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Antología personal

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Carlos Eduardo Zavaleta. Antología personal (Editorial San Marcos, 2009)

El gran aporte de Carlos Eduardo Zavaleta (Caraz, 1928) a la narrativa peruana todavía no ha sido reconocido en su verdadera magnitud. No solo fue el primero en usar las modernas técnicas creadas por Joyce y Faulkner (como ha afirmado reiteradas veces el propio Mario Vargas Llosa), también es uno de nuestros mejores y más versátiles cuentistas, solo comparable con Julio Ramón Ribeyro. Algo que se hace especialmente evidente en el libro Carlos E. Zavaleta. Antología personal (San Marcos, 2009).

Integrante de la llamada “generación del 50”, a Zavaleta se le suele asociar con el surgimiento de la narrativa urbana limeña, a mediados del siglo XX. Pero su producción literaria es mucho más amplia, pues abarca seis décadas y una veintena de libros –desde El cínico (1947) hasta Huérfano de mujer (2008)–, entre novelas y conjuntos de cuentos. Además, Zavaleta conoce bien el mundo y la cultura andina, lo que le ha permitido ser considerado como uno de nuestros más destacados narradores “neo-indigenistas”.

Los 21 relatos reunidos en este libro demuestran la calidad y diversidad de registros de esta narrativa. Figuran, por ejemplo, las novela cortas Los Íngar (1955), a la que ha dedicado un elogioso ensayo el escritor Miguel Gutiérrez, y El padre del tigre (1986), presente en todas las antologías de literatura sobre la violencia política de las décadas pasadas. Con sus 600 páginas y acertada selección de textos, esta Antología personal resulta una excelente ocasión para descubrir o releer a Carlos E. Zavaleta.

El escarabajo y el hombre

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Oswaldo Reynoso. El escarabajo y el hombre (Casatomada, 2009)

Con el libro de cuentos Los inocentes (1961), el escritor Oswaldo Reynoso (Arequipa, 1931) creó “un estilo literario nuevo: la jerga popular y la alta poesía reforzándose, iluminándose”, según opinión de José M. Arguedas. Ese estilo, junto con la descripción realista de la vida de los sectores urbanos más pobres, se convirtieron en elementos esenciales de la primera etapa de la obra de Reynoso, que culminó en 1970 con la recién reeditada novela El escarabajo y el hombre (Casatomada, 2009).

Esta narración está constituida básicamente por el monólogo de un estudiante universitario limeño. Él, en una cantina, le cuenta a su profesor de escuela las aventuras de sus amigos de barrio: amores, alcohol, miseria, delincuencia, prostitución, etc. Este recuento apenas es interrumpido por fragmentos del diálogo entre dos personajes irreales, el uno y el otro, quienes conversan, en clave alegórica, sobre las costumbres del escarabajo estercolero y la forma en que se relaciona con sus semejantes.

Este diálogo era un recurso al que apelaba Reynoso para reflexionar sobre las acciones sin caer en lo “panfletario”, como (según la crítica) había sucedido en su novela En octubre no hay milagros (1965). El resultado no fue del todo satisfactorio y acaso por eso el autor entró en un silencio literario de más de 20 años, hasta encontrar nuevos caminos para su obra. De todas maneras, El escarabajo y el hombre es un valioso testimonio de uno de los momentos decisivos para el devenir de la narrativa peruana.

Rodolfo Hinostroza y la poesía de los años sesenta

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Fernandez
Camilo Fernández Cozman. Rodolfo Hinostroza y la poesía de los años sesenta (FEUCH, 2009)

Doctor en Literatura y miembro de la Academia Peruana de la lengua, Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) es uno de los críticos que trabajan por renovar y actualizar esta práctica en nuestro país. Su proyecto personal es hacer una revisión de las principales generaciones poéticas peruanas del siglo XX hasta la actualidad, a partir del estudio del autor más importante o característico de cada una de ellas. Ya ha publicado Las ínsulas extrañas de E. A. Westphalen (1990) y Las huellas del aura. La poética de J. E. Eielson (1996), Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe (2009), entre otros libros. Pero acaso el más logrado de esos trabajos es el que acaba de ser reeditado: Rodolfo Hinostroza y la poesía de los años sesenta (FEUCH, 2009) libro en que la poesía hinostroziana es revisada a la luz de las contribuciones de la neorretórica y la pragmática.

Escrito a partir de una tesis académica, el texto se inicia con el ineludible “estado de la cuestión”, un recuento pormenorizado de reseñas y comentarios críticos sobre los dos primeros poemarios de Hinostroza: Consejero de lobo (1965) y Contranatura (1971). Estos comentarios son después explicados como parte de contextos mayores: el de la cultura peruana de los años ’60 en general y el de la poesía en particular. Fernández encuentra que en la obra de Hinostroza están presentes las cuatro características principales de su generación poética (conciencia estructural de la obra, importancia de la síntesis, las citas culturales y el empleo de versos narrativos y conversacionales), y también sus más notorias influencias: la tradición poética de lengua inglesa y algunos poetas franceses.

Como sucede en los libros de crítica más reciente el eje central está constituido por el “análisis retórico-figurativo” de los textos a partir de los aportes de la Retórica General Textual, que tiene como representantes a Antonio García berrio, Tomás Abadalejo y especialmente a Stephano Arduini. Pero Fernández ya se ha dado cuenta de que esta “disección” no basta para explicar el funcionamiento de la literatura, pues “no se trata de un problema de carne o de pellejo sino de anatomía”, citando un verso de Antonio Cisneros, otro poeta de los sesenta, precisamente sobre este tema.

Los no tan interesantes resultados finales del análisis retórico y pragmático deben ser interpretados como una muestra de la crisis actual de la crítica literaria en general. A partir de los formalistas rusos, la crítica ha ido abandonando el tradicional ensayo humanista, basado en la erudición y el talento literario de autores como Borges y Alfonso Reyes, para acercarse cada vez más al rigor y la fundamentación teórica propios de las ciencias, especialmente en lo que respecta a la retórica. Pero el ensayo humanista parece estar en la esencia misma de toda crítica literaria, razón por la cual incluso los críticos más entusiastas con los nuevos aportes teóricos necesitan apelar constantemente a ensayos de otras disciplinas para darle un poco de contenido más “humano” a sus análisis.

Los libros de Fernández constituyen todo un testimonio de esa necesidad y búsqueda de contenidos de parte de la nueva crítica. En Las ínsulas extrañas... recurrió al psicoanálisis junguiano, a sus conceptos de arquetipo y de individuación; en Las huellas del aura, a las reflexiones culturales de W. Benjamin y K. Kosik; y en este trabajo sobre Hinostroza a las reflexiones de la pragmática lingüística sobre la dimnensión comunicativa de los textos. Esta interesante búsqueda está acompañada de una permanente actualización con las más importantes contribuciones en el área de la literatura propiamente dicha. De ahí que cada libro de Fernández resulte, además de una rigurosa aproximación a la obra estudiada, también una revisión de los más actuales métodos y problemas de la crítica literaria.


Enlaces relacionados
En el blog de Camilo Fernández, La soledad de la página en blanco, se pueden leer muchos de sus trabajos de crítica literaria.

