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Mario Vargas LLosa. Entrevistas escogidas

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La reciente concesión del Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa ha motivado unboom de ventas de los numerosos libros de este escritor y una saludable renovación de la bibliografía sobre el autor y su obra. Parte de esa renovación es la nueva edición, corregida y bastante aumentada, de Mario Vargas Llosa. Entrevistas escogidas (Tierra Nueva, 2011), libro en el que el periodista y crítico Jorge Coaguila ha reunido 38 de las más importantes entrevistas concedidas por nuestro Nobel entre los años 1964 y 2010.
Aunque en buena parte de estas conversaciones se abordan temas políticos coyunturales (algo inevitable, dado el carácter del entrevistado), los mejores textos son aquellos en los que MVLL reflexiona sobre sus propias obras literarias. En “Vargas Llosa en la ciudad”, por ejemplo, conversa con el reconocido periodista César Lévano sobre La ciudad y los perros; en “Las mentiras verdaderas” con Peter Elmore y Federico de Cárdenas sobre La verdad de las mentiras; y en “Historia y novela de una novela” con Edgardo Rivera Martínez sobre La historia de Mayta.
Otros entrevistadores destacados son Alfonso Tealdo, Ricardo González V., César Hildebrandt, Álvaro Vargas Llosa, Jaime Bayly y el propio Jorge Coaguila, responsable de la selección de textos, notas y prólogo del libro. Esta nueva edición de MVLL Entrevistas escogidas cuenta con 50% más entrevistas que la primera edición (publicada en 2004), incluyendo una conversación con Raúl Tola titulada “MVLL Premio Nobel de Literatura”, además de un interesante álbum con 56 fotografías y resúmenes de los principales cuentos, novelas y obras teatrales vargasllosianas.

Las respuestas del mudo

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CONVERSANDO CON RIBEYRO

Julio Ramón Ribeyro. Las respuestas del mudo (Tierra Nueva, 2010)

Julio Ramón Ribeyro (Lima, 1929-1994) es, sin lugar a dudas, uno de los escritores peruanos más queridos y admirados de los últimos tiempos. Eso a pesar de su natural timidez y su frecuentes negativas a dar entrevistas, que le ganaron el apelativo de “el mudo”. De ahí el título del conjunto de su obra cuentística –La palabra del mudo– y también el del libro Julio Ramón Ribeyro. Las respuestas del mudo (Tierra Nueva, 2010), que acaba de publicar el periodista Jorge Coaguila, una selección de las 30 mejores entrevistas realizadas a este escritor.

Entre los textos aquí reunidos se pueden encontrar extensas y valiosas conversaciones de Ribeyro con reconocidos escritores (Alfredo Bryce, Antonio Cisneros, Juan Gonzalo Rose), críticos (Edgar O’Hara, Wolfang Luchting) y periodistas (César Lévano, Federico de Cárdenas, Fernando Ampuero). Estas entrevistas abarcan más de 30 años (desde 1960 hasta 1993) y por eso resultan un invalorable testimonio de la evolución de la vida y obra del escritor; así como de sus frecuentes y extensas reflexiones acerca de su propia obra.

Jorge Coaguila publicó en 1995 el libro Ribeyro: La palabra inmortal, reunión de las entrevistas que él mismo hizo, y desde entonces se ha convertido en el mayor “ribeyrólogo” del medio. En esta nueva edición de Las respuestas del mudo (la primera es de 1998) Coaguila ha incluido seis entrevistas más, un álbum de fotografías, índice onomástico y hasta resúmenes de las novelas y cuentos. En suma, un libro imprescindible para los admiradores del gran Julio Ramón Ribeyro.

El año que cambió el mundo

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Michael Meyer. El año que cambió el mundo (Norma, 2009)

Hay sucesos que, como el descubrimiento de América, están plenamente identificados con el paso de una etapa de la historia a otra. Uno de los más recientes es la caída del Muro de Berlín, el final de la polarización geopolítica (la Guerra Fría) y el inicio de la llamada globalización. En realidad, esa caída fue la culminación de un complejo conjunto de acontecimientos políticos, como recuerda el periodista norteamericano Michael Meyer en el libro El año que cambió el mundo (Planeta, 2009).

Actual director de Comunicaciones de las Naciones Unidas, Meyer se desempeñaba entonces como corresponsal de la revista Newsweek para el este de Europa. En esa condición fue testigo de hechos que fueron creando las condiciones necesarias para el gran cambio: en Polonia (relacionados con el renacer de Solidaridad), Rumania (la Revolución de Terciopelo) y la antigua Checoslovaquia. Todos ellos son vistos aquí desde la perspectiva de la caída del muro, que Meyer vivió desde el lado oriental de Berlín y que rememora con profusión de detalles.

Según Meyer, ni Reagan ni el gobierno norteamericano tuvieron el protagonismo que usualmente se les otorga; resultó más importante el error de un vocero del gobierno alemán aquel mismo día (9 de noviembre de 1989). Más de 20 años ha esperado Meyer –una prudencial distancia histórica– para darnos en El año que cambió el mundo su versión personal. Lamentablemente, hoy los muros ideológicos han sido reemplazados por los económicos, como el que Estados Unidos proyecta construir en su frontera con México.

Cartas de amor para una alumna

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Dora Varona. Cartas de amor para una alumna (Universidad Ricardo Palma, 2010)

Los epistolarios de escritores no son libros muy frecuentes en nuestro medio, pero los pocos que se publican suelen generar polémicas, como en el caso de las compilaciones de cartas de Arguedas. Podría suceder lo mismo con Cartas de amor para una alumna (URP, 2010), libro en el que Dora Varona (1930) ha reunido la correspondencia que sostuvo con su novio, el escritor peruano Ciro Alegría (1909-1967), a lo largo de un par de meses, a finales de 1956.

En ese entonces, Alegría ya había publicado la parte más importante de su obra –sus novelas La serpiente de oro (1935), Los perros hambrientos (1939) y El mundo es ancho y ajeno (1947)–, pasado por dos matrimonios y concluido una larga serie de temporadas en prisión y el exilio, a consecuencia de su militancia aprista. A los 47 años de edad quería asentarse y conseguir una esposa-secretaria que lo ayude a continuar su interrumpida obra. La elegida fue Dora Varona, Máster en Literatura por la Universidad Complutense de Madrid, una poeta 20 años menor que él.

