Sobrevivir es un acto de invierno



Con una larga trayectoria de traductora y editora de publicaciones literarias, Ana María Falconí (Lima, 1964) dio el salto a la creación con el libro Sótanos pájaros (2006), un sólido conjunto de poemas que exploraban una diversidad de temas a través de oposiciones e imágenes bien elaboradas. En su siguiente libro, Desvelo blanco (2010), continuaría desarrollando su interesante propuesta poética, que conjuga la racionalidad y la imaginación lírica. Pero es con su tercer y más reciente poemario, Sobrevivir es un acto de invierno (2015), que Falconí ha alcanzado un casi total reconocimiento, tanto de parte de la crítica como de los lectores, quienes eligieron a este libro como “mejor poemario peruano del 2015”, a través de una encuesta realizada por El Comercio.

Uno de los símiles literarios más antiguos y prestigiosos es el que compara el invierno con el final de la vida humana. Falconí lo desarrolla aquí ampliamente para reflexionar acerca del paso del tiempo, la muerte, la diferencia entre la vida humana y los ciclos naturales; además de otros temas ya presentes en sus anteriores poemarios, como el amor, la soledad, la libertad y los sueños. Y todo ello siguiendo paso a paso las diversas etapas del invierno, pues el libro está dividido en cuatro secciones (Junio, Julio, Agosto y Setiembre) correspondientes a los meses de esta estación (asignándole a cada uno una “imaginería” propia). Y como eje que atraviesa a todas las secciones, la presencia de los pájaros: “…vuela el pájaro sobre la nube escarlata” dice el primer poema (“Pequeño cielo”), mientras que uno de los últimos lleva el título de “Pájaros del Apocalipsis”.

Como en los anteriores poemarios de Falconí, aquí también los textos se presentan como pasos estrictamente ordenados de un proceso de aprendizaje. El yo poético va “despertando” (el segundo poema se titula “Awakening”) de su letargo y adquiriendo conciencia de su soledad y de su deterioro físico. Por otra parte, toma distancia del entorno físico (ya sea urbano o natural) a partir de su capacidad de imaginar, de crear universos alternativos. Así, casi todos los poemas parten de fragmentos de ese entorno, especialmente aquellos ámbitos relacionados con la historia personal y la experiencia diaria, para recrearlos literariamente —mediante símiles, metáforas y símbolos— e integrarlos al flujo de las reflexiones temáticas. Por ejemplo, en “La nube y el columpio” está basado en un recuerdo de infancia, que la lleva a enfrentar los movimientos de vaivén (los ciclos naturales) con lo estático e inmóvil (lo eterno).

La crítica ha recibido este libro con bastante entusiasmo. El poeta Miguel Ildefonso afirma que en este poemario la autora propone “un tipo de conocimiento que ha roto las barreras entre lo onírico, la vigilia, lo real y el deseo como la única manera de sobrevivir”. Por su parte, el crítico y también poeta Carlos López Degregori sostiene, en la nota de presentación del libro, que Sobrevivir es un acto de invierno representa “la conquista de la madurez en el proceso poético de Ana María Falconí”.