Concierto animal

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Varela
Blanca Varela. Concierto animal (Peisa, 2009)

Dos tendencias básicas se pueden encontrar en toda la poesía de Blanca Varela (Lima, 1926-2009): por un lado poemas breves basados en imágenes simples y que usan a la naturaleza como fuente de símbolos; por otro los poemas más complejos y extensos, con imágenes de estirpe surrealista. Ambas tendencias aparecen claramente en sus dos primeros poemarios, Este puerto existe (1959) y Luz de día (1963); pero en sus últimos libros la primera de ellas se fue imponiendo hasta llegar casi al límite en su poemario Concierto animal (Peisa, 2009), un libro en el que el rigor y la contención formal son la contraparte necesaria para la amplitud de los temas y la complejidad de las reflexiones.

Los animales aparecen en la obra de Varela como elementos que, paradójicamente, han llevado al yo poético de los temas más materiales y terrestres hacia el plano espiritual. Eso sucedía por ejemplo en el poema “Ternera acosada por tábanos” del libro Ejercicios materiales (1991): “sólo recuerdo al animal más tierno/ llevando ... /como otra piel aquel halo de sucia luz/... / tras la legaña/ me deslumbró el milagro mortecino”. En Concierto animal esta idea es desarrollada a plenitud en varios poemas. Por su brevedad citamos completo el primer texto (sin título como los demás de este libro): “niño come llorando/ llora comiendo niño/ en animal concierto/ el placer y el dolor/ hacen al ángel/ a dos carrillos músico”. Y el planteamiento se mantiene hasta el final: “el animal que se revuelca en barro/ está cantando/ amor gruñe en su pecho/en sucia luz envuelto”.

Aunque en no todos los poemas se recurra a la imagen de los animales, hay siempre en ellos un elemento “material” que de alguna manera conduce a lo espiritual: “dame tu tacho de basura/ la quemaré te lo prometo/ no la voy a crucificar...”. Esta materialidad elemental se expresa también en la concisión y simpleza de los aspectos formales: textos breves y de versos cortos, sin signos de puntuación y casi sin ornamentos retóricos. Incluso en el lenguaje se dan preferencia a los elementos imprescindibles como sustantivos y verbos, dejando de lado los adjetivos, adverbios y hasta ciertos nexos lógicos. El resultado es una poesía austera, despojada de descripciones y datos biográficos, que presenta al lector lo más directamente posible su peculiar universo constituido por elementos de una simbología muy personal.

Estructurados rigurosamente a partir de estos principios poéticos, los textos van abordando diversos temas a veces con ironía crítica, a veces como una búsqueda de verdades trascendentes, y siempre con un cierto “desencanto existencial” (como ha señalado la poeta Carmen Ollé). Así se habla de la muerte, la racionalidad (“mi cabeza como una gran canasta/ lleva su pesca// deja pasar el agua mi cabeza”), la soledad (“si me escucharas/ tú muerto y yo muerta de ti/ si me escucharas”), o el inexorable paso del tiempo (“juntar los días los años las horas/ tierra de nadie en el mismo cajón, memoria a oscuras castigada”).

Tanto por el rigor formal, la coherencia de los textos y la unidad estructural, Concierto animal nos parece uno de los mejores poemarios escritos por Blanca Varela, una de las voces más importantes de la denominada generación del 50 y la mayor poeta peruana del siglo XX. Un libro de madurez y lleno de sabiduría, acertadamente reeditado por Peisa.


Enlaces relacionados
Sobre Concierto animal: Paolo Astorga, Grecia Cáceres, Lauren Mendinueta, Olga Muñoz, Gonzalo Valdivia,
Sobre la poesía de Blanca Varela: A media voz, Adolfo Castañón, Mariela Dreyfus y Rocío Silva-Santisteban, Roland Forgues, Libros, Mario Vargas Llosa, entre muchos otros.

Vallejo en los infiernos

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vallejo

DEMASIADO HUMANO (ii)

Eduardo González Viaña. Vallejo en los infiernos (FEC, 2009)

Eduardo González Viaña (Trujillo, 1941) recrea en la novela Vallejo en los infiernos (FEC, 2009) uno de los episodios más oscuros de la vida de César Vallejo: su captura policial y posterior encarcelamiento, que duró desde noviembre de 1920 hasta febrero de 1921. González Viaña parte para ello de una documentada investigación que mereció, en el año 2006, el Premio Pastega de Excelencia en Investigación Académica y hasta motivó al Poder Judicial a realizar un acto de desagravio público al poeta.

Los testimonios y documentos se combinan en este extenso relato (más de 500 páginas) con la gran creatividad de González Viaña, que tantos premios literarios internacionales ha merecido. Pero aquí esa creatividad se emplea para dar una dimensión mágica a diversos episodios de la infancia y juventud de Vallejo (rememorados por el poeta durante su permanencia en prisión), o a explicar las circunstancias en que nacieron algunos de sus poemas, cosas más propias de un biopic fílmico que de una novela biográfica.

En la segunda mitad, González Viaña se aboca más al relato de los pormenores políticos del “caso” Vallejo (sin dejar de lado sus amores con Zoila Guarda). Con ello, la novela se va convirtiendo en un interesante retrato de los manejos políticos de la época, de las injusticias sociales y la corrupción de las autoridades. Es el aspecto más logrado de Vallejo en los infiernos, al que se suma la excelente edición del libro, realizada por el Fondo Editorial del Congreso.


Enlaces relacionados

En Internet se pueden leer los capítulos primero y segundo de la novela.

Eduardo González Viaña tiene un blog llamado El Correo de Salem.

Otros textos sobre Vallejo en los infiernos: Pedro Crenes, Javier Fernàndez de Castro, La Primera, Antonio Martínez Asensio, Antonio Melis, Carmen Sales.

Entrevistas: Andina, Cynthia Campos, EcoDiario, María Luisa González ,Enrique Sánchez Hernani.

El siguiente video es del programa Presencia cultural.




La Florida del Inca

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Garcilaso
Inca Garcilaso de la Vega. La Florida del Inca (UIGV, 2009)

La Universidad Inca Garcilaso de la Vega inició hace un año la publicación de nuevas y muy buenas ediciones de las obras más importantes del Inca Garcilaso (Cusco, 1539 - España, 1616): un tomo dedicado a los Comentarios Reales de los Incas (1609) y dos a la Historia general del Perú (1617). Culminando el proyecto, esta universidad acaba de poner en circulación el libro La Florida del Inca (UIGV, 2009) la primera gran crónica escrita por el Inca Garcilaso.

Publicada inicialmente en Lisboa, en 1605, La Florida del Inca narra las peripecias de la expedición (1539-1543) dirigida por Hernando de Soto y que recorrió la península norteamericana de La Florida. Es un texto amplio (700 páginas en esta edición), en el que Garcilaso conjuga su formación humanística y lecturas de los autores clásicos, con su pasión por la historia del continente. La calidad y originalidad de esta obra, la primera crónica escrita por un nativo americano, ha sido reconocida por la crítica en general.

Esta edición parte del trabajo filológico de Jorge Huamán Machaca, quien transcribió el texto basándose en las dos primeras ediciones del libro. A ello se suma el extenso y documentado prólogo que, como en los casos de los Comentarios Reales y la Historia general, ha estado a cargo del reconocido crítico Ricardo González Vigil; un texto en el que se analizan a profundidad diversos aspectos del libro. En suma, un valioso aporte para la difusión de la obra de uno de los autores fundamentales de la literatura peruana.

