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Cuzco: Tierra y muerte

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Hugo Neira. Cuzco: Tierra y muerte (Editorial Herética, 2008)

El tema central de casi toda la literatura indigenista –la narrativa de Alegría y Arguedas, los ensayos de Mariátegui y Valcárcel– es el "problema de la tierra", el enfrentamiento entre los comuneros desposeídos y los poderosos terratenientes. Fue recién en los años 60 que ese problema se solucionó, no con la reforma agraria de la dictadura militar, sino a partir de las acciones de los propios campesinos quienes, unidos y agremiados, comenzaron a invadir las tierras en disputa. El historiador y sociólogo Hugo Neira (Abancay, 1936), enviado especialmente por un diario limeño, fue testigo de esta épica gesta, y publicó en 1964 un libro que hoy ha actualizado y vuelto a editar: Cuzco: tierra y muerte (Editorial Herética, 2008).

Neira permaneció en Cusco entre diciembre de 1963 y marzo de 1964, y las crónicas que entonces escribió constituyen el núcleo del libro. Son una serie de entrevistas con hacendados, campesinos y autoridades locales, entre estos últimos "el diputado democristiano Valentín Paniagua". Todos exponen sus razones y argumentos, pero las simpatías del autor están con los campesinos, especialmente con la Federación Departamental de Campesinos, dirigida por Urbano López (Hugo Blanco estaba por entonces en prisión) y que congregaba a 1,500 pequeños sindicatos. Es esta FDC la que organiza las invasiones, que en la mayoría de los casos se desarrollan sin violencia.

Entre estas crónicas destacan las dedicadas a describir la dinámica de las asambleas de campesinos y de las propias invasiones, o el rol protagónico de las mujeres de la región ("El NO de las campesinas", "Mujeres encabezaron los disturbios"). En el aspecto narrativo, el texto más importante sin lugar a dudas es Redada gigante en el Cuzco, el relato de los enfrentamientos entre policías y campesinos producidos el 7 de febrero y que concluyeron con 13 muertos (incluyendo niños), 40 heridos y 200 dirigentes detenidos.

Neira, actual director de la Biblioteca nacional del Perú, acompañó las crónicas con dos ensayos: "Los primeros pasos" es un conciso estado de la cuestión que hace las veces de prólogo; y "El sur antes y después", el epílogo, es una interpretación marxista de los sucesos. A ellos se suma, en esta nueva edición, "La ambigua historia. La paradójica revolución capitalista rural", una relectura desde el punto de vista actual hecha por el autor. Cuzco: tierra y muerte es, por ello, un valioso documento histórico, el testimonio del mayor y más trascendente movimiento de masas campesinas "que el Perú contemporáneo haya conocido".
(Artículo publicado previamente en La República)


La siguiente entrevista es del programa Presencia Cultural.


Campo Santo

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G. W. Sebald. Campo Santo (Anagrama, 2007)

El escritor alemán G.W. Sebald (1944-2001) murió en un accidente de carretera cuando su obra comenzaba a ser reconocida como una de las más importantes de la literatura europea actual, en especial sus cuatro libros de narrativa, desde Vértigo (1990) hasta Austerlitz (2001). Radicaba desde 1970 en Inglaterra, dedicado a la docencia universitaria y al ensayo literario, en el que destacó mucho antes de su tardío salto a la ficción. Al morir dejó una serie de textos pertenecientes a estos dos géneros, que fueron reunidos en el libro póstumo Campo Santo (Anagrama, 2007) y que muestran la sobresaliente calidad y coherencia de su obra.

Los cuatro relatos aquí reunidos forman parte de un viejo proyecto del autor, un libro de viajes sobre Córcega, en la línea de Los anillos de Saturno (1995), en el que narró sus caminatas por el condado de Suffolk, al sur de Inglaterra. Sebald describe lugares, paisajes y personajes con una prosa sobria y reflexiva que gira en torno a temas como la muerte, la decadencia y el peso del pasado. Son, sin lugar a dudas, sus demonios personales, los que guían, en el texto, sus pasos a museos y casas antiguas (Pequeña excursión a Ajaccio), a los restos de antiguos bosques (Los Alpes en el mar) y a un cementerio que da título al libro y que recuerda cómo los muertos son olvidados cada vez más rápido.

Los ensayos ocupan muchas más páginas y están dedicados a la literatura, pero vista desde la perspectiva de Sebald, como ocurre en Construcciones del duelo, en el que reflexiona sobre la destrucción de las ciudades alemanas en la Segunda Guerra Mundial, o Sobre memoria y crueldad en la obra de Peter Weiss. Son análisis que van desde amplias generalizaciones (la novelística alemana de los años 50, por ejemplo) hasta análisis de detalles sutiles, como en El lebrato –es decir, la liebrecilla–, dedicado al simbolismo de este animal en la poesía de Ernst Herbeck.

En los últimos ensayos encontramos al mejor Sebald, más libre y confiado en su inteligencia, formación humanística (historia, arte, psicoanálisis, filosofía) y sus muy personales recursos literarios. En Un intento de restitución, por ejemplo, parte de un recuerdo de infancia para reflexionar sobre la guerra, la figura del poeta Friedrich Hölderlin y también un ajusticiamiento masivo ocurrido en Francia en 1944. Las conclusiones, sin embargo, son sobre la propia escritura: "Hay muchas formas de escribir, pero solo en la literatura, por encima del registro de los hechos y de la ciencia, puede intentarse la restitución".
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre Campo Santo: Nicolás Cabral, Santos Domínguez, Alejandro Gándara, Ciro Krauthausen, Patricio Lennard, Rafael Narbona, Enrique Vilas-Mata,

Las cárceles del emperador

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Jorge Espinoza Sánchez. Las cárceles del emperador (Fondo Editorial Cultura Peruana, 2007)

Además de las novelas que aparecen en la listas de los libros más vendidos, existen otras novelas peruanas “exitosas”, que se reeditan numerosas veces y llegan a un amplio sector de lectores. Son una especie de best sellers alternativos, publicados, comentados y difundidos fuera del ámbito de la literatura oficial. El mejor ejemplo es la novela El retoño (1950) de Julián Huanay, las aventuras de un niño provinciano en su penoso peregrinaje hacia Lima. Mucho más reciente, la novela que motiva este artículo: Las cárceles del emperador (2002) del poeta y editor Jorge Espinoza Sánchez (Lima, 1953), ya cuenta con seis ediciones, la última de ellas de 3 mil ejemplares.

Las cárceles del emperador es un testimonio novelado que narra un dramático episodio de la vida de Espinoza: los quince meses que pasó injustamente en prisión como sospechoso de integrar un organización de artistas populares ligada a Sendero Luminoso. Las acciones se inician en julio de 1992, cuando el autor (protagonista y narrador) es capturado por la policía antiterrorista. Las casi 400 páginas del libro cuentan en forma minuciosa las experiencias carcelarias de Espinoza, poniendo especial énfasis en los terribles abusos y humillaciones a que eran sometidos entonces los presos en el penal Miguel Castro Castro.

Espinoza va directamente a los hechos, y ya en el primer párrafo de la novela cuenta la violenta forma en que fue secuestrado por la policía. Nadie le da ninguna explicación, ni le dicen a dónde lo llevan. Y ése es apenas el inicio, como se puede apreciar en los títulos de los más de 60 capítulos: Una rata en el menú, Durmiendo con un cadáver, Quemaron a los muchachos, etc. Además de lo que el protagonista ve y escucha, se incluyen los testimonios de sus compañeros de prisión, algunos de ellos sobrevivientes de sucesos como los de El Frontón del 18 de junio de 1886.

