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La poesía hispanoamericana y sus metáforas

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Camilo Fernández Cozman. La poesía hispanoamericana y sus metáforas (Universidad de Murcia, 2008)

Hace poco incorporado a la Academia Peruana de la Lengua, Camilo Fernández Cozman (Lima, 1965) es uno de nuestros más importantes críticos literarios de hoy. Tiene publicados siete libros de ensayos, desde Las ínsulas extrañas de E.A. Westphalen (1990) hasta Mito, cuerpo y modernidad en la obra de José Watanabe (2007), la mayoría de ellos dedicados a analizar las obras de los más destacados poetas peruanos. De lo nacional a lo continental, Fernández acaba de publicar en España La poesía hispanoamericana y sus metáforas (U. de Murcia, 2008).

Partiendo de los aportes de la Retórica General Textual (del español Antonio García Berrio y el italiano Stefano Arduini), los once ensayos aquí reunidos interpretan cada uno un poema (en un par de casos, un poemario) de Neruda, Vallejo, Borges, Paz, Belli o Watanabe. El método es casi siempre el mismo: se analizan algunas figuras retóricas empleadas en el poema, especialmente las metáforas y sus campos semánticos, para de ahí ver la forma en que esas figuras ("operadores cognitivos") se articulan en el texto, no solo como el desarrollo de un tema sino también como manifestación de la particular visión del mundo del poeta.

El modelo funciona bien, por ejemplo, en el ensayo sobre el poema "Idilio muerto" de César Vallejo. El estudio de la métrica, aliteraciones, metáforas y símiles del texto le permite a Fernández –pasando de lo formal a lo ideológico– afirmar que se trata de una "lírica de la interculturalidad", "una meditación simultánea acerca del pasado, del presente y del futuro andino luego de la invasión occidental". Logros similares obtiene al abordar los poemas "No hay olvido" de Neruda, "La piedra alada" de Watanabe, y también en el ensayo "La ironía desmitificadora como figura retórica en la poesía de C.G. Belli".

Hay, sin embargo, en Fernández –como señalamos con respecto a su libro Raúl Porras B. y la literatura peruana (2000)– una cierta tendencia a forzar las interpretaciones para que encajen en sus propias suposiciones. En estos ensayos encuentra reiteradamente actitudes de rechazo a la "cultura occidental", incluso en textos en los que este rechazo no existe, como en el poema "Las cosas" de Borges. No obstante, esta y otras discrepancias (con respecto a los textos de Paz y Neruda), la edición de este libro es un merecido reconocimiento a la labor crítica de Fernández y un destacable aporte a la difusión y comprensión de la poesía.
(Artículo publicado originalmente en La República)

Los diez mejores poemarios

oquendo
En el suplemento Semana del diario La Primera me pidieron una lista de los diez mejores poemarios de la literatura peruana del siglo XX (uno por autor). Traté de hacerla siguiendo más el consenso de la crítica que mis gustos personales. Los poemarios están ordenados de acuerdo a la fecha de nacimiento del autor.

Simbólicas. José María Eguren (Lima, 1911)
La crítica considera a José María Eguren (Lima, 1874-1922) el fundador de la modernidad en la poesía peruana. Antes de él, todo era retórica declamatoria (neoclásica, romántica o modernista) y la poesía se limitaba a ensalzar sucesos históricos, personajes o paisajes. Pero Eguren era un hombre extraño y solitario que vivía inmerso en su propio mundo interior; un universo en el que coexistían lo gótico y lo infantil, lo lúdico y lo trágico. En Simbólicas, su primer libro, Eguren nos presenta ese peculiar universo en hermosos y enigmáticos poemas dedicados a personajes como "Los reyes rojos", "El duque" o "La tarda". Con ellos llega a nuestra literatura la subjetividad, lo simbólico y la poesía pura.

Trilce. César Vallejo (Lima, 1922)
Hacia 1920 César Vallejo (1892-1938) ya había publicado su primer poemario, que lo convirtió, en opinión de J. C. Mariátegui, en la mayor promesa de nuestras letras. Entonces una serie de confusos incidentes ocasionó que fuera encarcelado por tres meses. En prisión, en la mayor soledad, escribió Trilce, su obra más personal y arriesgada, un conjunto de 77 poemas en los que los más audaces recursos de la vanguardia sirven para expresar la honda humanidad y profundidad de pensamiento del autor. Trilce es una de las obras cumbres de la literatura del siglo XX, a nivel mundial, y aunque sus poemas no tienen título (sólo numeración), muchos de ellos son fácilmente identificables por sus versos iniciales.

5 metros de poemas. Carlos Oquendo de Amat (Lima, 1927).
La vida y la obra de Carlos Oquendo de Amat (1905-1936) fueron sumamente breves. Casi todos sus poemas están reunidos en su único libro, 5 metros de poemas, un “libro objeto”, vanguardista y sumamente creativo. Todo en estos poemas está relacionado con la experiencia de la vida urbana más moderna y especialmente con el cine: el “metraje” del título, el empleo del espacio y hasta los títulos de los poemas ("Réclame", "Film de los paisajes"). Pero no se trata de un canto a la modernidad; al contrario, el poeta intenta alcanzar a través de estas efímeras y audaces imágenes la inocencia y ternura propias del mundo de la infancia. De ahí que el poema más conocido del libro sea precisamente "Madre".

Travesía de extramares. Martín Adán (Lima, 1950)
Rafael de la Fuente Benavides (1908-1985), más conocido por su seudónimo literario de Martín Adán, es uno de los escritores peruanos más eruditos y difíciles. Como Borges, se inicio dentro del vanguardismo (con la novela La casa de cartón) pero después escribió en los versos y estrofas más tradicionales de la poesía en español. Travesía de extramares es un conjunto de 50 rigurosos sonetos endecasílabos, dedicados cada uno a una obra de Chopin y que desarrollan diversos motivos literarios y filosóficos, presentados en los numerosos epígrafes y citas en alemán, francés inglés, etc. Poemas herméticos y de un deslumbrante virtuosismo formal, requieren de lectores especializados.

Las ínsulas extrañas. Emilio Adolfo Westphalen (Lima, 1933).
En la línea de la poesía pura y subjetiva de Eguren, el primer libro de Emilio Adolfo Westphalen (1911-2001) sorprende por la conjunción de recursos propios del surrealismo y de la poesía española clásica (el título proviene de un verso de San Juan de la Cruz), además de una poco común imaginación y libertad en el uso del lenguaje. Son sólo nueve poemas, sin títulos ni signos de puntuación, de entre dos y cuatro páginas de extensión, en los que a través de elementos esenciales y con una fuerte carga simbólica (árbol, río, mar, sol) se crea un mundo mítico, en el que se unen lo natural y lo onírico: “La mañana alza el río la cabellera / Después la niebla la noche… ”

Reinos. Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1945)
La trayectoria poética de Jorge Eduardo Eielson (1921-2006) es verdaderamente ejemplar: una evolución coherente y de calidad sostenida que va desde el manierismo de sus poemas iniciales hasta el minimalismo de los últimos. Entre sus libros destaca Reinos, su primer poemario que le hizo merecedor del prestigioso Premio Nacional de Poesía. Es el punto más alto de la “poesía pura” escrita en el Perú, tanto por sus imágenes deslumbrantes (de estirpe simbolista y surrealista) como por el precoz virtuosismo en el manejo de la retórica poética. Reeditado numerosas veces Reinos contiene textos infaltables en cualquier antología de la poesía peruana, como "Parque para un hombre dormido" o "Piano de otro mundo".

Canto villano. Blanca Varela (Lima, 1978)
Blanca Varela (Lima, 1926) es considerada la más importante voz femenina de la poesía peruana del siglo XX. Su primer poemario, Ese puerto existe, contó con un elogioso y entusiasta prólogo de Octavio Paz; pero es Canto villano el libro “con el que alcanza su más potente madurez”, en palabras del poeta Javier Sologuren. Como en el caso de Eielson, al surrealismo de sus primeros poemas le siguió un largo proceso de depuración y ascetismo formal, que en este poemario se suma a una visión muy dura y crítica de la vida cotidiana, en la que priman la angustia y el escepticismo. El poema emblemático del libro es "Currículum Vitae", que en once versos breves presenta una imagen sombría del destino humano.

