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La aldea encantada

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Abraham Valdelomar. La aldea encantada (Alfaguara, 2008)

El narrador y poeta iqueño Abraham Valdelomar (1888-1919) está considerado entre los fundadores de la literatura moderna en el Perú tanto por ser uno de los iniciadores del cuento como género literario en nuestro país, como por haberse constituido en uno de nuestros primeros escritores “profesionales”. Su prematura muerte, a los 31 años de edad, truncó una obra sumamente valiosa, pero también lo convirtió en un mito. La editorial Alfaguara, dentro de su Serie Roja (dirigida a los lectores jóvenes) acaba de publicar el libro La aldea encantada, una amplia antología de la obra de Valdelomar, con selección y estudio de los textos a cargo del crítico y miembro de la Academia Peruna de la Lengua Ricardo González Vigil.

El título de esta antología corresponde al de un proyecto frustrado de Valdelomar, un libro en el que pensaba reunir algunos de sus relatos más famosos, los conocidos como “cuentos criollos”, aquellos que remiten a su infancia pasada en la aldea de San Andrés (cerca de la ciudad de Pisco) y que están protagonizados por un niño que descubre, entre asombrado y asustado, los misterios de la vida y la muerte, del amor y la venganza, la realidad y la fantasía. RGV sostiene que esta “aldea encantada” de la infancia es el eje de las obras más importantes de Valdelomar y se contrapone a otro eje, el de la modernidad y el cosmopolitismo, que se manifiesta en sus obras menores, en las que prima el exotismo, lo irónico y lo grotesco: los cuentos “chinos” y “yanquis”, narraciones como La ciudad de los tísicos.

Acorde con esta elección RGV inicia su selección con una serie de textos autobiográficos en los que Valdelomar recuerda el mundo de su infancia: prosas, poemas, conferencias y la extensa y conmovedora carta que escribió a su hermana Jesús y que fue publicada en la revista Vesperal, en mayo de 1916, como el prólogo de libro “… La aldea encantada, que aparecerá en estos días”. Por supuesto, la segunda sección del libro está constituida por los cuentos criollos: “El caballero Carmelo”, “El vuelo de los cóndores”, “Los ojos de Judas”, “El buque negro”, etc. En las siguientes secciones se incluyen muestras de los otros tipos de relatos: cuentos andinos, cinematográficos, maravillosos, humorísticos,chinos y yanquis.

Un elemento importante en los libros de la Serie Roja de Alfaguara son los estudios sobre El autor y su obra. En esta oportunidad el ensayo de Ricardo González Vigil tiene más de 50 páginas, y en ellas el crítico analiza tanto la trayectoria vital como la obra literaria de Valdelomar, exponiendo sus propuestas acerca de los ya mencionados dos grandes ejes dentro de esta narrativa, y haciendo el deslinde entre el escritor real y su ya legendaria imagen pública de “dandy”. La aldea encantada cuenta además con un breve, pero sumamente interesante, prólogo del maestro Luis Jaime Cisneros, en el que reflexiona acerca de la prosa y el estilo de Valdelomar.


Otros textos sobre La aldea encantada: José Güich.

El autómata y otros relatos

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Xavier Abril. El autómata y otros relatos (PUCP, 2008)

Continuando con su labor de rescate de importantes obras literarias, la colección El manantial oculto, del rectorado de la Universidad Católica, acaba de publicar el libro El autómata y otros relatos, una recopilación de textos narrativos escritos por el peruano Xavier Abril (1905-1990). Más conocido por su poesía surrealista, Abril es autor de la “novela poemática” Hollywood (1931) y una serie de relatos que la crítica considera entre lo más destacado de la narrativa vanguardista peruana, junto con libros como La casa de cartón de Martín Adán o Escalas melografiadas de César Vallejo.

El autómata es una novela corta que Abril escribió entre 1929 y 1930 y de la que, por mucho tiempo, se conocieron apenas algunos fragmentos publicados en revistas. Tiene solo dos personajes, Sergio y su padre (el primero, el autómata, está encerrado en un manicomio; el segundo es un alcohólico), y ambos están en el umbral entre la vida y la muerte. En los ocho capítulos de la novela, el narrador omnisciente más que contar, describe esas extrañas agonías –desde el aspecto físico de los personajes hasta sus pensamientos y emociones– apelando a recursos netamente poéticos: “El aire serpentea la lengua de la llama que es una voz, tal vez la última palabra en la cueva de los ojos.”

En el estudio prologal de este libro, Xavier Abril y la experiencia de la vanguardia, el escritor Jorge Valenzuela (responsable de esta antología) afirma que esa “concatenación de imágenes”, a pesar de sus semejanzas con el fluir de la conciencia joyceano o la escritura automática surrealista, se diferencia por la “mediación conceptual e ideológica” del autor, su cuestionamiento de “los decadentes valores de la burguesía”. Abril recurre, como Breton en Nadja, al tópico de la locura, para describir “la conciencia errática y desintegrada de los retoños de esa clase social”. Hay que recordar que este escritor formó parte del grupo de intelectuales y artistas congregados por J. C. Mariátegui en torno a la revista Amauta.

Valenzuela ha rastreado en la obra de Abril, tanto en prosa como en verso, aquellos textos en los que se cumple con la diégesis, “narración de estados o acontecimientos en el tiempo, seguida de una transformación de la situación plateada en el inicio”. Por eso ha incluido en El autómata y otros relatos un capítulo completo de Hollywood –Prosas para una dama de Europa– y fragmentos de otros dos; así como Dos relatos (1930) y una Radiografía de Charles Chaplin (1929).
(Artículo publicado previamente en La República)


El libro Poesía soñada reúne la obra poética completa de Xavier Abril.
Otros textos sobre El autómata y otros relatos: Christian Elguera, Abelardo Oquendo.

Antología general de la traducción en el Perú

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Ricardo Silva-Santisteban. Antología general de la traducción en el Perú I. Prosa: siglos XVI-XIX (Universidad Ricardo Palma, 2007)

Además de escritor, traductor y miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua, Ricardo Silva-Santisteban (Lima, 1941) es responsable de algunos de los proyectos más interesantes de nuestro medio editorial, como la colección El Manantial Oculto, de la que nos ocupamos hace poco. Uno de estos proyectos editoriales, acaso el más personal de RSS, por fin se hace realidad para los lectores con el libro Antología general de la traducción en el Perú I. Prosa: siglos XVI-XIX, primer tomo de una amplia recopilación de textos traducidos al español por peruanos o extranjeros radicados en el Perú.

Al ser nuestro país consecuencia del encuentro de culturas producido por la conquista, esta antología se inicia acertadamente con una serie de relatos y testimonios originalmente escritos en quechua y traducidos por cronistas como Juan de Betanzos, Pedro Cieza de León o Cristóbal de Molina. La mayoría de estos textos se refieren al mundo prehispánico: su historia, costumbres y especialmente mitos, desde el de Manco Cápac hasta los recopilados en Dioses y hombres de Huarochirí, libro escrito por Francisco de Ávila en 1608 y traducido por José María Arguedas en 1966.

