Otra vida para Doris Kaplan



Abogada de profesión, Alina Gadea (Lima, 1966) es también una narradora con un universo propio ficcional propio: el tranquilo distrito de Miraflores en el que pasó su infancia y juventud, con casonas antiguas y calles oscuras en las que se ocultan seres decadentes y secretos de todo tipo. Un buen ejemplo de todo ello es su más reciente novela, La casa muerta (2015); pero acaso la más lograda expresión de esos ambientes y personajes está en su primera novela, Otra vida para Doris Kaplan (2009), que acaba de ser reeditada y vuelta a presentar a los lectores en la más reciente Feria Internacional del Libro.

La historia que nos cuenta Gadea es la de la familia Kaplan, de clase media-alta, pero que a la muerte del padre tiene que enfrentar una terrible crisis económica. Precisamente el relato se inicia cuando Doris entra en la habitación de su padre y lo encuentra muerto: “derrumbado sobre la cama, con los anteojos en la mano”. Toda la escena (como cada uno de los más de cuarenta breves capítulos) está narrada en base imágenes apenas yuxtapuestas, que grafican el desconcierto y el caos que entonces vivió la protagonista. Pero es su madre quien más sufre con la pérdida y las consecuentes crisis: el derrumbe económico, tener que prescindir de sus fieles trabajadores domésticos y el progresivo deterioro de todas sus pertenecías, especialmente la casa.

Así, el verdadero eje de la novela son los frecuentes enfrentamientos entre Doris y su madre: una vida que se inicia y otra que se apaga, la frescura y vitalidad de una frente a los prejuicios y manías de la otra, la ilusionada búsqueda del amor de la adolescente contra los rencores y odios de la anciana. Finalmente Doris logra liberarse gracias a la llegada de un “príncipe azul” (hay mucho de fantasía y cuento de hadas en esta historia) quien la libera del yugo materno y le permite convertirse en una mujer adulta. Pero el contexto (la violencia política en el Perú de los años ochenta) no está de parte de Doris, y un atentado terrorista impide que su historia tenga el clásico “final feliz”.

Ya en esta primera novela se presentan claramente las virtudes narrativas de Gadea: la creación de atmósferas apropiadas, oscuras y llenas de misterios, para sus historias; y “la precisión, sensualidad y elocuencia... en la narración” (según afirma el escritor Alonso Cueto en el prólogo de este libro). Además, a la distancia, podemos ver en Otra vida para Doris Kaplan un antecedente literario de la novela [ella] (2012) de Jennifer Thorndike, centrada también en la problemática relación de madre e hija, y dentro del mismo segmento de la sociedad limeña. Al parecer hay ahí un tema importante que nuestras escritoras recién comienzan a explorar.