Enciclopedia plástica


Ricardo Sumalavia (Lima, 1968) es uno de los más importantes narradores de nuestra generación del noventa. Se dio a conocer como cuentista con los libros Habitaciones (1993) y Retratos familiares (2001), en los que primaba el minimalismo, la concisión de la prosa, además de la capacidad de sugerencia y la tendencia a lo fantástico de los relatos. Esas características las llevó al extremo en el libro Enciclopedia mínima (2004), un excelente conjunto de relatos breves y brevísimos, lo que hoy se denomina “microficción”. Tras un par de incursiones en la novela —Que la tierra te sea leve (2008) y Mientras huya el cuerpo (2012)— Sumalavia vuelve a su especialidad, el relato breve, con el libro Enciclopedia plástica (estruendomudo, 2016).

Son unos 80 textos los aquí reunidos, cuyas extensiones van desde dos o tres líneas (“Luminosidad, “Historia repetida”, “Decepción”) hasta unas pocas páginas. En casi todos ellos se parte de situaciones completamente cotidianas, a las que pronto se les da un giro fantástico o extraño. En “Oficios imaginarios”, por ejemplo, se nos presenta a un escritor que vive solo, y que tiene por vecina a una actriz de películas porno, a la que él suele imaginarse en plena labor profesional. Cuando finalmente hablan, ella le confiesa que desde que supo que su vecino es escritor, suele imaginarlo escribiendo. Como se puede apreciar, se mantienen algunos de los elementos característicos de esta narrativa —los “dobles” y las simetrías, tan propios de la literatura fantástica— así como el humor irónico y la habilidad para crear finales contundentes, de esos que cambian radicalmente el sentido del texto.

Como en el libro de hace doce años, aquí también la palabra “enciclopedia” del título alude al hecho de que los relatos abordan una amplia variedad de asuntos. Por eso los textos están agrupados en cinco secciones, aparentemente dedicadas a diversas ramas del saber: “Artes y oficios”, “Ex libris”, “Lógica”, etc. Pero solo aparentemente, porque algunas de estas secciones tiene más bien una unidad narrativa; como “Los otros ojos de la música”, en la que todos los textos tiene como protagonistas a una pareja de personajes (Ricardo y Carmen). Una sección con un cierto aliento lírico, y que el escritor Fernando Iwasaki ha calificado de “la quintaesencia de la minificción”. En general la temática del libro está más cercana a las artes plásticas (hay una sección llamada “Modelos”), mientras que Enciclopedia mínima estuvo más vinculado a la propia literatura.

Sumalavia ha explicado, en diversas entrevistas, que la economía de su narrativa debe mucho a la estética oriental, que conoció de cerca durante su experiencia como profesor universitario en Corea del Sur y también por su labor como editor de la colección Orientalia, de la Universidad Católica. Esas confesiones se complementan aquí con el texto final del libro, “La tuerca de vuelta (sobre el microrrelato)”, una especie de decálogo (en efecto, está dividido en diez secciones) del microrrelato, aunque cargado de mucha ironía: “Un buen microrrelato ofrece una buena historia, una anécdota y una sucesión de hechos cautivantes. No obstante, el buen microrrelato puede también dejar de ofrecer una buena historia, una anécdota relevante, etc.”. En suma, en Enciclopedia plástica Sumalavia continúa su valiosa exploración de las posibilidades del relato breve, a la vez que nos vuelve a entregar un buen número de textos dignos de figurar en cualquier antología de este peculiar género literario.