Los textos literarios aparecen con los Diálogos de amor de León Hebreo, escritos en latín y que el Inca Garcilaso de la Vega tradujo y publicó en 1586. Aquí se reproduce íntegramente el primero de esos diálogos, además de fragmentos de otros dos; así como traducciones anónimas de obras narrativas de Alfred de Musset y Washington Irving. En el campo del ensayo, se incluyen textos de Michel de Montaigne y Joseph Joubert (traducidos por Ignacio Noboa) y una extensa sección del Laocoonte de G.E. Lessing, en la versión de Nemesio Vargas (publicada en 1895), además de fragmentos de obras de Lamartine, Voltaire, Bossuet y Michelet.

Este primer volumen se inicia con el ensayo Sobre la traducción literaria, en el que RSS confiesa sus opciones personales para el ejercicio de esta actividad: privilegiar las imágenes y el sentido de los textos sobre la sonoridad, el ritmo del lenguaje y las traducciones "literales". Son opciones con las que no todos estarán de acuerdo, pero que están basadas en su constante trabajo como traductor, reconocido por libros como Stéphane Mallarmé en castellano (1998, tres tomos), El ciervo en la fuente (1990) y La música de la humanidad (1993), y las versiones en español de obras de Pound, Joyce y Shelley, entre otros.


Otros textos sobre Antología general de la traducción en el Perú: Abelardo Oquendo.

Colección minúscula

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Ricardo Sumalavia. Colección minúscula (Copé, 2007)

Radicado desde hace algunos años en Francia, Ricardo Sumalavia (Lima, 1968) es el escritor peruano más identificado con la narrativa breve, pues a sus tres libros de prosas y microrrelatos –Habitaciones (1993), Retratos familiares (2001) y Enciclopedia mínima (2004)– se suma su página web Gambito de peón, dedicada a la difusión del cuento breve en idioma español. Esta última labor debe ser el origen de su más reciente libro Colección minúscula. Cinco espacios de la ficción breve una amplia antología que reúne textos de 15 escritores hispanohablantes, diez de ellos peruanos.

En el prólogo, Sumalavia explica que en lugar de reunir a un gran número de autores, como hizo Giovanna Minardi en Breves, brevísimos, ha convocado a reconocidos escritores para que escojan, dentro de su propia obra, un conjunto de cuentos breves, en promedio unos 15 textos. Desde Carlos Eduardo Zavaleta (1928) hasta Mónica Belevan (1982), los seleccionados abarcan varias generaciones de escritores, destacándose aquellos que han publicado libros dedicados a la narrativa breve: Antonio Gálvez Ronceros (Historias para reunir a los hombres), Carlos Herrera (Crónicas del argonauta ciego) y Fernando Iwasaki (Ajuar funerario).

Los extranjeros convocados son el español José María Merino, el venezolano Luis Britto García y los argentinos Raúl Brasca, Ana María Shua y Andrés Neuman. Cada uno de ellos se presenta en un grupo con dos escritores peruanos (Gálvez Ronceros-Brasca-Iwasaki, por ejemplo) generándose así los "cinco espacios" mencionados en el título del libro. Lástima, Sumalavia no define ni delimita esos espacios; solamente dice que en ellos hay "algunas afinidades, preocupaciones estéticas que en algunos casos serán más obvias que en otros". Esta ambigüedad y la falta de propuestas acerca de la ficción breve y de los textos reunidos son los puntos débiles del breve prólogo y del libro en general.

El cuento corto es una forma narrativa de mucha actualidad, pues une la rapidez y la exactitud, dos de las propuestas de Italo Calvino para la literatura del tercer milenio. Gracias a la acertada selección de los autores, Colección minúscula se constituye en una muestra representativa de las diversas tendencias dentro de este género; tendencias que van desde el realismo y la temática social de los escritores de las generaciones del 50 y 60, hasta lo fantástico y libresco de los cuentos de Enrique Prochazka, César Silva Santisteban y Carlos Herrera.


Otros textos sobre Colección minúscula: adonde.com, El Comercio, José Güich, Abelardo Oquendo, Rocío Silva Santisteban, Giancarlo Stagnaro.
Entrevista: Carlos Sotomayor.

Memorias in santas

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Roxana Crisólogo y Miguel Ildefonso (comp.) Memorias in santas. Antología de poesía escrita por mujeres sobre la violencia política (Flora Tristán, 2007)

Roxana Crisólogo (Lima, 1966) y Miguel Ildefonso (Lima, 1970), dos poetas identificados con la generación del 90, son los compiladores y responsables de Memorias in santas. Antología de poesía escrita por mujeres sobre la violencia política, libro que ya ha generado fuertes polémicas en nuestro medio literario, tan proclive a este tipo de cosas. Y no por lo complejo o problemático del tema de la antología, sino por lo arbitrario de ciertas inclusiones y exclusiones.

Desde el prólogo, ambos antologadores confiesan ciertas carencias de su trabajo: "la ausencia de voces poéticas provenientes de las provincias, a simple vista puede considerarse una de las principales limitaciones..."). Y aunque dicen que han dejado a estas poetas ("las afectadas directamente por la violencia") para otra recopilación que harán "en un futuro próximo", la autora a la que aquí dedican más páginas es la puneña Gloria Mendoza Borda, presente con dos largos poemas, uno de ellos el testimonial Muchos años después Accomarca (14 de agosto de 1985. 69 campesinos muertos entre ellos 23 niños).

Algunos detalles parecen indicar que los compiladores cedieron el control de este proyecto a las instituciones que los financiaron: el Centro Peruano para la Mujer Flora Tristán, y Demus, Estudio para la defensa y los derechos de la mujer. De ahí el exceso (tratándose de un libro breve) de los tres prólogos: uno escrito por los compiladores, otro por Carmen Ollé (poeta e integrante del Centro Flora Tristán), y por último María Ysabel Cedano, abogada y directora de Demus, Y también la presencia dominante de las poetas de la generación del 80, relacionadas con esas instituciones. Textos de algunas de ellas son precisamente los cuestionados, y con razón, por los críticos Paolo de Lima y Gustavo Faverón en sus blogs literarios.

A esas objeciones hay que sumar que ninguno de los prólogos presenta aportes sustanciales al debate sobre las representaciones literarias de la violencia; o que, como ha señalado Abelardo Oquendo, el propio planteamiento de la antología mantiene una anacrónica "división de la poesía según el sexo de quienes la escriben". De todas maneras, Memorias in santas contribuye a llamar la atención sobre algunos poemarios de interés publicados recientemente, dentro del renacimiento post CVR de la producción literaria centrada en el tema de la violencia, como Ya nadie incendia el mundo de Victoria Guerrero o Las hijas del terror de Rocío Silva Santisteban.



