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Enciclopedia plástica

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Ricardo Sumalavia (Lima, 1968) es uno de los más importantes narradores de nuestra generación del noventa. Se dio a conocer como cuentista con los libros Habitaciones (1993) y Retratos familiares (2001), en los que primaba el minimalismo, la concisión de la prosa, además de la capacidad de sugerencia y la tendencia a lo fantástico de los relatos. Esas características las llevó al extremo en el libro Enciclopedia mínima (2004), un excelente conjunto de relatos breves y brevísimos, lo que hoy se denomina “microficción”. Tras un par de incursiones en la novela —Que la tierra te sea leve (2008) y Mientras huya el cuerpo (2012)— Sumalavia vuelve a su especialidad, el relato breve, con el libro Enciclopedia plástica (estruendomudo, 2016).

Adormecer a los felices

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Los cuentos de Diego Trelles


El escritor Diego Trelles (Lima, 1977) alcanzó el reconocimiento, tanto dentro como fuera de nuestro país, con la novela Bioy (2012), ganadora del Premio Internacional Francisco Casavella y finalista del prestigioso Premio Rómulo Gallegos. Se trataba de la segunda novela de Trelles, quien había debutado en el género con El círculo de los escritores asesinos, un relato fallido y centrado en el mundo de los escritores. Mucho más interesante resulta su primer libro de cuentos, Hudson el redentor (2001), que ahora releemos en forma conjunta con su segunda incursión en la narración breve, el libro Adormecer a los felices (2015).

Tres mujeres

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Tres tristes madres


La escritora Susanne Noltenius (Lima 1972) publicó su primer libro en el año 2006: Crisis respiratoria, un conjunto de relatos centrados en el universo emotivo de las mujeres limeñas de clase media y alta. Fue un buen debut literario, aunque un tanto tardío. Administradora de profesión, Noltenius descubrió su vocación literaria ya en la adultez, lo que la llevó a la Escuela de Escritura Creativa, dirigida por Alonso Cueto e Iván Thays, sus maestros en narrativa. Casi diez años después, Noltenius nos entrega su segundo libro Tres mujeres (2015), con la misma temática pero enfocado en un universo más específico.

Siete paseos por la niebla

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La escritora Yeniva Fernández (Lima, 1969) es egresada de la Escuela de Escritura Creativa de la Universidad Católica y formó parte del grupo literario Anillo de Moebius. Tras figurar en varias antologías narrativas generacionales, publicó su primer libro Trampas para incautos (2009), una prometedora reunión de relatos fantásticos. Seis años después, Fernández nos entrega un sorprendente segundo libro, Siete paseos por la niebla (Campo Letrado, 2015), un conjunto de cuentos que el crítico Elton Honores (especialista en literatura fantástica) ha calificado como “una verdadera obra maestra de la narrativa fantástica peruana”.

Las visitaciones

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Entre el olvido y la nostalgia


El escritor Pedro Llosa Vélez (Lima, 1975) es uno de los pocos autores que figuran en todas las recientes antologías de narradores peruanos surgidos en lo que va del presente siglo. Algo extraño, tratándose de alguien plenamente identificado con el cuento, un género literario muchas veces menospreciado. Sus dos primeros libros fueron el conjunto de cuentos Viento en proa, ganador del concurso organizado por la revista literaria Dedo Crítico en 2002, y el consagratorio Protocolo Rorschach (cuentos), finalista en el Premio Nacional PUCP 2004 de Narrativa. A ellos se ha sumado recientemente Las visitaciones (2015), un conjunto de cinco cuentos que fue elegido ganador del VII Concurso Nacional de Cuento José Watanabe.

Orientación vocacional

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Los años maravillosos


Algunas vocaciones literarias se han iniciado con la lectura, a muy temprana edad, de novelas o cuentos protagonizados por niños o jóvenes. Al menos así lo reconoce el escritor y dibujante Pierre Castro (Trujillo, 1979), autor del libro de cuentos Un hombre feo (2010) y ganador, con el cuento “Un río”, del Copé de Plata en la Bienal de Cuento Premio Copé 2012. “Cuéllar (el protagonista de Los cachorros de MVLL) es uno de los primeros personajes que me conmovió. Me identificaba con él porque yo también acababa de llegar a Lima a un colegio nuevo y me sentía un ser extraño. Fue uno de los primeros libros con los que dije que yo también quería escribir”. A ese universo ha vuelto Castro en su más reciente libro Orientación vocacional (Paracaídas, 2015).