El último cuerpo de Úrsula

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De Souza
Patricia de Souza. El último cuerpo de Úrsula (sic, 2009)

Patricia de Souza (Ayacucho, 1963) ha publicado siete novelas –desde Cuando llegue la noche (1994) hasta Ellos dos (2007)–, la mayoría de ellas en importantes editoriales españolas y algunas incluso traducidas al alemán. Sin lugar a dudas, se trata de la más destacada narradora peruana de la actualidad, aunque su obra (poco difundida en nuestro medio) todavía no ha alcanzado el reconocimiento que merece. Por eso resulta sumamente oportuna la reciente edición de El último cuerpo de Úrsula (sic, 2009), una de sus novelas emblemáticas y que Seix Barral publicó en España hace diez años.

Un accidente deja a Úrsula, una periodista de 30 años de edad, paralítica y víctima de intensos dolores. A partir de esa experiencia y de una misteriosa soledad (sólo al final se descubre el motivo) ella comienza a rememorar diversos episodios de su vida (desde la infancia hasta el presente), para escribir una especie de diario, reflexionando sobre esos episodios con dureza y crueldad. Se trata especialmente de momentos decisivos en la evolución de la relación de la protagonista con los hombres (padre, primos, esposo y amantes), y en los que el erotismo y la sensualidad de Úrsula tienen siempre un papel determinante.

Como señalamos con respecto a la novela Electra en la ciudad (2006), lo más característico de esta narrativa es el empleo de una cierta “retórica especulativa”, rica en imágenes e ideas, a través de la cual los protagonistas (casi siempre artistas o intelectuales que narran en primera persona) dan a conocer sus peculiares reflexiones. Úrsula es uno de sus personajes más logrados en este aspecto, pues sus originales interpretaciones del amor, el dolor, el placer, el deseo o la vejez, resultan siempre acordes con su temperamento, cultura e inteligencia. Aunque eso no salva a la autora de caer en algunos excesos.

El mayor reparo que se le puede hacer a las novelas de de Souza es lo fragmentario y a veces inconexo de los episodios y la trama en general, lo que les hace perder, en buena medida, la tensión narrativa. Algo de eso sucede también en El último cuerpo de Úrsula, aunque aquí la fragmentación –la ausencia de “sentido y armonía”– es precisamente uno de los temas centrales, materializado en los caleidoscopios a los que la protagonista es tan aficionada: “… mi corta vida, esta vida sin historia, sin continuidad, sólo hecha de fragmentos que a veces logran encajar, tal y como se forman las figuras de un caleidoscopio” reconoce Úrsula en las páginas finales de la novela.
(Artículo publicado en La República)


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Patricia de Souza administra el blog Palincestos.
Entrevistas: Francisco Ángeles, Enrique Sánchez H., Carlos Sotomayor.

Noche sin fortuna

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Caicedo
Andrés Caicedo. Noche sin fortuna (Norma, 2009)

Todo un mito de la cultura colombiana de los 70’s, el escritor y cineasta Andrés Caicedo (Cali 1951) afirmó alguna vez que vivir más allá de los 25 años era una vergüenza y, consecuente con esas palabras, en marzo de 1977 puso fin a su vida con 60 pastillas de seconal. Antes había desarrollado una obra sorprendentemente abundante y precoz: a los quince años ganó un premio por el drama La piel del otro héroe, y a los 18 su relato Los dientes de caperucita obtuvo el segundo premio en un concurso latinoamericano de cuento. Participó activamente en grupos de teatro, fundó cine clubes y escribió guiones, pero su gran pasión fue la literatura, la narrativa. Como parte de la Biblioteca Andrés Caicedo, la editorial Norma acaba de publicar, con prólogo de Alberto Fuguet, una nueva edición de Noche sin fortuna (2009) la novela en la que el escritor trabajó hasta poco antes de su muerte y que de alguna manera resume toda su obra.

La narrativa de Caicedo nos remite siempre a la ciudad de Cali, a sus calles y plazas, y a un universo de adolescentes, con sus fiestas, pandillas violentas y amores inocentes o perversos. Noche sin fortuna narra las aventuras de Patiño Solano la noche que asiste a su primera fiesta, los quince años de su amiga Angelita. Solano, su nombre lo anuncia, es un joven solitario y marginal, enfermizamente tímido, que busca el apoyo de un compañero de escuela, Danielito Bang. Poco a poco las situaciones van pasando de lo cotidiano a lo grotesco y por último a lo macabro, a un horror en gran medida tributario del de Poe y Lovecraft. La noche de fiesta acaba con una serie de sangrientos asesinatos y actos de canibalismo.

Novela sobre jóvenes y escrita en el lenguaje que hablan esos jóvenes, no podemos dejar de compararla con la serie de libros similares, pero ambientados en Lima, que se publicaron en los 90’s. desde No se lo digas a nadie hasta Nuestros años salvajes. Y aunque hay algunas coincidencias, frente al realismo radical de los limeños, Caicedo muestra un más sólido trabajo de ficcionalización. Los lugares pueden ser reales, pero tienen algún detalle que los “desrealiza”, como ese punto absolutamente oscuro en medio de la luminosa Plaza Sears. De igual manera están construidos los personajes, y el lector puede tomar como naturales la inseguridad y manías de Solano, pero la relación con la madre o su proclividad por lo excrementicio, no pueden dejar de parecer extrañas.

Tanto los lugares, los personajes y como las situaciones de esta novela están más relacionados con la fantasía del autor, con sus temores y obsesiones más íntimos. Casi podríamos decir que forman parte de una saga mitológica personal que Caicedo ha ido dando a conocer a lo largo de toda su obra. En este mismo libro se incluyen, como anexos, dos textos en los que el autor profundiza en Danielito y Antígona, la pareja que al final de la novela protagoniza un sangriento acto sexual. Pero ambos figuraban, junto con Angelita y Solano, en el libro de cuentos Angelitos empantanados, escrito en 1971 y publicado en 1977. Y la mencionada escena final está ya descrita en "Los dientes de caperucita" (1969). El vínculo intertextual es tan fuerte que algunos detalles de la novela (la mancha en el vestido de Angelita, p. e.) sólo son explicados a partir de la lectura de los relatos.

La crítica ya ha interpretado qué hay detrás de estos personajes misteriosamente arquetípicos. Se ha afirmado que la Antígona de esta novela es “una especie de metáfora de la mujer destructora y a la vez portadora de placeres”, la “vagina dentada” de que hablan los psicoanalistas. Y el crítico y poeta Juan Gustavo Cobo Borda, sin dejar de reconocer algunos problemas formales en la narrativa de Caicedo, encuentra que su fuerza “no reside en el desvarío de la alucinación sino en el peso reprimido de su contención: la demencia como fruto del rigor.” Demonios personales y rigor literario, características esenciales para la formación de un verdadero escritor, algo que sin lugar a dudas fue Caicedo.

Bicho raro

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Fernando Ampuero. Bicho raro (Planeta, 2008)

[Acaba de publicarse la segunda edición de Bicho raro (Planeta, 2009), el libro de cuentos de Fernando Ampuero aparecido originalmente a mediados de 1996. Lo reseñé entonces para La República, y poco tiempo después me encontré con el escritor, quien al reconocerme como el autor de ese artículo pasó a responder, en una conversación amena y cordial, algunos de los cuestionamientos que había hecho a su obra. Desde entonces he comentando otros libros suyos, a veces criticándolos duramente, y nuestras eventuales conversaciones, reales o “virtuales”, han seguido siendo cordiales y divertidas. Copio aquel comentario de Bicho raro.]