Poetas antologadas en Memorias in santas: Patricia Alba, Montserrat Álvarez, Violeta Barrientos, Doris Bayly, Grecia Cáceres, Esther Castañeda, Rosella di Paolo, Mariela Dreyfus, Ericka Ghersi, Victoria Guerrero, Luisa Fernanda Lindo, Isabel Matta Bazán, Gloria Mendoza Borda, Doris Moromisato, Carolina O. Fernández, Cecilia Podestá, Dalmacia Ruiz Rosas, Milagros Salcedo, Rocío Silva Santisteban, Mary Soto y Rosina Valcárcel Carnero.

En internet se encuentran los prólogos de Ildefonso y Crisólogo y de Carmen Ollé.

Otros textos sobre Memorias in santas: Gustavo Faverón, José Güich, Paolo de Lima (con segunda parte), Abelardo Oquendo, Alessandra Tenorio.

Disidentes

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Gabriel Ruiz-Ortega. Disidentes. Muestra de la nueva narrativa peruana (Revuelta, 2007)

Si toda antología genera inevitablemente algún tipo de polémica, la de Gabriel Ruiz-Ortega, Disidentes. Muestra de la de la nueva narrativa peruana, básicamente una selección de cuentos (aunque incluye algunos fragmentos de novelas), lleva esa posibilidad hasta el extremo por varios motivos. En primer lugar porque el antologador no es un crítico ni un observador neutral, sino alguien que fácilmente podría figurar entre los antologados: escritor limeño (o al menos con un libro publicado en Lima) nacido después de 1974 y con un libro de narrativa publicado en los últimos 3 años. En el caso de Ruiz Ortega (Lima, 1977) ese libro es su también polémica novela La cacería (2005).

En segundo lugar están los criterios de la selección, pues a los ya mencionados (¿por qué sólo escritores limeños o publicados en Lima?) se suma la opción por un cierto tipo de narrativa que se aleje del “realismo sucio”, heredero de Bukowski y de Reynoso, que para Ruiz-Ortega “fue la tendencia narrativa que imperó mayoritariamente en los noventa” (como ha señalado Abelardo Oquendo, en la prosa de Ruiz-Ortega abundan los errores de redacción). En otras palabras, de esta “muestra de la nueva narrativa peruana” quedan excluidos, sin importar la calidad de sus relatos, autores como Diego Trelles (Lima, 1977), Julio César Vega (Lima, 1976) o Sergio Galarza (Lima, 1976).

Ruiz-Ortega enfoca entonces su trabajo sólo en un sector limitado de nuestra narrativa joven, en aquellos autores “disidentes” del realismo sucio de los años 90 (¿no es más bien el realismo sucio una disidencia ante la narrativa tradicional?) y que han publicado sus primeros libros en editoriales también jóvenes. El primer grupo de estos autores es el vinculado a la editorial estruendomudo: Luis Hernán Castañeda (1982), Johann Page (1979), Edwin Chávez (1984). A ellos se suman Alexis Iparraguirre(1974) y Carlos Gallardo (1983), aunque este último ha sido inexplicablemente excluido de la antología. Son autores con propuestas claramente vinculadas y signadas, según Ruiz-Ortega, “por la exploración de un mundo poquísimas veces tratado en nuestra literatura: el mundo del escritor y su acto creativo”.

Otro grupo de antologados es el de aquellos autores que para marcar su disidencia con respecto a la narrativa peruana de los 90 “se han valido de fuentes literarias foráneas como base principal de sus trabajos": Christopher van Ginhoven (1979), Ezio Neyra (1980), Claudia Ulloa (1979) Carlos Yushimito (1977), Susanne Noltenius (1974) y Augusto Effio (1977). Un tercer grupo es el de aquellos narradores que han logrado crear un “vitalismo con sentido” mediante “el uso inteligente del humor, la mirada introspectiva y un marcadísimo cuidado por el lenguaje”: Víctor Falcón (1979), Pedro Llosa (1975), Miguel Ruiz (1977), Antonio Moretti (1977) y Leonardo Aguirre (1975). Menos fáciles de ubicar en alguna tendencia resultan Daniel Soria, Juan Manuel Chávez (1976), Daniel Alarcón (1977), Santiago Roncagliolo (1974) y Marco García Falcón (1970).

No obstante nuestros reparos, Disidentes tiene la gran virtud de llamar la atención sobre la interesante renovación que se está produciendo en la narrativa peruana, y sobre la gran cantidad de novelas y libros de cuentos que están publicando nuestros escritores jóvenes. Y si bien se le puede cuestionar a Ruiz-Ortega tanto las ausencias de algunos narradores como las marcadas deficiencias del prólogo y exageraciones de las breves notas de presentación de cada autor, hay que reconocer su competencia como lector, pues la mayoría de los textos que ha seleccionado son de calidad ya reconocida (relatos ganadores de premios literarios, cuentos incluidos en libros bastante comentados) y verdaderamente “antologables”.


Otras reseñas de Disidentes: Alonso Cueto, La vaca profana, Jack Martínez y Abelardo Oquendo además de la entrevista y la serie de artículos (1, 2, 3, 4, 5) de Francisco Ángeles en la revista virtual El Hablador. Gabriel Ruiz-Ortega tiene un blog llamado La fortaleza de la soledad.

El pacto con el diablo

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Miguel Gutiérrez. El pacto con el diablo. Ensayos 1966-2007 (San Marcos, 2007)

El reconocido novelista Miguel Gutiérrez (Piura, 1940) es también un muy buen ensayista y crítico literario. Se inició en esta actividad en los años 60, con una serie de polémicos artículos publicados en la revista del Grupo Narración y escritos desde una perspectiva estrictamente marxista. Este enfoque llegaría a su punto más radical en Generación del 50. Un mundo dividido (1988), balance del aporte de ese grupo de escritores e intelectuales peruanos. Desde entonces Gutiérrez ha publicado una decena de libros de crítica literaria, a los que ahora se suma su antología personal El pacto con el diablo. Ensayos 1966-2007.

Son 27 los textos reunidos en esta antología, y la mayoría de ellos analizan una novela, la obra de una novelista o la producción de novelas en un cierto contexto histórico. De ahí que las secciones más extensas del libro estén dedicadas a novelistas peruanos y extranjeros, respectivamente. En la primera figuran ensayos sobre Joyce, Kafka, Onetti y Faulkner; en la segunda sobre Arguedas, Ribeyro, Vargas Llosa, Bryce y un buen número de autores de las siguientes generaciones. En la tercera y última se incluyen textos más personales, en los que Gutiérrez reflexiona sobre su propia narrativa.

Destacan claramente en el conjunto los dos extensos ensayos dedicados a la Narrativa de la guerra, ( I: 1980-2006, II: La novela (1ra parte) y II: La novela (2da parte) ) que ocupan 90 de las 560 páginas del libro. Gutiérrez realiza en ellos un informado y detallado balance de los cuentos y novelas que hacen referencia a "la guerra interna... de la década del 80 y primeros años del 90". No falta el análisis de las novelas más exitosas y reconocidas (La hora azul y Abril rojo), pero la opción del ensayista es por libros como Rosa Cuchillo de Oscar Colchado, Retablo, de Julián Pérez, y dos que él califica de marginales: Incendiar la ciudad de Julio Durán y Ciudad enferma de Rafael Inocente.