Por supuesto, lo más interesante de estas cartas son los detalles de la vida íntima del escritor. Al parecer mantenía paralelamente un compromiso con otra mujer (Nilda) y reconoce que había otras cuatro “que dicen quererme” y que ante el matrimonio con Dora “… se molestarán naturalmente. Hasta qué extremos podrían llegar, lo ignoro” (p.57). A estos líos de faldas se suman en Cartas de amor para una alumna severos calificativos contra aquellos escritores y políticos que Alegría consideraba sus enemigos.

La Florida del Inca

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Inca Garcilaso de la Vega. La Florida del Inca (UIGV, 2009)

La Universidad Inca Garcilaso de la Vega inició hace un año la publicación de nuevas y muy buenas ediciones de las obras más importantes del Inca Garcilaso (Cusco, 1539 - España, 1616): un tomo dedicado a los Comentarios Reales de los Incas (1609) y dos a la Historia general del Perú (1617). Culminando el proyecto, esta universidad acaba de poner en circulación el libro La Florida del Inca (UIGV, 2009) la primera gran crónica escrita por el Inca Garcilaso.

Publicada inicialmente en Lisboa, en 1605, La Florida del Inca narra las peripecias de la expedición (1539-1543) dirigida por Hernando de Soto y que recorrió la península norteamericana de La Florida. Es un texto amplio (700 páginas en esta edición), en el que Garcilaso conjuga su formación humanística y lecturas de los autores clásicos, con su pasión por la historia del continente. La calidad y originalidad de esta obra, la primera crónica escrita por un nativo americano, ha sido reconocida por la crítica en general.

Esta edición parte del trabajo filológico de Jorge Huamán Machaca, quien transcribió el texto basándose en las dos primeras ediciones del libro. A ello se suma el extenso y documentado prólogo que, como en los casos de los Comentarios Reales y la Historia general, ha estado a cargo del reconocido crítico Ricardo González Vigil; un texto en el que se analizan a profundidad diversos aspectos del libro. En suma, un valioso aporte para la difusión de la obra de uno de los autores fundamentales de la literatura peruana.

El precio de ser Magaly Medina

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Medina
Magaly Medina. El precio de ser Magaly Medina (Planeta, 2009)

Con el tiraje completo de su primera edición (14,000 ejemplares) agotado en menos de una semana, El precio de ser Magaly Medina. Mi verdad en la cárcel (Planeta, 2009) ya es uno de los mayores bestsellers peruanos del presente año. El libro es una crónica del episodio más difícil de la vida de la popular periodista de espectáculos: los más de dos meses que pasó en prisión, después de ser condenada en un juicio por difamación. El éxito de ventas se debe al interés con que los fans de Medina y de su programa de televisión (“cientos de miles” se afirma en el libro) siguieron ese proceso.

Esos ávidos lectores deseaban conocer los pormenores de la vida de Medina en la prisión, la forma en que fue recibida y tratada ahí, las situaciones que tuvo que enfrentar, o las historias personales de sus compañeras de prisión. Algo hay de eso en el libro, pero muy poco. Medina, según cuenta, desde el principio fue confinada a ambientes especiales, dentro de la prisión, y por ello no convivió mucho las otras internas, ni vio toda la sordidez, violencia y miseria que imperan en las prisiones peruanas (que llevaron a César Vallejo a afirmar: “El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú”).

Por otra parte, Medina tampoco se anima a mostrarnos sus emociones o sentimientos. Puesta a elegir entre su lado más humano y su imagen pública de mujer triunfadora e implacable, opta por la segunda. Lo hace concientemente y con mucha vehemencia, casi como si se tratara de una verdadera guerra personal. “No pude más, ahí perdí. Me salió la humana…” dice cuando recuerda sus lágrimas al enterarse de que efectivamente iría a la cárcel. Y los temas sobre los que suele preocuparse durante su estadía en prisión son su peso, lo encrespado de su cabello, el rating de los programas de televisión y lo que los diarios publicaban diariamente sobre ella.

Pero esos son reparos menores, pues el mayor problema del libro es que está pésimamente escrito. Más aún, resulta evidente que el libro no ha sido “redactado” sino que es el resultado de la trascripción de algún testimonio verbal de Magaly Medina. Si comparamos las cartas que ella escribió en la prisión (que difundió a través de su revista Magaly Tevé y que han sido incluidas en este libro), con el resto del texto, se nota claramente la diferencia. Aunque ella misma confiesa que no le gusta escribir, pues le cuesta mucho trabajo:

«Me gustaba más salir a conversar con las chicas y bromear un rato que escribir. Yo siempre soy así, me pasaba desde que era redactora. Siempre terminaba de escribir al último momento y bajo presión… A veces yo escribía y decía: “Cállense, cállense, que tengo que corregir”».

La solución de los editores a esa falta de interés por la escritura, no resulta muy acertada. Al parecer, le han hecho una o varias entrevistasa Medina, en las que ella habría contado sus experiencias. Y en lugar de contratar a un escritor para que “redacte” un libro basándose en ese material, da la impresión de que simplemente han transcrito literalmente las entrevistas. A esa conclusión nos llevan párrafos como los siguientes:

«Desde las primera frase que comenzó a leer la secretaria del juzgado, no sé porque pero me las olí muy mal. Lo típico que dicen. Yo veía que todo era a favor de él. Estaba aún con la confianza de saber que el doctor Nakazaki me había asegurado que nada malo iba a ocurrir. Cuando estoy frente a la persona que me demanda no me tiemblan las piernas, ni me da por querer orinar. No me orino de miedo. Porque así soy, muy peleona». (p.8)

«Yo siempre he llevado una alimentación muy balanceada. Y como no me gusta comer grasa, porque la rechazo, no comía o le sacaba todo el pellejo al pollo y trataba de comer solo lo de adentro. Y entonces al final era casi nada. Por eso he dejado de comer comida chatarra, porque me provocaba asco ver cosas muy grasosas. Entonces, como la comida era fea y me traían mucha fruta de afuera, trataba de comer fruta y yogurt. Pero yo me veía gorda, yo me veía rolluda, yo me veía mal. Y todo el mundo me veía flaquísima». (p. 124)

Como ha dicho la propia Medina, este libro no tiene aspiraciones literarias. Es, más bien, “una sincera muestra de agradecimiento” a sus seguidores que la apoyaron en esos difíciles momentos, y un “acto de catarsis con el que Magaly Medina cierra este duro capítulo de su vida (cito la propia presentación del libro). De todas maneras, queda la sensación de que El precio de ser Magaly Medina, ha sido hecho de una manera demasiado informal y sin tener en cuenta la calidad del propio texto.