Contranatura. Rodolfo Hinostroza (Barcelona, 1971)
La poesía de Rodolfo Hinostroza (Lima, 1941) es la versión erudita y hermética de la poética de la generación del 60. Tras un largo periodo de formación, que incluye el libro Consejero de lobo, Hinostroza logra en Contranatura (Premio Maldoror 1971) un excelente poemario, que integra –de una manera que hoy calificaríamos de posmoderna– las citas y referentes literarios, los pasajes de intenso lirismo, y los más diverso símbolos, desde matemáticos hasta zodiacales. Sin perder calidad literaria, los poemas de este libro se van haciendo cada vez más complejos y difíciles de leer. De ahí que los más conocidos y antologados sean los primeros: "Gambito de Rey" e "Imitación de Propercio".

Canto ceremonial contra un oso hormiguero. Antonio Cisneros. (La Habana, 1968)
Antonio Cisneros (lima, 1942) es el autor emblemático de la renovación que significó la generación poética del 60: influencias anglosajonas, lenguaje coloquial y un discurso que integra lo narrativo y lo lírico, lo individual y lo social, lo histórico y lo actual. Todas esas características encuentran su mejor expresión en Canto ceremonial contra un oso hormiguero, un libro orgánico y muy bien estructurado que obtuvo el Premio Casa de las Américas 1968. La rebeldía, el optimismo y espíritu crítico de los años sesenta expresados en poemas tan conocidos como "Karl Marx. Died 1883 Aged 65", "Crónica de Lima", "El cementerio de Vilcashuamán" y el épico "Crónica de Chapi, 1965".

Cosas del cuerpo. José Watanabe (Lima, 1999)
Surgido de la generación poética del 70, José Watanabe (1945-2007) desarrolló lo más importante de su obra a partir de la segunda mitad de la década del 80. Cosas del cuerpo es el punto más alto de esta poesía, pues conjuga la madurez literaria y personal, además de unir elementos occidentales y orientales (el imaginismo anglosajón, el haiku japonés) en una poética centrada en el cuerpo y su materialidad elemental. Las imágenes, rigurosamente trabajadas, dan prioridad a seres casi elementales ("El lenguado", "Las malaguas"), a cuevas y desiertos y hasta deterioradas estatuas de yeso. Watanabe continuó las propuestas de este libro en Banderas detrás de la niebla y La piedra alada.
(Artículo publicado previamente en La Primera).

Fórnix

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Fórnix N° 7. Revista de creación y crítica

Revista dedicada a la difusión de la poesía que se escribe en la actualidad, Fórnix nos entrega esta vez una edición especial, enfocada en la poesía española más recinte. Destacan los textos de Antonio Gamoneda, Premio Cevantes 2006, y autores como Juan Carlos Mestre, Juan González Soto y Marta López. Los textos de estos autores "consagrados" se complementan con una amplia muestra de "poesía española joven", autores nacidos entre 1971 y 1976, preparada por Juan Carlos Reche.

De nuestro continente, figuran una serie de textos escritos por poetas jóvenes argentinos; y por supuesto, también de poetas jóvenes peruanos, drepresentados esta vez por dos de nuestras más interesantes nuevas voces femeninas: Denisse Vega y Andrea Cabel. En el área del ensayo se incluyen los artículos Arden las palabras. Aproximación a la obra de Antonio Gamoneda de María Ángeles Maeso y Ele Hache: Aniversario con divertimento de Edgar O'Hara (dedicado a la obra de Luis Hernández), entre otros.

Fórnix es dirigida por el escritor y traductor Renato Sandoval (Lima, 1957), autor de seis poemarios (entre ellos los reconocidos Nostos y Suzuki blues), y está disponible en internet en Página de poesía. Se puede bajar completa, o por partes (primera, segunda y tercera), así como también una entrevista con Sandoval.

Trabajo de campo

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Matilde Gamarra. Trabajo de campo (Editorial El Río, 2008)

La escritora Matilde Gamarra afirma no pertenecer a ninguna generación poética, aunque afectivamente está ligada a la del 60, pues fue esposa del poeta Reynaldo Naranjo y amiga de César Calvo y otros autores de esa generación. A pesar de ello, sus dos primeros poemarios fueron publicados recién a finales de los 90: Las luces apagadas (1997) y 1991 y otros años (1999). A esos libros se suma ahora Trabajo de campo (2008), un amplio conjunto de poemas en los que la autora recrea líricamente diversas facetas de su vida.

El poemario está dividido en cuatro secciones, aquí denominadas "recorridos". En la inicial, Primer recorrido. Melancólico esquizoidal, se reúnen los recuerdos de infancia: el circo, las fiestas infantiles ("gelatina globos sorpresas torta / con velitas multicolores felices"), las mascotas y especialmente las personas del entorno hogareño: madre, hermanos, abuelo. Sin contar episodios específicos de su pasado, la autora va creando atmósferas a través de la acumulación de objetos y detalles vistos desde la perspectiva de la niña que ella fue: "Es la hora del té en la mesa grande / y yo debajo ordeno mis tacitas".

En estos primeros textos ya se hacen evidentes algunas de las constantes formales del libro, como son el lenguaje sencillo, los versos y estrofas breves, y los recursos retóricos más ligados a la tradición. Opciones plenamente justificadas en la primera sección, pero que limitan un tanto los textos de las siguientes. En Segundo recorrido. Neurótico mórbidus, que ocupa más de la mitad del libro, los poemas se vuelven bastante tópicos, especialmente cuando el tema es el erotismo, el amor perdido o el amado distante. Pero cuando la poeta reflexiona sobre el paso del tiempo y la muerte, logra algunas de las mejores páginas del libro.

Las dos últimas secciones son Tercer recorrido. Otras formas del compromiso y Cuarto recorrido. Jocus X ludus. Son poemas diferentes. Apreciaciones personales sobre temas diversos y que alcanzan su punto culminante en las estrofas sinceras y juiciosas de "Decires", el texto final del libro, que remite a las Canciones de Antonio Machado. El referente explica que Gamarra se defina a sí misma como una poeta "marginal y a contratiempo", del mismo modo que Enrique López Albújar se calificaba de "retaguardista". Por eso, Trabajo de campo es un libro que definitivamente no está dirigido a los lectores especializados, ávidos de virtuosismos poéticos o nuevas modas literarias.
(artículo publicado previamente en La República)

Entrevistas: La Primera, La República, Rumbos.

Valle sagrado. Almas en pena

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Odi Gonzales. Valle sagrado / Almas en pena (Santo Oficio, 2008)

El escritor cusqueño Odi Gonzales (Calca, 1962) se hizo conocido con el poemario Valle sagrado (1993) que obtuvo dos premios nacionales de poesía. Se trataba de un conjunto de poemas que unía muchas de las características de la poesía urbana y coloquial de los 60 y 70 con una temática ligada a ambientes rurales y netamente andinos. Gonzales seguiría desarrollando su propuesta en Almas en pena (1998), libro que cierra esta etapa de su obra, sin duda la más importante. Diez años después, ambos poemarios han sido reunidos en el recién publicado Valle sagrado/Almas en pena (Santo Oficio, 2008).

Los poemas de Valle sagrado narran sucesos de la vida cotidiana cusqueña, que van desde un paseo lleno de reminiscencias históricas por la Antigua Villa de Zamora (la Calca natal del poeta) hasta los trágicos accidentes de carretera de Volcaduras. El discurso del autor, objetivo e irónico, se alterna con las palabras de los propios protagonistas de esos sucesos, quienes se expresan en el peculiar lenguaje hablado en la región, remitiéndose constantemente a leyendas y creencias populares. Gonzales encontró la fórmula para reunir en sus poemas todos esos elementos (narratividad, polifonía, diversidad de registros) y sin caer en barroquismos, mediante versos breves y sencillos.

El poeta pronto se dio cuenta de que más interesante que los sucesos era la forma en que los protagonistas los integraban a su fuerte religiosidad, en la que se mezclan la iconografía católica con dioses y mitos prehispánicos. Las secciones Cuaderno de confesiones (fragmentos de confesiones sacramentales) y Huanca. Peregrinación a la vasta cima... conducen a Almas benditas, en que estas almas hablan de sus vidas pasadas. Idea que Gonzales ampliará en Almas en pena, poemario dedicado exclusivamente a este universo entre mágico y religioso, como indican claramente los títulos de sus secciones: Lecturas de coca, Rituales, Entradas de ánimas/condenados.