Así, la novela abarca casi diez años de abusos cometidos en las cárceles de nuestro país, un tema de latente interés para los peruanos. Lamentablemente, estas historias pierden bastante por el escaso oficio narrativo del autor. En primer lugar, por lo afectado de su prosa. Cuando, por ejemplo, los policías (que lo llevan prisionero dentro de un automóvil) le cubren los ojos con un trapo, el autor da rienda suelta a su estro poético: “Un relámpago cubrió mi rostro con la gruesa venda, estaba ahogado en la playa solitaria, las balas escupían canciones de guerra sobre mi cuerpo flotando a la deriva en las aguas infestadas de cocodrilos. Esposado y ciego, hervía la vida toda en mi cerebro…” (p. 10)

Hay importantes antecedentes de novelas peruanas dedicadas a este tema –el inhumano trato a los prisioneros políticos–, como La prisión (1951) de Gustavo Valcárcel y El sexto (1961) de José María Arguedas. En ambas, las cárceles se convierten en una metáfora de la sociedad peruana –con su marcada división entre criollos y andinos, privilegiados y excluidos– y los protagonistas sufren una transformación radical a partir de estas experiencias. Nada de eso sucede aquí, pues el autor está más interesado en denunciar a los culpables de su encarcelamiento y en mostrarse como un hombre digno, que no pierde nunca la compostura. Son sus compañeros quienes sufren las golpizas y humillaciones, mientras él está dedicado a leer grandes obras literarias.

Acaso por esa actitud no hace amigos ni establece vínculos afectivos en esos quince meses. Es más, durante buena parte de ellos, sus dos compañeros de celda ni siquiera le dirigen la palabra, a consecuencia de un problema omitido en la narración. Se pierden así las grandes posibilidades de los diálogos más personales, centrales en este tipo de novelas, como sucede en El beso de la mujer araña (1976), del argentino Manuel Puig. A pesar de estos defectos “literarios”, el realismo de las historias narradas en Las cárceles del emperador mantiene siempre vivo el interés del lector, que no puede dejar de emocionarse e indignarse con estos sucesos que ya forman parte de la ominosa historia del sistema penitenciario peruano.
(Artículo publicado previamente en La Primera)


Otros textos sobre Las cárceles del emperador: Jorge Coaguila,

La generación del 50: un mundo dividido

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Miguel Gutiérrez. La generación del 50: un mundo dividido (Arteidea, 2008)

A veinte años de su publicación original, acaba de aparecer la segunda edición del libro La generación del 50: un mundo dividido (Arteidea, 2007) de Miguel Gutiérrez (Piura, 1940), polémico balance de los aportes de esa importante generación de escritores, artistas e intelectuales peruanos. Un libro que en su momento fue ampliamente discutido y hasta censurado por la perspectiva marxista-maoísta empleada en los análisis y los elogios a Abimael Guzmán, el líder de SL, justo en los momentos más álgidos de la guerra interna iniciada precisamente por ese grupo armado.

En lo que respecta a la literatura, Gutiérrez pasa revista a las obras de escritores nacidos entre 1921 y 1936, desde Jorge Eduardo Eielson hasta Mario Vargas Llosa. Y si bien en el capítulo dedicado a la poesía los criterios y clasificaciones resultan hoy un tanto anacrónicos, en el correspondiente a la narrativa (casi cuatro veces más extenso) los resultados son mucho mejores, debido a la sólida formación en el género de Gutiérrez, uno de los más importantes novelistas peruanos de la actualidad. Así, con lucidez y conocimiento dela materia, aborda las obras de Eleodoro Vargas Vicuña, Carlos Eduardo Zavaleta, Julio Ramón Ribeyro, Antonio Gálvez, Oswaldo Reinoso y MVLL.

Pero los temas literarios ocupan solo una mitad del libro. La otra está dedicada a delimitar a esta generación, a explicar su contexto y antecedentes históricos, tanto locales (las generaciones del 900 y del centenario) como globales (posguerra, imperialismo, existencialismo). El capítulo final se titula Las formas del compromiso social, y en él Gutiérrez enfatiza la falta de ese compromiso y las debilidades personales (vicios, ambiciones, inconsecuencias) de buena parte de estos escritores, incluso aquellos que ha elogiado más; Ribeyro, MVLL, Washington Delgado.

Por último, sobre la relación de los intelectuales de izquierda con el poder, Gutiérrez analiza las trayectorias del sociólogo Aníbal Quijano y el filósofo y líder senderista Abimael Guzmán. Hoy cuesta entender sus fuertes cuestionamientos a Quijano y su entusiasmo ante la inteligencia, voluntad y "coherencia" de Guzmán. A pesar de los problemas que estas páginas le han originado, Gutiérrez ha preferido mantenerlas en esta nueva edición (salvo un par de adjetivos, nos dice en el prólogo), lo que es una muestra de su honestidad intelectual y respeto a un texto que representa, más que nada, un testimonio del tipo de debates y posturas de nuestros intelectuales frente a una de las peores crisis vividas en la historia del Perú.
(artículo publicado originalmente en La República)


En zonadenoticias se puden leer los prólogos del libro, tanto el original como el de esta segunda edición. El cambio más notorio es que mientras en el primero se dice reiteradamente que el libro es producto del trabajo de un "equipo de investigación", en el segundo ese equipo no es mencionado en absoluto.

Valle sagrado. Almas en pena

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Odi Gonzales. Valle sagrado / Almas en pena (Santo Oficio, 2008)

El escritor cusqueño Odi Gonzales (Calca, 1962) se hizo conocido con el poemario Valle sagrado (1993) que obtuvo dos premios nacionales de poesía. Se trataba de un conjunto de poemas que unía muchas de las características de la poesía urbana y coloquial de los 60 y 70 con una temática ligada a ambientes rurales y netamente andinos. Gonzales seguiría desarrollando su propuesta en Almas en pena (1998), libro que cierra esta etapa de su obra, sin duda la más importante. Diez años después, ambos poemarios han sido reunidos en el recién publicado Valle sagrado/Almas en pena (Santo Oficio, 2008).

Los poemas de Valle sagrado narran sucesos de la vida cotidiana cusqueña, que van desde un paseo lleno de reminiscencias históricas por la Antigua Villa de Zamora (la Calca natal del poeta) hasta los trágicos accidentes de carretera de Volcaduras. El discurso del autor, objetivo e irónico, se alterna con las palabras de los propios protagonistas de esos sucesos, quienes se expresan en el peculiar lenguaje hablado en la región, remitiéndose constantemente a leyendas y creencias populares. Gonzales encontró la fórmula para reunir en sus poemas todos esos elementos (narratividad, polifonía, diversidad de registros) y sin caer en barroquismos, mediante versos breves y sencillos.

El poeta pronto se dio cuenta de que más interesante que los sucesos era la forma en que los protagonistas los integraban a su fuerte religiosidad, en la que se mezclan la iconografía católica con dioses y mitos prehispánicos. Las secciones Cuaderno de confesiones (fragmentos de confesiones sacramentales) y Huanca. Peregrinación a la vasta cima... conducen a Almas benditas, en que estas almas hablan de sus vidas pasadas. Idea que Gonzales ampliará en Almas en pena, poemario dedicado exclusivamente a este universo entre mágico y religioso, como indican claramente los títulos de sus secciones: Lecturas de coca, Rituales, Entradas de ánimas/condenados.