La editorial Planeta ha puesto a disposición de todos los lectores el primer capítulo del libro. Copiamos aquí ese capítulo.




La conquista de la diferencia

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Eugenio Barba. La conquista de la diferencia (San Marcos/ Yuyachkani, 2008)

Con motivo de la visita a nuestro país del Odin Teatret, grupo danés de teatro considerado entre los más importantes del mundo, la editorial San Marcos y Yuyachkani han publicado los libros La conquista de la diferencia de Eugenio Barba, director y fundador del Odin Teatret, y Piedras de agua de Julia Varley, actriz y dramaturga, destacada integrante de ese grupo. Ambos textos tienen un abierto carácter testimonial y autobiográfico, pero además están cargados de reflexiones sobre las teorías y prácticas del teatro contemporáneo.

Eugenio Barba nació en Brindisi (Italia) en 1936, pero desde muy joven comenzó a recorrer el mundo. A los 25 años (tras pasar largas temporadas en Francia y Noruega) estaba en Polonia como discípulo de Jerzy Grotowski, una de las grandes personalidades del teatro del siglo XX. Ese feliz encuentro y el descubrimiento de las propuestas de Meyerhold, Stanislavski, Brecht, Brook es narrado en “Diálogo con los antepasados”, el primer capítulo del libro de Barba. Los demás, entre los que se incluyen cartas personales y discursos del autor, son llamados también “diálogos”: con el oficio, con la historia y con A. Latina.

Como parte de este testimonio de primera mano, Barba cuenta en detalle toda la historia del Odin –fundado en Oslo, en 1964–, pero también dedica páginas a otros aspectos de su vida: sus experiencias en nuestro continente: su amistad con el peruano Mario Delgado (director de Cuatrotablas) o su participación en el Primer Encuentro de Teatro de Grupo. En lo teórico, explica con amplitud –aunque de manera un tanto desordenada– conceptos y términos que suelen ser asociados con las propuestas del Odin: antropología teatral, tercer teatro, habitación fantasma y especialmente el entrenamiento y los famosos “ejercicios”.

varley
Una explicación mucho más detallada sobre esos Ejercicios –origen, métodos y propósitos– es la que nos brinda Julia Varley (Londres, 1954) en Piedras de agua, libro publicado originalmente en italiano. Varley basa su libro en su experiencia personal de actriz, desde su prolongada formación (determinada incluso por encuentros casuales) hasta los entretelones de la creación e interpretación de personajes específicos, siempre desde una perspectiva de género (Varley es una de las cabezas del Proyecto Magdalena). Más orgánico y sistemático, este libro tiene capítulos dedicados a “El director”, “El personaje”, ”El espectáculo”, “Improvisación y composición”, entre otros temas. Ambos libros son del mayor interés para seguir la trayectoria de dos grandes teatristas de hoy.
(Artículo publicado previamente en La República)

La siguiente entrevista es del programa Presencia cultural.

La armonía de H

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Rafael Romero Tassara. La armonía de H (Campodónico, 2008)

Tras un exhaustivo trabajo de investigación, el periodista Rafael Romero Tassara ha publicado La armonía de H. vida y poesía de Luis Hernández (Campodónico, 2008), biografía de este entrañable poeta y médico limeño. Romero sigue paso a paso la trayectoria vital de Luis Hernández (1941-1977), desde la infancia hasta su misteriosa muerte en Argentina, a la vez que va analizando sus poemarios y los abundantes cuadernos manuscritos que regaló a sus amigos. Una peculiar costumbre que unida al carisma y la creatividad personal lo han convertido en uno de los poetas más queridos y leídos por los jóvenes de hoy.

En este amplio recorrido de 10 capítulos, el propio periodista aparece como un personaje, una especie de detective que descubre la verdad detrás del mito a partir de numerosas conversaciones con familiares y amigos de Hernández, así como de notas periodísticas y reseñas de los poemarios. Esos capítulos se complementan con abundante material gráfico: 60 fotos (muchas de ellas inéditas), más de 30 copias de manuscritos y hasta la edición facsimilar de uno de sus más famosos cuadernos, con buena parte de los textos del poemario póstumo Una impecable soledad.

Romero logra así un documentado y fidedigno retrato del poeta, especialmente en lo que se refiere a los años de formación e inicios literarios. Pero no puede evitar imitar a Hernández y el resultado es una prosa con dudosas aspiraciones poéticas (y llena de errores) que solo dificulta la lectura. Una muestra: después de entrevistar a Elena Domingo, prima del poeta, y mientras camina por el puente Villena (Miraflores), Romero medita en lo que le falta saber de Hernández: "Pero lo que ha dicho Elena... solo aclara la mitad del panorama que aún queda por atravesar. Indiana Jones se asustaría del cañaveral de palabras que resta hasta la otra orilla" (p. 29).

Hay otros vicios propios del "biopic" en este libro: presentar al biografiado como un genio incomprendido y un ser humano sin defectos, crearle enemigos y antagonistas inexistentes (para darle más dramatismo a la narración), describir el contexto histórico (o literario) de una manera esquemática y simplista. Para reconocer el valor de la obra de Hernández no son necesarias exageraciones insostenibles como afirmar que "fue pionero de la metaliteratura", que "podía transformar cualquier cosa en una proeza literaria" o que al escribir en los cuadernos "aplicaba el concepto del efecto Doppler-Fizeau de la astronomía" (p. 142).
(Artículo publicado previamente en La República)


Otros textos sobre La armonía de H: Camilo Fernández, Diego Otero, Max Palacios, Somos, Alfredo Vanini.

Cuzco: Tierra y muerte

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Hugo Neira. Cuzco: Tierra y muerte (Editorial Herética, 2008)

El tema central de casi toda la literatura indigenista –la narrativa de Alegría y Arguedas, los ensayos de Mariátegui y Valcárcel– es el "problema de la tierra", el enfrentamiento entre los comuneros desposeídos y los poderosos terratenientes. Fue recién en los años 60 que ese problema se solucionó, no con la reforma agraria de la dictadura militar, sino a partir de las acciones de los propios campesinos quienes, unidos y agremiados, comenzaron a invadir las tierras en disputa. El historiador y sociólogo Hugo Neira (Abancay, 1936), enviado especialmente por un diario limeño, fue testigo de esta épica gesta, y publicó en 1964 un libro que hoy ha actualizado y vuelto a editar: Cuzco: tierra y muerte (Editorial Herética, 2008).