En paralelo a su reconocida labor periodística, Fernando Ampuero (Lima, 1949) ha desarrollado una interesante obra narrativa, que se inició con el libro de cuentos Paren el mundo que aquí me bajo (1972); y que ha alcanzado un especial éxito, tanto de ventas como de crítica, con sus dos últimos títulos: Caramelo verde (1992) y Malos modales (1994). Esta narrativa se enriquece ahora con Bicho raro, un conjunto de siete cuentos con personajes que, como los cronopios cortazarianos, se empeñan escandalosamente en romper con todas las convenciones sociales.

Son propios de estos peculiares "bichos raros" la búsqueda constante de la belleza y el ser incomprendidos por las personas que los rodean. Así se plantea desde el primer cuento, "Criaturas musicales", que trata de las constantes discusiones de una desigual pareja de esposos. Él es emotivo y con una fuerte sensibilidad estética; ella es práctica y temperamental. Por eso, cuando él descubre una madrugada que en la TV hay un especial sobre María Callas y decide despertar a su mujer para que participe de tan sublime experiencia, la respuesta de ella sólo puede ser: "¡Y me despiertas para decirme que María Callas está en la tele!... ¿Eres imbécil o qué?" (p. 26).

Los problemas encontrados al tratar de acceder directamente a la belleza hacen que estos personajes opten por acecharla en los lugares más insospechados. "Cuarto del oeste", narra las travesuras de dos hermanos, aprendices de bichos raros, en una vieja casona de campo familiar. Ahí, rodeados de los más extraños objetos, estos niños comienzan a inventar excéntricos rituales: dispararle seis balazos a la luna, pasear de noche por el campo alumbrados con candelabros de plata. O, mucho más inquietante, durante el velorio de la hermosa tía Elenita -aprovechando que los demás se quedaron dormidos- desnudarla para besar sus senos.

Ampuero recurre al humor como elemento que permite a estos personajes orientarse en su búsqueda de la belleza. Y con el humor aparecen algunos de sus mecanismos clásicos, entre otros la unión de opuestos (como la conjunción de eros y tánatos en "Cuarto del oeste") o las inversiones de estirpe carnavalesca (reemplazar lo heroico por lo infame, lo sublime por lo bajo, etc.). Esto último sucede en los cuentos "Más allá del amor a los perros" (donde incluso se presenta a un veterinario que masturba a sus pacientes) y Una pasión del espíritu, que narra la extraña costumbre de Ernesto, un talentoso pero poco afortunado pintor, de apropiarse de los objetos que le gustan a través de la "meada espiritual"; es decir, orinando sobre ellos. Lo hace en la fachada de La Merced, en una pintura de Duchamp, en un pisapapel de cristal, etc. Finalmente, intenta hacerlo en una hermosa mulata que acaba de cantar Georgia on my mind con una voz que era "una devastadora combinación de Billie Hollyday y Aretha Franklin" (p. 133).

En todos estos cuentos encontramos las ya conocidas virtudes narrativas de Ampuero: una prosa simple pero efectiva, acertada dosificación en el manejo de las tramas y, especialmente, la creación de atmósferas apropiadas para cada cuento mediante pequeños sucesos secundarios (un Papa Noel acuchillado por "pirañitas" en "Bicho raro", una gata de Angora comiendo fresas reventadas en "Cuarto del oeste"). Pero también encontramos una cierta pobreza en los diálogos y en las descripciones, las que suelen presentar lugares comunes y elementos de discutible gusto. Podemos notarlo especialmente en las descripciones de mujeres, casi todas hermosas, "de grácil figura" (p. 16), "rostro perfecto" (p. 50), "bonita cola, cintura estrecha y unas piernas larguísimas" (p. 132). Y la enumeración podría continuar.

Es esta tendencia a la banalidad y el estereotipo la que hace que no poco de la propuesta narrativa de Ampuero se pierda. Sus "bichos raros" sólo se diferencian del resto de personajes por su bondad o su obsesión por la belleza. Por eso los cuentos más débiles del libro son aquellos en los que se pretende interiorizar en la forma de pensar de estos personajes, como en el que da título al libro, centrado en el diálogo entre un suicida y el doctor que pretende animarlo a seguir viviendo. Algo parecido ocurre en "Azul caribe", el más flojo del conjunto y el único que presenta a un "bicho raro" hablando en primera persona.

Aunque inferior a Malos modales, Bicho raro es un libro que se lee con mucho interés, un conjunto de cuentos sumamente coherente y en el que podemos encontrar hasta una estética personal del autor: la de las inversiones y la marginalidad, presente ya en el título del libro.


Enlaces relacionados.
Se puede leer el cuento "Criaturas musicales" en el blog Cuentos peruanos contemporáneos.
Sobre Fernando Ampuero: Archivo de huellas digitales, Libros y autores peruanos, Wikipedia.
Sobre Bicho raro: José Güich.

El buscador de oro

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Jean-Marie Le Clézio. El buscador de oro (Norma, 2008)

El francés Jean-Marie Le Clézio (Niza, 1940) es, sin lugar a dudas, un gran narrador y ensayista. Otorgarle el Nobel de Literatura ha sido uno de los mayores aciertos de la Academia Sueca en los últimos tiempos. Autor precoz (a los 30 años ya tenía siete libros publicados), entre sus obras de madurez destaca la novela El buscador de oro (1985), un peculiar relato de aventuras que, en la traducción de Manuel Serrat, la editorial Norma acaba de reeditar para el mundo de habla hispana.

Lo que aquí se narra es la vida de Alexis L’Etang, personaje nacido hacia 1885 en una familia francesa radicada en la isla de Mauricio, al sur del continente africano. La idílica estancia de Alexis, pasada a orillas del mar, en contacto con la naturaleza y disfrutando de una entrañable relación con sus padres y su hermana Laure, es descrita brillantemente en el extenso primer capítulo del libro. Cuando un desastre natural y la pobreza alejan a la familia de esas playas, Alexis, acaso para recobrar el paraíso perdido, se convierte en buscador de tesoros ocultos, recordando las viejas historias de piratas que su padre les leyera a él y su hermana.

Es el inicio del solitario peregrinaje de Alexis por la costa africana: viajes por el mar en precarias embarcaciones y extensos periodos viviendo en campamentos lejos de las ciudades y de la civilización en general. Pero, eso sí, manteniendo siempre una vital relación con la naturaleza (especialmente el mar) y con las personas más humildes, desde marineros y campesinos hasta nómades como Ouma, la mujer de la que se enamora. En lo opuesto, las aproximaciones del protagonista al mundo occidental y moderno lo llevan siempre a enfrentar las peores injusticias (como la de los europeos contra los africanos) y las situaciones más difíciles, como su participación, vistiendo el uniforme francés, en la Primera Guerra Mundial.

De esta manera, Le Clézio une la tradición narrativa de las novelas de viajes y aventuras de los siglos XVIII y XIX (Stevenson, Salgari, Verne) con algunos temas muy propios de las reflexiones de nuestro tiempo: la mirada crítica al colonialismo occidental y a la propia modernidad, la reivindicación de las culturas tradicionales y marginales, el interés por la naturaleza y el medio ambiente. Y lo hace sin caer en idealizaciones ni simplificaciones, a través de una narración que conjuga el interés del relato de aventuras, la belleza de las descripciones y la hondura de los personajes. El buscador de oro es un libro memorable.
(artículo publicado previamente en La República).

Se pueden leer las primeras páginas de la novela en La Jornada.