Almas en pena resulta por eso un libro más sólido y logrado, un amplio recorrido por el imaginario andino de nuestro tiempo. Gonzales, estudioso de la tradición oral quechua, aborda estos temas con una actitud crítica que le permite evitar los errores y excesos de los escritores del realismo mágico. Para esta nueva edición, el autor ha retocado ligeramente tanto los textos de Almas en pena como de Valle sagrado, libros que en su primera edición, a pesar de los premios y elogios de la crítica, no tuvieron la difusión que merecían.
(Artículo publicado previamente en La República)


Entrevistas: Pedro Escribano, Abelardo Oquendo, La Primera.

Himnos

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Miguel Ildefonso. Himnos (Apolo Land, 2008)

La producción poética de Miguel Ildefonso (Lima, 1970) presenta dos etapas bien definidas. Una comprende los tres primeros libros –Vestigios (1999), Canciones de un bar en la frontera (2001) y Las ciudades fantasmas (2002)– que consagraron a Ildefonso como una de la voces emblemáticas de la generación poética del 90. La segunda se inició con los libros M.D.I.H. y Haeutontimoroumenos (2004), en los que la creación poética era asumida de una manera mucho más libre y arriesgada. Ildefonso acaba de publicar dos nuevos poemarios, Los desmoronamientos sinfónicos (Hipocampo, 2008) e Himnos (Apolo Land, 2008), que muestran tanto las virtudes como los peligros de esta segunda etapa de su obra.

Los desmoronamientos sinfónicos es un conjunto de poemas en prosa, en los que Ildefonso vuelve a los temas y ambientes de sus primeros libros: la descripción de la vida urbana limeña, pero desde la perspectiva de sus pobladores más pobres y marginados; y la reflexión sobre la muerte, la soledad y la propia poesía. Son textos sin signos de puntuación (a excepción del punto) y en los que las imágenes (métaforas, símiles) fluyen sin cesar, pues incluso las disquisiciones metaliterarias se realizan a través de ellas: “juntar palabras como ladrillos. he ahí mi realidad. la poesía es caminar por Lima… en la poesía existe el mar. la vida no. la vida es otra cosa…”.

Himnos, desde el título, remite a la tradición de los grandes poetas románticos. Especialmente a Himnos a la noche de Novalis (1772-1801), libro en que el poeta alemán se sumerge en la oscuridad (la noche, la muerte, la nada) para llegar a lo más luminoso y trascendente. Ildefonso parte también del “oscuro pozo de la muerte”, que en este caso remite al caos y la violencia de los ámbitos urbanos más sórdidos y que gracias al poder de la poesía y el amor se transforman en lugares sagrados en que las personas más pobres adquieren una cierta divinidad: “… con su mandil sucio y sus zapatillas rotas de niña / sus cabellos blanco que salían del gorro… / la anciana miraba la avenida y dormitaba / así fue que vi a Dios”.

No obstante este esquema, un proceso con principio y final, estos Himnos (escritos en versos libres) casi no apelan a aquellos elementos narrativos tan importantes en los libros iniciales de Ildefonso. En general, en esta segunda etapa, y después de dos libros de narrativa –El paso (2005) y Hotel Lima (2006)–, la poesía de Ildefonso se ha vuelto más esencial y pura, basándose exclusivamente en el poder de las imágenes, las palabras y las ideas. Los textos se desarrollan impulsados por la propia sensualidad de las imágenes y la sonoridad de las palabras, alcanzando momentos de intenso lirismo, especialmente en Los desmoronamientos sinfónicos.

Con estos dos libros (basados en textos escritos hace más de diez años) Ildefonso continúa en la búsqueda del sentido de la vida y la muerte, de la armonía entre el destino individual y el universo natural; y también del papel de la poesía y el arte en una sociedad y una época como la nuestra. Lamentablemente en Himnos esa búsqueda se pierde en las recurrentes apelaciones a la luna y las estrellas, al corazón y los sueños. Además, los versos presentan demasiadas repeticiones, errores y deslices: “Y la ingravidad se convierte en ese errar y amar”, “Porque el amor se para para mirar”, “Empédocles se arrojó al río Etna”.

Los poemas de Los desmoronamientos sinfónicos mantienen un mayor rigor poético, aunque la imaginería desplegada a veces parezca más propia de la escritura automática surrealista que de la poesía urbana y coloquial de Ildefonso y la generación del 90. Sin embargo, las descripciones del paisaje urbano resultan aquí más acertadas, las reflexiones más originales y lúcidas, y el conjunto tiene una mayor unidad y solidez. Acaso la diferencia se deba a que estos textos han sido más trabajados a lo largo del tiempo, pulidos y hasta reformulados varias veces. Incluso el conjunto fue reunido hace algunos años en un libro “virtual” que Ildefonso difundió gratuitamente a través de Internet.
(Artículo publicado previamente en La Primera)


Otros textos sobre Himnos: David Abanto.
Otros textos sobre Los desmoronamientos sinfónicos: Javier Ágreda, David Abanto, José Güich, José Pancorvo, José Carlos Yrigoyen.
Entrevistas: Carlos Sotomayor, Jennifer Thorndike.

Los desmoronamientos sinfónicos

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Miguel Ildefonso. Los desmoronamientos sinfónicos (Hipocampo, 2008)

Tras publicar un libro de relatos y una novela, el escritor Miguel Ildefonso (Lima, 1970), acaso el poeta más importante de la llamada generación del 90, vuelve a la lírica con el poemario Los desmoronamientos sinfónicos. Se trata de un viejo proyecto suyo, más de un centenar de textos (que van desde unas pocas líneas hasta una página) que escribió en su época de estudiante universitario, pero que ha ido reformulando y depurando a lo largo del tiempo, radicalizando la propuesta original –la representación poética de la vida urbana limeña– y llevándola incluso más allá de sus límites.

Parte de esa radicalización es el abandono del verso, elemento por excelencia identificador de la poesía, y la eliminación de todo signo de puntuación, excepto precisamente el punto. Se deja también de lado la trama narrativa y las descripciones del paisaje urbano, presentes en todos los poemarios anteriores de Ildefonso. Es como si delegara esos elementos a sus novelas y cuentos para hacer una poesía más esencial y pura, basada casi exclusivamente en el poder de las imágenes, las palabras y las ideas. En varios textos se hace explícita esta arte poética: "...la poesía es un montaje de palabras imágenes rotas. Conceptos que se diluyen por agujeros de tristeza" (Poesía entre los escombros).

Los poemas son, por eso, algo así como fragmentos del discurso de un hablante alucinado que se pasea por nuestra ciudad, traduciendo en creativas metáforas y símiles todo el caos, la miseria y la violencia que ve: "por el rímac las aves en las piedras atravesada la bala en el girasol mudas las ratas insaciables...". Un mundo en ruinas, o desmoronándose, pero que puede renacer a partir de la imaginación artística. De ahí las frecuentes alusiones a escritores y pintores: Martín Adán, Juan Ojeda, Víctor Humareda, Claude Monet, etc. Y también músicos, pues la sonoridad es aquí un principio ordenador y muchas imágenes nacen de asonancias y juegos de palabras.

El peligro de dejar que los poemas fluyan libremente, impulsados por su propia sensualidad, es que se puede llegar a una especie de "escritura automática" casi surrealista y que poco tiene que ver con la propuesta inicial de Ildefonso: "...la soledad el aullido ondulación de moluscos jadeantes...". Pero esos son detalles menores frente a los evidentes aciertos de Los desmoronamientos sinfónicos, un poemario que tal vez no sea el mejor de Miguel Ildefonso, pero seguramente sí el más arriesgado y original.
(Artículo publicado previamente en La República)


Se pueden leer aquí algunos poemas del libro.
Otros textos sobre Los desmoronamientos sinfónicos: David Abanto, José Güich, José Pancorvo, José Carlos Yrigoyen.
Entrevistas: Carlos Sotomayor, Jennifer Thorndike.