Neira permaneció en Cusco entre diciembre de 1963 y marzo de 1964, y las crónicas que entonces escribió constituyen el núcleo del libro. Son una serie de entrevistas con hacendados, campesinos y autoridades locales, entre estos últimos "el diputado democristiano Valentín Paniagua". Todos exponen sus razones y argumentos, pero las simpatías del autor están con los campesinos, especialmente con la Federación Departamental de Campesinos, dirigida por Urbano López (Hugo Blanco estaba por entonces en prisión) y que congregaba a 1,500 pequeños sindicatos. Es esta FDC la que organiza las invasiones, que en la mayoría de los casos se desarrollan sin violencia.

Entre estas crónicas destacan las dedicadas a describir la dinámica de las asambleas de campesinos y de las propias invasiones, o el rol protagónico de las mujeres de la región ("El NO de las campesinas", "Mujeres encabezaron los disturbios"). En el aspecto narrativo, el texto más importante sin lugar a dudas es Redada gigante en el Cuzco, el relato de los enfrentamientos entre policías y campesinos producidos el 7 de febrero y que concluyeron con 13 muertos (incluyendo niños), 40 heridos y 200 dirigentes detenidos.

Neira, actual director de la Biblioteca nacional del Perú, acompañó las crónicas con dos ensayos: "Los primeros pasos" es un conciso estado de la cuestión que hace las veces de prólogo; y "El sur antes y después", el epílogo, es una interpretación marxista de los sucesos. A ellos se suma, en esta nueva edición, "La ambigua historia. La paradójica revolución capitalista rural", una relectura desde el punto de vista actual hecha por el autor. Cuzco: tierra y muerte es, por ello, un valioso documento histórico, el testimonio del mayor y más trascendente movimiento de masas campesinas "que el Perú contemporáneo haya conocido".
(Artículo publicado previamente en La República)


La siguiente entrevista es del programa Presencia Cultural.


Enrique Carrillo. Obras reunidas

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Enrique A. Carrillo (Cabotin). Obras reunidas (PUCP, 2007)

Cronista muy leído en su tiempo, Enrique A. Carrillo (Lima, 1876-1936) es más conocido por el seudómino de "Cabotín" (bufón en francés), con el que firmaba sus artículos en las revistas Mundial, Actualidades y La Razón. Además, escribió una valiosa obra literaria que incluye la novela Cartas de una turista (1905), considerada entre las precursoras del género en nuestro país. Toda la producción literaria y periodística de este autor, uno de los más claros representantes del modernismo peruano, ha sido recopilada en Enrique A. Carrillo. Obras reunidas.

Carrillo fue, antes que nada, un excelente prosista, de los mejores de su tiempo. Su talento y sólida formación literaria se pueden comprobar, por ejemplo, en el prólogo que escribió para el poemario La canción de las figuras (1916) de su amigo José María Eguren. Pero, como indica su seudónimo, los temas serios o académicos no eran sus preferidos: "En dos grandes preocupaciones se concentra la atención general: la guerra europea y la crisis económica... en mi modestia no me atrevo a competir con ellas", escribió en 1914, en una crónica dedicada a la forma de vestirse y los modales de los jóvenes en los cines limeños.

Así, sus crónicas, reunidas en el libro Viendo pasar las cosas (1915) –título de su columna periodística– dejan de lado los grandes temas para abocarse a los pequeños detalles de la vida cotidiana, especialmente de la vida de las limeñas: Fiesta de caridad, Emancipadas, Las presidentas del Perú, El día de una limeña son algunos de sus títulos. Carrillo sabía que la mayoría de sus lectores eran mujeres y hasta iniciaba algunos de sus artículos dirigiéndose a ellas: "Amigas mías...". También es esencialmente "femenina" Cartas de una turista, novela compuesta de doce extensas cartas que Gladys, una joven inglesa que busca novio en el entonces exclusivo balneario de Chorrillos, le escribe a su amiga Annie.

Con edición y prólogo del investigador y crítico Miguel Ángel Rodríguez Rea, estas Obras reunidas de Carrillo comprenden los dos libros ya mencionados, el poemario Ápice (1930) y recopilaciones de textos no publicados en libros: cuentos, ensayos literarios, poemas, crónicas, género que ocupa la mitad de las 800 páginas del volumen. Un agradable encuentro con un autor que vivió de espaldas a la economía, la guerra y también (como ha señalado Abelardo Oquendo) la inmortalidad literaria, la misma que hubiera podido alcanzar de no haber optado por lo efímero y leve de la crónica periodística.


Otros textos sobre Obras reunidas de Enrique A. Carrillo: Diario Correo, Abelardo Oquendo, Marcel Velázquez.

Rajes del oficio

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Pedro Salinas. Rajes del oficio (Planeta, 2007)

El periodista y escritor Pedro Salinas (1963) ha retomado la propuesta de Atados a la columna (2005) –libro en el que el español Jesús María Amilibia entrevista a los autores de las principales columnas periodísticas de su país– y ha hecho su versión peruana, Rajes del oficio una serie de entrevistas con importantes periodistas peruanos. La lista de los convocados es el principal atractivo del libro, pues incluye a diez de las más destacadas personalidades de la prensa, radio y televisión peruanas: César Hildebrandt, Mirko Lauer, Jaime Bayly, Raúl Vargas, Rosa María Palacios, entre otros. Pero a pesar del interés y del prestigio de los entrevistados, Rajes del oficio es uno de esos libros que comenzamos a leer con un entusiasmo que vamos perdiendo con el correr de las páginas.

Salinas aborda a cada uno de sus entrevistados de la misma manera, y a cada uno de ellos les plantea las mismas preguntas: ¿qué hace a un periodista independiente? ¿has perdido amigos por culpa del periodismo? ¿haces concesiones a la línea editorial de la empresa periodística que te contrata?, las que se prestan bastante para respuestas retóricas y auto elogios. La mayoría cae en la trampa, como Álvaro Vargas Llosa, que responde así a la última pregunta: “Creo que hay que ser auténtico y enfrentar a la línea de tu jefe... Yo soy ese tipo de periodista, de los que prefieren optar por la autenticidad”. No hay repreguntas, aunque muchas veces parecen necesarias; y al autobombo hay que añadirle las historias de los inicios de cada periodista, que Salinas cuenta con demasiada admiración, casi como hacía Carlos Cornejo con todos sus invitados al programa de televisión 2 (a la) n.