Almas en pena resulta por eso un libro más sólido y logrado, un amplio recorrido por el imaginario andino de nuestro tiempo. Gonzales, estudioso de la tradición oral quechua, aborda estos temas con una actitud crítica que le permite evitar los errores y excesos de los escritores del realismo mágico. Para esta nueva edición, el autor ha retocado ligeramente tanto los textos de Almas en pena como de Valle sagrado, libros que en su primera edición, a pesar de los premios y elogios de la crítica, no tuvieron la difusión que merecían.
(Artículo publicado previamente en La República)


Entrevistas: Pedro Escribano, Abelardo Oquendo, La Primera.

El mundo sin Xóchitl

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Miguel Gutiérrez. El mundo sin Xóchitl (Santillana, 2008)

A pesar de haber publicado su primera novela El viejo saurio se retira en 1969, el escritor Miguel Gutiérrez (Piura, 1940) inició su gran ciclo narrativo más de veinte años después con Hombres de caminos (1988), libro al que siguió la monumental novela La violencia del tiempo (1991), considerada por buena parte de la crítica como la más importante entre las publicadas en el Perú durante la última década del siglo XX. Completaría este ciclo, de aliento épico y centrado en la violencia social y su importancia en el proceso histórico, La destrucción del reino (1992). Luego de dos libros narrativos de carácter experimental –Babel, el paraíso (1993) y Poderes secretos (1995)- Gutiérrez inició una nueva etapa de su obra con la publicación de El mundo sin Xóchitl (2001), una extensa y nostálgica novela sobre el amor de una pareja de hermanos.

La historia se basa en un manuscrito dejado por Wenceslao, miembro de una importante familia piurana y coetáneo del autor, a su amigo de adolescencia Martín (¿Villar, el protagonista de LVT?). En este manuscrito el personaje ya maduro, cuenta la estrecha relación -de carácter incestuoso- que mantuvo con su hermana Xóchitl, un año mayor que él. Las tres partes en que está dividido el libro corresponden a diferentes momentos de esa relación: la infancia feliz, llena de aventuras y travesuras; el reconocimiento de los hermanos de lo prohibido de su vínculo, lo que los lleva a aislarse y a odiar a todos los que intentan separarlos, especialmente a su anciano padre Don Elías; y, después de la muerte del padre, un breve período de libertad y plenitud de la pareja, que concluye con la prematura muerte de Xóchitl.

En varios textos críticos Gutiérrez ha planteado la existencia de básicamente dos tipo de novelas, abiertas y cerradas, tolstoianas y dostoievskianas. Las primeras tratan de trascender lo individual para buscar lo comunitario; las segundas están basadas en la introspección, en la profundización en el mundo interior de los personajes. Los modelos serían, respectivamente, La guerra y la paz y Crimen y castigo. No dudamos que, de acuerdo a esta clasificación, al propio Gutiérrez le gustaría que su obra sea considerada “tolstoiana”; toda a excepción de El mundo sin Xóchitl, una evidente incursión en terrenos novelísticos dostoievskianos. Crímenes largamente planeados (el del padre o el triste final de Mathilde, la primera esposa de Don Elías), el sentimiento de culpabilidad por vivir en pecado, los castigos terribles e ineludibles (no sólo el destino de Xóchitl, también la existencia de un tercer hermano retrasado mental); el autor ha apelado a toda la parafernalia relacionada con este tipo de novelas.

El resultado, sin embargo, no es una novela densa y trágica, el Crimen y castigo piurano planeado por Gutiérrez, sino un relato gótico y decadente más parecido a La caída de la casa Usher de Edgar A. Poe, como con ironía señala el propio autor. La diferencia podría radicar en la falta de profundización en la psicología de los protagonistas (Wenceslao, el narrador, parece no saber nunca lo que pasa en la mente de Xóchitl) y en los excesos de truculencia y retorcimiento de ciertas situaciones y personajes como Constanza, la madre de estos hermanos (cantante de ópera, posiblemente prostituida en su adolescencia, y que aún en su adultez juega con muñecas), o la zamba Pelagia, malvada sirvienta que practica la magia negra. Ni siquiera las connotaciones míticas de la historia (la pérdida del paraíso original, el asesinato del padre) sobreviven a estos excesos.

Contribuyen a acentuar estos problemas ciertas indecisiones del autor. Hay en la novela un pasaje clave al respecto, cuando después de narrar uno de lo recorridos nocturnos de la pareja de hermanos por las calles de la ciudad, se da cuenta que nos ha mostrado una mundo desierto, sin habitantes. Gutiérrez parece reflexionar en voz alta acerca de los “cerrado” de su historia principal, tan intimista y por momentos melodramática (la importancia determinante de la ópera en la vida de los protagonistas es otro detalle “auto-irónico”), y decide “abrirla” añadiendo numerosos personajes secundarios con sus respectivas historias. Una decisión que va en desmedro de la propuesta dostoievskiana original de la novela pero que afortunadamente la lleva a ámbitos más afines con la personalidad literaria del autor.

Así, el relato se convierte no sólo en la recapitulación de la vida de dos generaciones de esa familia sino también en un amplio retrato de la sociedad piurana de los años 50’s (pero que llega a abarcar todo el siglo XX), desde los estratos más altos (Don Elías, la familia de Mathilde) hasta los más pobres (los sirvientes, los campesinos que los hermanos conocen en sus paseos en moto, en la parte final del libro). Todo personaje parece tener una historia interesante que contar, hasta el gato Don Pasquale; y lo mismo sucede con los objetos (libros, muebles, pianos), al punto que la mansión familiar sus diferentes ambientes y los cambios que sufren (esplendor, divisiones por disputas conyugales, decadencia) se convierten en elementos centrales de la novela.

Es en estas historias secundarias donde nos reencontrarnos con las mayores virtudes narrativas de Gutiérrez: la funcionalidad de sus descripciones, su poco común capacidad de fabulación, su minucioso trabajo de documentación, y especialmente la acertada estructuración del relato, que incluye saltos en el tiempo bien dosificados y el oportuno uso de documentos tales como cartas y diarios. Si la historia de estos hermanos incestuosos (que ya estaba anunciada en El viejo saurio...) representó durante décadas un verdadero reto narrativo para Gutiérrez, El mundo sin Xóchitl finalmente demuestra que ha salido muy bien librado de ese reto, aunque para lograrlo haya tenido que renunciar a sus admirados modelos literarios Tolstoi y Dostoievski, para remontarse a un realismo ambiental muy similar al de Balzac.
(Artículo publicado previamente en La República)

Se puede leer el prólogo de la novela en Zonadenoticias.
Otros textos sobre El mundo sin Xóchitl: Melvin Ledgard, Carlos Morales, Javier de Taboada,
Entrevistas: Jorge Coaguila, Carlos Sotomayor,

El inventario de las naves

iparraguirre
El Apocalipsis tan temido
Alexis Iparraguirre. El inventario de las naves (Estruendomudo, 2008)

Hace unos tres años apareció un grupo de jóvenes y talentosos narradores limeños cuyas primeras obras fueron libros de cuentos fantásticos, completamente opuestos al realismo extremo (violencia y drogas) imperante en la narrativa joven de entonces. La más lograda de esas obras fue, sin lugar a dudas, El inventario de las naves de Alexis Iparraguirre (Lima, 1974), que obtuvo el importante Premio Nacional PUCP de Narrativa 2004. Lamentablemente, la primera edición del libro, realizada por la propia Universidad Católica, no tuvo una adecuada difusión, por lo que la editorial Estruendomudo acaba de publicar una nueva versión de este original conjunto de cuentos, la definitiva, con ilustraciones y mapas que ayudan a entenderlo mejor.

