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El habitante del desierto

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Escritor y sociólogo, Abelardo Sánchez León (Lima, 1947) es uno de los más reconocidos poetas de la generación del setenta, y junto con Enrique Verástegui y José Watanabe formó una especie de trilogía de autores que, a pesar de su cercanía a los grupos poéticos de aquellos años, mantuvieron siempre su independencia y calidad creativa. Tras publicar una decena de poemarios —desde Poemas y ventanas cerradas (1969) hasta El mundo en una gota de rocío (2000)—, en los últimos años Sánchez León ha estado más dedicado a la narrativa (novelas y libros de crónicas). Su reencuentro con la lírica fue con el libro Grito bajo el agua (2013), al que ahora se suma su más reciente poemario: El habitante del desierto (Paracaídas, 2016).

Pintura roja

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El escritor Willy Gómez Migliaro (Lima, 1968) se dio a conocer dirigiendo las revistas de poesía Polvo enamorado y Tokapus en los años noventa; pero sus siete poemarios los ha publicado en este siglo: desde Etérea (2002) hasta Poemas 1993-2003 (2015). La suya es una poesía reflexiva y hermética, trabajada con mucho rigor, creatividad y lucidez. Todas esas cualidades le han ganado reconocimientos como el Premio Hispanoamericano de Poesía Festival La Lira, otorgado a su poemario Construcción civil (2013), “el mejor libro de poesía en lengua española publicado durante el bienio anterior”, según el veredicto del jurado. Gómez Migliaro acaba de presentar un nuevo poemario: Pintura roja (Paracaídas, 2016).

En un mundo de abdicaciones

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Escritora y doctora en Literatura, Victoria Guerrero Peirano (Lima, 1971) publicó su primer poemario a inicios de los años noventa, con textos “bien escritos” y que respetaban la retórica tradicional. Pero el ciclo mayor de su poesía lo inició con su cuarto libro, Ya nadie incendia el mundo (2005), que abordaba temas como la enfermedad y la violencia política para desarrollar una poética propia y original. Una poética que continuaba la línea de las autoras de la generación anterior (la agresiva reflexión sobre el cuerpo) llevándola más allá del erotismo y la reivindicación de lo femenino. El ciclo continuaría con los poemarios Berlín (2011) y Cuadernos de quimioterapia. Contra la poesía (2012), y se cerraría con el libro recopilatorio Documentos de barbarie. Poesía 2002-2012 (2013). Guerrero acaba de iniciar otro ciclo poético con el libro En un mundo de abdicaciones (Fondo de Cultura Económica, 2016).

El hombre elefante

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Nuestros monstruos


Voz emblemática de la generación poética del noventa, especialmente de su vertiente más urbana y coloquial, Miguel Ildefonso (Lima, 1970) es autor de una decena de poemarios —desde Vestigios (1999) hasta Dantes (2010)— que le han merecido distinciones como el Premio Copé (2001), el Premio Nacional PUCP (2009) y el Premio Iberoamericano de Poesía (2013). Tras un silencio poético de seis años, Ildefonso vuelve con El hombre elefante y otros poemas (APJ, 2016), un conjunto de textos dedicados a monstruos, escritores y artistas. Este libro fue elegido ganador (por un jurado integrado por los poetas Abelardo Sánchez León, Marco Martos y Diego Sánchez) en la más reciente edición del Concurso Nacional de Poesía José Watanabe Varas.Los monstruos se han vuelto

Sobrevivir es un acto de invierno

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Con una larga trayectoria de traductora y editora de publicaciones literarias, Ana María Falconí (Lima, 1964) dio el salto a la creación con el libro Sótanos pájaros (2006), un sólido conjunto de poemas que exploraban una diversidad de temas a través de oposiciones e imágenes bien elaboradas. En su siguiente libro, Desvelo blanco (2010), continuaría desarrollando su interesante propuesta poética, que conjuga la racionalidad y la imaginación lírica. Pero es con su tercer y más reciente poemario, Sobrevivir es un acto de invierno (2015), que Falconí ha alcanzado un casi total reconocimiento, tanto de parte de la crítica como de los lectores, quienes eligieron a este libro como “mejor poemario peruano del 2015”, a través de una encuesta realizada por El Comercio.