El fin de algo

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Cuentos peruanos: dos antologías


II

(viene del post anterior)

El poeta y crítico Víctor Ruiz Velazco (Lima, 1982) aclara, en el prólogo de El fin de algo. Antología del nuevo cuento peruano 2001-2015 (Santuario), que solo ha seleccionado autores que tengan “cuando menos un libro de cuentos publicado… en el periodo 2001-2015”. Esto le permite reunir una muestra mucho más representativa de nuestra producción cuentística “joven” (autores aparecidos en este siglo), incluyendo a destacados narradores no limeños, como la cusqueña Karina Pacheco y el huancaíno Sandro Bossio. Lamentablemente, después de reflexionar a lo largo de una docena de páginas sobre los antecedentes literarios y el contexto político de estos relatos (mencionando desde los formalistas rusos de inicios del siglo XX hasta las muertes de Sadam Hussein y Osama Bin Laden), Ruiz Velasco dedica poco más de una página a hablar del conjunto de textos seleccionados, señalando apenas algunas afinidades temáticas entre ellos.

Selección peruana 2000-2015

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Cuentos peruanos: dos antologías

I

Entre los más importantes libros presentados en la reciente FIL figuran dos antologías enfocadas exactamente en el mismo “universo” literario: la producción cuentística de los escritores peruanos surgidos en lo que va del presente siglo. Los libros son Selección peruana 2000-2105 (Estruendomudo) de Ricardo Sumalavia, y El fin de algo. Antología del nuevo cuento peruano 2001-2015 (Santuario), de Víctor Ruiz Velasco. En el primero de ellos, Sumalavia nos entrega una lista de once narradores, cada uno representado con un cuento; por su parte Ruiz Velasco, hace una lista de 19 autores y textos. Lo más sorprendente y extraño es que estas antologías, tan similares, apenas coinciden en cuatro narradores, y en absolutamente ninguno de los cuentos seleccionados.

Diez cuentos peruanos

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Hace unos meses se realizó la 27° Feria Internacional del Libro de Bogotá (FilBo 2014), que tuvo como país invitado al Perú. Muchos escritores peruanos, encabezados por nuestro Nobel Mario Vargas Llosa, fueron invitados especialmente para que presenten sus más recientes publicaciones y den sus testimonios sobre su obra y la literatura peruana en general. Como parte de ese interés en nuestras letras, la alcaldía de Bogotá y la Cámara Colombiana del Libro publicaron Diez cuentos peruanos (Bogotá, 2014), un libro que reúne relatos de “diez voces dentro del vasto panorama narrativo peruano, cuya tradición ha llegado a cumbres como las de Arguedas, Ribeyro, Bryce y Vargas Llosa”, según se dice en la nota de presentación.

Hombres sin mujeres

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El mejor Murakami


El narrador japonés Haruki Murakami (Kioto, 1949) es, desde hace más de diez años, uno de los escritores más leídos en todo el mundo y un nombre infaltable en las listas de candidatos al Premio Nobel de Literatura. Ese éxito “universal” de su obra se debe en gran medida a que en ella se fusionan una serie de elementos aparentemente opuestos: lo occidental y lo oriental, lo clásico y lo posmoderno, lo fantástico y lo cotidiano. A pesar de los cuestionamientos de un buen sector de la crítica (por ciertas repeticiones y “concesiones” al gran público lector), Murakami cada cierto tiempo nos entrega excelentes libros, que demuestran que sigue siendo un muy buen escritor. Es el caso del recientemente publicado libro de cuentos Hombres sin mujeres (Tusquets, 2015).

Todo queda en casa

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Cuando a la escritora canadiense Alice Munro (Ontario, 1931) se le otorgó el Premio Nobel de Literatura 2013 ya era una escritora mundialmente reconocida, especialmente por los propios escritores, gracias a su valiosa producción cuentística. Autora de doce libros de relatos —desde Dance of the happy shades (1968) hasta Dear life (2012)— suele ser considerada “la Chejov” de nuestros tiempos. Hace poco Munro decidió dejar la creación literaria, y a manera de despedida publicó una amplia antología con lo mejor de su obra: Todo queda en casa (Random House, 2015).