El pacto con el diablo es un amplio y acertado resumen de la trayectoria ensayística de Miguel Gutiérrez, pues reúne sus textos más polémicos –Mito y aventura en La casa verde, Ribeyro y su poética del cuento– con aquellos otros de madurez, en los que lo ideológico se armoniza mejor con lo literario, como en La novela, un fabular incesante. Además, estos ensayos proporcionan valiosas claves para entender la propia obra narrativa de Gutiérrez. Es el caso de Esteban Dédalus, un héroe transgresor, texto que no puede dejar de relacionarse con los temas y personajes de la novela El viejo saurio se retira (1969).


En internet se puede leer el prólogo del libro, además de los ensayos Narrativa de la guerra I: 1980-2006, Narrativa de la guerra II: La novela (1ra parte) y Narrativa de la guerra II: La novela (2da parte). También las reseñas de Ricardo González Vigil, Olga Rodríguez y Carlos Villanes; y las entrevistas de Gonzalo Pajares y Carlos M. Sotomayor con Miguel Gutiérrez.

Lo mejor del 2006



Hay consenso en que los libros más importantes publicados durante el 2006 en nuestro país son Guerra a la luz de las velas de Daniel Alarcón y Travesuras de la niña mala de Mario Vargas Llosa. El primero es seguramente el más auspicioso debut literario en muchos años; el segundo la ratificación de la calidad de la obra de uno de nuestros mayores narradores del siglo XX.

La lista que sigue no es precisamente de los mejores libros del año (eso siempre queda a criterio personal), pero sí de los más importantes, los que recibieron más comentarios y elogios de la crítica.


Novela:

1 Travesuras de la niña mala. Mario Vargas Llosa (Alfaguara).

2 El fondo de las aguas. Peter Elmore (Peisa).

3 Abril rojo. Santiago Roncagliolo (Alfaguara).

4 La segunda visita de William Burroughs. Carlos Calderón Fajardo (F.E. de San Marcos).

5 Órbitas. Tertulias. Mirko Lauer (Hueso Húmero).



Cuento:

1 Guerra a la luz de las velas. Daniel Alarcón (Alfaguara).

2 Danzantes de la noche y de la muerte. Edgardo Rivera Martínez (Alfaguara).

3 El pez que aprendió a caminar. Claudia Ulloa (estruendomudo)

4 El mascarón de proa. José Güich (Mesa Redonda)

5 El sentido de los límites. Carlos Schwalb Tola. (RSE)



Poesía:

1 Banderas detrás de la niebla. José Watanabe (Peisa)

2 Hospital. Pablo Guevara (San Marcos)

3 Aunque es de noche. Marco Martos (Hipocampo)

4 Simulación de la máscara. Tulio Mora (Hora Zero)

5 Octubre. Manuel Fernández (estruendomudo)



Antologías, obras completas, ensayo:


1 Toda la sangre. Gustavo Faverón, compilador (Matalamanga)

2 Poesía soñada. Xavier Abril (F. E. de San Marcos)

3 Cinco historias de mujeres y otra sobre Tamara Fiol. Miguel Gutiérrez (F. E. del Congreso)

4 En la comarca oscura. Chueca, Güich y López Degregori (U de Lima)

5 Narrativa completa. Clemente Palma (Rectorado de la U. Católica)


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Cinco historias de mujeres y otra sobre Tamara Fiol


Miguel Gutiérrez. Cinco historias de mujeres y otra sobre Tamara Fiol (FEC, 2006)

Miguel Gutiérrez (Piura,1940) ha escogido a los personajes femeninos de sus novelas como eje del libro Cinco historias de mujeres y otra sobre Tamara Fiol, una antología personal que reúne fragmentos de seis novelas y que abarca más de 40 años de su producción literaria. El más antiguo de los textos seleccionados es Monólogo de Blanca –fragmento de su primera novela El viejo saurio se retira (1968), ambientada en la Piura de los años 60–, en que el autor reproduce, sin interrupciones de ningún tipo ni signos de puntuación, el peculiar discurso de una solterona ante su amante secreto, un adolescente que además es su sobrino.

Este monólogo –que ya fuera incluido, con el título de Ejercicios espirituales, en la antología Narrativa peruana 1950/1970 (1973)– anuncia varias de las características de los relatos incluidos en el libro. En primer lugar, que se trata de textos “completos” (no editados) que cuentan la historia de algún personaje femenino. También el carácter transgresor de estas mujeres que “desbordan las convenciones del género y se apartan del estereotipo fijado por la sociedad para ellas”, como se afirma en el prólogo del libro. Y, por último, que estos textos demuestran la versatilidad y el dominio de las técnicas narrativas alcanzados por Gutiérrez en sus novelas.

Del monólogo faulkneriano se pasa al romancero popular con el relato El cantar de la Zarca, “una de las historias más admirables que podamos hallar en la narrativa peruana y latinoamericana” (según el crítico Ricardo González Vigil), extraído de la novela La destrucción del reino (1992). Aquí se cuenta la vida de una mítica piurana, una “capitana de bandoleros” conocida como la Zarca por el color azul de sus ojos, desde su nacimiento en un establo (amamantada por una chiva y una cerda) hasta su muerte a manos del bandolero Carmen Domador, su rival y amante. Toda la narración se hace siguiendo y comentando las coplas de un anciano trovador popular.

Con esta historia de violencia social y trasfondo histórico ya estamos en el universo narrativo más propio a Gutiérrez, el que alcanzó su mejor expresión en La violencia del tiempo (1991), considerada en una encuesta entre escritores, editores y críticos como la más importante de la literatura peruana del decenio de los 90. De ese libro se extrae La leyenda de Visitación Cabrera, ambientada también en Piura, pero en los años de la ocupación chilena. Además, la antología incluye los relatos El acompañante insólito de Babel, el paraíso (1993); y Muerte de Xóchitl, de El mundo sin Xóchitl (2001), aunque este último se salga de las propuestas del libro, pues su verdadero protagonista es Wenceslao, hermano y amante de la adolescente Xóchitl.

Cierra el libro el relato Juventud de Tamara, fragmento de la novela inédita Confesiones de Tamara Fiol, que cuenta, a partir de una conversación telefónica, la vida de una izquierdista y feminista limeña. Formalmente mucho menos lograda (se nota que aún está en etapa de corrección), el interés de esta historia parece radicar en las revelaciones acerca de conocidas personalidades de la izquierda peruana. Cinco historias de mujeres... es una buena antología y una destacable contribución del Fondo Editorial del Congreso a la difusión de la narrativa de Miguel Gutiérrez, escritor reconocido por la crítica (más allá de toda polémica literaria) como uno de los mayores novelistas peruanos de la actualidad.