Triple explanación de El Cantar de los Cantares

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Fray Luis de Léon. Triple explanación de El Cantar de los Cantares (PUCP, 2008)

Auspiciada por el rectorado de la PUCP, la colección El manantial oculto, dirigida por el poeta y ensayista Ricardo Silva-Santisteban, lleva más de diez años publicando obras claves de la literatura peruana y universal. Ya son 60 entregas, desde los Upanishads hasta Hiperión y 5 metros de poemas, pasando por las obras completas de Cavafis, Saint-John Perse, entre otros. A esta impresionante lista se suman ahora dos nuevos libros: El Cantar de los Cantares y Triple explanación del Cantar de los Cantares.

El cantar, uno de los textos bíblicos atribuidos al rey Salomón (siglo X AC), es un poema de amor estructurado a la manera de diálogo lírico entre esposo y esposa. Su temática es explícitamente erótica y sus imágenes contienen muchas referencias a la naturaleza y a la vida de los pastores: "amada mía, tus ojos son palomas... parecen tus cabellos / manadita de cabras serpeante... tus dientes son más blancos / que rebaño de ovejas de esquileo...". El poema, seguramente basado en antiguos cantos nupciales, fue interpretado posteriormente como una alegoría del amor entre Dios y el alma humana, y por eso fue incorporado a la Biblia.

Esta edición presenta el texto original y la traducción de Eloíno Nácar Fuster –conocido por la versión de la Biblia (1944) que hizo en asociación con Alberto Colunga–, además de un ensayo introductorio y las ilustraciones que para el poema realizó Eric Gill en 1925. Por su parte, la Triple explanación... es una de las obras más importantes de Fray Luis de León (1527-1591), un amplio y ambicioso estudio escrito en latín y publicado en 1580. Para esta nueva edición, en dos tomos, la traducción ha estado a cargo del filólogo José María Becerra (Málaga, 1945), y en el primer volumen se incluye la versión en español del poema que hizo Fray Luis, la más prestigiosa de todas.

Dando muestras de su legendaria sabiduría y erudición, Fray Luis de León comenta en detalle y en extenso cada uno de los versos del poema. Y lo hace tres veces: en la primera refiriéndose al sentido exterior y literal (el amor de la pareja de pastores); en la segunda, al sentido alegórico ("los amores del ánima justa y Dios"); y, en la tercera, al sentido "analógico", interpretándolo como una proyección de la historia de la Iglesia católica. En esta última lectura los cónyuges representarían a Cristo y la Iglesia, y el poema abordaría hasta problemas propios del tiempo de Fray Luis, como la reforma de la Iglesia y la naturaleza de los indígenas americanos.


En internet se puede leer la traducción de El Cantar de los Cantares de Fray Luis de León.

Vapor transatlántico

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Miguel Ángel Zapata (editor). Vapor Transatlántico (UNMSM, 2008)

El poeta y ensayista Miguel Ángel Zapata (Piura, 1955) es uno de los muchos críticos literarios peruanos que emigraron a EEUU a completar sus estudios y luego se quedaron trabajando en universidades de ese país. Actualmente ejerce la docencia en Hofstra University (Nueva York), institución en la que organizó, en abril de 2002, un simposio de poesía que reunió a destacados especialistas de Norteamérica y el mundo hispano. Las ponencias y materiales de trabajo de ese evento han sido publicados por Zapata en el libro Vapor transatlántico. Nuevos acercamientos a la poesía hispánica y norteamericanas contemporáneas (UNMSM, 2008).

Los ensayos aquí reunidos (una cuarta parte de ellos publicados en idioma inglés) ofrecen visiones de sectores específicos de la producción poética actual. Juan Carlos Ureña analiza en Voces de la diferencia la obra de cuatro representantes de la poesía hispanoamericana más reciente; el español Miguel Casado hace un trabajo similar con la poesía española, y el peruano José A. Mazotti aborda la poesía quechua en Bilingualism. Quechua poetry and Migratory Fragmentation in present-day Perú, un ensayo centrado en la obra poética de José María Arguedas. Por su parte, Zapata escribe sobre Dos poetas norteamericanos de hoy: Charles Simic y Billy Collins.

Más enfocados en ciertos temas son los ensayos de Benita Sampedro, Seeking refuge in the metropolis, una aproximación a los poetas africanos exiliados en España; Gwen Kirpatrick, The erasure of form and geography in latina american poetry; y Pepa Anastasio, Espacios urbanos en la poesía española contemporánea. Pero además de estos textos de evidente interés, en el libro hay también varias de esas ponencias "menores", infaltables en todo simposio, y que aquí están dedicadas a analizar la influencia de algún gran poeta (Vicente Huidobro, Octavio Paz, Gabriela Mistral) en sus compatriotas más jóvenes.

Vapor transatlántico concluye con una Muestra de poesía: más de 100 páginas dedicadas a una antología bilingüe (lamentablemente, un solo texto por autor) de poetas contemporáneos españoles, hispanoamericanos y norteamericanos. La delegación peruana está conformada por Belli, Cisneros, Corcuera, Goldenberg, López Degregori, Mazotti, Ortega, Santiváñez, Varela, Watanabe y el propio Zapata. Exceptuando a Mazotti, todos tienen más de 50 años y algunos más de 80, así es que lo menos que puede decirse es que no se trata de una muestra actualizada de la nuestra producción poética.


En internet se puede leer el ensayo Dos poetas norteamericanos de hoy.
Otros textos sobre Vapor transatlántico: Eloísa Otero, Nicole Pottier, Carlos Sotomayor.

Las armas molidas

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Juan Ramírez Ruiz. Las armas molidas (Arteidea, 1996)

Miembro fundador del polémico grupo Hora Zero y una de las voces más características de la poesía de los años 70, Juan Ramírez Ruiz (Chiclayo 1946-2007) publicó dos poemarios en aquel turbulento decenio: Un par de vueltas por la realidad (1971) y Vida perpetua (1977). Luego de un silencio de 19 años ha aparecido Las armas molidas, libro con el que Ramírez Ruiz vuelve a la lírica con toda la vitalidad, agresividad e irreverencia literaria que desde poemas como El júbilo se convirtieron en sus marcas personales más notorias.

Las armas molidas es uno de los libros más ambiciosos que se han publicado en el Perú en los últimos tiempos. El autor ha pretendido hacer un libro total – “canto, novela, relato, crónica, tratado, biografía”– reuniendo elementos completamente disímiles: una cierta épica contemporánea (en la línea de su poesía anterior), mitos andinos todavía vigentes, rupturas vanguardistas y hasta la propuesta de una nueva escritura “alfagramática” que remplaza al alfabeto que normalmente usamos por signos inspirados en motivos prehispánicos que su inventor denomina “andigramas”.

El poemarioo propiamente dicho está dividido en tres partes correspondientes cada uno a los conceptos andinos de Uku (mundo subterráneo, espacio interior humano), Kay (dimensión social y natural) y Hanan (dimensión superior, paraíso terrenal y cósmico). Una triada que en esta versión de Ramírez Ruiz se asemeja bastante a las occidentales de pasado-presente-futuro y opresión-revolución comunismo, enlazándose así con ciertas propuestas plantadas por el autor en sus declaraciones incluidas en el libro Estos trece.

La primera parte, en consecuencia, está dedicada a los muertos, al los antepasados y al sufrimiento: "… cueva de alaridos en la medianoche de nadie… / panteón de años ardiendo como asteroides… ". Además se presentan los personajes principales del poemario: el hombre de armas molidas, el golondrino, (hombre que va hacia Hanan por la revolución), Juanrra (el yo poético), etc. Y también se establecen las características formales del libro: adjetivación casi decorativa (“dorado amanecer”, “oscura guerra”, “incerrable tierra”), empleo redundante de los signos de admiración, constante apelación a las fuerzas de la naturaleza (para lograr el tono épico), etc.

Entre las rupturas vanguardistas que dificultan la lectura están el uso de dos o más partículas gramaticales (preposiciones, artículos, pronombres, adjetivos) ahí donde solo debe ir una: “Su tu casa es la comprensión, y su tu riqueza la serenidad; Sur que salió en con por el fin”. Otro recurso de este tipo son los versos con notas a pie de páginas que también son versos; o la caprichosa división del espacio de la página. Un peculiar arsenal retórico que estorba el desarrollo de las virtudes poéticas del autor.

