Para leer a Ciro Alegría

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Tomás G. Escajadillo. Para leer a Ciro Alegría (Mantaro, 2007)

Reconocido crítico literario y maestro universitario, Tomás Escajadillo ha dedicado gran parte de su trabajo al estudio de la narrativa peruana. Su libro La narrativa indigenista peruana (1994) es uno de los más importantes sobre este tema y a él se suman otros como La narrativa de López Albújar (1972), Narradores peruanos del siglo XX (1994) o Ciro Alegría y el mundo es ancho y ajeno (1983). Basándose en este último trabajo, Escajadillo acaba de publicar Para leer a Ciro Alegría, libro que analiza e interpreta la obra de nuestro gran novelista.

La crítica considera a El mundo es ancho y ajeno (1941) una de las cumbres de la narrativa peruana, aunque este juicio suele acompañarse de reparos a las deficiencias de construcción de la novela, aparentemente desordenada y con historias y personajes secundarios que aportan poco al relato central. Escajadillo refutó esas críticas con dos excelentes ensayos Los principios estructuradores de EMAA y Trayectoria y sentido de la peripecia de los ‘comuneros emigrados’ en EMAA. Estos textos, escritos hace 30 años e incluidos en el libro que reseñamos, se mantienen vigentes hasta hoy y son un referente ineludible en todos los estudios sobre la obra de Ciro Alegría.

Posteriormente Escajadillo realizó otros aportes para la interpretación de una novela tan amplia y diversa. Dedicó ensayos a cada uno de los protagonistas (Rosendo Maqui, Benito Castro y el fiero Vásquez), así como a otros personajes (Amadeo Illas, Calixto Páucar, Demetrio Sumallacta, etc.); también a elementos de la ficción (El símbolo de la construcción de la escuela en EMAA) y a las técnicas empleadas por el narrador ("Un monólogo interior en EMAA"). Todo ello a partir de una lectura integral de la novela que la liga ideológicamente no con las propuestas de Haya de la Torre (Alegría era entonces militante aprista) sino con el indigenismo de Mariátegui.

Son pocas las diferencias entre Para leer a Ciro Alegría y su versión previa –el ya mencionado Ciro Alegría y EMAA– y no llegan a justificar el cambio de título, pues este libro sigue conformado únicamente por textos sobre esa novela. Algunas referencias internas no han sido actualizadas y los comentarios del autor remiten constantemente a ciertas polémicas literarias de los años 80. Incluso, en la página 39, Escajadillo escribe sobre su gran amistad con el crítico Antonio Cornejo Polar (1936-1997), aunque prefiere mantener en reserva "...lo que en la actualidad estamos tramando".

Frágiles trofeos

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Jerónimo Pimentel. Frágiles trofeos (Álbum del Universo Bacterial, 2007)

El periodista y escritor Jerónimo Pimentel (Lima, 1978) nos entrega en su segundo poemario, Frágiles trofeos un conjunto de 21 textos muy diversos, tanto por su extensión –desde aforismos hasta poemas de varias páginas– como por los temas que abordan. No obstante esa aparente dispersión, el conjunto alcanza unidad y coherencia a través de ciertos ejes poéticos y del empleo de una lograda red de elementos simbólicos, entre ellos los insectos (langostas, abejorros, hormigas) que aparecen en varios poemas y que determinan el título, las ilustraciones y el diseño gráfico del libro.

Uno de esos ejes es la oposición entre lo estático y lo dinámico, entre lo permanente y lo fugaz. El libro se inicia en uno de esos polos con Otras celebraciones, un poema sobre la infancia y la casa familiar ("Nunca salimos. /Y así, encerrados en palacio...") y termina en el opuesto, con el hablante identificándose con una Langosta migratoria: "Siempre hay una buena razón para marchar... las espigas de cereales que aún no devoramos...". Lo estático está asociado con la seguridad y la trascendencia; lo dinámico con el peligro, la violencia y el deterioro. En Bombus ardens, estos últimos elementos se materializan en una plaga de abejorros "...como una nube a punto de explotar... como flechas negras disparadas a blancos imposibles".

Sin embargo, la opción del poeta es por lo dinámico: el viaje, la aventura, la incertidumbre. Así lo expresa en los poemas Melmoth, the wanderer y El misterio del mundo, sobre el protagonista de Moby Dick. Un poema que –además de remitir al primer poemario de Pimentel, Marineros y boxeadores (2003)– muestra otro de los ejes mencionados, la reflexión sobre la poesía y la literatura en general. Hay, por eso, una serie de "artes poéticas" (Otras composiciones, La fe en el fondo) entre las que destacan La fábula del padre y del hijo e Ítaca-Tannhäuser, el poema más extenso.

Si Pimentel organizó su primer poemario como "una antología de heterónimos", en Frágiles trofeos estos parecen limitarse a Armando Chang, el autor de Pequeños poemas para caras largas, textos que acompañan al libro y que comentan, con ironía y humor, cada uno de los poemas de Pimentel. Son recursos muy propios de nuestra generación post 2000, que con los libros de José Carlos Yrigoyen, Andrea Cabel, Manuel Fernández, Romy Sordómez y el propio Pimentel, representa una saludable renovación dentro de la polémica poesía "joven" peruana.


Otros textos sobre Frágiles trofeos: Ricardo González Vigil, José Güich, José Carlos Yrigoyen.
Entrevistas: Raúl Cachay, Carlos Sotomayor.