Los cuentos de Munro son relatos extensos, en los que se recrea la tranquila y apacible vida de las ciudades pequeñas de Canadá. Las historias, sin dejar de ser interesantes, casi nunca contienen hechos violentos ni sangrientos. Y si los tienen, pasan a un segundo plano, porque el verdadero interés de Munro es presentar, de manera sutil y sin caer en melodramas, el mundo interior de sus protagonistas: sus afectos, emociones y sueños. Así sucede, por ejemplo, en el cuento “El amor de una mujer generosa”, en el que la enfermera Enid, ante la certeza de que el nombre que ella ama ha cometido un asesinato, le da la oportunidad de matarla sin dejar ninguna huella.

Son muchas las virtudes de estos cuentos: las descripciones, que proporcionan la atmósfera y el ritmo precisos para cada relato; el riguroso manejo del “punto de vista” de las protagonistas; y el contenido desarrollo de las tramas, que muchas veces omiten el desenlace final. Los 24 cuentos reunidos en Todo queda en casa (una antología en dos volúmenes y casi 1,200 páginas) son la mejor puerta de ingreso al fascinante universo literario de Alice Munro.

No recomendado para señoritas

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¿Qué desean las mujeres?


El escritor José Rosas Ribeyro (Lima, 1949) se dio a conocer como uno de los poetas de la polémica generación del setenta, uno de los líderes del grupo Estación Reunida y antologado por J. M. Oviedo en el libro Estos 13 (1970). Radicado en París desde hace mucho años, donde se dedica al periodismo cultural, Rosas Ribeyro ha incursionado en los últimos años en la narrativa, primero con la novela País sin nombre (2011) y ahora con el libro No recomendado para señoritas (Summa, 2014) un conjunto de relatos centrados en las relaciones entre hombres y mujeres.

El libro está dividido en tres secciones bien diferenciadas. La primera es un libro en sí misma, pues abarca 170 páginas. Se titula “Ellas” y está conformada por seis cuentos, protagonizados por mujeres y narrados en primera persona, en los que se pasa revista a muchos tópicos “machistas” relacionados con el amor de pareja. La segunda sección es “Edipiada” una peculiar historia del vínculo madre-hijo, desde el nacimiento del protagonista hasta la larga y dolorosa agonía de la madre. Por último, en “Otras voces” se reúnen cuatro relatos sobre peruanos en París, sus aventuras y amoríos.

Como se puede ver, se trata de material muy diverso, tanto por sus temas como por las técnicas narrativas empleadas; pero también por la calidad de los textos. Hay algunos buenos relatos, especialmente en la primera sección (“La hija del diablo” y “El cuarteto de París”), mientras que la sección más débil es “Edipiada”, que poco tiene que ver con el resto del libro. Con sus más de 300 páginas (algo poco usual en un libro de cuentos) No recomendado parta señoritas confirma el interés de la narrativa de madurez de Rosas Ribeyro.


La agonía de Nuria

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Pesadillas y espejismos


Periodista y hombre de letras, Óscar Araujo León (Arequipa, 1961) es conocido por sus dos antologías generacionales Como una espada en el aire. Generación poética del sesenta (2000) y Cuentos peruanos. Generación del ochenta (2004). A la vez, es autor de un par de libros de narrativa, y cuentos suyos han figurado como finalistas en concursos tan importantes como el Copé. A este último género literario está dedicada su más reciente publicación: La agonía de Nuria (San Marcos, 2014), una recopilación de los mejores cuentos que Araujo ha escrito a lo largo de toda su vida.

De diversa temática y extensión, los once cuentos aquí reunidos se pueden dividir en dos grandes grupos. Por un lado, los cuentos iniciales, en los que prima la brevedad y la fuerza de la sorpresa final, de naturaleza casi “fantástica”. Por ejemplo el cortazariano “La diosa del ecran”, en el que un cinéfilo adolescente hace realidad (de alguna manera) sus sueños de encontrarse con la actriz argentina Isabel Sarli. Mucho más elaborados y desarrollados, los cuentos del segundo grupo son relatos de atmósfera onírica y de largo aliento, y también los mejores del libro: “Sofía & Sofía”, “La noche del murciélago” y “La agonía de Nuria”.

El crítico Jorge Ramos Cabeza afirma que uno de las constantes en los cuentos de Araujo es la imposibilidad de las relaciones interpersonales, pues en ellos los vínculos de los protagonistas con la gente de su entorno (padres, amigos, amantes) “se rompen o no se mantienen estables, ya sea por la locura, por la ilusión y el sueño, la frustración, la miseria o la perversión”. La agonía de Nuria muestra a Araujo como un especialista en cuentos largos y personajes irreales.