Ambientados en una ciudad imaginaria, pero en la que se puede reconocer a Lima, los siete relatos del libro están estrechamente vinculados entre sí. Los protagonistas son adolescentes que enfrentan los problemas propios de sus edad (aceptación del grupo, descubrimiento del amor, enfrentamientos generacionales) y la proximidad de un misterioso cataclismo. En Sábado, el primero de estos cuentos, encontramos a un grupo de jóvenes en las celebraciones del cumpleaños de uno de ellos. El Apocalipsis se anuncia de diversas maneras, desde elementos simbólicos hasta el “menos” (la sustancia alucinógena que estos jóvenes acaban de descubrir) o el viejo loco que armado con una espada irrumpe violentamente en la fiesta.

Se va creando así, en la ficción, una atmósfera irreal, casi de pesadilla. Los siguientes relatos acrecientan su complejidad, con más frecuentes anuncios del inminente cataclismo, y una intrincada red de citas y alusiones librescas, que van desde la Biblia hasta Cortázar. En El hombre en el espejo, se incorpora lo fantástico más tradicional, a través del viejo tópico del paso al universo del otro lado del espejo; en La Hermandad y La Luna el misterio y horror de vertiente gótica (tres niños videntes dialogan sobre los vaticinios del tarot); y en El inventario de las naves, el relato policial borgiano, pues el texto es casi un remake del conocido cuento La muerte y la brújula. En este relato por fin sucede la catástrofe: un gran huracán destruye casi toda la ciudad.

Pero ya en este punto, la complejidad y los retorcimientos de la trama resultan excesivos. El asesino en serie es un hombre cultísimo que sabe de memoria largos pasajes de la Biblia y la Iliada (en sus idiomas originales); y la trama narrativa se pierde entre puntillosas discusiones acerca de citas y traducciones, y las reiteradas menciones al texto de Borges y a la vida de este escritor. A eso hay que sumar los nexos con los otros cuentos (personajes, temas, lugares), y la llegada del gran cataclismo.

Algunos de estos excesos se pueden encontrar también en los tres últimos cuentos del libro –Proximidad del huracán, Orestes y El francotirador– en los que se da el salto de lo fantástico literario al universo de la ciencia ficción y el cómic posapocalípticos: seres fantasmales o monstruosos conviviendo con los protagonistas humanos en un mundo en ruinas y casi sin vida. Iparraguirre compensa estas incursiones más allá de lo verosímil con una prosa sencilla pero bien trabajada, y dándole una mayor importancia a los diálogos (en los que el habla limeña se combina acertadamente con imágenes poéticas) que a las intervenciones del narrador omnisciente empleado en todos los textos.

Como en el caso de las primeras obras de sus compañeros de universidad y de propuestas literarias (Castañeda, Page, Gallardo, Chávez) acaso El inventario de las naves resulte en algunas páginas demasiado libresco, artificioso o adolescente. No obstante, se trata de un sólido conjunto de cuentos, hasta la fecha el mejor exponente de esta saludable nueva tendencia –cultista, imaginativa y con énfasis en lo formal– dentro de la narrativa peruana actual.


En internet se puede ler el cuento La Hermandad y La Luna.
Otros textos sobre El inventario de las naves: Luis Aguirre, Luis Hernán Castañeda, Marco García Falcón, Daniel Salvo.
Entevistas: Ernesto Carlín, Manuel García, Francisco Melgar, Gabriel Ruiz-Ortega, Carlos Sotomayor.

No es país para viejos

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Cormac McCarthy. No es país para viejos (Mondadori, 2008)

Antes de dar el salto hacia el futuro posapocalíptico en La carretera (2007), el escritor norteamericano Cormac McCarthy (Rhode Island, 1933) publicó la novela No es país para viejos (2005), un relato policial ambientado en la frontera entre México y Estados Unidos. Es la historia de Llewelyn Moss, un veterano de la guerra de Vietnam que encuentra, en el escenario de una sangrienta matanza en pleno desierto, un maletín con varios millones de dólares y decide quedárselos. Pronto estarán tras él y ese dinero un misterioso sicario, Anton Chigurh, y el veterano sheriff Tom Bell, además de narcotraficantes y otros delincuentes, en una violenta y salvaje persecución.

Como en casi toda la obra de McCarthy, el tema aquí es el límite entre el bien y el mal, y la tendencia natural del hombre hacia este último. El mal puro está representado por Chigurh (Javier Bardem obtuvo un Oscar por personificarlo en la reciente película de los Coen), un asesino implacable que advierte a Moss que lo matará tarde o temprano, aunque devuelva el dinero. En el otro extremo está Bell, quien no puede entender esa ola de violencia y opta por jubilarse. En medio de ellos, Moss es un hombre normal, duro pero correcto, a quien el interés por el dinero y la lucha por sobrevivir van envileciendo.

A pesar de las acciones violentas y de ritmo acelerado, se puede notar en el relato una sólida estructura que permite desarrollar los temas con orden y simetría. También están presentes las descripciones barrocas, que contrastan con los diálogos breves y precisos (en los que no se usan guiones o comillas), dos de las marcas que caracterizan a esta narrativa. Pero casi tan importantes como la trama son los monólogos de Bell, que ocupan un par de páginas al inicio de cada uno de los trece capítulos. El sheriff reflexiona en ellos sobre la actual decadencia moral de la sociedad norteamericana.

Al discurso de Bell, centrado en el elogio de la ley y orden del pasado, se oponen los escasos pero significativos monólogos de Chigurh, en los que plantea a sus víctimas la oportunidad de salvarse con un "cara o sello", estableciendo así una especie de ética de la violencia y el azar. Además, estos discursos están relacionados con los de otras obras del autor, especialmente Meridiano de sangre (1985), que muestra que el pasado de esta región fue mucho más violento de lo que recuerda Bell. En suma, No es país para viejos es una muy buena novela que confirma la calidad e importancia de la narrativa de Cormac McCarthy.
(Artículo publicado originalmente en La República)


Se puede leer el primer capítulo de la novela en la revista Rolling Stone.

Meridiano de sangre

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Cormac McCarthy. Meridiano de sangre (Mondadori, 2006).

Publicada originalmente en 1985, Meridiano de sangre es considerada por la crítica como la mejor de las once novelas escritas por Cormac McCarthy (Rhode Island, 1933) y una de las grandes obras de la narrativa norteamericana, según Harold Boom comparable con Moby Dick y Mientras agonizo. Estamos ante un western, ambientado a mediados del siglo XIX y en la frontera entonces imprecisa entre Estados Unidos y México, un territorio en el que la violencia y los crímenes llegan a extremos más propios del cine "gore" que de un clásico literario.

En este contexto se cuenta la vida de un personaje sin nombre (y al que todos llaman "el muchacho"), un vagabundo norteamericano que se enrola en el grupo de mercenarios comandado por el capitán Glanton. El grupo, integrado inicialmente por unas 20 personas, tiene como misión aniquilar indios y mexicanos, y la cumple de la manera más salvaje, arrasando pequeños poblados –dentro del territorio mexicano– en los que saquean, ultrajan y matan sin compasión, cortando cabezas, cabelleras y orejas de sus víctimas para llevarlas como pruebas de sus hazañas. Casi igual de crueles son algunos de sus enemigos, especialmente las hordas comanches, que por su aspecto y ferocidad parecen salidas de alguna pesadilla.