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Breves, brevísimos


Giovanna Minardi. Breves, brevísimos (Santo Oficio, 2006)

La investigadora italiana Giovanna Minardi (Palermo, 1958) continúa sus controvertidas aproximaciones al cuento peruano con el libro Breves, brevísimos. Antología de la minificcion peruana, un recuento de obras y autores relacionados con este peculiar género. Y aunque Minardi hace referencia repetidas veces a la “escasa atención que ha merecido este género literario en el Perú”, su antología logra reunir más de un centenar de textos tanto de autores esenciales de la historia literaria peruana (el Inca Garcilaso, Palma, Vallejo, Valdelomar, Ribeyro, Arguedas) como de escritores de la actualidad: Luis Loayza, Guillermo Niño de Guzmán, Fernando Iwasaki, Carlos Herrera, entre otros.

Para pasar de la escasa producción a la abundancia de textos y autores (casi 50) seleccionados, Minardi apela a varios recursos. Uno de ellos es extraer relatos breves insertos en libros mayores, como la historia de Pedro Serrano que el Inca Garcilaso interpola en sus Comentarios reales. Otro recurso es la inclusión de textos que no corresponden exactamente a la definición de cuento corto: un par de Prosas apátridas de Ribeyro; poemas o fragmentos de poemas, como los dos de Antonio Cisneros extraídos del poemario Como higuera en un campo de golf; una breve sección dedicada a la Literatura oral popular y hasta “chistes” de temática erótica, como “Escuchando tras la pirca”, de Sócrates Zuzinaga.

Pero lo más sorprendente es el carácter de inéditos de muchos de los textos seleccionados. Al parecer Minardi ha solicitado a un grupo de escritores, amigos o conocidos suyos, que le proporcionen cuentos breves expresamente para ser incluidos en el libro. Una práctica poco ortodoxa, tratándose de una antología que quiere abarcar toda la historia de la literatura peruana; y que se comprueba en la sección Dialogando con los escritores, en la que 12 de los antologados –en su mayor parte autores de textos inéditos– responden a tres preguntas sobre minificción.

Como consecuencia de esa práctica, hay en la antología ausencias inexcusables, como la de Ricardo Sumalavia, actualmente uno de los más importantes y entusiastas impulsores del cuento breve en nuestro país, tanto por la calidad de su labor creativa –su libro Enciclopedia mínima (2004) está integrado únicamente por cuentos cortos, muchos de ellos “antologables”– como por la difusión de este tipo de textos que realiza en su blog Gambito de peón. A esta notoria ausencia se pueden sumar muchas otras. Señalaríamos las de Gamaliel Churata, Gregorio Martínez y Enrique Prochazka.

En el prólogo, el ensayo Ars breve, vita longa (también breve), Minardi da algunas características de lo que ella considera minificciones: textos de una extensión menor a 500 palabras y que puedan ser catalogados como cuentos, relatos, parodias, aforismos, parábolas, greguerías o adivinanzas; una definición demasiado abierta y que incluiría casi cualquier prosa breve. Salvo por el valor de algunos de los autores y textos antologados, Breves, brevísimos resulta un libro sumamente cuestionable y que no contribuye a recuperar la imagen de Minardi de la polémica académica generada en torno a su libro La cuentística de Julio Ramón Ribeyro (2002).

Toda la sangre (2)


Gustavo Faverón. Toda la sangre (Matalamanga,2006)
(Hemos recibido el siguiente ensayo del sociólogo Félix Reátegui, que continúa el debate sobre Toda la sangre)


Culturalistas, revisionistas, negacionistas
Félix Reátegui

No resulta sencillo entender algunas de las reacciones que ha suscitado la antología de narrativa sobre la violencia, Toda la sangre, y en particular la introducción a ella escrita por Gustavo Faverón. El escritor Oswaldo Reynoso calificó este texto de tendencioso durante una presentación del libro, y ha repetido esa opinión en la Feria del Libro de Santiago. Pero no dijo con todas sus letras cuál era esa tendencia que le parecía objetable. Algo de ello dejó insinuado con el uso de términos como «guerra popular» y «presos políticos» para referirse al conflicto armado interno iniciado por Sendero Luminoso y a los presos de esa organización, respectivamente. Tendencioso por hablar de violencia política; tendencioso por traslucir una reprobación moral sin ambages al senderismo. ¿Soportará el adjetivo —tendencioso— ese contenido? Supongo que sí, si es que se finge hablar o escribir desde una cámara de vacío moral.

Un reseñador que escribe con seudónimo echa en cara al texto de Gustavo no se sabe exactamente qué. Si uno lee con paciencia hasta el final —hay que sortear, en el camino, un empleo un poco fetichista de términos como «prácticas discusivas», «instancias de emisión», «lugar de enunciación», «identidad textual», «postura enunciativa hegemónica»— puede intuir, más o menos, que el quid del asunto es éste: el prologuista ha incurrido en una irresponsabilidad intelectual al partir desde un marco teórico culturalista para llegar, al cabo, a sostener posturas favorables a una democracia universalista. El reseñador no termina de hacer explícita su postura —porque no quiere o porque se enreda en su esforzada hybris terminológica—: ¿estamos ante un presunto tropiezo intelectual de Gustavo: el no haber empleado bien su marco teórico? ¿O ante una postura política recusable: el no situar el desenfreno homicida senderista en un contexto histórico que lo absuelva de responsabilidad, o el no plantear la equivalencia moral entre el totalitarismo y el ciertamente injusto régimen democrático?

La primera posibilidad es iluminadora: echa luces sobre ciertos estilos de pensamiento bastante acartonados y, uno hubiera creído, ya dejados atrás, aquellos para los cuales un marco teórico no es tal —un ambiente para plantearse cierto tipo de preguntas y no otras; para plantear con una lógica determinada, y no otra, las relaciones entre ciertos fenómenos— sino un cajón de respuestas listas para usar. Según el reseñador, el apelar a Raymond Williams y a Edward Said (se le escapó, en su cacería onomástica, el nombre de Fredric Jameson, que también asoma por ahí sin estar escrito: hay que fijarse en las ideas, no en los nombres) debería haberlo conducido de la mano a un razonamiento y a una conclusión: el señalamiento de «las prácticas obscenamente abstractas y alienantes del Estado peruano». La pregunta sería, entonces, para qué darse el trabajo de pensar y de leer si todo ya está previsto en la teoría. Esta anécdota, creo yo, solamente ilustra la tenacidad del estilo de razonamiento de los pseudomarxistas de hace décadas: esos para quienes bastaba nombrar a Marx para saber qué decir sobre cualquier problema o circunstancia. Ahora, resulta que el culturalismo —que según cree el reseñador sustituye a la categoría de clase por la de cultura en el análisis del conflicto— es para ellos la fase superior del marxismo-harneckerismo. (Eso es lo malo de discutir con seudónimos: de repente me equivoco y el reseñador es un jovencito que jamás ha oído hablar de los clásicos de la editorial Progreso y que ha reinventado por sí solo la tradición del pensamiento ready-made. Datos en contra de esta hipótesis: el uso de la palabra supérstite, que ya era huachafa cuando la usaba el, por lo demás, excelente escritor José Carlos Mariátegui).