Comentarios reales

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garcilaso
Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios reales (UIGV, 2009)

A 400 años de la publicación de la primera parte de los Comentarios reales de los incas, libro fundamental de la literatura y cultura peruana, la universidad Inca Garcilaso de la Vega nos entrega una excelente edición de esta obra en tres tomos: uno con la primera parte (la más conocida) y dos con la segunda (la que suele presentarse con el título de Historia general del Perú). En ambos casos, la edición, actualización de los textos, apuntes biográficos y estudios prologales han estado a cargo de Ricardo González Vigil, reconocido crítico y miembro de la Academia.

El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616) es considerado el primer escritor mestizo de América, pues perteneció a la primera generación de hijos de conquistadores españoles y mujeres nativas, y además fue autor de una de las obras más importantes de la literatura colonial hispanoamericana. Durante toda su vida trató de unir lo mejor de los dos mundos tan diferentes a los que pertenecía: nació en el Cusco y su lengua materna fue el quechua, pero pronto aprendió el castellano y el latín. En 1560 viajó a España, donde vivió durante más de medio siglo, dedicado a escribir su obra y a hacer traducciones de textos clásicos, como los Diálogos de amor de León Hebreo.

Fue precisamente en España, en 1586, que inició la redacción de los Comentarios reales, una ambiciosa narración (más de dos mil páginas en esta edición) que abarca toda la historia del Perú: desde la fundación del imperio inca hasta los enfrentamientos entre Huáscar y Atahualpa (primera parte); y desde el primer encuentro de Pizarro y Almagro hasta las guerras entre pizarristas y almagristas, y lo relativo a los incas rebeldes (segunda parte). En paralelo, describe con minuciosidad y acierto paisajes, mitos, tradiciones, costumbres y objetos propios de nuestro país y nuestra cultura.

El Inca Garcilaso fue un humanista y erudito, además de un gran prosista, de los mejores de las letras hispanas de su tiempo. Por ello, y por ser testigo presencial de sucesos decisivos de nuestra historia, su obra ha sido objeto de análisis de diversas disciplinas: historia, literatura, antropología, psicoanálisis, estudios pluriculturales. La bibliografía garcilacista es abundante y Ricardo González Vigil la maneja –en dos extensos ensayos introductorios que suman más de 200 páginas– con conocimiento y solvencia, haciendo importantes aportes para la mejor comprensión de este clásico de la literatura peruana.
(Artículo publicado previamente en La República)

Otros textos sobre esta edición de Comentarios reales: José Güich, Enrique Sánchez Hernani, Carlos Villanes Cairo. Y sobre la obra en sí, el ensayo de Raquel Chang-Rodríguez.

Barrunto

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Juan José Sandoval. Barrunto (Urbania, 2008)

La tercera edición de Barrunto (Urbania, 2008) nos entrega este peculiar relato de Juan José Sandoval (Lima, 1976) acompañado de una nueva serie de cuentos y convertido en todo un símbolo de la narrativa limeña reciente, dentro del ámbito de lo urbano marginal. “Barrunto”, el cuento, fue publicado originalmente en 2001; en 2004 Mauricio Franco Tosso hizo una versión fílmica que obtuvo diversos reconocimientos internacionales y por ello el cuento fue vuelto a publicar por la editorial Sarita Cartonera.

La historia centrada en el mundo de las barras bravas –con toda la miseria, violencia y drogas que imperan en ese ambiente– no llama tanto la atención por sus temas y personajes como por la frescura y originalidad de la narración. A diferencia de Bayly y sus émulos (toda una generación de escritores surgidos en los años 90), dedicados casi exclusivamente a narrar los excesos de los jóvenes de clase media y alta, Sandoval escoge sus personajes entre los pobladores más pobres de la ciudad, reflejando su forma de hablar, sus mitos y su cultura en general. Y en ese sentido, remite inevitablemente a Los inocentes, el polémico libro de cuentos de Oswaldo Reynoso, todo un hito en nuestra narrativa.

Pero hasta ahí llegan los referentes literarios, pues buena parte de la vitalidad de la narrativa de Sandoval proviene precisamente de su innovador empleo de elementos propios de las ficciones narrativas que más consumen sus personajes. Es decir, de la cultura audiovisual y masiva en la que hoy viven inmersos los jóvenes de todo el mundo: cine, televisión, cómics, etc. De ahí la brevedad de las secuencias, los continuos cambios de ambientes y tiempo en la mayoría de los cuentos, los diálogos (más cerca del guión que de la narrativa literaria) y las constantes apelaciones a referentes como transmisiones de radio y avisos comerciales.

La empatía con esa subcultura urbana, sin embargo, genera también varios problemas, desde la tendencia a hacer de los personajes más caricaturas que seres humanos (con sus inherentes complejidades y contradicciones), hasta pretender que el lenguaje reproduzca lo más directamente posible el habla de la calle. Y eso es bastante notorio, no tanto en “Barrunto”, el más logrado de estos textos –ni “Vato loco” o “Nacida para ser virgen”– sino en los cuentos que están centrados en el mundo de la drogadicción: “Luz verde para morir” y “Tolquin limeñian blues”. Tampoco son muy logrados los relatos sobre historias de amor adolescente y trágico, como “Talvezmente enamorado”.

En el otro extremo están aquellos cuentos en los que la narrativa de Sandoval (marginal y casi antiliteraria) enfrenta su mayor disyuntiva: ¿hasta que punto puede asimilar técnicas y procedimientos literarios sin traicionarse ni alejarse demasiado de su propio universo? Es una disyuntiva similar a la que en su momento enfrentó el escritor Domingo de Ramos, con su poesía también marginal y enfocada en la cultura de los limeños más pobres. En los cuentos “Nada que contar” y “Niña diario”, Sandoval incorpora como tema al propio acto de narrar, de una manera irónica y lúdica. Una alternativa creativa con la que este escritor enriquece su narrativa sin dejar de lado los ambientes y personajes más característicos de su obra.


En Internet se puede ver el corto Barrunto. Juan José Sandoval tiene un blog llamado también Barrunto.
Otros textos sobre el libro: La página de los cuentos.
Entrevistas: Grace Gálvez, Porta9.

Ribeyro, la palabra inmortal

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Jorge Coaguila. Ribeyro, la palabra inmortal (Tierra Nueva, 2008)

Conozco de cerca la historia de Ribeyro, la palabra inmortal, pues compartí aulas universitarias con Jorge Coaguila, cuando ambos éramos estudiantes sanmarquinos. Jorge estudiaba Comunicación Social, pero debido a su gran pasión por la literatura, tenía buenos amigos entre nosotros, los estudiantes de Literatura. Un día Jorge se animó a visitar al mismo Julio Ramón Ribeyro, un escritor de culto y uno de los mayores narradores peruanos del siglo XX. Ese encuentro fue el inicio de una amistosa relación entre cuyos frutos están las seis largas y valiosas entrevistas reunidas en este libro, en las que el narrador limeño muestra su lado más íntimo y humano.

En estas entrevistas, y no obstante el respeto y la admiración hacia el escritor, Jorge Coaguila llega algunas veces a cuestionarlo severamente. Acerca del reconocido escepticismo le pregunta a quemarropa: “¿No le parece que el escepticismo es una manera cómoda de librarse de los problemas?”. O, a partir del comportamiento de algunos personajes: “¿No le parece que en sus cuentos y novelas se percibe un cierto racismo?” Las respuestas de Ribeyro, llenas de humildad y sentido del humor, hablan claramente de la afectuosa relación que tuvo con Jorge.