Del agua a la espesura del bosque

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El escritor Selenco Vega Jácome (Lima, 1971) ha destacado en los géneros literarios más diversos. Se inició como poeta con el libro Casa de familia (1995), que le valió ser considerado una de las voces más originales de la generación del noventa; de ahí pasó a la narrativa, con especial éxito en el cuento pues ganó los concursos El Cuento de las mil palabras (1998) y la Bienal de Cuento Copé (2007). Magíster en Literatura y profesor universitario, Vega es también un buen crítico y ensayista; en esta área su más reciente publicación es el libro Del agua a la espesura del bosque. La poesía de Carlos López Degregori (Dedo crítico, 2015).

Del amor y la alegría

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La poesía de Edgardo Rivera Martínez


Reconocido como uno de nuestros más importantes escritores de la actualidad, Edgardo Rivera Martínez (Jauja, 1933) fue durante muchos años un autor apreciado y celebrado sólo por una minoría, pues sus primeros libros (conjuntos de cuentos en su mayor parte) se publicaban en ediciones limitadas y de escasa circulación. Eso cambiaría a partir de dos obras fundamentales: Ángel de Ocongate y otros cuentos (1986) y País de Jauja (1993), novela que fue elegida, en una encuesta entre escritores, como “el libro de narrativa más importante de la década del noventa”. Y aunque la crítica ha señalado numerosas veces las cualidades poéticas de esta narrativa, recién hoy (a los 82 años de edad) Rivera Martínez ha reunido su obra poética en el libro: Del amor y la alegría y otros poemas (Hipocampo, 2015).

La hoguera desencadenada

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Las tenues luces poéticas de Neón


A finales de los años ochenta e inicios de los noventa la Universidad de San Marcos atravesó la que probablemente sea su mayor crisis histórica: la presencia de SL llevó al establecimiento de un cuartel militar dentro del campus universitario, al cambio de las autoridades académicas y al consecuente éxodo de lo más importantes profesores. A ello se sumaban la crisis económica y los apagones (producto de los atentados terroristas) que redujeron las actividades universitarias al mínimo. En ese contexto nació el Movimiento Cultural Neón, un grupo de poetas jóvenes que quiso seguir la huella de agrupaciones como Hora Zero y Kloaka. A 25 años de la fundación de Neón, dos ex integrantes del grupo, Harold Alva y Héctor Ñaupari, han publicado el libro La hoguera desencadenada. Movimiento Cultural Neón. Antología poética 1990-2015 (Summa, 2015).

El cántaro y la ola

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Descifrando a Octavio Paz


Uno de los mayores escritores en lengua española del siglo XX, Octavio Paz (1914-1992), Nobel de Literatura 1990, fue además un excelente ensayista y destacado animador del debate cultural y político. Esas actividades han hecho que su poesía –una poesía difícil y que refleja su vasta cultura– quede acaso un tanto postergada. Un buen intento para develar los misterios de esta lírica y acercarla a los lectores es el libro El cántaro y la ola (Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo, 2015) que el catedrático, crítico y doctor en Literatura Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) acaba de publicar.

Symbol

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Aunque fue integrante de dos importantes grupos poéticos de los años setenta (Hora Zero y La Sagrada Familia), a Roger Santiváñez (Piura, 1956) se le suele identificar con el ochentero grupo Kloaka (1982-1986), del que fue uno de los fundadores, y con la radicalización de las tendencias conversacionales de la poesía de la generación anterior. Ya alejado del grupo, Santiváñez nos entregó uno de los libros más originales y audaces de la poesía peruana de los años noventa: Symbol (1991). La editorial Pesopluma ha vuelto a publicar Symbol, a casi 25 años de su aparición, esta vez acompañado de un testimonio del propio autor (“Cómo escribí Symbol”) y un prólogo del poeta y crítico Luis Fernando Chueca.