En la segunda parte se emprende un pormenorizado recuento de la diversidad cultural de nuestro país. Los títulos son bastante explícitos: Quechua, Aymara, Omagua, Pisabo, etc. Una suerte de convocatoria general que termina en un Tinkunakuy. En la tercera parte se trata de describir la idílica vida en el universo Hanan: “La vida conversa una canción para oír completa / una canción para conversar de cerca…”, “no hay paso sin pie / ni mano sin su pozo / y la ternura fuerte como roca persistente dibuja o escribe sonatas instantáneas”.

En cuanto a la escritura alfagramática propuesta, ésta no es sino la sustitución de los signos de nuestro alfabeto por otros signos de carácter geométrico, los andigramas. Es el mismo idioma español, pero “en clave”, es decir, traducido letra por letra. La novedad estaría en que a cada andigrama le corresponde no sólo un sonido sino también un color y una nota musical, intentando convertir la lectura en una especie de espectáculo multimedia. Además, ciertas categorías gramaticales(artículos, adverbios, conjunciones) se representarían con algunos pocos signos, potenciando su valor polisémico, pero perdiendo bastante precisión y capacidad comunicativa. En resumen, una propuesta poco práctica y acaso algo ingenua.

Mucho se podría escribir sobre Las armas molidas, libro en que la búsqueda de originalidad y los excesos del discurso parecen haber asfixiado a la poesía misma. Ramírez, que en Un par de vueltas por la realidad logró crear una poesía épica contemporánea y urbana, no ha podido encontrar las formas literarias apropiadas para alcanzar su principal meta en este poemario: unir la poesía, la ideología marxista y los mitos andinos.
(Artículo publicado en La República el 8 de diciembre de 1996. La imagen se ha obtenido de aquí)


Otros textos sobre Juan Ramírez Ruiz: Pedro Escribano, Nicolás Hidrogo, Rodolfo Ybarra, Zonadenoticias.

Frágiles trofeos

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Jerónimo Pimentel. Frágiles trofeos (Álbum del Universo Bacterial, 2007)

El periodista y escritor Jerónimo Pimentel (Lima, 1978) nos entrega en su segundo poemario, Frágiles trofeos un conjunto de 21 textos muy diversos, tanto por su extensión –desde aforismos hasta poemas de varias páginas– como por los temas que abordan. No obstante esa aparente dispersión, el conjunto alcanza unidad y coherencia a través de ciertos ejes poéticos y del empleo de una lograda red de elementos simbólicos, entre ellos los insectos (langostas, abejorros, hormigas) que aparecen en varios poemas y que determinan el título, las ilustraciones y el diseño gráfico del libro.

Uno de esos ejes es la oposición entre lo estático y lo dinámico, entre lo permanente y lo fugaz. El libro se inicia en uno de esos polos con Otras celebraciones, un poema sobre la infancia y la casa familiar ("Nunca salimos. /Y así, encerrados en palacio...") y termina en el opuesto, con el hablante identificándose con una Langosta migratoria: "Siempre hay una buena razón para marchar... las espigas de cereales que aún no devoramos...". Lo estático está asociado con la seguridad y la trascendencia; lo dinámico con el peligro, la violencia y el deterioro. En Bombus ardens, estos últimos elementos se materializan en una plaga de abejorros "...como una nube a punto de explotar... como flechas negras disparadas a blancos imposibles".

Sin embargo, la opción del poeta es por lo dinámico: el viaje, la aventura, la incertidumbre. Así lo expresa en los poemas Melmoth, the wanderer y El misterio del mundo, sobre el protagonista de Moby Dick. Un poema que –además de remitir al primer poemario de Pimentel, Marineros y boxeadores (2003)– muestra otro de los ejes mencionados, la reflexión sobre la poesía y la literatura en general. Hay, por eso, una serie de "artes poéticas" (Otras composiciones, La fe en el fondo) entre las que destacan La fábula del padre y del hijo e Ítaca-Tannhäuser, el poema más extenso.

Si Pimentel organizó su primer poemario como "una antología de heterónimos", en Frágiles trofeos estos parecen limitarse a Armando Chang, el autor de Pequeños poemas para caras largas, textos que acompañan al libro y que comentan, con ironía y humor, cada uno de los poemas de Pimentel. Son recursos muy propios de nuestra generación post 2000, que con los libros de José Carlos Yrigoyen, Andrea Cabel, Manuel Fernández, Romy Sordómez y el propio Pimentel, representa una saludable renovación dentro de la polémica poesía "joven" peruana.


Otros textos sobre Frágiles trofeos: Ricardo González Vigil, José Güich, José Carlos Yrigoyen.
Entrevistas: Raúl Cachay, Carlos Sotomayor.

Memorias in santas

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Roxana Crisólogo y Miguel Ildefonso (comp.) Memorias in santas. Antología de poesía escrita por mujeres sobre la violencia política (Flora Tristán, 2007)

Roxana Crisólogo (Lima, 1966) y Miguel Ildefonso (Lima, 1970), dos poetas identificados con la generación del 90, son los compiladores y responsables de Memorias in santas. Antología de poesía escrita por mujeres sobre la violencia política, libro que ya ha generado fuertes polémicas en nuestro medio literario, tan proclive a este tipo de cosas. Y no por lo complejo o problemático del tema de la antología, sino por lo arbitrario de ciertas inclusiones y exclusiones.

Desde el prólogo, ambos antologadores confiesan ciertas carencias de su trabajo: "la ausencia de voces poéticas provenientes de las provincias, a simple vista puede considerarse una de las principales limitaciones..."). Y aunque dicen que han dejado a estas poetas ("las afectadas directamente por la violencia") para otra recopilación que harán "en un futuro próximo", la autora a la que aquí dedican más páginas es la puneña Gloria Mendoza Borda, presente con dos largos poemas, uno de ellos el testimonial Muchos años después Accomarca (14 de agosto de 1985. 69 campesinos muertos entre ellos 23 niños).

Algunos detalles parecen indicar que los compiladores cedieron el control de este proyecto a las instituciones que los financiaron: el Centro Peruano para la Mujer Flora Tristán, y Demus, Estudio para la defensa y los derechos de la mujer. De ahí el exceso (tratándose de un libro breve) de los tres prólogos: uno escrito por los compiladores, otro por Carmen Ollé (poeta e integrante del Centro Flora Tristán), y por último María Ysabel Cedano, abogada y directora de Demus, Y también la presencia dominante de las poetas de la generación del 80, relacionadas con esas instituciones. Textos de algunas de ellas son precisamente los cuestionados, y con razón, por los críticos Paolo de Lima y Gustavo Faverón en sus blogs literarios.

A esas objeciones hay que sumar que ninguno de los prólogos presenta aportes sustanciales al debate sobre las representaciones literarias de la violencia; o que, como ha señalado Abelardo Oquendo, el propio planteamiento de la antología mantiene una anacrónica "división de la poesía según el sexo de quienes la escriben". De todas maneras, Memorias in santas contribuye a llamar la atención sobre algunos poemarios de interés publicados recientemente, dentro del renacimiento post CVR de la producción literaria centrada en el tema de la violencia, como Ya nadie incendia el mundo de Victoria Guerrero o Las hijas del terror de Rocío Silva Santisteban.



Poetas antologadas en Memorias in santas: Patricia Alba, Montserrat Álvarez, Violeta Barrientos, Doris Bayly, Grecia Cáceres, Esther Castañeda, Rosella di Paolo, Mariela Dreyfus, Ericka Ghersi, Victoria Guerrero, Luisa Fernanda Lindo, Isabel Matta Bazán, Gloria Mendoza Borda, Doris Moromisato, Carolina O. Fernández, Cecilia Podestá, Dalmacia Ruiz Rosas, Milagros Salcedo, Rocío Silva Santisteban, Mary Soto y Rosina Valcárcel Carnero.

En internet se encuentran los prólogos de Ildefonso y Crisólogo y de Carmen Ollé.

Otros textos sobre Memorias in santas: Gustavo Faverón, José Güich, Paolo de Lima (con segunda parte), Abelardo Oquendo, Alessandra Tenorio.