Lo peculiar es que este verdadero descenso al infierno –con mucho en común con el realizado en El corazón de la tinieblas– se presenta en una obra de innegable aliento épico y que remite a la gesta forjadora de la grandeza norteamericana: la expansión de las fronteras hacia el oeste y el sur. Si este proceso suele presentarse bajo la disyuntiva civilización-barbarie, Glanton y su gente resultarían representantes del orden y del bien. Esta paradoja es encarnada en el personaje de juez Holden, el segundo en el mando del grupo, hombre inteligente y con una vasta cultura humanística y científica, pero también un desalmado asesino y violador de niños.

Precisamente los enigmáticos monólogos de Holden, sobre temas como la verdad o la guerra, figuran entre los elementos literariamente más destacados, y hacen que Bloom considere este personaje "un villano digno de Shakespeare, yaguiano y demoníaco". Pero no menos logrados son los diálogos (breves y precisos), los minuciosos retratos o las poéticas descripciones del paisaje del desierto, que a veces llegan a abarcar varias páginas. En suma, Meridiano de sangre es una excelente novela y lectura imprescindible para los interesados en la narrativa contemporánea.


Otros textos sobre Meridiano de sangre: Harold Bloom, Caryn James, Revista Proscritos, Lelan Waldrip.

Comentarios Reales de los Incas

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Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios Reales de los Incas (UIGV, 2007)

El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616) suele ser considerado el primer escritor mestizo de América, no sólo porque efectivamente perteneció a la primera generación de hijos de conquistadores españoles y mujeres nativas del continente (en su caso el capitán Garcilaso de la Vega Vargas y la princesa incaica Isabel Chimpu Ocllo), también porque fue autor de una de las obras más importantes de la literatura colonial hispanoamericana: los Comentarios Reales de los Incas. Libro fundamental de la tradición literaria peruana, Comentarios Reales de los Incas acaba de ser publicado por la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, en una excelente edición (con ortografía y puntuación modernizada) que cuenta con prólogo, cronología y bibliografía del reconocido crítico, poeta y miembro de la Academia Peruana de la Lengua Ricardo González Vigil.

Durante toda su vida el Inca Garcilaso trató de unir lo mejor de los dos mundos tan diferentes a los que pertenecía. Nació en el Cusco y su lengua materna fue el quechua (él mismo cuenta que de niño aprendió a manejar los quipus), pero pronto le enseñaron el castellano y el latín. A los quince años ya se desempeñaba como escribiente de su padre, entonces Corregidor y Justicia Mayor del Cusco. En 1560 viajó a España, país en el que radicaría hasta su muerte, y allí llevó durante más de medio siglo la vida de un hombre de letras, dedicado a escribir y a hacer traducciones de obras clásicas, como los Diálogos de amor de León Hebreo. En 1586 inició su obra más importante, los Comentarios Reales de los Incas, amplia narración que abarca toda la historia del Perú, con una primera parte dedicada al pasado prehispánico y la segunda a la conquista y las guerras civiles entre pizarristas y almagristas. La primera parte fue publicada en 1609 y la segunda en 1617, un año después de la muerte del autor, con el discutido título de Historia General del Perú.

El Inca Garcilaso fue antes que nada un humanista y erudito, además de un gran prosista, de los mejores de las letras hispanas de su tiempo. Esas virtudes alcanzan su mejor expresión en los Comentarios Reales, obra ambiciosa (900 páginas en esta edición en formato grande) que sigue paso a paso la historia del Imperio incaico, desde su fundación hasta la conclusión del enfrentamiento de Huáscar y Atahualpa, haciendo mención de los sucesos más importantes ocurridos durante el gobierno de cada uno de los incas. Paralelamente, Garcilaso describe y explica, con minuciosidad y acierto, una gran cantidad de mitos, costumbres, y palabras propias de la cultura incaica. Y dados los conocimientos de primera mano que el autor tenía sobre el tema, además de la abundante bibliografía que consultó, los Comentarios Reales se constituyen en una obra clave para el conocimiento de la historia y cultura del Perú prehispánico.

Por su carácter de testimonio del momento en que se fundó la identidad peruana, el libro ha sido siempre objeto de análisis de diversas disciplinas: historia, sociología, literatura, antropología, psicoanálisis, estudios culturales. La bibliografía garcilacista es abundante y por ello González Vigil en el ensayo prologal intenta resumirla, señalando siete de los “méritos sobresalientes” de la obra, aquellos en que la mayoría de especialistas está de acuerdo. Además de ello, el crítico –autor del libro Comentemos al Inca Garcilaso (1989)– analiza la forma en que el texto conjuga la historia con la poesía, y lo épico con lo trágico. En suma, una muy buena edición de los Comentarios Reales de los Incas, un libro imprescindible para entender nuestro pasado y presente.


Otros textos sobre esta edición de Comentarios Reales de los Incas: José Güich, Enrique Sánchez Hernani, Carlos Villanes Cairo. Y sobre la obra en sí, el ensayo de Raquel Chang-Rodríguez.

Triple explanación de El Cantar de los Cantares

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Fray Luis de Léon. Triple explanación de El Cantar de los Cantares (PUCP, 2008)

Auspiciada por el rectorado de la PUCP, la colección El manantial oculto, dirigida por el poeta y ensayista Ricardo Silva-Santisteban, lleva más de diez años publicando obras claves de la literatura peruana y universal. Ya son 60 entregas, desde los Upanishads hasta Hiperión y 5 metros de poemas, pasando por las obras completas de Cavafis, Saint-John Perse, entre otros. A esta impresionante lista se suman ahora dos nuevos libros: El Cantar de los Cantares y Triple explanación del Cantar de los Cantares.

El cantar, uno de los textos bíblicos atribuidos al rey Salomón (siglo X AC), es un poema de amor estructurado a la manera de diálogo lírico entre esposo y esposa. Su temática es explícitamente erótica y sus imágenes contienen muchas referencias a la naturaleza y a la vida de los pastores: "amada mía, tus ojos son palomas... parecen tus cabellos / manadita de cabras serpeante... tus dientes son más blancos / que rebaño de ovejas de esquileo...". El poema, seguramente basado en antiguos cantos nupciales, fue interpretado posteriormente como una alegoría del amor entre Dios y el alma humana, y por eso fue incorporado a la Biblia.

Esta edición presenta el texto original y la traducción de Eloíno Nácar Fuster –conocido por la versión de la Biblia (1944) que hizo en asociación con Alberto Colunga–, además de un ensayo introductorio y las ilustraciones que para el poema realizó Eric Gill en 1925. Por su parte, la Triple explanación... es una de las obras más importantes de Fray Luis de León (1527-1591), un amplio y ambicioso estudio escrito en latín y publicado en 1580. Para esta nueva edición, en dos tomos, la traducción ha estado a cargo del filólogo José María Becerra (Málaga, 1945), y en el primer volumen se incluye la versión en español del poema que hizo Fray Luis, la más prestigiosa de todas.

Dando muestras de su legendaria sabiduría y erudición, Fray Luis de León comenta en detalle y en extenso cada uno de los versos del poema. Y lo hace tres veces: en la primera refiriéndose al sentido exterior y literal (el amor de la pareja de pastores); en la segunda, al sentido alegórico ("los amores del ánima justa y Dios"); y, en la tercera, al sentido "analógico", interpretándolo como una proyección de la historia de la Iglesia católica. En esta última lectura los cónyuges representarían a Cristo y la Iglesia, y el poema abordaría hasta problemas propios del tiempo de Fray Luis, como la reforma de la Iglesia y la naturaleza de los indígenas americanos.


En internet se puede leer la traducción de El Cantar de los Cantares de Fray Luis de León.

