Pintura roja


El escritor Willy Gómez Migliaro (Lima, 1968) se dio a conocer dirigiendo las revistas de poesía Polvo enamorado y Tokapus en los años noventa; pero sus siete poemarios los ha publicado en este siglo: desde Etérea (2002) hasta Poemas 1993-2003 (2015). La suya es una poesía reflexiva y hermética, trabajada con mucho rigor, creatividad y lucidez. Todas esas cualidades le han ganado reconocimientos como el Premio Hispanoamericano de Poesía Festival La Lira, otorgado a su poemario Construcción civil (2013), “el mejor libro de poesía en lengua española publicado durante el bienio anterior”, según el veredicto del jurado. Gómez Migliaro acaba de presentar un nuevo poemario: Pintura roja (Paracaídas, 2016).

Son veinte los poemas reunidos en este libro y corresponden, según confesión del autor, a “apuntes de museos que he recorrido… quise con ellos crear mi propia galería del horror y de la colonia”. Los poemas se inician entonces con ciertas imágenes, de cuyas descripciones el discurso poético deriva a reflexiones sobre nuestra historia, el mestizaje, la desigualdad, la injusticia y toda la problemática de la identidad, tan propia de las sociedades poscoloniales. En el primer texto, “Geometría de alumbrados” (los poemas no tienen títulos, y en el índice figuran solo las primeras palabras de cada uno), se comienza a describir una escena casi bucólica: una casa de campo, con jardines árboles y “niños fijados en el fondo”. Pero al borde del cuadro “algo se puede distinguir… parece que la violencia arremete a tajos de colores”. Y a partir de ahí toda la escena cambia, se torna violenta: “un manchón oculta los cuerpos sostenidos / cuando el hedor se vuelve insoportable y el rojo se disuelve en la retina”.

Esa es, en líneas generales la estructura de los poemas. A ello hay que agregar el lenguaje, que el autor parece dejar fluir libremente, en un discurso lleno de rupturas sintácticas y semánticas, y en el que los referentes y las imágenes remiten a la vida cotidiana, uniendo lo descriptivo y lo reflexivo. Según el escritor Paolo Astorga: “(WGM) intenta estirar los significados a tal punto de que las palabras ya no resultarán simples metáforas de un decir poético, sino pequeños piquetes para comulgar con la magia de un deseo por la totalidad”. Por su parte, David Abanto identifica esa totalidad con el propio ser: “Pintura roja no versifica las vicisitudes de la vida del autor, sino de su ser mismo. Poesía y ser. No habla de un pasado ni del presente…, sino de lo que pasa todos los días desde que los seres humanos son seres humanos”.

Pintura roja continúa las reflexiones planteadas por Gómez Migliaro en sus más recientes poemarios —Construcción civil y Nuevas batallas—, que de alguna manera están centradas en el tema de la violencia social; de ahí la importancia del color rojo en esta “galería del terror”. Se trata, sin duda, de uno de los más interesantes y valiosos proyectos poéticos de la literatura peruana actual.