Desde luego, llegados a esto, ningún emprendimiento intelectual tendría que ser juzgado sobre la base de sus razones. El intelectual es sobre todo un guerrero. Vive bajo el hechizo de la «undécima para Feuerbach» (perdonen los que tengan menos de treinta y cinco años: son asuntos ya viejos). Y, por eso, la descalificación al prólogo de Toda la Sangre recala en dos momentos en lo siguiente: «para ser consecuente, Faverón no podía pasar por alto...»; «un crítico cultural consecuente extraería la explicación obvia...» (de pasada: si es obvia, ¿para que la tendría que extraer?). La palabra consecuente ya vive en los dos mundos: suena a propiedad lógica, pero está impregnada de pragmática: convierte su propia pragmática en lo lógico: es ideología. Pone en acto un oxímoron interesante: la militancia intelectual. Implica además un chantaje que, por fortuna, sólo funciona para los que tienen espíritu gregario: o eres consecuente o te vas. Hace décadas Lészek Kolakowski expuso magníficas razones para irse en su extraordinario, y en ese momento valiente, «elogio de la inconsecuencia».

El culturalismo —todavía no sé si el término es de uso habitual como equivalente de «estudios culturales»— sería entonces una estrategia de guerra. Y esa percepción, en apariencia, tendría alguna justificación. ¿No fue, acaso, Edward Said un guerrero cultural? Sí, claro; pero sus libros no nos enseñan qué decir sino qué preguntar: nos prometen un método de lectura. El crítico literario, que antecedió en Said al estudioso de la cultura, lo salvó del dogmatismo y permitió que su impugnación del etnocentrismo fuera una tarea creativa: ¿no son sus lecturas de Austen o de Conrad ejercicios interpretativos de primera fila, no son buenas lecciones de esa lectura línea por línea que reclamaba (el fascista) Pound? ¿No será que el crítico de la cultura debería tener como primer mandamiento el saber leer por sí mismo antes que preocuparse por ser consecuente?

Pero, si, como parece, al reseñador anónimo no le interesan tanto las ideas cuanto la derivación estratégica de éstas, ¿de qué estamos hablando? Estamos hablando, según la reseña, de que no se debería «soslayar que la violencia de Sendero se superpone al proceso de disolución de los vínculos tradicionales familiares que la civilización europea y su avatar anglosajón han efectuado del modo más efectivo». O sea, una lectura adecuada del material literario sería la que apelara a ese historicismo rígido: Sendero Luminoso es el producto mecánico —y, por mecánico, ¿inocente? ¿necesario?— de la historia del Perú. Estamos hablando, también, de que, para ser correcta, una lectura de ese material tendría que poner al costado de cada mención de Sendero Luminoso una mención de los crímenes cometidos por el Estado peruano. ¿Para qué? ¿Para lograr una neutralización de los efectos?, ¿para escenificar en el texto otro de esos pactos de impunidad, de mutua absolución, que los actores armados suelen contraer después de haber utilizado a la gente como carne de cañón, pactos después de los cuales los sobrevivientes se ven obligados a votar por alguno de sus verdugos de ayer? Sólo de una manera muy interesada se podría decir que la antología y el texto que la precede toman algún partido por el Estado en cuanto agente violador de derechos humanos. Ni siquiera toman partido por él en cuanto representante de un orden social deseable. Dice Gustavo: «Los políticos peruanos han probado en el último proceso electoral que para ellos el fin de la guerra no es sino una autorización para volver al viejo orden, como si nada en absoluto hubiera sucedido». Si acaso, toma partido, creo yo, por los derechos de las personas, por eso que el reseñador llama despectivamente «ciudadanía occidental y moralidad universalista». Es, por lo demás, el mismo partido que evidentemente toma el texto que escribí como epílogo del mismo libro y que el reseñador ha encontrado interesante, cosa que agradezco y al mismo tiempo me desconcierta: ¿será, acaso, que lo que le molesta no es la moral universalista sino que desde el culturalismo se piense una moral universalista?

¿Desde qué punto de vista puede ser esa toma de partido deleznable? ¿Desde qué punto de vista analizar los colapsos provocados por Sendero Luminoso equivale a escribir desde «la cultura hegemónica opresora»? ¿Desde qué ángulo es que resulta objetablemente tendencioso llamar a la violencia, violencia, y no guerra popular?

Yo hubiera creído que más bien era cierto lo contrario. ¿Cómo llamamos a los asesinatos, a las masacres, al sometimiento de niñas a servidumbre sexual practicado por Sendero Luminoso? ¿Aceptamos todo eso en nombre del devenir histórico? ¿O las anulamos, como en una ecuación algebraica, poniendo a su lado los horrores imperdonables cometidos también por el Estado? Parecía imposible que alguien propusiera esto último; pero no hay que olvidar que tras un horror humanitario viene el reconocimiento y que muchas veces, tras el reconocimiento, vienen el revisionismo y el negacionismo. Los combates por la memoria tienen varios frentes, o tal vez sólo uno: el de los elitistas y los conservadores de derecha y de izquierda para los que la vida de cierta gente siempre valdrá menos que una robusta curva de utilidad marginal o que una frase con esdrújulas.

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Toda la sangre


Gustavo Faverón. Toda la sangre (Matalamanga,2006)

La lectura de los 19 relatos reunidos por el crítico Gustavo Faverón (Lima, 1966) en Toda la sangre. Antología de cuentos peruanos sobre la violencia política (Matalamanga, 2006) no puede dejar de conmovernos, tanto por la naturaleza de los sucesos contados (los más crueles asesinatos y masacres) como por ser el testimonio de una época cercana, pero tan difícil y problemática que muchos prefieren olvidarla.

A la estrecha relación entre realidad y literatura, hay que sumar los inevitables vínculos que se establecen entre los textos con sus autores (sus opciones y trayectoria política), con los acontecimientos históricos posteriores (los textos abarcan más de 30 años) y hasta entre las propias ficciones.Los dos cuentos más antiguos son, en ese sentido, ejemplares. En Una vida completamente ordinaria Miguel Gutiérrez (Piura, 1940) narra el encuentro y enfrentamiento entre dos militantes izquierdistas de diferentes generaciones, el más joven y radical de ellos llamado Saúl Lobato (S.L.). Por su parte, Hildebrando Pérez-Huarancca (Ayacucho, 1948) entrega en La oración de la tarde una historia simbólica: para atrapar a un peligroso puma los campesinos queman una pradera y también a los inocentes animales que en ella viven. Pérez Huarancca se convertiría después en un importante mando de SL y fue, según algunos, el responsable de la matanza de Lucanamarca. Su azarosa vida inspira el cuento Vísperas de Luis Nieto Degregori (Cusco, 1955).

Faverón ha reunido a representantes de más de tres generaciones de escritores, desde Carlos Thorne (Lima, 1924) hasta Sergio Galarza (Lima, 1975), tanto “criollos” como “andinos”: Carlos E. Zavaleta, Óscar Colchado, Jorge E. Benavides, Pilar Dughi, Dante Castro, entre otros. Los textos seleccionados van desde relatos de unas pocas páginas (El mural de Oswaldo Reynoso, El departamento de Fernando Ampuero) hasta novelas cortas como Adiós, Ayacucho de Julio Ortega, El muro de Berlín de Rodolfo Hinostroza y Pálido cielo de Alonso Cueto, ficciones que muestran la diversidad de las aproximaciones de la narrativa a la violencia política.

