Manual de yoga

Compañeros de viaje


El escritor y periodista Ernesto Carlín (Callao, 1974) debutó como narrador con la novela Falso al amanecer (1999). Con ella se inscribía en la llamada “narrativa de la juerga”, entonces en plena vigencia, y que tuvo entre sus más reconocidos representantes a las novelas No se lo digas a nadie y Al final de la calle (ambos de 1994). Carlín continuó desarrollando esa línea narrativa, enfocada en el violento mundo de la juventud urbana, en libros como Takashi. Historias robadas (2010), Lima subte (2012) y Sicalípticos y reencauchados (2013). Tras cerrar ese ciclo, Carlín inicia una nueva etapa con la novela Manual de yoga (2015), un relato intimista y mucho más elaborado.

El protagonista de la novela es Sevilla, un periodista peruano que ha sido invitado (junto a otros colegas de toda Latinoamérica) a un innominado país asiático (uno de los cuatro “tigres” de la economía de ese continente), para que ayude a difundir la cultura, tradiciones y logros del país anfitrión. Así, los periodistas son alojados en los mejores hoteles y llevados en paseos turísticos por todo el país. Pero Sevilla es un solitario (introvertido y descuidado en su aspecto personal), con problemas de angustia y depresión (por lo que viaja medicado), y no logra disfrutar de la interesante experiencia ni hace amistad con sus colegas; salvo con la mexicana Lupe (una fanática del yoga), con quien poco a poco va rompiendo las barreras que él mismo ha levantado en torno a su intimidad. Después de pasar una extraña noche juntos (lejos del grupo de periodistas), la pareja se despide de la manera menos emotiva.

Entre los aciertos de Carlín en esta novela está el protagonista, un freak con un mundo alternativo propio, en el que suele refugiarse ante la agresividad de la realidad. Y en ese mundo “personal” tienen gran importancia la cultura juvenil urbana: rock en español, cómic, fútbol, telenovelas, series de televisión; a ello se suma el cine y la literatura en general. Otro logro es haber llevado esa dualidad (realidad - mundo personal) a la propia estructura de la narración, pues cada uno de los siete capítulos está acompañado de un texto titulado “Mis grande éxitos personales”, en el que las peripecias del grupo de periodistas son reinterpretadas a la luz de referentes pertenecientes al ámbito cultural ya mencionado: un capítulo de la serie “Días felices”, la narrativa del argentino Antonio Di Benedetto, el cine de Jean Luc Godard, etc.

También resultan acertadas las frecuentes repeticiones, que le dan a los sucesos y ambientes una cierta atmósfera de rutina e intrascendencia; y el recurso a elementos simbólicos, como la misteriosa niña que constantemente pide que le dibujen un ave. En cambio, sentimos que hay situaciones y personajes que pudieron desarrollarse más y que el narrador “omnisciente” (en tercera persona) no llega a diferenciarse completamente del protagonista. Pero el mayor reparo que se le puede hacer a la novela es la excesiva proximidad con la película Perdidos en Tokio (2003), cuyos temas y personajes seguramente están en el origen de este libro. Eso no le resta méritos literarios a Manual de yoga, una buena novela y un interesante salto cualitativo en la narrativa de Ernesto Carlín.