Té con pastas

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Félix Grande. Té con pastas (Editorial San Marcos, 2007)

El escritor español Félix Grande (Badajoz, 1937) es ampliamente conocido por su obra poética, publicada casi toda en los años 60 y 70, que le mereció en 1978 el Premio Nacional de Poesía de su país. Desde entonces ha estado más dedicado al ensayo, la crítica literaria –fue director de la revista Cuadernos Hispanoamericanos–y también a la narrativa, tanto con novelas como con libros de cuentos. Entre estos últimos figura Té con pastas (2000), que en nuestro país acaba de ser publicado por la editorial San Marcos.

Los cuatro relatos de este libro abordan el tema del amor de pareja desde la perspectiva de la vejez. El primero de ellos, Como una flor vieja, es una carta de despedida de una madura intelectual a su joven amante extranjero. La protagonista reconoce, en un monólogo dramático y cargado de imágenes, que ya no es "aquella mujer parsimoniosa de madurez y altiva de silencio..." sino "una flor vieja... que ya no amas". El cuento que da título al libro también trata de dos amantes "eventuales", aunque de la misma edad, cuyos vehementes encuentros sexuales se transforman, con el paso de los años y el peso de la culpa (traiciones, infidelidades conyugales, un aborto) en tediosas citas para tomar Té con pastas.

Más extensos, mejor trabajados y más apropiadamente "narrativos" resultan los otros dos cuentos. En Sara lo real y lo onírico se confunden ante el desconcierto de dos viejos amigos que no pueden entender la libertad con que la joven esposa de uno de ellos encara la experiencia sexual. El marido de Alicia es un relato metaliterario: un anciano escribe sobre sus enfrentamientos con su peor enemigo: el recuerdo de su propia juventud. El protagonista se angustia ante el inexorable paso del tiempo y busca inútilmente consuelo en ensayos y libros de filosofía: "¿Por qué no rugen estos libros? ¿Por qué no lloran... ¿Por qué no me hablan despacito, con pena, con un poco de espanto?"

En todos los protagonistas encontramos una actitud reflexiva y honesta con respecto a la vejez y el inevitable deterioro que significa todo lo humano, incluyendo el amor y la sexualidad. Una problemática que suelen abordar los escritores al acercarse a esta etapa de la vida, no siempre con buenos resultados, como en el caso de Memoria de mis putas tristes de Gabriel García Márquez. A pesar de ser mejor poeta y ensayista que narrador, Félix Grande logra en los cuentos de Té con pastas una valiosa e interesante aproximación a estos difíciles temas.

Otros textos sobre Té con pastas: Antonio Ruiz Vega,

El último día de la Inquisición

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Paul Morand. El último día de la Inquisición (Universidad Ricardo Palma, 2006)

El escritor Paul Morand (París, 1888-1976) fue una de las más polémicas personalidades francesas de la época de las grandes guerras mundiales; fue también un incansable viajero que recorrió buena parte del mundo, narrando sus experiencias en libros de viajes y ficciones novelescas. En 1932 Morand publicó Aire indio, libro en el que contaba su periplo por América Latina, incluyendo las ciudades de Cusco, Arequipa y Lima. En esta última ambientó su novela El último día de la Inquisición (1947), traducida y publicada por primera vez en español por la U. Ricardo Palma.

Como informa el historiador Teodoro Hampe en el documentado estudio preliminar, en 1813 las Cortes de Cádiz abolieron la ominosa Inquisición en todos los dominios hispánicos. Eso ocasionó que en Lima una turba asalte y saquee el local de esa institución para acabar con los archivos y documentos que difamaban a muchas familias. Morand usa este suceso en su narración, protagonizada por dos prisioneros, el aristocrático Don Esteban y el narrador plebeyo, compañeros de celda, a quienes el saqueo libera inesperadamente de las torturas e interrogatorios a que eran sometidos a diario.

Contrastan la justa e inteligente denuncia de las prácticas de la Inquisición con la prejuiciosa interpretación que hace Morand de nuestro mestizaje cultural: Don Esteban es un hombre sabio y piadoso, aunque mientras duerme habla de mitos y ritos prehispánicos que aquí son calificados de blasfemias, horrores y abominaciones. Por otra parte, la relación de los inquisidores con Don Esteban es muy parecida a la de un psicoanalista con su paciente, por lo que la novela ha llegado a ser considerada "una pieza de introspección psicológica, un fulgurante viaje al interior de la mente humana" (Jacques Lecarne, citado por Hampe).

Tanto por su extensión como por sus logros literarios, El último día de la Inquisición es en realidad una obra menor, pero en la que hay que destacar la capacidad de observación y lo acertado de las descripciones de Morand, ya sean de la sociedad colonial limeña o del clima y paisaje de la costa peruana (ver el primer comentario de este post). Descripciones en que la prosa adquiere un cierto barroquismo y carácter poético, "de una poesía que avanza a golpe de imágenes" (según Francisco Umbral), las que han sido acertadamente trasladadas al español por María del Pilar Zuazo, profesora de Humanidades de la Universidad Ricardo Palma.

Hiperión

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Friedrich Hölderlin. Hiperión o El eremita en Grecia (PUCP, 2007)

Continuando con su labor de difusión de textos esenciales de la literatura peruana y universal, la colección "El manantial oculto" –publicada por el rectorado de la PUCP y dirigida por Ricardo Silva-Santistevan– acaba de publicar Hiperión o El Eremita de Grecia (PUCP, 2007), libro que el escritor alemán Friedrich Hölderlin (1770-1843) publicó en dos partes, en 1797 y 1799, y que en esta edición ha sido traducido al español y prologado por el crítico y docente universitario peruano Julio Aramayo.

Hiperión es una obra inclasificable, aunque suele considerársele novela epistolar –a la manera del Werther (1774) de Goethe–, pues está conformado básicamente por las cartas que el griego Hiperión escribe a su amigo Belarminio y en las que relata diversos episodios de su vida: en la primera parte, el bucólico romance con Diótima; en la segunda, sus aventuras como parte del ejército que pretendía liberar a Grecia, en aquellos años aún bajo dominio turco. En estas cartas el protagonista reflexiona largamente sobre los sucesos, vinculándolos siempre a temas filosóficos y estéticos, pues Hölderlin era un apasionado lector de Kant y amigo muy cercano de Schelling y el círculo de teóricos del naciente romanticismo alemán.

Pero Hölderlin fue más que nada un poeta (aunque su obra poética fuera conocida solo póstumamente) y su personaje Hiperión también lo era, por lo que las reflexiones de este, sin perder rigor ni racionalidad, están llenas de pasajes visionarios y de profundo lirismo, en los que priman elementos poéticos como símiles, imágenes y metáforas. Esa peculiar combinación de recursos es, en opinión de Octavio Paz, la que hace de este libro un texto fundacional: "poesía e historia, lenguaje y sociedad... el poeta como guardián de la palabra que nos preserva del caos original: todas esas oposiciones anticipan los temas centrales de la poesía moderna".

A lo largo de dos siglos, Hiperión ha sido objeto de todo tipo de estudios e interpretaciones, dando lugar a una abundante bibliografía crítica. Acaso ese es el motivo por el que Julio Aramayo –quien ya antes ha traducido del alemán obras de Schiller y Novalis– centra su ensayo prologal en la biografía de Hölderlin. El interés por aproximarse más al autor y a la obra se manifiesta también en la propia traducción, que sigue con bastante fidelidad el texto original (a diferencia de otras versiones en español), y en las más de 200 notas explicatorias que la acompañan.