No obstante los valiosos consejos que aquí mismo le dan (Palacios, Bayly y Hildebrant), Salinas da claras muestras de no ser un buen entrevistador. Además tiene el vicio de pretender ser divertido, aunque su sentido del humor es bastante grueso y superficial (apela incluso a las flatulencias, de Charly García o de la mascota de uno de sus entrevistados); un peculiar sentido del humor que ya ha mostrado tanto en su columna periodística, Patente de Corso,como en sus libros de narrativa –Mateo Diez (2002) y Álbum de fotos (2004)– y que seguramente aprendió de algunos de los periodistas españoles citados recurrentemente a lo largo del libro. Salinas incluso ha copiado de esos maestros el “leísmo” tan típicamente español.

De todas maneras, el libro nos permite descubrir algunos aspectos interesantes de los entrevistados: que Beto Ortiz fue inicialmente caricaturista, Federico Salazar poeta y filósofo; que Hildebrandt y Lauer comenzaron escribiendo falsas crónicas, sobre deportes y policiales respectivamente. También están los párrafos finales de cada texto, en que el entrevistado tiene que definir en pocas palabras a sus colegas más destacados, oportunidad que todos aprovechan para elogiar a sus amigos y burlarse de sus enemigos. En conjunto, Rajes del oficio deja la impresión que dentro del periodismo peruano, la "izquierda" tiene mucho mejores representantes que la "derecha": César Hildebrandt, Mirko Lauer o Fernando Vivas frente a Aldo Mariátegui, Álvaro Vargas Llosa o Federico Salazar.


Se puede leer un capítulo del libro en la página web de Beto Ortiz.
Otros textos sobre Rajes del oficio: Ernesto Carlín, Hugo del Portal, El Búho (I, II , III), Fantomas, Informalísimo, Beto Ortiz, Martín Tanaka, Ricardo Vásquez.
Entrevistas: Agencia Andina, Manuel Eráusquin, Enrique Patriau, Enrique Planas.

Diario de talismanes

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Rosina Valcárcel. Diario de talismanes (Santo Oficio, 2005)

Poeta y antropóloga, Rosina Valcárcel (Lima, 1947) es un personaje entrañable de nuestra escena literaria. Desde niña vivió el exilio acompañando a su padre el escritor Gustavo Valcárcel (1921-1992), uno de los Poetas del pueblo, perseguido por su militancia política. Después ella misma sería una activa integrante de grupos poéticos, directora de la revista ¡Kachkaniraqmi!, ensayista y periodista cultural de los principales diarios limeños, entre ellos La República. Rosina ha reunido en Diario de Talismanes casi un centenar de sus ensayos y textos periodísticos, los que recrean, desde una perspectiva muy personal, el acontecer cultural peruano de la segunda mitad del siglo XX.

La primera sección del libro, titulada Talismanes, es una serie de entrevistas con personalidades de la llamada generación del 50: Juan Gonzalo Rose, Manuel Scorza, Gustavo Valcárcel, el crítico Antonio Cornejo Polar, el pintor Luis Herrera. De estos valiosos testimonios el más extenso es la conversación con Blanca Varela (Esto es lo que me ha tocado vivir, 1996), en que la poeta, normalmente tímida y renuente a las entrevistas, parece encontrar una especial empatía con Rosina y le revela no pocos secretos personales y de su obra literaria: “En este plan de confesar cosas te cuento que yo me siento una artista plástica que frustró su vocación porque se casó con un pintor”.

En Fuego de espejos, la segunda sección, Rosina pasa revista a la vida y obra de sus amigos escritores, los compañeros de ruta en su propia aventura literaria. El artículo Eterno es el día, rememora su amistad con Juan Ojeda (1944-1974): “Entre arengas revolucionarias y la llovizna limeña, en 1964 te veo en el Patio de Letras...”. Ambos poetas formaron parte del llamado grupo Piélago, junto con Hildebrando Pérez, Juan Cristóbal, Carlos Henderson, Edgardo Tello y Julio Nelson. Los recuerdos fraternales abarcan también a autores de la generación del 70 –Oscar Málaga, Jorge Pimentel, Enrique Verástegui- y a otros más jóvenes: Jorge Luis Roncal, Jorge Eslava, Oscar Limache.

Una constante de los ensayos de Valcárcel es el interés por los autores “no hegemónicos”, aquellos que a pesar de su valor son postergados por la crítica y los lectores. En Mujer, poeta y peruana se resalta que la poesía femenina, por ejemplo, es una “fuerza impugnadora de la cultura e ideología dominantes”. Por ello hay en el libro más de 20 textos sobre poetas peruanas, desde Magda Portal (1900-1989) hasta Elma Murrugarra (1974), destacándose los dedicados a Cecilia Bustamante y Gladys Basagoitia; y por su contenido humano, los retratos de María Emilia Cornejo (“Rebelde, angustiada y tierna...”), Carmen Luz Bejarano, Esther Castañeda y otras amigas de la autora.

En esa misma línea están los textos de la sección Poesía del interior, dedicada a rescatar las voces de los escritores “no limeños”, que se inicia con el ensayo Tierra adentro: Sociedad y cultura. Rosina comenta entusiasmada la poesía del puneño José Luis Ayala, el andahuaylino Baltazar Azpur, el huancaíno Nicolás Matayoshi, la cuzqueña Ana Bertha Vizquerra, entre otros. No extraña que uno de los textos más polémicos de Diario de talismanes, sea precisamente un reclamo al crítico Ricardo González Vigil porque en su libro Poesía peruana siglo XX (reunión de más de 200 poetas) no incluyó a “...autores del interior como Efraín Miranda, Róger Rumrill, Gloria Mendoza”.

Rosina Valcárcel es autora de los poemarios Sendas del bosque (1966), Navíos (1975), Una mujer canta en medio del caos (1991), Loca como las aves (1995), Paseo de sonámbula (2001).

Lo mejor del 2005

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Durante diciembre los diarios y revistas suelen publicar sus recuentos de lo mejor de la literatura peruana del año que está terminando. La siguiente lista es un recuento de esos recuentos. Si no son los mejores libros del 2005, al menos son -en orden de importancia- los más leídos, comentados y también los que recibieron los más entusiastas elogios de la crítica.



