El mago de las estrellas

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Ben Okri. El mago de las estrellas (Norma, 2008).

El nigeriano Ben Okri (Minna, 1961) ha obtenido algunos de los más importantes premios literarios en lengua inglesa, incluyendo el Booker Prize 1991 por su novela El camino hambriento, y hasta ha sido postulado al premio Nobel de Literatura. Su narrativa, que une la fantasía literaria con mitos y leyendas africanas, suele ser calificada de "realismo mágico africano"; en especial su más reciente libro, El mago de las estrellas, una extensa y ambiciosa novela, llena de sucesos maravillosos que remiten tanto a Las mil y una noches como a Cien años de soledad.

El libro de las estrellas (traducción literal de Starbook, título original de la novela) cuenta los amores de dos jóvenes innominados y legendarios: un príncipe inocente y generoso, preocupado por la justicia y libertad en su reino; y una doncella que vive muy lejos, en un pueblo de artistas nómadas. Los jóvenes se conocen y comunican a través de los sueños y su encuentro "real" se produce recién en las páginas finales del libro. Pero antes de eso, las abundantes ramificaciones del relato principal van dando cuenta de la historia de los pueblos los de los protagonistas, abarcando varias generaciones de personajes y acontecimientos fabulosos.

Okri pone énfasis en lo onírico –no como fuente de símbolos sino como una dimensión extra de lo real– y en lo relacionado a los objetos artísticos, su creación e interpretación. Pero por ese camino la narración se va haciendo cada vez más fantasiosa y abstracta, alejándose tanto de los mitos como de la propia historia, elementos esenciales del realismo mágico latinoamericano. Aquí el único referente temporal es la aparición de un misterioso "viento blanco" que arrastra a los jóvenes africanos a un lugar lejano, a sufrir y morir. Una alusión al inicio de las actividades de los traficantes de esclavos.

Contribuyen a darle a la novela su abierto carácter de fábula tanto los personajes (simples, sin densidad psicológica), el predominio de las aventuras y peripecias, las recurrentes menciones de elementos cósmicos (sol, luna, estrellas) y hasta el lenguaje, directo y sencillo, que apela muchas veces a las repeticiones y fórmulas propias del relato oral. Okri logra así hacer de El mago de las estrellas un lectura sumamente interesante, pero también la aproxima demasiado a ese amplio sector de novelas actuales cuya prioridad es, según Miguel Gutiérrez, "satisfacer las necesidades primarias de entretenimiento y asombro de un público masivo".
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre El mago de las estrellas: José Antonio Gurpegui, The Observer, Janet Tay.
Entrevistas: Guillermo Altares, Xavi Ayén.

La iluminación de Katzuo Nakamatsu

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Muerte en El Porvenir
Augusto Higa. La iluminación de Katzuo Nakamatsu (San Marcos, 2008)

El escritor Augusto Higa (Lima, 1946), desarrolló en sus libros de cuentos y su novela El final del Porvenir (1992) una interesante propuesta narrativa popular y urbana. Quince años después, vuelve a la ficción literaria con La iluminación de Katzuo Nakamatsu, una buena novela corta, intimista e intensa, centrada en la subjetividad de un viejo nisei limeño, profesor universitario recién jubilado, quien paseando por el Parque de la Exposición tiene una "iluminación" que le hace cambiar de hábitos y de vida.

El relato remite a la novela La muerte en Venecia de Thomas Mann tanto por su protagonista, como por su temática y desarrollo. Pero mientras que el Aschenbach de Mann descubre tardíamente la sensualidad y el erotismo, lo que Nakamatsu comprende con claridad es su propio carácter de hombre marginal, tanto por ser hijo de japoneses como por su soledad (es viudo y no tiene hijos) y vocación literaria. A partir de ese momento, decide vestirse como Etsuko Untén (un japonés que lideró en Lima, durante la guerra mundial, un movimiento de apoyo al Japón) y repetir los recorridos del poeta Martín Adán por los bares y lugares más riesgosos de la ciudad.