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La inmaculada concepción

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André Breton / Paul Éluard. La inmaculada concepción (PUCP, 2007)

El movimiento surrealista tuvo su mejor momento entre 1924 y 1930, cuando al grupo original de escritores franceses (Breton, Aragon, Soupault, Éluard, Desnos) se sumaron artistas de toda Europa (Picasso, Magritte, Delvaux, Dalí, etc.) y se intentaba unir la vanguardia artística con la revolución. Las obras producidas en aquellos años son las que mejor expresan el espíritu surrealista, como Nadja (1928) o La inmaculada concepción (1929), libro escrito en forma conjunta por André Breton (1896-1966) y Paul Éluard (1895-1952), que la PUCP acaba de publicar en una edición bilingüe, con prólogo y traducción del crítico peruano Camilo Fernández Cozman.

La inmaculada concepción es un conjunto de textos poéticos en prosa que resume las propuestas estéticas del surrealismo: escritura automática, imágenes oníricas, metáforas complejas, la unión de lo lúdico, mítico y maravilloso. En la primera sección del libro, El hombre, estos recursos son muy bien aprovechados para describir las diferentes etapas de la vida de un hombre abstracto y atemporal, desde La concepción y La vida intrauterina hasta La muerte: "Y nada olvido...con mi mano en la crin de los leones veo el horizonte engañoso que va a mentirme por última vez...".

En la segunda sección del libro, Las posesiones, Breton y Éluard tratan de integrar a la poesía diversos elementos del discurso "irracional". De ahí los títulos de los textos (Ensayo de la simulación de la manía aguda; Ensayo de la simulación de la demencia precoz, etc.) y lo arriesgado de su propuesta, que plantea, a la vez que la aproximación a la locura, una progresiva pérdida de los vínculos lógicos y gramaticales del lenguaje. Al final se llega, como en Altazor de Huidobro, a una serie de palabras sin ningún sentido. Las otras dos secciones del libro, Las mediaciones y El juicio original, son algo más retóricas, aunque no faltan en ellas interesantes aforismos y juegos de palabras.

Ese tipo de detalles hace más apreciable el traslado de los textos del francés al español realizado por Fernández Cozman, quien ya antes había publicado las traducciones de Poemas (1999) de Paul Eluard y Bestiario (1999) de Guillaume Apollinaire. Además, en el ensayo prologal Los confines de la poética surrealista, el crítico hace diversas interpretaciones de La inmaculada concepción, ya sea como "una pugna entre la mitificación y la sacralización" o como "una invitación a ver ese lado bellamente oscuro de nuestra constitución: el inconsciente, la locura, la fantasía sin límite".

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Pastoral americana

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Philip Roth. Pastoral americana (1997)

Al asumir el reto de contar la historia de su ciudad, de su nación, desde la perspectiva de su experiencia generacional, algunos narradores han escrito sus mejores obras, aquellas que muestran lo más personal y valioso de su arte literario. Este año al menos dos de estas novelas están de efemérides, pues a los 40 años de Cien años de soledad, que introdujo a Macondo (Aracataca) y Colombia al mapa de la literatura mundial, se suman los diez años que cumple Pastoral americana (1997), la novela con la que Philip Roth (Nueva Jersey, 1933) obtuvo el Premio Pulitzer y la National Medal of Arts, que recibió en la Casa Blanca en 1998.

Apelando a su alter ego ficcional de Nathan Zuckerman, Roth retorna a la ciudad de Newark, cercana a New York, en la que vivió su infancia y juventud. Ahí se encuentra con varios compañeros de su escuela judía, entre ellos Seymour “el sueco” Levov, el más destacado de los jóvenes de entonces: alto y apuesto, honesto y emprendedor, además de ídolo deportivo y heredero de una próspera fábrica. Levov sigue siendo, a sus más de 60 años de edad, la mejor encarnación del viejo sueño americano; aunque Zuckerman, atento observador, descubre que tras esa imagen Levov oculta el drama de su hija Meredith, una terrorista buscada por la policía.

Pero esa es sólo la primera parte (Paraíso recordado) de las tres en que está dividida la novela. En las otras dos –La caída y Paraíso perdido– Roth prescinde de Zuckerman para abrir el relato a contextos cada vez mayores: la historia de la familia Levov (abarcando cuatro generaciones); de la fábrica, desde su fundación hasta el traslado a Checoslovaquia; las consecuencias de la guerra de Vietnam y los enfrentamientos raciales de la década del 60. Y todo ello sin que se pierda el interés del relato, gracias a la capacidad de fabulación de Roth y su acertado empleo de recursos técnicos como elipsis, vasos comunicantes y narraciones “enmarcadas”.

Pastoral americana fue la primera de una trilogía de novelas que continuó con Me casé con un comunista (1998) y La mancha humana (2000), libros sobre la experiencia de una generación que “se prepara para vivir de determinada forma y… luego la ciega el presente y la historia la alcanza de formas para las que no estaba preparada”. Roth, cuya obra se inició con Goodbye, Columbus (1959, cuentos) y llega hasta La conjura contra América (2007, novela), figura desde hace varios años en la lista de candidatos al Premio Nobel de literatura.

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Sostiene Pereira

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Antonio Tabucchi. Sostiene Pereira (1994)

En 1994 el escritor italiano Antonio Tabucchi (Vecchiano, 1943) publicó la novela Sostiene Pereira (Anagrama, 1998), reconocida como una de las grandes obras literarias de nuestro tiempo. La crítica ha destacado en este relato(ambientado en 1938, en el Portugal de la tiranía salazarista) la reflexión sobre la libertad y las dictaduras, el logrado y carismático protagonista –un viejo periodista obsesionado con la muerte– y aspectos técnicos como "la eficacia del estilo, la perfecta arquitectura y esencial economía de la exposición"(Mario Vargas Llosa). El libro obtuvo varios premios, se convirtió en éxito mundial y tuvo una ajustada versión fílmica (Roberto Faenza, 1996) protagonizada por un entrañable Marcello Mastroianni poco antes de su muerte.

Recordemos la trama. Pereira, encargado de la sección cultural de un vespertino oficialista, contrata al joven Monteiro Rossi como ayudante. Rossi y su novia Marta son activistas de izquierda, en campaña contra las dictaduras y el fascismo que amenazaban por entonces toda Europa. Indiferente a estos acontecimientos, Pereira siente una especial simpatía por la pareja y poco a poco se va involucrando en sus actividades, primero apoyándolos económicamente y después ocultando al joven (perseguido por la policía) en su propia casa. Al final, Pereira denuncia en su periódico los crímenes de la dictadura.

Más que contar esta historia o hacer un retrato de época, Tabucchi enfoca la novela en la evolución de Pereira, su arrepentimiento después de una vida de intelectual encerrado en su torre de marfil. Para graficar este cambio, muestra detalladamente las ideas y emociones del personaje, así como su rutina diaria, desde la afición a las tortillas y limonadas hasta lacostumbre de conversar con el retrato de su difunta esposa. Este material tan personal y subjetivo nos lega a través de un narrador peculiar, aparentemente un policía o amanuense judicial que transcribe el testimonio del protagonista, interrumpiéndolo reiteradamente con las palabras "Sostiene Pereira que...".

Mucho se ha escrito sobre esta novela y no siempre con acierto, lo que ha llevado al propio autor a revelar algunos de sus secretos: que la historia está basada en un caso real, el de un periodista portugués cuyo apellido cambió por el del personaje de What about Pereira?, una obra teatral de T.S. Eliot, y que una "preocupación fundamental" que lo llevó a escribir Sostiene Pereira es la relación "entre política y literatura... saber si la literatura puede ser útil desde un punto de vista ético y moral".