24 Poetas Latinoamericanos

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Desde hace treinta años, el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) y la UNESCO (Naciones Unidas para la educación, ciencia y cultura) auspician el proyecto Coedición Latinoamericana: un grupo de editoriales privadas y estatales que, en forma conjunta, publican libros para difundir la lectura y la cultura en el continente. En el Perú, el representante del proyecto es la editorial PEISA, y uno de sus más recientes títulos con Coedición Latinoamericana es la antología 24 Poetas Latinoamericanos.

El análisis de la poesía

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Surgido en la eclosión de poetas peruanos de los años sesenta y setenta, Enrique Verástegui (Cañete, 1950) fue el más imaginativo y talentoso de esos jóvenes escritores. Su primer libro, En los extramuros del mundo (1971) ha sido reeditado numerosas veces y es todo un hito dentro de nuestra poesía, especialmente destacable por la juventud del autor. Y a partir de su ambicioso y extenso poemario Ángelus Novus (1989), la crítica comenzó a considerarlo como uno de los mayores poetas peruanos del siglo XX. Lamentablemente, diversas crisis personales hicieron que su producción literaria decayera en forma notoria. En los últimos meses se han publicado dos libros de ensayos literarios de Verástegui que grafican bien los dos momentos de su obra, el esplendor y la caída: una reedición de El motor del deseo (1987) y El análisis de la poesía (2015).

El motor del deseo

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Enrique Verástegui (Cañete, 1950) fue el más talentoso de los jóvenes poetas que irrumpieron en la escena literaria peruana en la década del setenta. Su primer libro, En los extramuros del mundo (1971) es todo un hito dentro de nuestra poesía, especialmente destacable por la juventud del autor. Lector compulsivo e inteligente, Verástegui ha ido publicando, paralelamente a su obra poética, interesantes libros de ensayo. El primero y más importante de esos ensayos acaba de ser reeditado en México: El motor del deseo. Dialéctica y trabajo poético (Proyecto Literal, 2014).

Escrito en París, a finales de los años setenta, cuando el autor estudiaba sociología de la literatura en la École des Hautes Études, este libro analiza el fenómeno poético desde dos perspectivas: en la primera mitad (Fábrica de signos), en su relación con el lenguaje y el contexto social, histórico y cultural; y en la segunda mitad (Expresión/Explosión), desde la perspectiva de la creación, el trabajo literario y su principal motor (el deseo). En ambos casos, la reflexión y la erudición —se cita profusamente a una gran cantidad de autores— se conjugan con el aliento poético.

A la manera de los ensayos de Octavio Paz o Lezama Lima (otros dos grandes poetas ensayistas latinoamericanos), las complejas y herméticas disquisiciones de este libro acaso solo puedan ser entendidas plenamente si se leen como la contraparte teórica de la poesía que Verástegui estaba escribiendo: su ambicioso Angelus Novus, libro que fue publicado en dos tomos, en 1989 y 1990. Sea entonces esta nueva edición de El motor del deseo un buen pretexto para releer, con mayor preparación, la valiosa obra poética de Verástegui.

La pérdida (y otros poemas)

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Poesía, pérdida y pensamiento


Hace casi treinta años, la antología La última cena. Poesía peruana actual (1987) presentó a un grupo de buenos poetas peruanos, algunos ya con cierto prestigio y otros jóvenes y aún inéditos. Entre estos últimos estaba Jorge Frisancho (1967), quien ya entonces destacaba por su talento y precocidad. Sus dos primeros poemarios —Reino de la necesidad (1988) y Estudios sobre un cuerpo (1991)— lo confirmaron como una de las voces fundamentales de la generación del noventa. Tras más de diez años de silencio Frisancho ha vuelto a la creación literaria, y su más reciente libro es La pérdida (Paracaídas, 2014).

Frisancho plantea sus libros como una serie de reflexiones líricas que abordan (a la manera de asedios), diversos aspectos de un solo tema. En este caso se trata de la “ausencia”, la pérdida de algo muy apreciado y su evocación a través de las palabras y la memoria. En estos asedios se emplean versos de largo aliento, de sintaxis compleja y que combinan diversos registros de lenguaje, desde lo coloquial hasta lo libresco. Además, en la serie de poemas titulados “Metapoética” (distribuidos a lo largo del libro), las reflexiones esas reflexiones se vinculan con la propia escritura poética.