El árbol de Sodoma

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Jorge Nájar. El árbol de Sodoma (Ediciones Desafío, 2007)

El poeta Jorge Nájar (Pucallpa, 1946), uno de los más identificados con el movimiento Hora Zero, ha reunido en El árbol de Sodoma sus tres novelas ambientadas en Mayushín, una ciudad ficticia ubicada en la selva central peruana, fácilmente identificable con la Pucallpa de nuestros días. Sin personajes ni episodios en común, estas novelas son tres diferentes intentos de llevar a la narrativa la compleja problemática de esta región del país (narcotráfico, corrupción, pobreza extrema) y también de testimoniar la riqueza y vigencia de sus mitos, costumbres y tradiciones.

La más antigua de estas novelas es Nadie escucha el canto, publicada inicialmente en 1999, que aborda esa temática desde el marco de un relato policial. Pedro Sifuentes, artista nacido en Mayushín pero radicado durante decenios en Europa (el propio Nájar vive desde hace mucho en París), vuelve a su tierra buscando a los asesinos de su hermano menor. Para ello contrata a Willy Ruiz, un ex policía que descubre una red de narcotraficantes, militares y autoridades corruptas. Paralelamente, Pedro vuelve a tomar contacto con los dioses amazónicos que en su niñez conoció a través del Yobe Shipibo.

Nájar trabaja mejor la relación entre trama narrativa y mitos en la segunda novela, El otro olimpo, titulada originalmente (y con mayor acierto) Ángeles y demonios de Mayushín. Aquí quien regresa a la ciudad , también procedente de Europa, es Enrique Cabrera, un exitoso artista plástico. El encuentro con los amigos de infancia lo lleva a recordar las leyendas shipibas (la de Ronin, la gran serpiente cósmica; la de Ibojiwi, el árbol madre) que entonces les relataba el viejo Juan Chufandana y en las que el pintor descubre su verdadera identidad y el tema a desarrollar en sus futuros trabajos.

Una casa embrujada resulta la novela menos lograda y en la que se hacen más evidentes las debilidades de todo el conjunto, especialmente el esquematismo y el abuso de los elementos exóticos o de supuesto prestigio cultural. La protagonista es Úrsula del Río, una abogada defensora de los más pobres, nacida en Mayushín y que en su juventud actuó en cabarets limeños, disfrazada de diosa amazónica y bailando música de Piazzolla. A pesar de ser una acertada aproximación a la problemática dePucallpa, las novelas de El árbol de Sodoma muestran a un autor que, dedicado hace mucho a la creación poética, está todavía iniciándose en el arte de la narrativa.


Otros textos sobre El árbol de Sodoma: Nota de presentación, Sonia Luz Carrillo, Rosina Valcárcel.

Bonitas palabras

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Francisco Izquierdo Quea. Bonitas palabras (Mundo ajeno, 2007)

Los cuentos de Bonitas palabras, el primer libro del escritor y periodista cultural Francisco Izquierdo Quea (Lima, 1980), se dividen claramente en dos grupos: por un lado aquellos escritos con un lenguaje coloquial y que retratan el mundo de los jóvenes limeños; por otro, los relatos menos realistas y más “literarios”, que van desde lo fantástico hasta la recreación de trágicos episodios de nuestra historia, como en el cuento que da título al libro, que narra un crimen cometido por el poeta José Santos Chocano en 1925, poco después de haber sido laureado por el gobierno peruano.

En los cuatro primeros relatos el habla urbana limeña se conjuga con ciertos mitos y obsesiones propias de la adolescencia, y con una estrategia narrativa sumamente libre y abierta a las digresiones, a la manera de los cuentos de la segunda etapa de la obra de Bryce. En Zapatos, el relato más extenso, vemos a un joven abandonar la universidad para instalarse cómodamente en el mundo de los adultos: un negocio próspero, una pareja estable, buenos amigos. Pero hay una cierta distancia e ironía del narrador con respecto a ese bienestar. Algo similar sucede en los cuentos La pelota y La guapa, cuyos protagonistas parecen hacer realidad, aunque brevemente, sus más anheladas fantasías.

En la segunda mitad del libro los cuentos abandonan la cotidianidad limeña para incursionar en “los espacios de la nostalgia y el ensueño”, como ha señalado Giancarlo Stagnaro. Son textos más “cerrados” y que presentan una mayor brecha entre los sucesos narrados y la subjetividad de los protagonistas. En Nada ni nadie, por ejemplo, se recrea el asesinato de Antonio Miró Quesada, director de El Comercio en la década de 1930, a manos de Carlos Steer Lafont. Este crimen político resulta para el Steer de la ficción algo personal, pues él es un hijo no reconocido de su víctima. Y los niños que protagonizan Los cuervos y El niño en casa viven los acontecimientos narrados como si se tratara de pesadillas.

En líneas generales, los nueve cuentos de Bonitas palabras presentan a Izquierdo como un escritor que sabe contar una historia manteniendo el interés del lector tanto por los giros y peripecias de la trama como por los temas que va abordando. Pero Izquierdo todavía necesita trabajar bastante en los aspectos estilísticos de su narrativa, pues en los dos tipos de cuentos mencionados (los coloquiales y los literarios) encontramos demasiados errores y palabras mal empleadas.


Otros textos sobre Bonitas palabras: Marlon Aquino, José Güich, Enrique Sánchez Hernani, Giancarlo Stagnaro, Alberto Villar y las entrevistas de Francisco Ángeles, Miguel Ildefonso, Tomacini Sinche López y Giancarlo Stagnaro.