Diez relatos de mujeres y una araña

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Mujeres en su telaraña


Borka Sattler es una destacada artista plástica y galerista peruana. Ha realizado exposiciones en América, en Europa y Japón, y fue durante diez años agregada cultural de la embajada de Perú en Canadá. Paralelamente, desde 1990 viene desarrollando una obra narrativa (novelas y cuentos) centrada en interesantes personajes femeninos, como las novelas Doña Tránsito Abril (1997) y Sarah Ellen QEPD (2013). En esa línea está su más reciente entrega, su octavo libro: Diez relatos de mujeres y una araña (Hipocampo, 2014).

Narrados con sobriedad y precisión, estos diez cuentos (titulados con el nombre de la protagonista) nos remiten al Perú de la primera mitad del siglo XX, un universo que la autora ha conocido a través de las historias que se transmiten en las familias de generación en generación, especialmente entre mujeres, y que remiten a grandes secretos “domésticos”. Así sucede en “Manuela”, que relata el secreto origen del heredero de una familia de importantes hacendados; o en “Camila Stein”, en el que una mujer descubre, a la muerte de su esposo, que este llevó una doble vida, con otra esposa y otro hogar.

Sattler reconoce, en el texto prologal, que en su trabajo literario se siente identificada con las arañas, pues con todas estas historias intenta elaborar “… telas y encajes, que unen situaciones acaparando personajes… metiéndome en sus vidas para darles su propia identidad, suspendidos en los tejidos de mi imaginación”. De esta manera, entretejiendo estos Diez relatos de mujeres…, la autora consigue un valioso registro de la situación de las mujeres peruanas de hace un siglo, especialmente de aquellas ligadas a los sectores más altos de nuestra sociedad.

Huerto cerrado

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Los cuentos de Bryce


El reconocimiento internacional de la obra novelística de Alfredo Bryce Echenique (Lima, 1939), ha hecho que su también importante labor como cuentista quede relegada a un injusto segundo plano. No obstante el propio Bryce ha reconocido ser un autor de “libros de cuentos” y no solo de cuentos ocasionales, como demostró en los inicios de su ya larga trayectoria literaria con dos excelentes libros: Huerto cerrado (1968, Premio Casa de las Américas) y La felicidad ja ja (1974), que acaban de ser vueltos a publicar por la editorial Peisa.

Escrito bajo la influencia de Cortázar y Ribeyro, Huerto cerrado está estructurado alrededor de un personaje común a todos los cuentos: Manolo, un muchacho de clase alta al que le toca vivir el triste proceso de la decadencia familiar. Los relatos presentan a Manolo en las diversas etapas de su aprendizaje social (su primer amor, su iniciación sexual), enfrentando todo tipo de frustraciones y de fracasos. Tras las desventuras de Manolo se nos muestra toda la hipocresía y complejidad de la sociedad limeña de los años sesenta.

La felicidad ja ja trae a un escritor más maduro y diestro en el manejo de sus propios recursos expresivos. El humor, la exageración y la tendencia a la oralidad, que aparecían tímidamente en los primeros relatos, se han vuelto aquí elementos centrales para expresar toda la sensibilidad y vulnerabilidad de los personajes bryceanos. El mayor dominio del arte narrativo en general, y del cuento en particular, da como resultado algunos de los mejores relatos escritos por Bryce: “Eisenhower y la Tiqui-tiqui-tín”, “Muerte de Sevilla en Madrid”, “Antes de la cita con los Linares” y, por supuesto, “Baby Schiaffino”.



Claroscuro

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Magíster en Creación Literaria por la Universidad de San Marcos, José Valencia-Arenas (Lima, 1970) se desempeña desde hace algunos años como director de talleres de narrativa, inicialmente en el Perú y después también en el extranjero. Paralelamente está desarrollando una obra narrativa centrada en el cuento, género literario en el que ha alcanzado un especial dominio. Recientemente ha publicado su cuarto libro, Claroscuro (Letra Editores, 2014), un conjunto de 18 relatos breves en los que pasa revista a algunos de sus demonios: la adolescencia, el amor, la traición y la muerte.

La apuesta de Valencia–Arenas es por las ficciones basadas en las situaciones más comunes de la vida diaria, que presenta de una manera ligera y hasta risueña, pero a las que mira desde una perspectiva original y novedosa. Así, muchos de sus relatos parten de personajes y escenas cotidianas para culminar con la tradicional sorpresa final. Es el caso del relato “Antes”, que solo en las últimas líneas permite conocer la naturaleza del personaje narrador; en “Falda escocesa”, con el descubrimiento del fetichismo del protagonista; y también en “Dos hombres”, que al final sorpresivamente se convierte en la historia de un crimen accidental.

