y serenidad con que se relata; y también lo trabajado de la prosa (en algunos pasajes demasiado recargada de adjetivos) y su carácter más bien libresco, tan distante de la oralidad dominante en la narrativa de Higa en la época que integraba el Grupo Narración.

A pesar del personaje narrador, la novela incluye tanto recuerdos de infancia de Nakamatsu (especialmente la amistad de su padre con Untén) como breves y precisas descripciones del paisaje urbano que el protagonista recorre noche tras noche (cantinas, centros nocturnos, prostíbulos), partiendo siempre del populoso barrio de El Porvenir, en La Victoria. Con la decadencia y sordidez actual de ese barrio, y la melancólica y trágica historia del protagonista, La iluminación de Katzuo Nakamatsu parece representar para Higa el verdadero final de El Porvenir, diferente de aquel que imaginó quince años atrás.
(Artículo publicado previamente en La República).


Otros textos sobre La iluminación de Katzuo Nakamatzu: Javier Ágreda, Pedro Escribano, Gabriel Espinoza, Juan Francisco Ugarte, Ricardo González Vigil, Diego Alonso Sánchez.
Entrevistas: Francisco Ángeles, Ernesto Carlín, Maribel de Paz, La Primera.