Aunque en la selección ha primado la calidad literaria (la mayoría de los relatos destacan claramente en los libros en que fueron publicados originalmente), en el prólogo –el ensayo El precipicio de la afiliación–el antologador reflexiona con rigor y solvencia sobre algunas de las constantes temáticas de estas ficciones: los quiebres generacionales, la presencia del marxismo en las aulas (“los educadores armados”) y la “metáfora del escritor como un observador solo parcialmente distanciado”. A manera de colofón se presenta el ensayo Violencia y ficción, mirar a contraluz del sociólogo Félix Reátegui, coordinador del Informe Final de la CVR.

Por su naturaleza, este libro seguramente generará controversias y polémicas. A pocos días de su presentación, ya las inició el crítico estadounidense Mark Cox, autor de la antología El cuento peruano en los años de la violencia (2000), para quien esta narrativa es indesligable de un cierto “boom de la narrativa andina que comienza en la década del 80”. Mucho más amplia y panorámica que antologías similares previamente publicadas, Toda la sangre es el testimonio de una época y una valiosa recopilación de algunas de las propuestas más interesantes de la narrativa peruana de los últimos decenios.



En internet se pueden leer dos cuentos incluidos en esta antología:La noche de Morgana de Jorge Eduardo Benavides y La casa del cerro El Pino de Oscar Colchado.


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Antología de la poesía griega del siglo XX


Rigas Kappatos. Antología de la poesía griega del siglo XX (PUC, 2006)

El siglo XX ha sido uno de los más agitados y convulsos de los más de 3,000 años de historia griega: invasión turca, guerras mundiales, enfrentamientos políticos. A pesar de ello, o como consecuencia, la literatura griega, especialmente la poesía, ha tenido en ese periodo una de sus más brillantes épocas. Así lo muestra la Antología de la poesía griega del siglo XX (PUCP, 2006) realizada por los escritores y traductores Rigas Kappatos (Grecia, 1934) y Carlos Montemayor (México, 1947), libro que reúne a más de 30 poetas, entre ellos los muy reconocidos Cavafis, Seferis y Elytis.

Para Kappatos y Montemayor la obra de Constantino Cavafis (1853-1933) "es el primer manifiesto de algo nuevo en la poesía griega", tanto por su temática intimista y cotidiana (que supera a la grandilocuencia y retoricismo vigentes) como por su opción por el griego demótico, más popular y difundido que el cataverusa, dominante en la literatura griega del s. XIX. Cavafis es considerado uno de los poetas europeos más originales e importantes de la primera mitad del s. XX, y a partir de su ejemplo, los poetas griegos de la siguiente generación, de los movimientos de vanguardia, continuó escribiendo en griego demótico, contribuyendo a convertirlo en idioma oficial.

En esa generación destacaron los poetas Costas Cariotakis (1896-1928), cuya obra se compara aquí con la de César Vallejo; Andreas Embiricos (1901-1975), introductor del Surrealismo en Grecia; y Giorgos Seferis (1900-1971), Nobel de Literatura 1963 y autor de una poesía que "teje la realidad y el mito, desde Homero hasta ahora...uniendo los cabos perdidos de la historia griega". Estrechamente vinculados a este grupo de escritores, algo más jóvenes, se encuentran Yannis Ritsos (1909-1990) y Odiseo Elytis (1911-1996), cuya obra es presentada como "una de las más complejas, íntimas y profundas cosmogonías que se han escrito en idioma griego". Elytis también obtuvo el Nobel, en 1979.

A partir de los textos seleccionados es posible distinguir otras dos líneas constantes en la poesía griega del s. XX. Una de ellas es la "social", inicialmente de orientación marxista, representada por escritores como Costas Várnalis (1884-1974), Miltos Satjuris (1919-2005) y Clitos Kyru (1920). La otra, no señalada por los antologadores, está constituida por poetas de vocación popular, que escriben en lenguaje sencillo y sin artificios. En esta línea están María Poliduri (1902-1930), Nikos Cavadías (1910-1975), Tasos Corfis (199-1994) y otros, incluyendo al propio Kappatos, con sus poemas sobre la vida de los marinos en alta mar.

Además de las notas bio-bibliográficas individuales, Montemayor y Kappatos (traductor al griego de Vallejo y Lorca) son autores de un extenso estudio introductorio al libro, en el que no solo presentan la poesía de cada uno de los antologados; también recorren la evolución del idioma griego y sus dialectos desde la antigüedad clásica hasta ahora, destacando la importancia que en esta evolución siempre ha tenido la expresión literaria. Aunque solo abarca hasta autores nacidos alrededor de 1940 (correspondientes a nuestra generación del 60) y obras publicadas en los 70, esta antología es una vasta y completa panorámica de la valiosa poesía griega del siglo pasado.

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Las tres estaciones


Oswaldo Reynoso. Las tres estaciones (INC, 2006)

Con el libro de cuentos Los inocentes (1961), el escritor Oswaldo Reynoso (Arequipa, 1931) creó “un estilo literario nuevo: la jerga popular y la alta poesía reforzándose, iluminándose” (José M. Arguedas). Ese estilo, unido a la temática adolescente y la descripción realista de la vida de los sectores urbanos más pobres, se convirtieron en elementos esenciales de la primera etapa de su obra, que incluye las novelas En octubre no hay milagros (1965) y El escarabajo y el hombre (1970), además de una serie de relatos y hasta una novela -Los Kantus- que no llegaron a publicarse. Reynoso ha revisado y actualizado parte de ese material inédito y lo entrega finalmente a los lectores en el libro Las tres estaciones (INC, 2006).

Son cuatro los relatos aquí reunidos y en tres de ellos el protagonista es Leonardo, un joven cuyos inicios como poeta coinciden, en la Primera estación, con su toma de conciencia social. El levantamiento del pueblo arequipeño contra las autoridades corruptas es el telón de fondo de los primeros reconocimientos que recibe Leonardo por su poesía y de su ingreso a una célula de jóvenes marxistas. La misma estrategia, de combinar la historia del protagonista con la narración de “movimientos populares” se repite en la breve Segunda estación, que retrocede hasta 1948, y también en la Tercera estación, ambientada en la ciudad de Huamanga.

En estos relatos encontramos el creativo trabajo con el lenguaje de Reynoso, tanto en los diálogos (que reproducen con acierto el habla coloquial) como en las descripciones, basadas en metáforas y símiles de aliento poético. También las semejanzas entre la vida de Leonardo y la del autor, señaladas por Tulio Mora en el prólogo del libro. La Tercera estación, que parte de personajes -la señorita Josefina y el joven “Huallpa Sua”- de la novela inédita Los Kantus, de los fragmentos que Reynoso dio a conocer en 1967, nos permite vislumbrar el tipo de actualización realizado: se han priorizado los aspectos épicos, a la vez que se han disminuido los diálogos y los abundantes términos en quechua del texto original.