Sin lugar a dudas el gran tema de este libro son los “claroscuros” de las relaciones de pareja, las ambigüedades y secretos que siempre existen entre un hombre y una mujer, por más estrecho y duradero que sea el vínculo afectivo que los una. Algo que se presenta claramente en cuentos como “Los meses del año”, el recuento de una accidentada relación que dura exactamente ese tiempo; así como en “Cajas” y “Cathy es una buena chica”, los más extensos del libro y en los que el autor narra relaciones sentimentales llenas de giros, sorpresas y cambios radicales. En general, aunque los relatos no aborden el tema, esos claroscuros son un elemento importante en la mayoría de los cuentos, como en “Por qué escribo”, “Departamentos”, “La tentación de la carne”, etc.

Formalmente Valencia-Arenas apuesta por un minimalismo extremo. No solo escoge el momento central de la historia, evitando contar los previos y las consecuencias, sino que además usa el lenguaje más sencillo: oraciones cortas y sin adornos retóricos: “Llevo recorrido un mediano camino. Leer, escribir cuentos, relatos ha sido el entrenamiento. En ortografía he mejorado desde aquellos escolares tiempos…”, Como se puede comprobar, salvo algunos cuantos adjetivos, en los textos prima el trabajo de edición para darle al lector solo lo esencial de cada historia, y que la imaginación complete el resto con entera libertad.

Pero ese afán por la concisión se convierte finalmente en un problema, pues los relatos se circunscriben demasiado a las anécdotas contadas, sacrificando la densidad de los personajes, las connotaciones de las historias y hasta la relación con el contexto socio-cultural. Por eso los cuentos de Claroscuro nos dejan la impresión de textos de “taller”, trabajados para que tengan la mayor “eficacia” narrativa, aunque con ello pierdan bastante de su riqueza temática.


Infiernos mínimos

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El escritor y profesor universitario Jorge Valenzuela (Lima, 1962), es considerado uno de los más representativos narradores de la generación del ochenta, continuador de la línea cuentística más clásica y tradicional, aquella que va desde Clemente Palma y Valdelomar hasta Julio Ramón Ribeyro y Guillermo Niño de Guzmán. Empeñoso y constante cultor de este género narrativo, Valenzuela acaba de publicar Infiernos mínimos (Campo Letrado, 2014), su quinto libro de cuentos.

Como ya ha señalado la crítica, los cuentos de Valenzuela no dan prioridad a los sucesos narrados sino al mundo interior de los protagonistas. Aquí eso se nota claramente en los relatos más extensos; como en “La Corbata”, la historia de un ejecutivo en problemas económicos, quien se ve obligado a alquilar una habitación de la casa en la que vive completamente solo. Igual de solitarios son los protagonistas de “Juntos”, una pareja de esposos que tiene que buscar, cada uno por su cuenta, amigos a través de Internet, para salir de su opresivo mundo doméstico. Son relatos “de atmósfera” y con desenlaces previsibles.

Pero los mejores cuentos de Infiernos mínimos son otros, aquellos centrados en “pequeñas pero convincentes escenas sobre el desarraigo, la soledad, los desencuentros y la violencia”, según afirma Carlos Yushimito en la contraportada del libro. Es el caso de “El reencuentro”, el primero y claramente el mejor de estos seis cuentos, y también de “El enemigo insólito”, aunque este se pierde un poco en especulaciones metaliterarias. Infiernos mínimos es un conjunto de cuentos bastante disparejo e inferior a otros libros de Valenzuela, como Horas contadas (1988) y Juegos secretos (2011).

Una cura para el cura

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Profesor universitario y escritor de vocación, Fernando González Nohra (Lima, 1976) tiene varios libros de narrativa publicados y reeditados, tanto en el Perú como en España; sin embargo, se mantiene bastante al margen de la “movida” literaria limeña. Su más reciente entrega es el libro de cuentos Una cura para el cura y otras formas de morir (Ruido de fondo, 2014), un conjunto de diez relatos que pasan revistas a las pequeñas muertes —desilusiones, concesiones, derrotas, humillaciones– que toda persona tiene que enfrentar a lo largo de su vida.