POESÍA

1 La piedra alada. José Watanabe (Peisa)

2 Un crucero a las islas Galápagos. Antonio Cisneros (Peisa)

3 Cinco segundos de horizonte. Mario Montalbetti (AUB)

4 Flama y respiración. Carlos López Degregori (PUC)

5 Memorial de Casa Grande. Rodolfo Hinostroza (Lustra)



NOVELA

1 La hora azul. Alonso Cueto (Anagrama/Peisa)

2 El goce de la piel. Oswaldo Reynoso (San Marcos)

3 Neguijón. Fernando Iwasaki (Alfaguara)

4 Aroma de gloria. Juan Morillo Ganoza (San Marcos)

5 Hotel Europa. Luis Hernán Castañeda (Peisa)



CUENTO

1 La noche de Morgana. Jorge Eduardo Benavides (Alfaguara)

2 1922. Edwin Chávez (estruendomudo)

3 Mujeres difíciles, hombres benditos. Fernando Ampuero (Alfaguara)

4 El inventario de las naves. Alexis Iparraguirre (PUC)

5 La soledad de los aviones. Sergio Galarza (estruendomudo)



NO FICCIÓN

1 Permiso para sentir. Antimemorias. Alfredo Bryce Echenique (Peisa)

2 Viajes de perro. Crónica de travesías y extravíos. Rafo León (Aguilar)

3 Diario educar. Constantino Carvallo (Aguilar)

4 Mario Vargas Llosa. Entrevistas escogidas. Jorge Coaguila (FECP)

5 Las máscaras de la representación. Marcel Velázquez (UNMSM)

Mario Vargas Llosa. Reportero a los quince años

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Juan Gargurevich. Mario Vargas Llosa. Reportero a los quince años (PUC, 2005)

Después de dejar el Colegio Militar Leoncio Prado, y antes de concluir sus estudios secundarios, Mario Vargas Llosa fue llevado por su padre (representante de una agencia internacional de noticias) a hacer prácticas como periodista al diario La Crónica. Era el verano de 1952 y en el Perú gobernaba el dictador Manuel Odría, así que no debe sorprender que mucho de la historia del "Zavalita" de Conversación en La Catedral (1969) esté basado en esa experiencia del joven "Varguitas" en La Crónica. A esa época y ambiente está dedicado el libro Mario Vargas Llosa. Reportero a los quince años (PUC, 2005) del periodista e historiador Juan Gargurevich.

En esta temprana incursión periodística MVLL no escribió en absoluto sobre temas literarios o culturales, como sucedería a partir de 1954. En el tabloide La Crónica trabajó como redactor de noticias bajo las órdenes del periodista Gastón Aguirre Morales ("Arispe" en CELC), hijo del escritor Augusto Aguirre M., y del jefe de policiales Luis Becerra ("Becerrita"). Además hizo amistad con otros redactores -Carlos Ney ("Carlitos"), Milton von Hesse ("Milton")- quienes con el experimentado Becerra integraban un grupo bohemio que solía terminar las noches en algún prostíbulo. Al enterarse de estas actividades "extra-laborales", fue el propio padre de Vargas Llosa quien hizo renunciar a su hijo.

Gargurevich, dedicado desde hace años a investigar la historia del periodismo peruano, también trabajó en La Crónica de los 50’s y enfoca esa etapa de distintos modos. En el capítulo Vargas Llosa en La Crónica rememora las vivencias del escritor en ese diario, a veces narrándolas novelescamente, y también reproduce algunos de sus artículos de entonces. En La conversación... en Lima, pasa revista a las diversas reacciones que provocó la novela de MVLL entre los periodistas limeños. Por último, en Los reales protagonistas, rememora (a partir de largas conversaciones con Carlos Ney y Juan Marcoz) las vidas de algunos de los periodistas en los que están basados personajes de CELC.

No hay sorpresas sobre este periodo de la vida de MVLL, pues él mismo lo ha contado casi todo, tanto en CELC como en su libro de memorias El pez en el agua (1993). Entre sus artículos periodísticos recuperados figuran algunas notas policiales y también las crónicas con las que participó en la sección "Nuestros redactores", entre ellas Algunas consideraciones sobre el chiste, Cuidado con las boticas y Un espectáculo sensacional, esta última sobre el "catchascán", entonces tan popular que hasta Roland Barthes le dedicó el primer ensayo de Mitologías.

Pero lo más valioso de MVLL Reportero... es la recreación del bohemio periodismo limeño de aquella época, con sus ambientes característicos: "el eje era el periódico, pero también estaban los restaurantes, las comisarías y la Prefectura" recuerda Marcoz, dejando de mencionar otro ámbito importante, los prostíbulos, infaltables en las novelas iniciales de MVLL. En uno de ellos el quinceañero Mario conoció a Magda: "... creo que me enamoré de ella, aunque entonces, sin lugar a dudas, no se lo habría contado a ninguno de mis amigos de bohemia", cita Gargurevich de una de las páginas en que el novelista rememora "aquel verano de hombre grande".

Viajes de la memoria

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Abelardo Sánchez León. El viaje del salmón (Peisa, 2005)

El sociólogo y escritor Abelardo Sánchez León (Lima, 1945) ha reunido en El viaje del salmón (Peisa, 2005) una treintena de crónicas que abarcan cuatro décadas de viajes personales. Figuran, en orden cronológico, desde su experiencia adolescente (inicios de los 60) en Iowa como estudiante de intercambio, hasta un visita a Cartagena de Indias (Colombia) en el año 2002 en compañía de su esposa Marcia. Pero la parte más importante del libro es aquella en que el autor cuenta su experiencia en Europa, especialmente su periodo de bohemia parisina, en el que compartió pobrezas e ideales con un interesante grupo de escritores latinoamericanos, entre ellos nada menos que Alfredo Bryce y Julio R. Ribeyro.

Al tratarse de crónicas escritas por un poeta y sociólogo, resulta natural que el mayor énfasis esté puesto no en la descripción de paisajes o ciudades sino en la recreación de los vínculos y relaciones del autor con las personas que va encontrando en sus diferentes viajes. "Uno viaja a los lugares donde están los amigos", ha dicho ASL en una reciente entrevista, y cada uno de estos textos parece estar dedicado a alguno de esos amigos, descritos con admiración y afecto: desde el gigante bonachón Paul de Iowa, una amistad de muchos años, hasta una joven mesera por la que el autor siente un amor platónico y fugaz; sin dejar de lado al africano Joseph o al cura Michel de la Croix, entre otros.