Las falsas actitudes del agua

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Andrea Cabel. Las falsas actitudes del agua (Mesa Redonda, 2007)

Uno de los libros más y mejor comentados de los últimos meses es el poemario Las falsas actitudes del agua de Andrea Cabel (Lima, 1982). Algo poco usual, no sólo por tratarse de “poesía joven” (género literario que recibe poca atención de la crítica); también por ser una reedición, ligeramente corregida y aumentada por la autora, de un libro que fue publicado hace solamente un año. Aquella primera edición no tuvo la suficiente difusión (como sucede con la mayoría de libros de poesía joven), aunque sí la fortuna de llegar hasta las manos del reconocido poeta chileno Raúl Zurita, quien ha considerado este poemario como “uno de los libros más reveladores de la reciente poesía latinoamericana”.

La de Cabel es una poesía fresca, de versos breves, con abundantes imágenes y metáforas integradas a un discurso centrado en las emociones y en los recuerdos personales. El carácter de estas emociones determina las tres secciones en que está dividido el libro: el tema del amor de pareja se desarrolla en Fruta partida, la más extensa e importante; mientras que en Todas las mujeres han sido tú lo que priman son los homenajes a mujeres (reales o ficticias) importantes en la vida de la autora. Y en la sección Las falsas actitudes del agua están los poemas más reflexivos, aquellos en que la autora enfrenta más directamente su mundo interior. Como ella misma ha explicado, estas tres secciones corresponden a tres ejes temáticos: “desamor, desencuentro y soledad”.

Pero estos temas están tratados de una manera elíptica y sutil. Además, como anuncia el propio título del libro, casi todo aquí está visto como objeto y a la vez como representación. La mayoría de los artículos críticos sobre Las falsas actitudes del agua abordan el poemario desde esta perspectiva, poniendo énfasis en esas “falsas actitudes” y en la simbología asociada con el agua. A ello hay que sumar el original y acertado trabajo con las imágenes, en el que las metáforas y sinestesias se suman a las referencias a elementos naturales (sol, nubes, agua, cielo) para crear un universo irreal y personal. En ese mundo se desarrolla la peculiar historia de amor “narrada” en Fruta partida, que por eso adquiere dimensiones casi míticas.

Aun quedan muchos aspectos por resaltar de este libro, entre ellos el del lenguaje. La frescura y vitalidad de estos versos se debe en gran medida a que Cabel parece dejarse llevar por el propio impulso de sus palabras, por lo que la sonoridad de estas (asonancias, ritmos) determina ciertas imágenes y giros del discurso: “dócil medida de miedo”, “la escalera relumbrante se retuerce / las esferas los vigilan sigilosas…”. Aunque ese dejarse llevar la conduzca a veces a aludir, de una manera muy posmoderna, versos ajenos (de poemas o canciones) rompiendo un poco la unidad de su discurso. En suma, Las falsas actitudes del agua presenta a Andrea Cabel, sin lugar a dudas, como una de las voces poéticas más interesantes de la llamada “generación post 2000”.


Se pueden leer poemas de Las falsas actitudes del agua en: Axolotl, Destiempos, El Hablador, El rincón del diablo, Flora Tristán, Los noveles, Paralelo sur, Resonancias.
Otros textos sobre el libro: Edith Baltazar, Luis Fernando Chueca, Arturo Corcuera, Camilo Fernádez, Jorge Frisancho, Miguel Ildefonso, Héctor Hernández, Luis Martínez, Rossella di Paollo, Róger Santiváñez, Denisse Vega, Víctor Vich, Carlos Villacorta, José Carlos Yrigoyen, Raúl Zurita.
También las entrevistas de Enrique Planas, Carlos Sotomayor, T. Sinche López y Giancarlo Stagnaro.

Ciudad jardín

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Rómulo Acurio. Ciudad jardín (Nido de cuervos, 2007)

Diplomático y escritor, Rómulo Acurio (Cusco, 1965) ha reunido en Ciudad Jardín (Nido de Cuervos, 2007) un conjunto de poemas que describen, con versos breves y sencillos (ver primer comentario de este post), algunas de las calles y plazas más características de Lima. Los textos llevan los nombres de los lugares evocados –Plaza San Martín, Jirón Áncash, Plaza Mayor– y más que una mirada nostálgica al pasado de nuestra "tres veces coronada" capital (como parece sugerir el título del libro), muestran cómo la grisura del clima y el paisaje urbano limeño se corresponden con ciertos estados de ánimo y reflexiones del yo poético.

Ya en sus anteriores poemarios, Kalahari (1998) y Celeste romano (2001), Acurio había empleado esta estrategia literaria. Pero si en Celeste romano los monumentos de la capital italiana parecían reflejar la tristeza y soledad del poeta por la ausencia de la mujer amada, en Ciudad jardín el deterioro de las calles limeñas, así como la agresividad del desierto y el mar que rodean a la ciudad, lo llevan a abordar temas más interesantes, como el paso del tiempo, la fugacidad de la vida humana y lo inevitable y concluyente de la muerte: "como arcilla compacta / me agrieto / cada vez más inmóvil", "En los muros del Cercado / también la nada pierde su color".

Hacia la mitad del poemario el autor se anima a salir de Lima y a mirar otras regiones del Perú. Aparecen entonces textos como Isla Ballesta, Paracas, Huacachina. Y en la segunda sección del libro, titulada Jardines, los paisajes dejan de lado los referentes reales y se convierten en ámbitos de irrealidad casi abstractos: Jardín de agua, Jardín de grava, Jardín rojo. Pero los temas y motivos de los poemas se mantienen: "la nieve / se ha posado / sobre el musgo / de una vida / que no veré" (Jardín blanco). Así, Acurio agota el espectro paisajístico: el exotismo de Kalahari, la monumentalidad romana, la cotidianidad urbana limeña y los lugares irreales y de raigambre simbolista

A pesar de ser muy poco conocido entre el público lector, Acurio ya había llamado la atención de los críticos literarios, al punto que Mirko Lauer y Mario Montalbetti lo incluyeron en un eventual "dream team poético" en Post 2000. Nueva poesía peruana, el extenso y polémico artículo en que ambos pasaron revista a las nuevas voces de la poesía peruana del siglo XXI. Tres años después, Ciudad jardín –no obstante la reiteración de ciertas fórmulas y recursos– confirma el interés y calidad de la poesía de Rómulo Acurio.


Otras reseñas de Ciudad jardín: Abelardo Oquendo.

Cada ovillo, cada cordel

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Edgar O’Hara. Cada ovillo, cada cordel (Fauno Editores, 2007)

Doctor en literatura y desde hace años profesor en la U. de Washington (Seattle), Edgar O’Hara (Lima, 1954) se ha mantenido, a pesar de la distancia, como uno de los más constantes y productivos poetas de la generación del 70. Desde sus inicios como fundador del grupo La Sagrada Familia, lleva publicados una veintena de poemarios –desde Situaciones de riesgo (1974) hasta El miedo elige a sus semejantes (2004)– a los que ahora se suma Cada ovillo, cada cordel, uno de sus libros más ambiciosos y personales, y que además presenta una interesante renovación en su ya extensa obra poética.

Los poemas reunidos en Cada ovillo, cada cordel (en total 144) son de naturaleza muy diversa, tanto en las formas como en los temas. En un extremo están los textos de apenas unos cuantos versos, en los que el autor vuelve a elementos simbólicos como el agua, el sol o la noche; en el otro extremo, los textos en prosa, el "papiamento" (una mezcla de jerga limeña, spanglish y palabras "modificadas" por el autor), que recrean episodios de su niñez y adolescencia. Ambos tipos de textos ya estaban presentes en Por el agua oscura (2003), poemario estrechamente vinculado con este, comprendidos su estructura y su extensión (165 poemas).

Si en aquel libro el eje era la reflexión sobre la propia poesía (una constante en la obra de O’Hara), aquí son más bien los recuerdos personales, esos cordeles que conducen al poeta hasta experiencias y personajes de su pasado limeño: desde borrosos amores de adolescencia hasta ese "Apolo créole", viejo poeta bohemio. Pero, sin lugar a dudas, el mayor cambio es la libertad con la que O’Hara ha escrito estos poemas, que le ha permitido desarrollar con más amplitud los juegos de palabras y el humor. Textos como Profeta en su tabernáculo o Simulaciones fronterizas son simplemente series de divertidas bromas.