Esas entrevistas constituyen la primera de las tres partes del libro. En la segunda se reúnen las críticas y ensayos que Jorge ha escrito sobre la obra de Ribeyro. En esos textos hay artículos sobre los cuentos de La palabra del mudo; sobre las novelas Crónica de San Gabriel, Los geniecillos dominicales, Cambio de guardia; y sobre los libros Teatro completo, La caza sutil, Prosas apátridas, Dichos de Lúder, La tentación del fracaso y Cartas a Juan Antonio. Los ensayos, por su parte, analizan diversos aspectos de la vida y obra de Ribeyro, desde su accidentada amistad con Mario Vargas Llosa hasta la función de lo trágico y lo cómico en la narrativa ribeyriana. Todos estos artículos y ensayos fueron publicados originalmente en importantes diarios y revistas culturales.

La tercera y última parte del libro reúne textos escritos por el propio Julio Ramón Ribeyro y que hasta ahora han permanecido inéditos: un fragmento de una novela inédita, que al parecer Ribeyro no llegó a completar, así como páginas de una autobiografía, que también quedó inconclusa e inédita a la muerte del escritor, y una serie de cartas dirigidas al escritor Luis Loayza. Complementan esta tercera edición del libro, corregida y aumentada de Ribeyro, la palabra inmortal, un glosario, con citas temáticas de la obra de Ribeyro, un índice onomástico y una reseña biográfica del narrador limeño.
(Resumen del texto leído en la presentación del libro, en la 13° FIL 2008)


Otros artículos sobre Ribeyro, la palabra inmortal: José Güich.
En el blog de Jorge Coaguila, El dedo en la llaga, se pueden leer las seis entrevistas (uno, dos, tres cuatro, cinco y seis) a Julio Ramón Ribeyro y buena parte de los textos del libro.

Una muchacha bajo su paraguas

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Carmen Ollé. Una muchacha bajo su paraguas y otros relatos (San Marcos, 2008)

Reconocida como una de las fundadoras de la polémica poesía femenina de los años 80, Carmen Ollé (Lima, 1947) se ha dedicado posteriormente más a la narrativa, con una serie de relatos y libros difíciles de clasificar: la autobiografía ficcionada en ¿Por qué hacen tanto ruido? (1992), el policial farsesco en Pista falsa (1999) o los cuentos y las prosas "apátridas" de Retrato de mujer sin familia ante una copa (2007). Textos de todas esas facetas han sido reunidos por Ollé en el libro Una muchacha bajo su paraguas y otros relatos (San Marcos, 2008).

El relato principal, que da título al libro, es una novela corta publicada hace seis años y que cuenta las experiencias de una joven escritora limeña en el París de finales de los años 70. La narración está basada en las propias experiencias de Ollé, quien efectivamente estuvo allí entonces, acompañada del poeta Enrique Verástegui. En esta ficción la protagonista también está unida a un talentoso poeta de nombre Enrique, y entre sus amigos peruanos en París figuran conocidos escritores de esa generación (fácilmente identificables) "y sus hermosas y rabiosas mujeres".

Ollé intenta entregarnos la versión femenina y doméstica de la deslumbrante bohemia parisina de la que tanto se ha escrito. Así, mientras su esposo se dedica a conversar de poesía y filosofía con sus amigos, la protagonista tiene que trabajar de mucama (sin dejar de lado sus preocupaciones intelectuales) para pagar su sustento y la renta del pequeño departamento en que viven. El relato se convierte por eso en una especie de Rayuela contada desde el punto de vista de La Maga, personaje al que se menciona aquí reiteradamente y con el que la protagonista tiene muchas similitudes. La pareja incluso tiene un hijo (aunque se trata de una niña y no de un bebe) y la historia concluye también "Del lado de acá" con el retorno del trío a Lima.

En la segunda mitad del libro se reúnen 14 relatos que son una muestra de los diversos temas, motivos y estrategias de la narrativa de Ollé: las parábolas a la manera kafkiana ("In vitro", "Josefina y los ratones"), las evocaciones de experiencias personales ("Perro celestial", "Función matinal"), la temática homosexual ("Luces por favor") y metaliteraria ("Buscando a Vera") y hasta un emotivo homenaje a María Elena Moyano. De estos textos el más logrado es "Pentimento", mientras que "Contingencia" parece ser el germen de "El chofer" (incluido en Retrato de una mujer...), uno de los mejores cuentos de Ollé.
(Artículo publicado previamente en La República)

Retablo

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Julián Pérez. Retablo (Editorial San Marcos, 2008)

En la línea de la mejor narrativa indigenista, especialmente la de Ciro Alegría, la novela Retablo (Editorial San Marcos, 2008), cuya reciente tercera edición motiva estas líneas, cuenta la historia de varias generaciones de pobladores de un pequeño pueblo del interior del país, centrándose en el viejo problema de la injusta distribución de la tierra. Esta ambiciosa novela –con la que su autor, el ayacuchano Julián Pérez (1954) obtuvo el Premio Federico Villarreal 2003– es considerada por la crítica una de las más importantes entre las escritas sobre el tema de la violencia política de las décadas pasadas.

El pueblo de Pumaranra, en la provincia de Víctor Fajardo (Ayacucho), es el eje de esta historia. Ahí radica la familia Medina, identificada con las luchas reinvindicativas de los más pobres: el arriero Gregorio, su hijo Néstor (líder comunal, asesinado por ese motivo) y sus nietos Grimaldo (militante de un movimiento subversivo) y Manuel, el principal narrador de la novela. También las mujeres de la familia tienen un importante rol, especialmente Escola, madre de Manuel, quien es una excelente narradora oral. Algunos de sus extensos relatos están incluidos aquí, sumándose a las numerosas historias secundarias presentes en el texto.

Este material (episodios violentos, páginas plenas de una sexualidad carnavalesca, pasajes de lírico intimismo, relatos tradicionales) que abarca más de 40 años y diversos escenarios (Ayacucho, Ica, Lima) está estructurado a la manera de las novelas de Faulkner, cambiando constantemente el "tiempo", los lugares y los narradores. Los 36 capítulos parecen, al principio, fragmentos yuxtapuestos casi aleatoriamente, lo que dificulta un tanto la lectura. Sin embargo, en el tercio final, todas las historias convergen en un suceso: la emboscada en la que mueren Grimaldo y todos los miembros de la célula subversiva de la que formaba parte.

Hay muchos aspectos que destacar en esta novela: su carácter testimonial, la correcta integración de la violencia política a la temática de la narrativa indigenista, lo logrado de los personajes (en algunos de los cuales encontramos tanto el heroismo más elevado como una cierta promiscuidad sexual) o lo arriesgado del lenguaje, pues el español "diglósico"de Manuel une (no siempre con eficacia) algunos elementos del quechua con otros de la jerga urbana y costeña. Retablo es una muy buena novela, como ya han afirmado el crítico Ricardo González Vigil, el escritor Miguel Gutiérrez, entre otros.
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre Retablo: Miguel Gutiérrez, Carmen Ollé.
Entrevistas: La Primera.

Cuzco: Tierra y muerte

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Hugo Neira. Cuzco: Tierra y muerte (Editorial Herética, 2008)

El tema central de casi toda la literatura indigenista –la narrativa de Alegría y Arguedas, los ensayos de Mariátegui y Valcárcel– es el "problema de la tierra", el enfrentamiento entre los comuneros desposeídos y los poderosos terratenientes. Fue recién en los años 60 que ese problema se solucionó, no con la reforma agraria de la dictadura militar, sino a partir de las acciones de los propios campesinos quienes, unidos y agremiados, comenzaron a invadir las tierras en disputa. El historiador y sociólogo Hugo Neira (Abancay, 1936), enviado especialmente por un diario limeño, fue testigo de esta épica gesta, y publicó en 1964 un libro que hoy ha actualizado y vuelto a editar: Cuzco: tierra y muerte (Editorial Herética, 2008).