La recepción de este poemario ha sido bastante positiva, especialmente entre los críticos y los propios poetas. Rafael Espinosa, por ejemplo, ha resaltado el carácter experimental, pues el autor intenta “plegar el lenguaje al pensamiento… hasta que las palabras comienzan a hacer ellas mismas el trabajo de la cognición”. Por su parte, Víctor Vich ha afirmado que La pérdida (y otros poemas) “es uno de los mejores libros de Frisancho y un libro notable en la poesía peruana actual”.

Fulgor en la niebla

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Recorrido por la poesía peruana


Doctor en Literatura, profesor universitario y miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua, Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) es uno de críticos literarios que más trabajan por renovar y actualizar esta práctica en nuestro país. Desde el inicio tuvo claro su proyecto de estudiar a las diversas generaciones poéticas peruanas del siglo XX a partir del análisis de los autores más importante o característicos de cada una de ellas. Ese proyecto se materializó en una serie de libros, desde Las ínsulas extrañas de E. A. Westphalen (1990) hasta Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe (2006), pasando por obras similares dedicadas a Moro, Eielson, Varela, Delgado e Hinostroza, entre otros. Como resumen de toda esa experiencia, Fernández acaba de publicar el libro Fulgor en la niebla. Recorrido por la poesía peruana contemporánea (USIL, 2015).

Fernández empieza este recorrido analizando la obra de José María Eguren, el poeta simbolista peruano por excelencia. A pesar de que el simbolismo es un movimiento literario más propio del siglo XIX, Eguren publicó su libro más conocido, Simbólicas, en 1911. En ese libro figura el poema “El duque”, que Fernández interpreta como una revisión irónica del tópico modernista de la “fiesta galante”: los personajes aristocráticos de Rubén Darío han sido reemplazados por una nuez y un clavo de olor; y hasta el final del poema resulta completamente irreverente.

De la llamada “generación del treinta el crítico elige, además de un texto de Westphalen, el conocido poema “Madre” de Carlos Oquendo de Amat. Con ello, se revalora los aportes de este poeta, y del vanguardismo en general, a la literatura peruana: “…su experimentación verbal e ímpetu de innovación, su crítica de la modernidad occidental y de la razón instrumental…”. De la siguiente generación, la del cincuenta, se analizan poemas de cuatro autores: Eielson, Delgado, Valera y Romualdo. Este último es quizás el más importante en esta sección, pues en el ensayo “Metáfora y orden conceptual en La torre de los alucinados (1945-1949)” se hace un amplio análisis de uno de sus libros iniciales, de su poco conocida etapa “purista”.

Tres son los poetas de la generación del sesenta seleccionados: Antonio Cisneros, Javier Heraud y Marco Martos. Y es MM el autor al que más espacio se le dedica en el libro, en los ensayos “El poema argumentativo de MM”, centrado en el análisis del conocido poema “Muestra de arte rupestre”; y “El poema-crónica en la obra de MM”, una interpretación de algunos rasgos presentes en buena parte de los libros de este autor. La conclusión es que MM “es uno de los grande poetas de la denominada generación del sesenta, que ha sabido manejar diversos tipos de estrofas y diferentes inflexiones y temas a lo largo de varias décadas de proficua labor creativa”.

Complementan el libro unas “Reflexiones sobre le enseñanza de la literatura en la educación secundaria”. En ellas Fernández, a partir de su propia experiencia docente, describe los (en su opinión) tres principales “errores” que se comenten en la enseñanza de la literatura en la escuela: el biografismo, el contenidismo y el formalismo intransigente.

Noches de adrenalina

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La escritora Carmen Ollé (Lima, 1947) acaba de recibir el Premio el Premio Casa de la Literatura Peruana 2015 en reconocimiento a su trayectoria y obra literaria. Este premio se entrega desde el 2010, y ha sido otorgado a escritores tan importantes como Mario Vargas Llosa, Edgardo Rivera Martínez y Carlos Germán Belli. La premiación a Ollé ha coincidido con la reedición del Noches de adrenalina (Peisa, 2014), su primer libro y una obra fundamental de la poesía peruana de los años ochenta.

