Asociación ilícita


Hace unos diez años Leonardo Aguirre (Lima 1975) se hizo conocido como crítico literario (en diversos medios limeños) por sus irreverentes y polémicos comentarios. Pronto dio el salto a la narrativa con dos libros de cuentos —Manual para cazar plumíferos (2005) y La musa travestida (2007)— ambos enfocados en el mundo de los jóvenes escritores limeños, que él retrataba de una manera irreverente, con un humor irónico y grotesco. En ese universo también se desenvuelven sus dos siguiente libros, las novelas El conde de San Germán (2008) y Karaoke (2010). Tras seis años de silencio Aguirre vuelve al tema, abordándolo ahora desde el ensayo, con un libro mucho más ambicioso y elaborado: Asociación ilícita. Breve historia de la literatura peruana (Animal de invierno, 2016).

El libro está conformado por retratos de 24 escritores peruanos, desde Clemente Palma (1872-1946) y Abraham Valdelomar (1888-1919) hasta Jaime Bayly (1965) y Beto Ortiz (1968), incluyendo tanto a autores canónicos —como Julio Ramón Ribeyro y Blanca Varela— como a algunos casi desconocidos; y hasta personajes famosos no por su labor literaria (Abimael Guzmán, Giuliana Llamoja, Edith Lagos), pero que al menos han publicado un libro. Lo que tienen todos estos escritores en común es un pecado, una mancha en su pasado, sin importar la magnitud de esta. Y precisamente en ese “episodio oscuro” de la vida del escritor está centrado el retrato que Aguirre elabora, a partir de los testimonios literarios y periodísticos de quienes antes han narrado o comentado esos sucesos.

Planteadas así las cosas, lo primero que hay que destacar es el trabajo de investigación realizado por Aguirre, que se manifiesta en el sorprendente número de notas a pie de página: nada menos que 1,215. Pero hay que reconocer que estas notas no solo dan detalles de la referencia textual que se está usando (como es lo usual), también sirven para que Aguirre nos brinde información sobre otros casos similares al que se está contando, o añada algunos episodios también oscuros de las vidas de los “testigos” citados, a la manera de un discurso de “asociación libre”. De ahí seguramente el título del libro, Asociación ilícita, pues finalmente los 24 retratos van formando una compleja y enmarañada red de hechos “ilícitos” que parece abarcar a casi todos los escritores peruanos de los últimos cien años. No se salva ni Vallejo “… acusado con 19 personas más por incendiario y por disturbios políticos…”.

A pesar de algunos problemas —como las inevitables repeticiones, lo dispar de los escritores seleccionados o la escasa presencia de la propia “voz” de Aguirre— Asociación ilícita resulta un libro sumamente interesante. Las notas, citas, referencias y alusiones pueden entorpecer hasta cierto punto la lectura (se podrían obviar en una primera lectura), pero finalmente evitan que el libro se convierta en un mero recuento de episodios escabrosos protagonizados por escritores peruanos. Además, le dan al texto la necesaria densidad literaria para trascender los defectos y vicios personales de los escritores y convertirse en un retrato sumamente humano y realista de nuestra comunidad “letrada”, de sus prácticas, tradiciones y perversiones.