Nakamatsu va perdiendo progresivamente la razón: inicialmente oye pájaros inexistentes en medio del caos urbano; y al final lo vemos desnudarse, en las calles de La Victoria, ante la belleza de un joven, "el adolescente apetecido, codiciado, mil veces soñado". Un proceso que es narrado por Benito Gutti, colega de Nakamatsu en la universidad, y al parecer también hijo de emigrantes. De ahí la objetividad y serenidad con que se relata; y también lo trabajado de la prosa (en algunos pasajes demasiado recargada de adjetivos) y su carácter más bien libresco, tan distante de la oralidad dominante en la narrativa de Higa en la época que integraba el Grupo Narración.

A pesar del personaje narrador, la novela incluye tanto recuerdos de infancia de Nakamatsu (especialmente la amistad de su padre con Untén) como breves y precisas descripciones del paisaje urbano que el protagonista recorre noche tras noche (cantinas, centros nocturnos, prostíbulos), partiendo siempre del populoso barrio de El Porvenir, en La Victoria. Con la decadencia y sordidez actual de ese barrio, y la melancólica y trágica historia del protagonista, La iluminación de Katzuo Nakamatsu parece representar para Higa el verdadero final de El Porvenir, diferente de aquel que imaginó quince años atrás.
(Artículo publicado previamente en La República).


Otros textos sobre La iluminación de Katzuo Nakamatzu: Javier Ágreda, Pedro Escribano, Gabriel Espinoza, Juan Francisco Ugarte, Ricardo González Vigil, Diego Alonso Sánchez.
Entrevistas: Francisco Ángeles, Ernesto Carlín, Maribel de Paz, La Primera.

Los desmoronamientos sinfónicos

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Miguel Ildefonso. Los desmoronamientos sinfónicos (Hipocampo, 2008)

Tras publicar un libro de relatos y una novela, el escritor Miguel Ildefonso (Lima, 1970), acaso el poeta más importante de la llamada generación del 90, vuelve a la lírica con el poemario Los desmoronamientos sinfónicos. Se trata de un viejo proyecto suyo, más de un centenar de textos (que van desde unas pocas líneas hasta una página) que escribió en su época de estudiante universitario, pero que ha ido reformulando y depurando a lo largo del tiempo, radicalizando la propuesta original –la representación poética de la vida urbana limeña– y llevándola incluso más allá de sus límites.

Parte de esa radicalización es el abandono del verso, elemento por excelencia identificador de la poesía, y la eliminación de todo signo de puntuación, excepto precisamente el punto. Se deja también de lado la trama narrativa y las descripciones del paisaje urbano, presentes en todos los poemarios anteriores de Ildefonso. Es como si delegara esos elementos a sus novelas y cuentos para hacer una poesía más esencial y pura, basada casi exclusivamente en el poder de las imágenes, las palabras y las ideas. En varios textos se hace explícita esta arte poética: "...la poesía es un montaje de palabras imágenes rotas. Conceptos que se diluyen por agujeros de tristeza" (Poesía entre los escombros).

Los poemas son, por eso, algo así como fragmentos del discurso de un hablante alucinado que se pasea por nuestra ciudad, traduciendo en creativas metáforas y símiles todo el caos, la miseria y la violencia que ve: "por el rímac las aves en las piedras atravesada la bala en el girasol mudas las ratas insaciables...". Un mundo en ruinas, o desmoronándose, pero que puede renacer a partir de la imaginación artística. De ahí las frecuentes alusiones a escritores y pintores: Martín Adán, Juan Ojeda, Víctor Humareda, Claude Monet, etc. Y también músicos, pues la sonoridad es aquí un principio ordenador y muchas imágenes nacen de asonancias y juegos de palabras.

El peligro de dejar que los poemas fluyan libremente, impulsados por su propia sensualidad, es que se puede llegar a una especie de "escritura automática" casi surrealista y que poco tiene que ver con la propuesta inicial de Ildefonso: "...la soledad el aullido ondulación de moluscos jadeantes...". Pero esos son detalles menores frente a los evidentes aciertos de Los desmoronamientos sinfónicos, un poemario que tal vez no sea el mejor de Miguel Ildefonso, pero seguramente sí el más arriesgado y original.
(Artículo publicado previamente en La República)


Se pueden leer aquí algunos poemas del libro.
Otros textos sobre Los desmoronamientos sinfónicos: David Abanto, José Güich, José Pancorvo, José Carlos Yrigoyen.
Entrevistas: Carlos Sotomayor, Jennifer Thorndike.