Publicado originalmente en 1981, Noches de adrenalina reúne unos 25 poemas largos, en los que una peruana radicada en París reflexiona acerca de su identidad, como persona y como mujer, mezclando continuamente tres líneas discursivas: el análisis de su propia “corporalidad” (“Tener 30 años no cambia nada, salvo aproximarse al ataque cardíaco y al vaciado uterino” dice el primer verso del libro), su pasado personal (la infancia, la adolescencia, el paso por la universidad) y los discursos culturales sobre la sociedad y la posición de la mujer en ella (Bataille y Bachelard, entre otros).

La crítica suele hacer énfasis en lo radical de la primera de esas líneas, pues Ollé habla de las funciones corporales, incluyendo las sexuales, de una manera poco usual (directa y sin pudores), que muchos calificaron de “violenta”. Sin embargo, como ya se ha señalado, ese es solo uno de los aspectos de estos textos, escritos bajo los postulados de la “poesía integral” de los escritores de las generaciones del sesenta y setenta. Ollé desarrolla esa propuesta de una manera sumamente personal, poniendo la problemática de la mujer en primer plano, y logra en Noches de adrenalina lo mejor de su producción poética.

Antimateria. Gran acelerador de poemas

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Inocencia y no ciencia


La artista Tilsa Otta (Lima, 1982) ha incursionado en la fotografía, el cómic y el cine, pero es más conocida por su faceta de escritora. Sus dos primeros libros fueron los poemarios Mi niña veneno (2004) e Indivisible (2007), en los que el ludismo y la imaginación estaban ligados a experiencias propias de la adolescencia y juventud. Tras publicar el libro de cuentos Un ejemplar extraño (2012), Otta ha vuelto a la poesía con Antimateria. Gran acelerador de poemas (Peso pluma, 2015).

Como se anuncia en el título, uno de los ejes del libro es el contraste entre una cierta retórica científica que se ha puesto de moda (y que parece capaz de explicarlo todo) y lo más humano de nuestras vivencias. Pero es un enfrentamiento en el que priman el humor y el optimismo: “No publiquen la secuencia completa de mi ADN / Tres mil millones de letras / Reproduzcan este código / ciento cincuenta y ocho caracteres con espacios”. Así se conjugan, en poemas breves, términos provenientes de la física, la biología, la tecnología y los chats, con imágenes, símiles, aforismos y otros recursos poéticos tradicionales.

La principal novedad es que Otta vuelve esta vez su mirada irónica y traviesa hacia la poesía y el propio lenguaje. El libro se inicia con dos artes poéticas: un caligrama eielsoniano y un texto con borrones y tachaduras incluidas. Y entre los poemas más interesantes están uno que se describe a sí mismo y otro que pasa revistas a los diversos usos que se le suele dar al verbo hacer: “Hacer la comida, la cama, la maleta… Hacerse el rey, el gracioso…”. Antimateria resulta el libro más orgánico, temática y formalmente, de Tilsa Otta, y un significativo paso adelante en su poesía.

O

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Un poemario trílcico

Publicado en 1922, Trilce es, no obstante su hermetismo, uno de los libros fundamentales de la poesía peruana del siglo XX. En ese poemario César Vallejo (1892-1938) aborda diferentes temas, planteando sus dudas y reflexiones más personales a través de un lenguaje y una retórica a su vez cuestionados de la manera más radical. Por todo ello resulta una propuesta literaria difícil y arriesgada, y son pocos los poemarios “trílcicos” que han aparecido en nuestro medio. El más reciente es O (Paracaídas, 2014), ópera prima del escritor sanmarquino Octavio Mermáo (Callao, 1986).

O está conformado por 23 poemas sin título, en los que el autor intenta liberarse de todas las certezas en las que se basa la vida cotidiana: “De pura empiria se crece / se computa la muerte…” dice en los primeros versos, que cuestionan la información que nos brindan “los cinco sentidos siempre mezclados irreverentemente”. En los siguientes textos (todos poemas breves, de menos de una página) los cuestionamientos abarcarán al amor, al tiempo, a la religión y hasta a la propia poesía, con versos ásperos que apelan contantemente a las imágenes absurdas, lo exclamativo y los recursos tipográficos (como el uso caprichoso de las mayúsculas).