El libro puede ser visto entonces como un nostálgico homenaje a esos amigos y especialmente a Marcia, la paciente compañera de toda la vida. La vemos viajar sola a Europa (contra la voluntad de su padre) para encontrarse con ASL y apoyarlo en su bohemia parisina trabajando de niñera o en las más duras faenas agrícolas. Y también la vemos regresar sola (las circunstancias no se explican bien) y resignada al Perú. El propio autor reconoce en uno de los textos más breves (La fiesta que nos sigue, una especie de arte poética) que este libro "está centrado en Marcia, mi esposa por treinta años, con quien he gozado, sufrido, viajado, construido una casa y formado un hogar".

Ese aspecto de homenaje personal lleva a estas memorias más cerca del modelo amable y agradecido del libro Vivir para contarla de García Márquez que de lo polémico de El pez en el agua de Mario Vargas Llosa. Una opción que, por otra parte, no es del todo consecuente con la propia obra de ASL, cuyas novelas y poemarios se han caracterizado por su visión crítica y pesimista con respecto a las relaciones humanas en general. Incluso a los temas centrales de El viaje del salmón -el viaje y la convivencia conyugal- el escritor ya les dedicó secciones completas de su poemario Oh túnel de la Herradura (1995). Pero entonces sus opiniones eran mucho más ásperas. Sobre la convivencia de pareja decía, por ejemplo:

"Mi amor es mi infierno...
Un departamento. Una vivienda.
Un infierno, qué concha, si exagero!"

Son varios los pasajes en los que la emotividad y el arrepentimiento por los errores del pasado se desbordan. Después de todo en estos relatos, como el propio autor reconoce en el ya citado texto, hay bastante de lamento y afán por lograr que ese pasado sea "digerido de una forma más amable... y que no atormente tanto mi presente". Sin embargo, no faltan las páginas severas con respecto a ciertos personas que traicionaron o no supieron mantener la amistad. Uno de los textos más largos del libro, y que seguramente generará polémica, es Dos escritores consagrados, sobre la amistad entre ASL y el escritor Carlos Calderón Fajardo, compañeros de estudios universitarios.

Como en sus más reciente libros –el poemario El mundo en una gota de rocío (2000) y la novela El tartamudo (2002)- ASL emplea esta vez un lenguaje en el que se combinan acertadamente elementos "librescos" (una cierta complejidad gramatical) con otros propios del habla coloquial urbana limeña y un cierto. Es uno de los aspectos más logrados del libro, que sumado a un sentido del humor contenido pero eficaz, hacen de El viaje del salmón, no obstante los excesos de emotividad, una lectura entretenida y agradable.

Visite mi página dedicada a la obra de Abelardo Sánchez León.

Conversaciones con Mario Vargas Llosa

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Mario Vargas Llosa. Entrevistas Escogidas (F. E. Cultura Peruana, 2004)

Desde su aparición como escritor a principios de los 60, Mario Vargas Llosa no sólo se convirtió en el mejor narrador peruano, también en un intelectual crítico y polémico con respecto a los avatares de la política nacional e internacional. Ambos aspectos, la literatura y la actualidad política, están presentes en casi todas las entrevistas reunidas por el periodista Jorge Coaguila en Mario Vargas Llosa. Entrevistas escogidas , un libro que nos permite recorre simultáneamente la obra de nuestro mayor novelista y la historia peruana reciente, desde el gobierno de Odría hasta el de Fujimori.

Combinando acertadamente estas dos líneas, Coaguila ha seleccionado 24 textos que abarcan cuarenta años (1964-2004), comenzando con una conversación entre César Lévano y MVLL a propósito de la publicación de La ciudad y los perros. Periodista con una sólida formación literaria, Lévano reconoce que en ese libro Lima está descrita mejor que nunca antes "como ciudad, como paisaje, como emoción y gente". Además el joven escritor cuenta detalles de una próxima novela, titulada El guardaespaldas, publicada 5 años después como Conversación en La Catedral.

Es fácil reconstruir, a partir de estos textos, el recorrido político del novelista (bastante conocido, por otra parte) que parte de un juvenil izquierdismo para acabar en el extremo opuesto, el liberalismo más radical. También nos permiten comprobar que más que un intelectual comprometido, a la manera sartreana, MVLL ha aspirado a ser una especie de "conciencia crítica", alguien que siempre hace oír su voz de censura y alerta. Y que incluso en su momento de mayor entusiasmo revolucionario (1966) se define como "Socialista, aunque con reservas doctrinarias frente al marxismo. No soy un militante. Soy un francotirador político".

Esa pretensión lo ha llevado a convertirse en un eterno polemista, siempre tratando de imponer sus opiniones sobre las de los demás. Lo señalaba -en su diario personal- su amigo Julio Ramón Ribeyro en 1971: "Noté (en MVLL) una tendencia a imponer su voz, a escuchar menos que antes... da la impresión de no dudar de sus opiniones... Él posee o cree poseer la verdad". Es lo que hace que buena parte de las entrevistas políticas de este libro pierdan bastante, pues MVLL nunca dialoga y siempre está pontificando, repitiendo ideas y propuestas ya expuestas en sus propios textos periodísticos, ante el silencio reverente de los eventuales entrevistadores.

Más valiosas son aquellas entrevistas en que el novelista reflexiona específicamente sobre alguna de sus obras. Aquí destacan Vargas Llosa y su maldita pasión (1972), sobre Pantaleón y las visitadoras y La guerra de Mario Vargas Llosa (1981) sobre La guerra del fin del mundo. Y muy especialmente Historia y novela de una novela (1985), lograda conversación entre MVLL y el escritor Edgardo Rivera Martínez sobre Historia de Mayta; tanto porque ERM conoce bastante de los sucesos que inspiraron esa novela como por los detalles de técnica narrativa sobre los que se discute: personajes, estructura, manejo del tiempo en la ficción.

Responsable de la selección de textos y del prólogo del libro, Jorge Coaguila ha publicado otros libros similares con recopilaciones de entrevistas a Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce. En esta oportunidad ha añadido una completa bibliografía de entrevistas a MVLL publicadas en revistas y diarios peruanos, además de notas aclaratorias y un útil índice onomástico. Ya sea como autobiografía política o recopilación de confesiones literarias, estas Entrevistas escogidas resultan una lectura sumamente interesante.