El inventario de las naves

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El Apocalipsis tan temido
Alexis Iparraguirre. El inventario de las naves (Estruendomudo, 2008)

Hace unos tres años apareció un grupo de jóvenes y talentosos narradores limeños cuyas primeras obras fueron libros de cuentos fantásticos, completamente opuestos al realismo extremo (violencia y drogas) imperante en la narrativa joven de entonces. La más lograda de esas obras fue, sin lugar a dudas, El inventario de las naves de Alexis Iparraguirre (Lima, 1974), que obtuvo el importante Premio Nacional PUCP de Narrativa 2004. Lamentablemente, la primera edición del libro, realizada por la propia Universidad Católica, no tuvo una adecuada difusión, por lo que la editorial Estruendomudo acaba de publicar una nueva versión de este original conjunto de cuentos, la definitiva, con ilustraciones y mapas que ayudan a entenderlo mejor.

Ambientados en una ciudad imaginaria, pero en la que se puede reconocer a Lima, los siete relatos del libro están estrechamente vinculados entre sí. Los protagonistas son adolescentes que enfrentan los problemas propios de sus edad (aceptación del grupo, descubrimiento del amor, enfrentamientos generacionales) y la proximidad de un misterioso cataclismo. En Sábado, el primero de estos cuentos, encontramos a un grupo de jóvenes en las celebraciones del cumpleaños de uno de ellos. El Apocalipsis se anuncia de diversas maneras, desde elementos simbólicos hasta el “menos” (la sustancia alucinógena que estos jóvenes acaban de descubrir) o el viejo loco que armado con una espada irrumpe violentamente en la fiesta.

Se va creando así, en la ficción, una atmósfera irreal, casi de pesadilla. Los siguientes relatos acrecientan su complejidad, con más frecuentes anuncios del inminente cataclismo, y una intrincada red de citas y alusiones librescas, que van desde la Biblia hasta Cortázar. En El hombre en el espejo, se incorpora lo fantástico más tradicional, a través del viejo tópico del paso al universo del otro lado del espejo; en La Hermandad y La Luna el misterio y horror de vertiente gótica (tres niños videntes dialogan sobre los vaticinios del tarot); y en El inventario de las naves, el relato policial borgiano, pues el texto es casi un remake del conocido cuento La muerte y la brújula. En este relato por fin sucede la catástrofe: un gran huracán destruye casi toda la ciudad.

Pero ya en este punto, la complejidad y los retorcimientos de la trama resultan excesivos. El asesino en serie es un hombre cultísimo que sabe de memoria largos pasajes de la Biblia y la Iliada (en sus idiomas originales); y la trama narrativa se pierde entre puntillosas discusiones acerca de citas y traducciones, y las reiteradas menciones al texto de Borges y a la vida de este escritor. A eso hay que sumar los nexos con los otros cuentos (personajes, temas, lugares), y la llegada del gran cataclismo.

Algunos de estos excesos se pueden encontrar también en los tres últimos cuentos del libro –Proximidad del huracán, Orestes y El francotirador– en los que se da el salto de lo fantástico literario al universo de la ciencia ficción y el cómic posapocalípticos: seres fantasmales o monstruosos conviviendo con los protagonistas humanos en un mundo en ruinas y casi sin vida. Iparraguirre compensa estas incursiones más allá de lo verosímil con una prosa sencilla pero bien trabajada, y dándole una mayor importancia a los diálogos (en los que el habla limeña se combina acertadamente con imágenes poéticas) que a las intervenciones del narrador omnisciente empleado en todos los textos.

Como en el caso de las primeras obras de sus compañeros de universidad y de propuestas literarias (Castañeda, Page, Gallardo, Chávez) acaso El inventario de las naves resulte en algunas páginas demasiado libresco, artificioso o adolescente. No obstante, se trata de un sólido conjunto de cuentos, hasta la fecha el mejor exponente de esta saludable nueva tendencia –cultista, imaginativa y con énfasis en lo formal– dentro de la narrativa peruana actual.


En internet se puede ler el cuento La Hermandad y La Luna.
Otros textos sobre El inventario de las naves: Luis Aguirre, Luis Hernán Castañeda, Marco García Falcón, Daniel Salvo.
Entevistas: Ernesto Carlín, Manuel García, Francisco Melgar, Gabriel Ruiz-Ortega, Carlos Sotomayor.