La crítica ha sido bastante elogiosa con O y ha enfatizado su carácter de “aventura”: “un viaje o peregrinación en busca de aquello que pueda devolverle el sentido (a la existencia humana)” (Lenin Heredia). Sin embargo, las excesivas semejanzas con Trilce terminan resaltando la distancia entre el Vallejo en su momento cumbre de creatividad y el joven y debutante Mermáo; desde el mucho menor vuelo reflexivo hasta los excesos con los recursos vanguardistas.

Libro de la enfermedad

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Egresado de Literatura de San Marcos, Mateo Díaz Choza (Lima, 1989) es un entusiasta poeta y difusor de la poesía. Fue uno de los organizadores del ciclo de recitales “Ese puerto existe (2010-2011)” (que reunió a poetas de diversas generaciones) y hace un par de años publicó su primer poemario, Av. Palomo (2013), recibido con entusiasmo por la crítica. Díaz Choza acaba de publicar su segundo poemario, Libro de la enfermedad (Paracaídas, 2015), elegido como ganador en los Juegos Florales de Barranco 2013 por un jurado conformado por Rodolfo Hinostroza, Marco Martos y Ricardo González Vigil, entre otros.

Los temas dominantes en esta poesía son la muerte y lo efímero de la vida humana. Pero si en Av. Palomo estos temas eran abordados de manera más bien personal y desde el contexto del autor (en poemas como “Todos vuelven - Vals” o “El Agustino”), en este nuevo libro prima lo “general”. La primera sección es un extenso y reflexivo poema basado en las imágenes naturales del invierno; y la segunda está constituida por los monólogos de diversos personajes bíblicos que enfrentan a la muerte, como “Cuatro visiones de Sansón”: “Abro los ojos y el semblante del abismo / reconozco, paraje donde habitan cardúmenes oscuros…”.

El jurado que premió a este Libro de la enfermedad lo hizo “por la unidad global del texto, que crea un tono sostenido a través de un lenguaje con mucha carga sensorial, riqueza verbal y dominio del verso”. A ello hay que agregar la provechosa lectura de poetas peruanos, como Hinostroza y Martín Adán, y lo logrado de la mayoría de los textos. En suma, un buen poemario y la confirmación de Díaz Choza como uno de nuestros poetas jóvenes más promisorios.

Staccatos

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Los días felices


Profesor universitario, músico y crítico literario, Alejandro Susti (Lima, 1959) es también autor de una ya extensa obra poética, cuyos títulos más reconocidos son Cadáveres (2009) y El río imaginado (2012, finalista del Premio Copé). En este último poemario ya se notaba una aproximación a lo prosaico y lo narrativo, que Susti aborda directamente en su nuevo libro Staccatos (Paracaídas, 2014), en el que rememora, en sesenta textos breves (de una o dos páginas), diversos momentos de su infancia y adolescencia.

Se trata de textos ordenados cronológicamente (desde la escuela primaria hasta las primeras incursiones en locales nocturnos, en búsqueda de buenos músicos); pero de naturaleza discontinua, separados por “silencios” (saltos temporales) de diferente duración. Eso explica el título del libro, que alude al recurso musical de intercalar silencios en una serie de notas que usualmente se “tocan” de manera continua. Cada una de estos recuerdos es el pretexto para iniciar una serie de reflexiones –desde una perspectiva sumamente racional– sobre personas, lugares, ambientes, creencias y costumbres que influyeron en la formación del autor.

Las reflexiones además son de carácter eminentemente lírico, pues en ellas priman las imágenes, símiles, metáforas y otros recursos propios de la poesía. Dentro de este peligroso terreno de la “prosa poética”, en el que es tan fácil resbalar y caer en excesos, Susti se desempeña con bastante acierto, aunque a veces su lenguaje esté en el propio límite con lo pomposo y retórico. Pero eso son los riesgos inherentes de una propuesta como Staccatos, que rehúye los cómodos marcos genéricos para apostar por la libertad y la creatividad.