Visite mi página dedicada a la obra de Mario Vargas Llosa.

Lo mejor del 2004

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Lo mejores libros peruanos del 2004, en orden de importancia y según los recuentos de fin de año de los principales críticos del medio.

Novela:
1 Casa. Enrique Prochazka (Lluvia Editores)
2 Casa de Islandia. Luis H. Castañeda (estruendomudo)
3 Pudor. Santiago Roncagliolo (Alfaguara)
4 Blues de un gato viejo. Oscar Málaga (Norma)
5 Maldita ternura. Beto Ortiz (Alfaguara)

Cuento:
1 Fábulas y antifábulas. César Silva Santisteban (PUC)
2 Un hombre flaco bajo la lluvia. Armando Robles (Matamalanga)
3 Enciclopedia mínima. Ricardo Sumalavia (PUC)
4 Parque de las leyendas. Carlos Gallardo (estruendomudo)
5 Cuentos completos. Carlos E. Zavaleta (USMP)

Poesía:
1 Javier Sologuren. Obras completas. Poesía (PUC)
2 Emilio A. Westphalen. Obra poética y ensayos (PUC)
3 Diario de la mujer es ponja. Doris Moromisato (Flora Tristán)
4 Desequilibrios. Jorge Frisancho (PUC)
5 Teorema de Yu. Enrique Verástegui (Arte/Reda)

No ficción:
1 La tentación de lo imposible. Mario Vargas Llosa (ensayo)
2 Libro de los espejos. Gregorio Martínez (crónica)
3 Muerte en el pentagonito. Ricardo Uceda (investigación)
4 La caza del cuento. Roberto Reyes (crítica)
5 Llámalo amor, si quieres. Toño Angulo (crónica)

Ceguera intelectual

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Mario Vargas Llosa. Diario de Irak (Aguilar, 2003)

A una Bagdad arrasada por los bombardeos y el vandalismo llegó, en junio del 2003, Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) con la finalidad de escribir una serie de crónicas para El País de España y otros importantes diarios. La visita duró dos semanas y dio origen a ocho polémicas crónicas que el autor reunió en el libro Diario de Irak (Aguilar, 2003) junto con otros artículos suyos sobre el tema. A un año de su publicación, y a la luz de las verdades que hoy conocemos acerca de la invasión de los norteamericanos y sus aliados a Irak, el libro se ha convertido en un innegable caso de "ceguera intelectual", ese peculiar síndrome de algunos escritores y pensadores cuyos rígidos esquemas mentales no les permiten ver las verdades más evidentes.

Lo primero que describe MVLl de Bagdad es el "activo comercio callejero" que ha convertido las calles de la capital iraquí en "un pletórico bazar... en el que los bagdadíes compran con avidez..." Sólo seis páginas más adelante el narrador se atreve a mencionar las huellas de la guerra: "Los ministerios y entes estatales lucen sus fauces abiertas y sus vientres vaciados por el impacto de las bombas estadounidenses... y por doquier aparecen las viviendas, locales y edificios saqueados y quemados en el gran aquelarre delictivo". La inversión del orden en que cualquier otro cronista hubiera presentado esos dos aspectos se debe a que la prioridad de MVLl en este libro era demostrar que la intervención militar fue, como se dice ya en el título del prólogo, "El mal menor" ante los graves problemas que atravesaba Irak.

Esa perspectiva más argumentativa que descriptiva rige estas crónicas en las el autor vuelve a apelar a la estructura dual de muchas de sus novelas para enfrentar aquellos elementos culturales que él considera negativos (tradicionales, pasatistas) con aquellos otros positivos que anuncian la "modernidad liberal". Así, a una fuerte crítica a la religiosidad musulmana ("Los creyentes") sigue una crónica en que se elogia, con un entusiasmo poco verosímil, las actividades académicas en la Universidad Nacional de Bagdad; al testimonio de un hombre torturado por los sicarios de la dictadura le sigue el de un escritor amante de la literatura occidental, autor de una obra inspirada en Shakespeare Y, por último, a la crónica dedicada a "Los Kurdos" le sigue una entrevista con Paul Bremer, "El Virrey" (así lo llama el escritor) norteamericano en Irak.

La alternancia entre lo malo y lo bueno es un recurso discursivo tan lícito como cualquier otro; pero el paso de un extremo valorativo a otro va acompañado en este caso de sospechosos cambios en los criterios de validez de la información. Sobre los excesos de los militares norteamericanos se dice: "hay rumores de que irrumpen en las casas y cometen tropelías con el pretexto de buscar armas. Intenté comprobar algunos de estos cargos, y siempre resultaron infundados". No se dice cómo realizó el escritor tan eficiente labor detectivesca; la que no juzga necesaria cuando se trata de, por ejemplo, la cifra de muertos y desaparecidos durante el gobierno de Hussein, más de seis millones de personas: "...me parece improbable. Pero no importa, estas exageraciones son más locuaces que los datos objetivos".

Hay muchos ejemplos de falta de imparcialidad en el libro, como cuando a Morgana Vargas Llosa, quien acompañó a su padre en este viaje en calidad de fotógrafa, le impiden hacer tomas de un lugar sagrado musulmán (en el que éstas están prohibidas), lo que para MVLl es una muestra de "fanatismo e incultura". Pero la mejor prueba de la poca objetividad del autor es que ha preferido acompañar las fotos de su hija no por las historias reales de los personajes y lugares retratados sino por ficciones que repiten los prejuicios del narrador y apelan de una manera demasiado evidente al sentimentalismo de los lectores. El rostro de una niña da pie a una historia en la que tres niños mueren por la explosión de una bomba casera fabricada por los terroristas.

Hoy sabemos que esas denuncias de abusos de los militares norteamericanos, que en este libro tan alegremente se desecharon, no sólo eran válidas sino que representaban apenas la punta de un iceberg de excesos y crímenes. Estemos o no de acuerdo con las ideas de su autor, con su fe ciega en las bondades de la democracia liberal, estas crónicas resultan de una superficialidad y maniqueísmo que difícilmente podemos encontrar en el resto de la amplia obra narrativa y ensayística vargasllosiana. Diario de Irak es por eso un libro que seguramente será más apreciado por los detractores y enemigos de MVLl que por sus admiradores y seguidores.

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