Neira permaneció en Cusco entre diciembre de 1963 y marzo de 1964, y las crónicas que entonces escribió constituyen el núcleo del libro. Son una serie de entrevistas con hacendados, campesinos y autoridades locales, entre estos últimos "el diputado democristiano Valentín Paniagua". Todos exponen sus razones y argumentos, pero las simpatías del autor están con los campesinos, especialmente con la Federación Departamental de Campesinos, dirigida por Urbano López (Hugo Blanco estaba por entonces en prisión) y que congregaba a 1,500 pequeños sindicatos. Es esta FDC la que organiza las invasiones, que en la mayoría de los casos se desarrollan sin violencia.

Entre estas crónicas destacan las dedicadas a describir la dinámica de las asambleas de campesinos y de las propias invasiones, o el rol protagónico de las mujeres de la región ("El NO de las campesinas", "Mujeres encabezaron los disturbios"). En el aspecto narrativo, el texto más importante sin lugar a dudas es Redada gigante en el Cuzco, el relato de los enfrentamientos entre policías y campesinos producidos el 7 de febrero y que concluyeron con 13 muertos (incluyendo niños), 40 heridos y 200 dirigentes detenidos.

Neira, actual director de la Biblioteca nacional del Perú, acompañó las crónicas con dos ensayos: "Los primeros pasos" es un conciso estado de la cuestión que hace las veces de prólogo; y "El sur antes y después", el epílogo, es una interpretación marxista de los sucesos. A ellos se suma, en esta nueva edición, "La ambigua historia. La paradójica revolución capitalista rural", una relectura desde el punto de vista actual hecha por el autor. Cuzco: tierra y muerte es, por ello, un valioso documento histórico, el testimonio del mayor y más trascendente movimiento de masas campesinas "que el Perú contemporáneo haya conocido".
(Artículo publicado previamente en La República)


La siguiente entrevista es del programa Presencia Cultural.


Campo Santo

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G. W. Sebald. Campo Santo (Anagrama, 2007)

El escritor alemán G.W. Sebald (1944-2001) murió en un accidente de carretera cuando su obra comenzaba a ser reconocida como una de las más importantes de la literatura europea actual, en especial sus cuatro libros de narrativa, desde Vértigo (1990) hasta Austerlitz (2001). Radicaba desde 1970 en Inglaterra, dedicado a la docencia universitaria y al ensayo literario, en el que destacó mucho antes de su tardío salto a la ficción. Al morir dejó una serie de textos pertenecientes a estos dos géneros, que fueron reunidos en el libro póstumo Campo Santo (Anagrama, 2007) y que muestran la sobresaliente calidad y coherencia de su obra.

Los cuatro relatos aquí reunidos forman parte de un viejo proyecto del autor, un libro de viajes sobre Córcega, en la línea de Los anillos de Saturno (1995), en el que narró sus caminatas por el condado de Suffolk, al sur de Inglaterra. Sebald describe lugares, paisajes y personajes con una prosa sobria y reflexiva que gira en torno a temas como la muerte, la decadencia y el peso del pasado. Son, sin lugar a dudas, sus demonios personales, los que guían, en el texto, sus pasos a museos y casas antiguas (Pequeña excursión a Ajaccio), a los restos de antiguos bosques (Los Alpes en el mar) y a un cementerio que da título al libro y que recuerda cómo los muertos son olvidados cada vez más rápido.

Los ensayos ocupan muchas más páginas y están dedicados a la literatura, pero vista desde la perspectiva de Sebald, como ocurre en Construcciones del duelo, en el que reflexiona sobre la destrucción de las ciudades alemanas en la Segunda Guerra Mundial, o Sobre memoria y crueldad en la obra de Peter Weiss. Son análisis que van desde amplias generalizaciones (la novelística alemana de los años 50, por ejemplo) hasta análisis de detalles sutiles, como en El lebrato –es decir, la liebrecilla–, dedicado al simbolismo de este animal en la poesía de Ernst Herbeck.

En los últimos ensayos encontramos al mejor Sebald, más libre y confiado en su inteligencia, formación humanística (historia, arte, psicoanálisis, filosofía) y sus muy personales recursos literarios. En Un intento de restitución, por ejemplo, parte de un recuerdo de infancia para reflexionar sobre la guerra, la figura del poeta Friedrich Hölderlin y también un ajusticiamiento masivo ocurrido en Francia en 1944. Las conclusiones, sin embargo, son sobre la propia escritura: "Hay muchas formas de escribir, pero solo en la literatura, por encima del registro de los hechos y de la ciencia, puede intentarse la restitución".
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre Campo Santo: Nicolás Cabral, Santos Domínguez, Alejandro Gándara, Ciro Krauthausen, Patricio Lennard, Rafael Narbona, Enrique Vilas-Mata,

Las cárceles del emperador

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Jorge Espinoza Sánchez. Las cárceles del emperador (Fondo Editorial Cultura Peruana, 2007)

Además de las novelas que aparecen en la listas de los libros más vendidos, existen otras novelas peruanas “exitosas”, que se reeditan numerosas veces y llegan a un amplio sector de lectores. Son una especie de best sellers alternativos, publicados, comentados y difundidos fuera del ámbito de la literatura oficial. El mejor ejemplo es la novela El retoño (1950) de Julián Huanay, las aventuras de un niño provinciano en su penoso peregrinaje hacia Lima. Mucho más reciente, la novela que motiva este artículo: Las cárceles del emperador (2002) del poeta y editor Jorge Espinoza Sánchez (Lima, 1953), ya cuenta con seis ediciones, la última de ellas de 3 mil ejemplares.

Las cárceles del emperador es un testimonio novelado que narra un dramático episodio de la vida de Espinoza: los quince meses que pasó injustamente en prisión como sospechoso de integrar un organización de artistas populares ligada a Sendero Luminoso. Las acciones se inician en julio de 1992, cuando el autor (protagonista y narrador) es capturado por la policía antiterrorista. Las casi 400 páginas del libro cuentan en forma minuciosa las experiencias carcelarias de Espinoza, poniendo especial énfasis en los terribles abusos y humillaciones a que eran sometidos entonces los presos en el penal Miguel Castro Castro.

Espinoza va directamente a los hechos, y ya en el primer párrafo de la novela cuenta la violenta forma en que fue secuestrado por la policía. Nadie le da ninguna explicación, ni le dicen a dónde lo llevan. Y ése es apenas el inicio, como se puede apreciar en los títulos de los más de 60 capítulos: Una rata en el menú, Durmiendo con un cadáver, Quemaron a los muchachos, etc. Además de lo que el protagonista ve y escucha, se incluyen los testimonios de sus compañeros de prisión, algunos de ellos sobrevivientes de sucesos como los de El Frontón del 18 de junio de 1886.