En la misma línea están las "versiones libres" de poemas de otros autores, en especial escritores de lengua inglesa (Seamus Heaney, Gregory Orr, Jim Harrison, Louis Simpson, etc.), que contribuyen a darle al conjunto una mayor amplitud y polifonía. Es saludable que O’Hara en esta etapa de su obra –iniciada, como señalamos, en Por el agua oscura– deje fluir de una manera torrencial su poesía, aunque esto acarrea otro tipo de riesgos, como la dispersión o la pérdida de calidad poética en algunos textos. Cada ovillo, cada cordel lleva estos riesgos al límite, con todo lo positivo pero también con los excesos y caídas inherentes a esta opción literaria.


Sobre Cada ovillo, cada cordel se puede leer la reseña de Enrique Sánchez Hernani y las entrevistas de Gonzalo Pajares y Carlos Sotomayor.

La inmaculada concepción

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André Breton / Paul Éluard. La inmaculada concepción (PUCP, 2007)

El movimiento surrealista tuvo su mejor momento entre 1924 y 1930, cuando al grupo original de escritores franceses (Breton, Aragon, Soupault, Éluard, Desnos) se sumaron artistas de toda Europa (Picasso, Magritte, Delvaux, Dalí, etc.) y se intentaba unir la vanguardia artística con la revolución. Las obras producidas en aquellos años son las que mejor expresan el espíritu surrealista, como Nadja (1928) o La inmaculada concepción (1929), libro escrito en forma conjunta por André Breton (1896-1966) y Paul Éluard (1895-1952), que la PUCP acaba de publicar en una edición bilingüe, con prólogo y traducción del crítico peruano Camilo Fernández Cozman.

La inmaculada concepción es un conjunto de textos poéticos en prosa que resume las propuestas estéticas del surrealismo: escritura automática, imágenes oníricas, metáforas complejas, la unión de lo lúdico, mítico y maravilloso. En la primera sección del libro, El hombre, estos recursos son muy bien aprovechados para describir las diferentes etapas de la vida de un hombre abstracto y atemporal, desde La concepción y La vida intrauterina hasta La muerte: "Y nada olvido...con mi mano en la crin de los leones veo el horizonte engañoso que va a mentirme por última vez...".

En la segunda sección del libro, Las posesiones, Breton y Éluard tratan de integrar a la poesía diversos elementos del discurso "irracional". De ahí los títulos de los textos (Ensayo de la simulación de la manía aguda; Ensayo de la simulación de la demencia precoz, etc.) y lo arriesgado de su propuesta, que plantea, a la vez que la aproximación a la locura, una progresiva pérdida de los vínculos lógicos y gramaticales del lenguaje. Al final se llega, como en Altazor de Huidobro, a una serie de palabras sin ningún sentido. Las otras dos secciones del libro, Las mediaciones y El juicio original, son algo más retóricas, aunque no faltan en ellas interesantes aforismos y juegos de palabras.

Ese tipo de detalles hace más apreciable el traslado de los textos del francés al español realizado por Fernández Cozman, quien ya antes había publicado las traducciones de Poemas (1999) de Paul Eluard y Bestiario (1999) de Guillaume Apollinaire. Además, en el ensayo prologal Los confines de la poética surrealista, el crítico hace diversas interpretaciones de La inmaculada concepción, ya sea como "una pugna entre la mitificación y la sacralización" o como "una invitación a ver ese lado bellamente oscuro de nuestra constitución: el inconsciente, la locura, la fantasía sin límite".

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Las hijas del terror

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Rocío Silva Santisteban. Las hijas del terror (Copé, 2007)

Petroperú ha publicado, con bastante retraso, las obras ganadoras de la Bienal de poesía Copé 2005, entre las que figura el poemario Las hijas del terror de Rocío Silva Santisteban. Identificada con la poesía femenina de los 80’s Silva Santisteban participa con este libro del actual interés de nuestros escritores por recordar y reflexionar acerca de la violencia política de las décadas pasadas. Y lo hace sin dejar de lado los elementos más personales de su propia poesía (el erotismo, la perspectiva de género y una cierta retórica posmoderna), partiendo de los testimonios de algunas de las innumerables mujeres “sometidas, humilladas, doblegadas, oprimidas y avasalladas” durante esa guerra.

Los poemas de Las hijas del terror están agrupados en cuatro secciones, en las que se alternan dos tipos de textos. Por una parte, están aquellos en que la autora asume la voz de las víctimas (partiendo de una serie de testimonios reales), casi siempre mujeres andinas y campesinas, para comunicar al lector de la manera más directa posible “el miedo, el dolor, la indiferencia y la crueldad” vividos por estas mujeres: Así, en BAvioLADA, se presenta el testimonio de una mujer detenida y violada en un cuartel militar:

¿su nombre?, ¿para qué?
era suboficial o teniente o no sé que
porque ordenaba, les dijo,
háganlo rápido
como yo y no se ensucien demasiado
entonces pasaron uno por uno, dos, tres,
no más por favor, no, no, déjenme morir,
cuatro cinco seis
ya, no, Dios, ya no, ya no
siete
estaba completamente muerta, muerta, muerta
ocho…

En otros poemas quienes hablan son mujeres que no vivieron directamente estos sucesos, pero que de alguna manera pueden sentir sus consecuencias. En Los muertos huelen en la parte más profunda del paladar el personaje es definido como “prisionera-de-sí misma”, una mujer limeña que “lo único que busca es una sonrisa entre los probadores de un centro comercial”. En Tiempos de carencia, parece ser más bien una intelectual empobrecida; y en Lo que no me fortalece me destruye una potencial suicida. Todas ellas muestran la angustia de vivir en una sociedad marcada por la violencia.

El contraste entre lo urbano-limeño y lo campesino-andino, es sin lugar a dudas uno de los temas dominantes y también uno de los mayores problemas de este poemario; que finalmente remite a la profunda brecha que divide a toda la sociedad peruana en dos mitades casi incomunicadas entre sí. La autora, firmemente ubicada en el primero de estos mundos, intenta hablar por las “otras”, las mujeres andinas y campesinas, pero su lenguaje poético no puede dejar de ser eminentemente urbano y posmoderno. Por eso no faltan en los poemas las citas eruditas (Nietzsche, Pavese, Michaux) ni las alusiones y pastiches posmodernos (Los Prisioneros, David Bowie, Gustavo Cerati). Eso hace que, por ejemplo, en el ya citado poema BAvioLADA, todo el testimonio personal es presentado en contrapunto con la letra de la balada Fuiste mía un verano de Leonardo Favio.

La propia autora reconoce estas dificultades en la nota de presentación del poemario: “Trato de acercar mi palabra, en la medida de mis posibilidadesy limitaciones, a las huellas que sus cuerpos dolientes han dejado sobre todas nosotras y nosotros, huellas que con increíble autoritarismo monologante la ciudad letrada se ha negado la mayoría de las veces siquiera a mirar”. Pero es precisamente ese reconocimiento de los límites de su propia poética lo que libra a Silva Santisteban de la demagogia y el populismo en que han caído otros narradores y poetas al abordar estos difíciles temas. Las hijas del terror es un saludable intento de asimilar al discurso poético más actual las terribles consecuencia de la violencia política de las décadas pasadas.



En internet se pueden leer los poemas Chunniqwasi (¿qué hay dentro de las casas?), Desaparecidas, Tiempos de carencia, Piojos, Confesiones a un ingeniero mecánico y Los muertos huelen en la parte más profunda del paladar (estos últimos en la página Los noveles) que forman parte de Las hijas del terror. Tambien el comentario de Ramiro Vicente, el blog de Rocío Silva Santisteban y el video clip que incluyo más abajo, basado en el poema Carta de sujeción, que prueba el estrecho vínculo entre estos textos y la “modernidad” audiovisual.

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Sonetos del viejo amador

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Arturo Corcuera. Sonetos del viejo amador (2006)

La poesía de Arturo Corcuera (La Libertad, 1935) está inevitablemente asociada a Noé delirante, su obra más importante y que ha tenido numerosas reediciones, tanto en el Perú como en el extranjero. Pero en sus 50 años de dedicación a la poesía, Corcuera ha publicado muchos otros libros que abarcan desde la temática social de sus primeros poemas hasta el erotismo de los más recientes. Entre estos últimos, destaca Sonetos del viejo amador (2001), libro que acaba de publicarse nuevamente, con ilustraciones del artista Gerardo Chávez.