Por supuesto, estos episodios se inician en la infancia, como en el cuento “La pata de la suerte” en el que una niña engreída y caprichosa, que tiene de mascota a un conejo, es llevada a un restaurante campestre, donde su padre, con bastante crueldad, le muestra un criadero y camal de conejos. Igual de rudos e irreverentes, pero además cargados de ironía y humor negro, son los relatos en los que el autor vuelve a los años que pasó en un colegio religioso, como el que da título al libro, “Destellos de oscuridad” y “El onanista ilustrado”, que recuerda las penurias del sacerdote encargado del curso Educación Sexual.

En conjunto, estos cuentos pueden ser calificados como “realismo sucio”, en la línea de Bukowski, Miller y Fante. Lo interesante en González Nohra es que aborda los temas y motivos de esta vertiente narrativa de una manera simple y directa, y con una prosa correcta y bien trabajada. Un peculiar combinación que acaso tiene su mejor expresión en el libro Por favor no empujen (2008), pero que en Una cura para el cura… alcanza una mayor crudeza e intensidad, especialmente en los cuentos “La bruma” y “Redención”.

Cusco, espejo de cosmografías

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Cusco, ombligo literario

La escritora y antropóloga Karina Pacheco (Cusco, 1969) vive alternativamente en Lima, Cusco y Madrid, y es autora de siete libros de narrativa y de una serie de libros sobre antropología y las relaciones entre América Latina y España. Todos esos intereses los ha reunido en la editorial Ceques que, desde el Cusco, pretende convertirse en un puente entre los Andes peruanos y el resto del mundo hispanohablante. Uno de los primeros títulos de la editorial es Cusco, espejo de cosmografías, antología en la que Pacheco reúne cuentos de los más importantes escritores españoles y latinoamericanos nacidos a partir de 1960.

En efecto, el libro congrega a los más reconocidos narradores y con muy buenos textos. Por ejemplo, el español Javier Cercas (1962) autor de la exitosa novela Soldados de Salamina (2001); el boliviano Edmundo Paz Soldán (1967), quien nos entrega un fragmento de su más reciente novela Iris (2014); y el argentino André Neumann (1977) y el colombiano Juan Gabriel Vásquez (1973), ambos ganadores del Premio Alfaguara de Novela. Además, nueve de estos 16 narradores son mujeres: Gabriela Alemán, Claudia Amengual, Jacinta Escudos, Leila Guenther, entre otras.

Perú está representado en Cusco, espejo de cosmografías por Carlos Herrera (1961) y su cuento “Licaón en Praga”, que fue finalista del Premio Juan Rulfo 2010, de Radio France Internationale. Y también por Fernando Iwasaki (1961), autor del prólogo en el que se afirma que esta antología cusqueña que reúne a narradores de países tan diversos, “no supone la profanación de ninguna impoluta esencia andina, sino la recuperación de una centralidad y una diversidad inherentes al origen mítico del Cusco”.

Augusto Higa. Todos los cuentos

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Larga es la trayectoria literaria del escritor Augusto Higa (Lima, 1946), desde sus primeros cuentos de los años sesenta y su paso por el Grupo Narración (1966-1976), hasta las recientes novelas cortas —La iluminación de Katzuo Nakamatsu (2008) y Gaijin (2014)—que han recibido entusiastas elogios de la crítica. Una variada narrativa cuya mejor expresión acaso se encuentra en los veinte cuentos, que el autor acaba de reunir en el libro Augusto Higa. Todos los cuentos (Campo Letrado, 2014).

Los primeros relatos de Higa mostraban a jóvenes de los más populosos barrios de la Lima tradicional (La Victoria, Barrios Altos, etc.) que contaban, con sus propias palabras y a veces de manera colectiva, sus peripecias de adolescentes. En “La toma del colegio”, por ejemplo, se trata de los alumnos de una escuela fiscal que se rebelan ante los abusos y la corrupción de sus profesores. En “El equipito de Mogollón” son aficionados al fútbol que rememoran sus hazañas deportivas; y en “Que te coma el tigre” un grupo de adolescentes relata su festivo descubrimiento del amor.

La segunda etapa de esta narrativa corresponde a los años ochenta. Higa, sin cambiar de escenarios, se centró en la problemática de la clase media limeña en esos años de crisis económica. Al respecto, resultan ejemplares “La casa de Albaceleste” y “Clase media”. Por último, están los relatos recientes, de temática más “existencial” y protagonizados por japoneses radicados en Lima, o sus hijos; relatos que conformaron el libro Okinawa existe (2013), ganador del Premio José Watanabe, que otorga la APJ. En suma, Todos los cuentos resulta una muy buena oportunidad para conocer la valiosa narrativa de Augusto Higa.