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Formas breves

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Ricardo Piglia. Formas breves (Anagrama, 2005)

Considerado uno de los más importantes narradores argentinos de la actualidad, Ricardo Piglia (Adrogué, 1940), es también un fino ensayista y crítico literario, de aquellos que basan sus juicios y propuestas más en su inteligencia y cultura humanista que en modas académicas o terminologías exóticas. La filiación borgiana de sus ensayos es más que evidente en Formas breves (2000), libro recientemente reeditado, un conjunto de textos muy diversos y que según el autor pueden ser leídos como “páginas perdidas en el diario de un escritor y también como los primeros ensayos y tentativas de una autobiografía pura”.

Dentro de esa definición encaja exactamente Notas sobre Macedonio en un diario, texto en el que Piglia reúne pequeños comentarios, fechados entre 1962 y 1980, a partir de sus lecturas de los escritos de Macedonio Fernández. La admiración por el maestro no omite ni el riguroso análisis de sus recursos (“los verbos en infinitivo, el hipérbaton, la sintaxis arcaizante del habla popular") ni la tesis sobre el conjunto (cuyo eje principal serían “las relaciones del pensamiento con la literatura”). Notas sobre literatura en un diario tiene una estructura similar y sus textos son un asedio a la problemática relación entre realidad y ficción.

Formas breves incluye también ensayos más extensos. En La novela polaca, Piglia destaca la influencia de Arlt y Grombowicz en la narrativa argentina: “La novela argentina sería una novela polaca… una novela polaca traducida a un español futuro, en un café de Buenos Aires”. Igual de audaces y provocadoras son las propuestas de El último cuento de Borges –“la clave de (los cuentos de Borges) no es la amnesia y el olvido, sino la manipulación de la memoria y la identidad”– y Los sujetos trágicos, que parte del vínculo entre psicoanálisis y literatura para concluir con el más entusiasta elogio de la novela policial “el gran género moderno”.

Entre los ensayos destacan Tesis sobre el cuento y Nuevas tesis sobre el cuento, una lúcida y abarcadora aproximación a la “forma breve” de la narrativa. Piglia propone que “un cuento siempre cuenta dos historias”, una en “primer plano” y otra que se va construyendo en secreto: “El efecto de sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie”. Y a partir de la naturaleza de esas dos historias, y de sus relaciones entre sí, Piglia desarrolla una didáctica teoría del cuento moderno que incluye a autores como Chejov, Joyce, Kafka, Borges, Hemingway y Calvino.

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Los suicidas

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Antonio Di Benedetto. Los suicidas (AH editores, 2006)

Tras dos decenios de postergación, el escritor argentino Antonio Di Benedetto (1922-1986) es en la actualidad objeto de un creciente interés tanto de la crítica como de los lectores, por lo que sus novelas y cuentos están volviendo publicarse en Latinoamérica y en España. Entre sus obras recuperadas figura la novela Los suicidas (AH editores, 2006), escrita en 1968 y con una versión fílmica en 2005, última entrega de su “trilogía camusiana” –conformada también por las novelas Zama (1956) y El silenciero (1964)–, la que para Juan José Saer “constituye uno de los momentos culminantes de la narrativa en lengua castellana del siglo XX”.

Novela breve pero intensa, Los suicidas narra la historia de un periodista argentino encargado de investigar tres misteriosos suicidios. Para ello cuenta con la colaboración de dos compañeras, una fotógrafa y otra encargada del apoyo “libresco”. Mientras cumple con el encargo, el protagonista se va identificando con las emociones y pensamientos de los suicidas, un mundo no del todo ajeno para él, como cuenta en la primera página del libro: “Mi padre se quitó la vida un viernes por la tarde. Tenía 33 años. El cuarto viernes del mes próximo yo tendré la misma edad”.

Este relato, tan cercano al policial y la novela negra, está en realidad cargado de alusiones autobiográficas, pues Di Benedetto dedicó al periodismo buena parte de su vida –fue director del diario Los Andes en Mendoza– y en su familia hubo varios suicidas. Por eso resulta casi un resumen temas y obsesiones personales: la existencial angustia ante la soledad y la muerte, el interés en las imágenes oníricas y la interpretación de los sueños, la culpa y la desconfianza como elementos esenciales de toda relación humana, incluido el amor en todas sus manifestaciones, desde el maternal hasta el erótico.

Los suicidas es una obra de madurez en la que el autor, cercano a los 50 años de edad, muestra gran seguridad en sus propias opciones literarias, como la narración en primera persona y sin descripciones del contexto “real”; o la simpleza y concisión como norma estructural y de estilo, que hace que primen las oraciones cortas y la linealidad temporal. Características que iban a contracorriente de lo que era entonces la actualidad literaria –en esa época se publicaron Cien años de soledad y La casa verde–, lo que de alguna manera explica el silencio inicial de la crítica y su reconocimiento tardío de la calidad e importancia de la narrativa de Di Benedetto.

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Sonetos del viejo amador

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Arturo Corcuera. Sonetos del viejo amador (2006)

La poesía de Arturo Corcuera (La Libertad, 1935) está inevitablemente asociada a Noé delirante, su obra más importante y que ha tenido numerosas reediciones, tanto en el Perú como en el extranjero. Pero en sus 50 años de dedicación a la poesía, Corcuera ha publicado muchos otros libros que abarcan desde la temática social de sus primeros poemas hasta el erotismo de los más recientes. Entre estos últimos, destaca Sonetos del viejo amador (2001), libro que acaba de publicarse nuevamente, con ilustraciones del artista Gerardo Chávez.

Los 21 sonetos de este libro cumplen rigurosamente con las reglas de este tipo de poemas (metro, rima, estrofa) y aunque no hay ninguna división entre ellos es posible distinguir dos tipos de textos: por un lado, los que exaltan la sensualidad e intensidad de la experiencia erótica; por otro, aquellos que el yo poético rememora nostálgicamente a la amada ausente. A la manera de Petrarca (ya que de sonetos se trata) podríamos hablar de poemas "en presencia" y "en
ausencia" de la amada. Sin lugar a dudas, son los primeros los más logrados, pues el poeta muestra en ellos tanto el dominio de la versificación clásica como su capacidad imaginativa, espíritu lúdico y personal sentido del humor.

No es extraño que estas características correspondan también a Noé delirante, ya que algunos de los sonetos "en presencia" formaron parte de este libro, aunque con otros títulos. A Rosa de la ribera de Tormes, por ejemplo, se llamó inicialmente Rosa y fue uno de los poemas más antologados de Noé delirante, pues renueva la tradicional comparación de la mujer y la flor con
originales juegos de palabras y metáforas. En la misma línea están: A la abeja observa el amador, El amor no comprende otro idioma..., Escrito después de besar...y otros.

Los poemas "en ausencia" de la amada parecen haber sido escritos posteriormente y ya con la idea de integrarlos a un libro de sonetos. Por eso, el poeta recurre a casi todos los tópicos relacionados tradicionalmente con el soneto: el carpe diem (Para ella un envío...), el amor platónico (Buscando por el mundo a la amada presentida), el de la mirada de la
amada (Otra vez los ojos de su amada...), etc. Pero Corcuera no logra renovar o dar nuevo aliento poético a estos viejos tópicos y sus sonetos no se alejan demasiado del modelo: los sonetos de Garcilaso de la Vega.

Además de las ilustraciones de Chávez, esta nueva edición viene acompañada de un CD con la voz del autor leyendo el libro completo. Una forma acertada de acercar la literatura a las nuevas generaciones, mucho más acostumbradas a los medios audiovisuales que a la lectura.

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