Los 21 sonetos de este libro cumplen rigurosamente con las reglas de este tipo de poemas (metro, rima, estrofa) y aunque no hay ninguna división entre ellos es posible distinguir dos tipos de textos: por un lado, los que exaltan la sensualidad e intensidad de la experiencia erótica; por otro, aquellos que el yo poético rememora nostálgicamente a la amada ausente. A la manera de Petrarca (ya que de sonetos se trata) podríamos hablar de poemas "en presencia" y "en
ausencia" de la amada. Sin lugar a dudas, son los primeros los más logrados, pues el poeta muestra en ellos tanto el dominio de la versificación clásica como su capacidad imaginativa, espíritu lúdico y personal sentido del humor.

No es extraño que estas características correspondan también a Noé delirante, ya que algunos de los sonetos "en presencia" formaron parte de este libro, aunque con otros títulos. A Rosa de la ribera de Tormes, por ejemplo, se llamó inicialmente Rosa y fue uno de los poemas más antologados de Noé delirante, pues renueva la tradicional comparación de la mujer y la flor con
originales juegos de palabras y metáforas. En la misma línea están: A la abeja observa el amador, El amor no comprende otro idioma..., Escrito después de besar...y otros.

Los poemas "en ausencia" de la amada parecen haber sido escritos posteriormente y ya con la idea de integrarlos a un libro de sonetos. Por eso, el poeta recurre a casi todos los tópicos relacionados tradicionalmente con el soneto: el carpe diem (Para ella un envío...), el amor platónico (Buscando por el mundo a la amada presentida), el de la mirada de la
amada (Otra vez los ojos de su amada...), etc. Pero Corcuera no logra renovar o dar nuevo aliento poético a estos viejos tópicos y sus sonetos no se alejan demasiado del modelo: los sonetos de Garcilaso de la Vega.

Además de las ilustraciones de Chávez, esta nueva edición viene acompañada de un CD con la voz del autor leyendo el libro completo. Una forma acertada de acercar la literatura a las nuevas generaciones, mucho más acostumbradas a los medios audiovisuales que a la lectura.

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Ande

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Alejandro Peralta. Ande / El Kollao (PUCP, 2006)

Continuando con su labor de rescate de obras esenciales de la literatura peruana, la Universidad Católica ha publicado Ande / El Kollao, libro que reúne los dos primeros poemarios de Alejandro Peralta (1899-1973), Premio Nacional de Poesía 1969 y el más destacado poeta del indigenismo peruano de las primeras décadas del siglo XX.

Peralta nació en Puno y en esa ciudad fundó y dirigió, junto a su hermano Arturo, el grupo literario Orkopata (1926-1930), el que intentó fusionar los recursos de la vanguardia poética con el discurso social y político del indigenismo. Ande (1926) fue un libro fundador al respecto, pues muchos de sus 22 poemas logran trasladar al contexto andino las metáforas e imágenes vanguardistas:

El pañuelo
de la mañana
limpia los ojos
de los viajeros

Y también algunos rasgos propios de la vida moderna, como la sensación de velocidad y movimiento permanente, señalados con acierto por el crítico Luis Fernando Chueca en el prólogo de esta edición.

Por esos méritos el libro fue muy elogiado en sutiempo: "Ande es la inicial del nuevo evangelio artístico en el Perú" (Luis E. Valcárcel), "Es la más afinada e inspirada creación de poesía andina(Mariátegui). Estos comentarios fueron reproducidos en el Boletín Titikaka, la revista del Grupo Orkopata que se convirtió en la más importante difusora de la creación y el debate literarios en esa parte del país. El interés de la crítica en estos poemas se mantiene hasta nuestros días en libros como Indigenismo de vanguardia en el Perú de Cinthya Vich, Indigenismo y nación (2002) de Juan Zevallos y la reedición del Boletín Titikaka (2004).

Peralta continuó esta etapa vanguardista de su obra con el poemario El Kollao (1934), conjunto de 28 textos más enfocados en los aspectos comunales. Aunque lo enfático del discurso reivindicatorio merma bastante su calidad literaria, Chueca destaca de todos modos los poemas Travesía andinista, Kollas y El indio Pako. Este último une la temática social con la carga mítica de la religiosidad andina. Una temática se volvería aún más determinante en la obra posterior de Peralta, de menor interés que sus dos poemarios iniciales.

Esta edición de Ande / El Kollao, que forma parte de la colección El Manantial Oculto, es una reproducción facsimilar de los libros originales, lo que permite apreciar las peculiaridades tipográficas y el uso del espacio en la página. Además, se incluyen los grabados que el artista Domingo Pantigoso hiciera para laprimera edición de Ande.

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Sakra Boccata

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José Antonio Mazzotti. Sakra Boccata (Mundo Ajeno, 2007)

Autor emblemático de la generación poética del 80, José Antonio Mazzotti (Lima, 1961) se dio a conocer con Poemas no recogidos en libro (1981), un conjunto de textos que giraban en torno al tema del amor. Después de varios poemarios y algunos libros de ensayo, de su experiencia como "aliado principal" del polémico grupo Kloaka y su posterior carrera docente en EEUU, Mazzotti continúa con la temática amorosa en su poemario Sakra boccata, libro que cuenta con un elogioso prólogo del poeta chileno Raúl Zurita.

Sakra boccata está conformado por 28 poemas de una extensión promedio de unos 20 versos. En ellos la pasión amorosa es presentada en diversos contextos, empezando por los mitos cosmogómicos, desde los primeros versos del libro:

La Luna, de puro nueva, se arroja sobre el Sol.
Miren su cabellera incendiando el firmamento.
Su piel curtida y blanca como la noche.
Una espalda cubre una barba.
Un chorro de alga se mezcla con la lengua.

En el otro extremo están los poemas enfocados en la experiencia sexual cotidiana, en los que el autor lleva el erotismo a niveles acaso solo alcanzados antes por las poetas de los 80; aunque estos poemas eróticos son, sin lugar a dudas, los menos logrados del conjunto:

Tu Koncha es el lugar exquisito más dentro de la guerra
Allí hay que llegar con la destreza del piloto herido
Manejar los laberintos como la palma de su mano
Seguir cada curva como el mapa de un tesoro
Con sus paredes y sus puertas

La mayoría de los textos trata de unir esos dos extremos, desde la perspectiva masculina, haciendo de la amante un ser fabuloso, una gran diosa femenina en la que se reúnen elementos de los mitos grecolatinos (Eurídice, el andrógino) con otros provenientes del catolicismo ("Porque bendita eres tú entre todas las mujeres/ y bendito ese bulto carnoso como un escaramujo"); y también la religiosidad popular peruana, con menciones a las vírgenes de Chapi y de la Candelaria. A ello hay que sumar la intención del poeta de reproducir el habla local peruana. Una combinación que se anuncia en el propio título, con la mención de lo sagrado y esa "k" que alude a las propuestas de Kloaka y que aproxima bastante esta poesía a la más reciente producción de Roger Santiváñez, uno de los líderes del grupo.

En el prólogo de Poemas no recogidos... Washington Delgado señaló que en Mazzotti el erotismo adquiría resonancias "novedosas y cautivantes" por, entre otras cosas, la racionalidad ("el rigor intelectual...") con el que era abordado. Este nuevo poemario opta más bien por lo descriptivo e irracional, dejando fuera cualquier tipo de reflexión: "nunca cae en el vicio de las abstracciones" señala Zurita en el prólogo del libro. Pero con los cambios esta poesía ha perdido sus mayores virtudes, sin ganar mucho a cambio. Para empezar, Mazotti no parece tener las aptitudes necesarias para realizar con éxito la unión entre lo mítico y lo erótico, que sí han logrado otros poetas. En nuestro literatura el caso ejemplar tal vez es el de la poesía de César Moro.

Tampoco está bien lograda la aproximación al lenguaje popular de la actualidad. El poeta trata de fusionar ciertos términos quechuas con la jerga urbana limeña, pero el resultado es un lenguaje tan artificial como el de la poesía tradicional. Lo mismo sucede con la religiosidad popular, que se intenta reproducir aquí a partir de unas cuantas menciones a santos y vírgenes andinas. Por todo ello Sakra boccata resulta muy inferior a las anteriores entregas de Mazzotti, especialmente a sus primeros poemarios.


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