Así, la novela abarca casi diez años de abusos cometidos en las cárceles de nuestro país, un tema de latente interés para los peruanos. Lamentablemente, estas historias pierden bastante por el escaso oficio narrativo del autor. En primer lugar, por lo afectado de su prosa. Cuando, por ejemplo, los policías (que lo llevan prisionero dentro de un automóvil) le cubren los ojos con un trapo, el autor da rienda suelta a su estro poético: “Un relámpago cubrió mi rostro con la gruesa venda, estaba ahogado en la playa solitaria, las balas escupían canciones de guerra sobre mi cuerpo flotando a la deriva en las aguas infestadas de cocodrilos. Esposado y ciego, hervía la vida toda en mi cerebro…” (p. 10)

Hay importantes antecedentes de novelas peruanas dedicadas a este tema –el inhumano trato a los prisioneros políticos–, como La prisión (1951) de Gustavo Valcárcel y El sexto (1961) de José María Arguedas. En ambas, las cárceles se convierten en una metáfora de la sociedad peruana –con su marcada división entre criollos y andinos, privilegiados y excluidos– y los protagonistas sufren una transformación radical a partir de estas experiencias. Nada de eso sucede aquí, pues el autor está más interesado en denunciar a los culpables de su encarcelamiento y en mostrarse como un hombre digno, que no pierde nunca la compostura. Son sus compañeros quienes sufren las golpizas y humillaciones, mientras él está dedicado a leer grandes obras literarias.

Acaso por esa actitud no hace amigos ni establece vínculos afectivos en esos quince meses. Es más, durante buena parte de ellos, sus dos compañeros de celda ni siquiera le dirigen la palabra, a consecuencia de un problema omitido en la narración. Se pierden así las grandes posibilidades de los diálogos más personales, centrales en este tipo de novelas, como sucede en El beso de la mujer araña (1976), del argentino Manuel Puig. A pesar de estos defectos “literarios”, el realismo de las historias narradas en Las cárceles del emperador mantiene siempre vivo el interés del lector, que no puede dejar de emocionarse e indignarse con estos sucesos que ya forman parte de la ominosa historia del sistema penitenciario peruano.
(Artículo publicado previamente en La Primera)


Otros textos sobre Las cárceles del emperador: Jorge Coaguila,

La generación del 50: un mundo dividido

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Miguel Gutiérrez. La generación del 50: un mundo dividido (Arteidea, 2008)

A veinte años de su publicación original, acaba de aparecer la segunda edición del libro La generación del 50: un mundo dividido (Arteidea, 2007) de Miguel Gutiérrez (Piura, 1940), polémico balance de los aportes de esa importante generación de escritores, artistas e intelectuales peruanos. Un libro que en su momento fue ampliamente discutido y hasta censurado por la perspectiva marxista-maoísta empleada en los análisis y los elogios a Abimael Guzmán, el líder de SL, justo en los momentos más álgidos de la guerra interna iniciada precisamente por ese grupo armado.

En lo que respecta a la literatura, Gutiérrez pasa revista a las obras de escritores nacidos entre 1921 y 1936, desde Jorge Eduardo Eielson hasta Mario Vargas Llosa. Y si bien en el capítulo dedicado a la poesía los criterios y clasificaciones resultan hoy un tanto anacrónicos, en el correspondiente a la narrativa (casi cuatro veces más extenso) los resultados son mucho mejores, debido a la sólida formación en el género de Gutiérrez, uno de los más importantes novelistas peruanos de la actualidad. Así, con lucidez y conocimiento dela materia, aborda las obras de Eleodoro Vargas Vicuña, Carlos Eduardo Zavaleta, Julio Ramón Ribeyro, Antonio Gálvez, Oswaldo Reinoso y MVLL.

Pero los temas literarios ocupan solo una mitad del libro. La otra está dedicada a delimitar a esta generación, a explicar su contexto y antecedentes históricos, tanto locales (las generaciones del 900 y del centenario) como globales (posguerra, imperialismo, existencialismo). El capítulo final se titula Las formas del compromiso social, y en él Gutiérrez enfatiza la falta de ese compromiso y las debilidades personales (vicios, ambiciones, inconsecuencias) de buena parte de estos escritores, incluso aquellos que ha elogiado más; Ribeyro, MVLL, Washington Delgado.

Por último, sobre la relación de los intelectuales de izquierda con el poder, Gutiérrez analiza las trayectorias del sociólogo Aníbal Quijano y el filósofo y líder senderista Abimael Guzmán. Hoy cuesta entender sus fuertes cuestionamientos a Quijano y su entusiasmo ante la inteligencia, voluntad y "coherencia" de Guzmán. A pesar de los problemas que estas páginas le han originado, Gutiérrez ha preferido mantenerlas en esta nueva edición (salvo un par de adjetivos, nos dice en el prólogo), lo que es una muestra de su honestidad intelectual y respeto a un texto que representa, más que nada, un testimonio del tipo de debates y posturas de nuestros intelectuales frente a una de las peores crisis vividas en la historia del Perú.
(artículo publicado originalmente en La República)


En zonadenoticias se puden leer los prólogos del libro, tanto el original como el de esta segunda edición. El cambio más notorio es que mientras en el primero se dice reiteradamente que el libro es producto del trabajo de un "equipo de investigación", en el segundo ese equipo no es mencionado en absoluto.

Valle sagrado. Almas en pena

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Odi Gonzales. Valle sagrado / Almas en pena (Santo Oficio, 2008)

El escritor cusqueño Odi Gonzales (Calca, 1962) se hizo conocido con el poemario Valle sagrado (1993) que obtuvo dos premios nacionales de poesía. Se trataba de un conjunto de poemas que unía muchas de las características de la poesía urbana y coloquial de los 60 y 70 con una temática ligada a ambientes rurales y netamente andinos. Gonzales seguiría desarrollando su propuesta en Almas en pena (1998), libro que cierra esta etapa de su obra, sin duda la más importante. Diez años después, ambos poemarios han sido reunidos en el recién publicado Valle sagrado/Almas en pena (Santo Oficio, 2008).

Los poemas de Valle sagrado narran sucesos de la vida cotidiana cusqueña, que van desde un paseo lleno de reminiscencias históricas por la Antigua Villa de Zamora (la Calca natal del poeta) hasta los trágicos accidentes de carretera de Volcaduras. El discurso del autor, objetivo e irónico, se alterna con las palabras de los propios protagonistas de esos sucesos, quienes se expresan en el peculiar lenguaje hablado en la región, remitiéndose constantemente a leyendas y creencias populares. Gonzales encontró la fórmula para reunir en sus poemas todos esos elementos (narratividad, polifonía, diversidad de registros) y sin caer en barroquismos, mediante versos breves y sencillos.

El poeta pronto se dio cuenta de que más interesante que los sucesos era la forma en que los protagonistas los integraban a su fuerte religiosidad, en la que se mezclan la iconografía católica con dioses y mitos prehispánicos. Las secciones Cuaderno de confesiones (fragmentos de confesiones sacramentales) y Huanca. Peregrinación a la vasta cima... conducen a Almas benditas, en que estas almas hablan de sus vidas pasadas. Idea que Gonzales ampliará en Almas en pena, poemario dedicado exclusivamente a este universo entre mágico y religioso, como indican claramente los títulos de sus secciones: Lecturas de coca, Rituales, Entradas de ánimas/condenados.

Almas en pena resulta por eso un libro más sólido y logrado, un amplio recorrido por el imaginario andino de nuestro tiempo. Gonzales, estudioso de la tradición oral quechua, aborda estos temas con una actitud crítica que le permite evitar los errores y excesos de los escritores del realismo mágico. Para esta nueva edición, el autor ha retocado ligeramente tanto los textos de Almas en pena como de Valle sagrado, libros que en su primera edición, a pesar de los premios y elogios de la crítica, no tuvieron la difusión que merecían.
(Artículo publicado previamente en La República)


Entrevistas: Pedro Escribano, Abelardo Oquendo, La Primera.