A diferencia de estos tres primeros textos, demasiado fragmentarios e inconexos El triunfo, el último, sí es un cuento redondo y que puede leerse en forma independiente. En él, un joven marginal limeño le cuenta a Leonardo, en un extenso monólogo, su azarosa vida: la infancia marcada por la pobreza (su padre es un dirigente político encarcelado) y su experiencia como parte de un grupo de adolescentes que se prostituyen con homosexuales. Un proceso de degradación que afecta a todo su entorno social, sus vecinos y amigos de infancia -incluyendo a Alicia, la vecina de la que siempre estuvo enamorado-, pero del que finalmente logra evadirse.

Así, con esta vuelta a los personajes, temas y ambientes de Los inocentes, Reynoso continúa en ese afán, señalado por el crítico Gustavo Faverón en un ensayo sobre la novela El goce de la piel (2005), de cerrar el círculo de su obra: otra vez las pandillas y la violencia urbana, los rituales iniciáticos de la adolescencia, la homosexualidad. Pero El triunfo es más bien un relato simple y lineal, sin las complejidades ni la riqueza de contenidos de aquella novela. En general, Las tres estaciones aporta poco al conjunto de la obra de Reynoso; aunque sí resulta un merecido homenaje para un autor que es referente ineludible en el desarrollo de la narrativa realista en nuestro medio.

Lo mejor del 2005

Durante diciembre los diarios y revistas suelen publicar sus recuentos de lo mejor de la literatura peruana del año que está terminando. La siguiente lista es un recuento de esos recuentos. Si no son los mejores libros del 2005, al menos son -en orden de importancia- los más leídos, comentados y también los que recibieron los más entusiastas elogios de la crítica.



POESÍA

1 La piedra alada. José Watanabe (Peisa)

2 Un crucero a las islas Galápagos. Antonio Cisneros (Peisa)

3 Cinco segundos de horizonte. Mario Montalbetti (AUB)

4 Flama y respiración. Carlos López Degregori (PUC)

5 Memorial de Casa Grande. Rodolfo Hinostroza (Lustra)



NOVELA

1 La hora azul. Alonso Cueto (Anagrama/Peisa)

2 El goce de la piel. Oswaldo Reynoso (San Marcos)

3 Neguijón. Fernando Iwasaki (Alfaguara)

4 Aroma de gloria. Juan Morillo Ganoza (San Marcos)

5 Hotel Europa. Luis Hernán Castañeda (Peisa)



CUENTO

1 La noche de Morgana. Jorge Eduardo Benavides (Alfaguara)

2 1922. Edwin Chávez (estruendomudo)

3 Mujeres difíciles, hombres benditos. Fernando Ampuero (Alfaguara)

4 El inventario de las naves. Alexis Iparraguirre (PUC)

5 La soledad de los aviones. Sergio Galarza (estruendomudo)



NO FICCIÓN

1 Permiso para sentir. Antimemorias. Alfredo Bryce Echenique (Peisa)

2 Viajes de perro. Crónica de travesías y extravíos. Rafo León (Aguilar)

3 Diario educar. Constantino Carvallo (Aguilar)

4 Mario Vargas Llosa. Entrevistas escogidas. Jorge Coaguila (FECP)

5 Las máscaras de la representación. Marcel Velázquez (UNMSM)

Variaciones rumanas


César Calvo. Variaciones rumanas (PUCP, 2005)

En sus diferentes facetas, César Calvo (1940-2000) fue uno de los personajes más interesantes del ambiente cultural peruano de los 60 y 70. Destacado poeta, formó parte del grupo inicial de la generación del 60, incursionó con éxito en la narrativa, la música (canto y composición) y el periodismo. En 1997, ya enfermo, Calvo decía estar trabajando en cinco libros de modo simultáneo, los que quedarían inconclusos o inéditos. El Rectorado de la PUC ha publicado uno de ellos: Variaciones rumanas (PUC, 2005), colección de traducciones –más bien versiones personales–de poemas de importantes escritores rumanos.

Más de 40 son los textos traducidos por Calvo, partiendo de los últimos decenios del siglo XIX, decisivos en la historia de Rumania, pues el país alcanzó su independencia en 1877. A esta etapa de unificación nacional (lingüística, cultural y social) pertenecen poetas como Mihail Eminescu (1859-1889), quien en su corta vida dejó una muy valiosa obra literaria. El poema más extenso e importante es Calino (Hojas de un cuento) de Eminescu, narración en verso que Calvo traduce demostrando un sorprendente dominio del alejandrino, verso modernista por excelencia.

Otros autores presentes en el libro y que son considerados fundamentales en las letras rumanas son Tudor Arghezi (1860-1917), George Bacovia (1881-1957) y Lucian Blaga (1895-1961), cada uno con tres o más poemas. También han sido antologados escritores pertenecientes a generaciones más recientes: Nina Casian (1924), Dimitru Radu Popescu (1928), Nichita Stanescu (1933-1983), Ion Alexandru (1941), entre otros. En total son 18 autores que constituyen una muestra bastante representativa de la poesía rumana y que abarca escritores del romanticismo tardío, simbolistas, modernistas, vanguardistas y posvanguardistas.

En el prólogo a estas Variaciones rumanas el poeta y docente universitario Elio Vélez Marquina –reciente premio nacional PUC de poesía–explica la particular práctica de traductor de Calvo, basada no tanto en la "analogía minuciosa y erudita del lexicógrafo" como en las variaciones –término empleado aquí en su acepción musical–a partir de la interpretación del sentido del texto original. Una opción arriesgada, pues se toman ciertas licencias y libertades, pero que partiendo del oficio poético de Calvo, su cuidado manejo de la musicalidad del lenguaje y de la versificación tradicional en español, le permiten entregarnos textos de una gran calidad.

De las pocas traducciones de poesía rumana existentes en nuestro idioma, las más conocidas son las de Pablo Neruda (44 poetas rumanos) y Rafael Alberti. Comparando las versiones de Calvo con las ya existentes, resultan evidentes las diferencias. En un poema de Bacovia, Acuarela de invierno, encontramos estos versos: "y mancilla la nieve, tibia sangre/ es la nieve que cae sobre el silencio". En traducciones previas, el poema es titulado Cuadro de invierno, y los versos citados aparecen como: "la sangre animal sobre la nieve/y la nieve cayendo en silencio". Solo en la versión de Calvo la nieve y la sangre se unen metafóricamente.

Revisando las versiones en idioma original de algunos de estos poemas (algo sencillo en estos tiempos de internet) encontramos diferencias hasta en el número de versos. Sin dejar de ser una interesante aproximación a la tradición literaria en lengua rumana, poco conocida en el mundo de habla hispana (a pesar de tener el latín como tronco común) estas Variaciones rumanas son, antes que nada, un valioso testimonio del notable talento poético de César Calvo y su poco común capacidad para hacer suyas las más diversas retóricas y propuestas literarias.

Más información sobre la vida y obra de César Calvo